martes, 6 de noviembre de 2012

AMAR EL COLEGIO


Una de las primeras cosas que aprendí como mamá es que el amor es algo que se enseña. Sí. Las madres enseñamos a amar. Mira tú. Yo toda la vida una fiel creyente que nacíamos con la vena romántica o de tanto ver telenovelas, o porque nos tocaba la suerte de tener amigos queridos y un novio desde el kinder. Eso no deja de tener su mano en todo el asunto, pero la realidad es que el amor es algo que enseña la mamá. 

Suena cursi y todo lo quieras, pero el amor es respeto, es comunicación y admiración, no sólo por una pareja, sino por todo. Como tratas a algo o alguien, desde los libros, los juguetes, la ropa, y por supuesto la gente que te rodea, tiene que ver con esas tres cosas. No es fácil. Si no hay una mamá allí que esté encima, repitiendo las reglas del amor, dilo con cariño, di lo que sientes, no se tiran las cosas, no se arrancan las cosas, prestamos porque esa es la base de la compañía, no se pega, no se empuja, palabras soeces con gente que uno quiere es inaceptable, entonces es muy difícil que el niño lo aprenda, por no decir que imposible. Lo que es más, los niños no escuchan, ellos ven, así que el mandato debe ir acompañado del ejemplo respectivo. Sí. Ser mamá es sin duda el rol más exigente que uno asume en la vida. Pero también es un reto maravilloso. 

Mi hija empezó el colegio hace unos meses. Una de mis metas es hacer lo posible por darle a ella una experiencia escolar que yo no tuve. No es que yo la pasara del todo mal en mi colegio. Pero no la pasé del todo bien. Hubo momentos en que gocé en mi colegio. Tengo amigas maravillosas, que serán mis compañeras de por vida, tuve momentos en los que no me quería ir, pero sería una mentira decir que amé mi colegio. No lo he pisado en unos cinco años cuando fui a la misa de celebración de los diez años de graduadas, en una recepción que fue más bien un poco fría. Bueno niñas, una misa, unas galletas, chao. Ya cumplimos. Esa fue un poco la relación del colegio con nosotras toda la vida. Por aquí pasan y luego hacen su vida, y ya no nosotros no tenemos vela en ese entierro. 

Es de parte y parte. Yo tampoco visito el colegio, ni ando preocupada por él. Mis padres no tienen la culpa, ellos siempre trataron de que la cosa fuera al contrario. Mi mamá fue la psicóloga del colegio varios años, mi papá era uno de esos pocos papás que uno ve en sociedades de padres y juntas asesoras, porque los papás suelen pensar que eso le toca "a la mamá". El caso es que siempre me dolió la relación con mi colegio, porque el bachillerato no lo hice ahí, sino en Estados Unidos. Con  mi colegio gringo la relación es totalmente distinta. Me fui de allí en el noventa y seis, y fue como dejar la casa materna. No es que todos los días me lleguen correos del colegio, pero ellos hacen un esfuerzo por mantener a la gente en contacto. Tienen la página en la que puedes poner los hijos que has tenido, si te casaste, si desarrollaste la vena corredora o te dio por publicar un libro. Hay un interés. Eres parte de la comunidad por el resto de tu vida. Ni hablar la campaña que nos tienen montada para que vayamos a una fiesta por los cien años del colegio...en el 2014. 

Eso me puso a pensar. De verdad que una de las cosas que uno tiene que hacer en la vida es AMAR EL COLEGIO. Porque no se trata nada más de querer una institución porque sí. El colegio pasa a ser el lugar más importante de la vida después de la casa. Allí aprendes casi todo. Allí te formas. Amigos. Amores. Éxito. Fracaso. Felicidad. Tristeza. Juego. Castigo. Fiesta. Examen. Tus momentos brillantes, tus momentos oscuros. El amor por tu país, por tu familia, si vas a ser alguien que canta bien, o que pinta bien, o que es un tiro con los números, o que de entrada sabe cuando sea grande quiero ser biólogo y estudiar bichos raros y tener mi propio programa en el Discovery Channel. Todas esas cosas uno las saca del colegio, eso sin hablar de que es muy probable que el día de mañana, cuando estés divorciándote, o te hayan dejado, o estés por casarte, te vayas a tomar un trago con alguien que conociste con la cara llena de los mocos que se te salieron cuando llorabas porque tu mamá se fue. 

El colegio es una piedra angular de nuestras vidas. ¿Cómo no amarlo? Lo que es más ¿sabes lo que pasa si aprendes a no amar el colegio? O peor. A oponerte a él. A no respetarlo. A no trabajar por él. A no participar. A que es una institución que te debe algo. 

Yo veo a muchos padres a mi alrededor y la mayoría adopta esa actitud con el colegio. No sólo con el propio, sino con el ajeno. Me ha tocado gente que me ha dicho cosas del colegio de mis hijos. Y yo. Yo me ofusco. Claro que me ofusco. Y cuando alguien me dice algo siempre digo, que ahí el ejemplo para mis hijos es que hay que defender lo que es de uno. Hay que defender lo que uno quiere. Sí. Ningún colegio es, ni jamás será perfecto. Son instituciones humanas. Y como tal siempre tendrán la imperfección como condición sine qua non. Eso no quiere decir que uno no las ame, y que uno no pueda aportar su grano de arena para hacerlas mejores. 

Yo creo que si uno aprende a amar su colegio, uno aprende a amar su país, su familia, su casa, su planeta. Si uno aprende a defender lo que es de uno. A no dejar que venga cualquiera a despotricar por chisme, por deporte, o porque no tiene nada mejor que hacer, o porque sencillamente no sabe de lo que habla, entonces uno hará lo mismo con su país, con la gente que uno quiere. 

Yo quisiera que mis hijos sean de esas personas que no hablan mal de Venezuela. Que sean de esas personas que se llenan la boca hablando del país en el que nacieron, porque es su país. punto. Quisiera que sean de esas personas que se ofrecen de voluntarios en elecciones, que trabajan por su comunidad, que dan la mano, que asumen que como ciudadanos tienen una responsabilidad más allá de elegir a otro que haga el trabajo por ellos. 

Y eso empieza, no echando un discurso, ni con citas de Kennedy, de Bolívar, o de Churchill, eso empieza porque su mamá y su mamá les enseñaron a AMAR SU COLEGIO. Y que cuando no estuvieron de acuerdo con algo, no se sentaron a criticarlo, sino que se participaron, y si pudieron lo cambiaron. Porque eso también es amor. Pero nadie aprende lo que lo no le enseñan. 

2 comentarios:

Roberto Echeto dijo...

Manuela, yo ando más o menos en la misma onda que tú.

Hay cosas que uno comprende sólo después de tener hijos.



Manuela Zarate dijo...

Es así Roberto. La maternidad/paternidad te dan otra visión del mundo, y como dices tú cosas que las comprendes luego de que llegas a ese amor que antes uno sencillamente por más que pueda entender o no sabe lo que es. Es tan hermoso como duro.