viernes, 7 de diciembre de 2012

Rituales para la despedida




Las Palabras.

Mantenerlas vagas. Es mejor siempre irse por los lugares comunes. Los caminos transitados. Las promesas que en realidad nunca fueron tal cosa, sino más bien, una especie de sueños, de futuros imposibles. Pero igual, hay que asegurar, con firmeza, con convicción, sin ningún tipo de cambio en el pulso, que pasarán cosas que uno sabe que no van a pasar. Peor. Que uno no quiere que pasen.

No diga la verdad. No se debe ser sincero. No se deben ordenar las palabras buscando articular con signos verbales aquello que el corazón le traduce al cerebro con el nombre de: Verdad. No se debe pensar en la realidad. En lo que es. Es mejor usar fantasías para colorear la realidad lo mejor posible. Para suavizar golpes.

Hay que mantenerlas al mínimo posible. El detalle es que cuando ya se fue emocionalmente, cuando ya huiste, ya saliste, ya estás a miles de kilómetros de distancia, ya no eres ni un punto, ya te tragó el horizonte, hay algo que no te permite dejar de articular sin sentido. Como para convencerte de que ya te fuiste. Como para creerlo. Como para que no quede la duda. Como si te hubieras desdoblado, y entonces tú ser real que está en otra parte necesita una última confirmación de que ya te has ido. No hay que hacerle caso a los hologramas.

Cuando ya te fuiste.
Te fuiste.

Adiós.
Eso es suficiente.


El Abrazo

Debe ser apretado. De cuerpo completo. Uno debe buscar estrechar con el pecho. Como si el adiós fuese algo que entra al estilo puñalada y que se clava en la cavidad torácica. El abrazo debe ser prolongado. Debe sentirse esponjoso y pesado. Debe haber algo de cansancio. Como si fuese la puerta de una jaula que estamos a punto de abrir. Al momento del abrazo uno debe sentir en la punta de la lengua un gustito a libertad. Y es allí, cuando ese sabor comienza a desarrollarse que uno suelta. Y se va.

Las Lágrimas

Sólo dos son suficientes. Una para el camino y otra por los recuerdos. Más de dos lágrimas es llorar por lo perdido, y eso no tiene sentido. Al menos no en el momento del adiós. Eso ya es desahogo. Pero el desahogo es otra cosa. Otro ritual distinto.

Los Gritos

Si el adiós es violento, los gritos deben tener mucho colmillo. Insultos limitados. Una cierta pasividad dentro de la agresividad. No deben ser gritos de rabia. Más bien deben ser gritos tóxicos. Gritos de piedras. De los que van levantando un muro, que tal vez no se pueda derribar nunca más. Deben venir no de la garganta, sino del hueco que hay entre el bajo vientre y el diafragma.

Accesorios

Portazos. Objetos lanzados, nunca a la persona, contra el suelo y sin ánimo de romperlos, eso es simplemente un derivado. Caminadas de zapateo duro, de abrir grietas en el suelo. De terremoto existencial. Miradas largas. Expresivas. Inexpresivas. Silencios incómodos, de los que te hacen sentir que estás agarrando el momento por un hilo y que poco a poco lo vas dejando caer, y no puedes hablar, porque no piensas en decir algo o en lo que tienes o deberías decir, más bien piensas en el hilo, en como va descendiendo entre tus dedos. En como puedes tocar el aire, en como es tangible el tiempo. Ahí en tus manos. Lo sientes correr, mientras miras en otros ojos el vacío, la espera.

A Evitar

Discursos preparados. Frases contundentes. Besos. Arañazos. Lisonja emocional. Lástima. Perdones. Poesías. Regalos. Flores. Recuerdos arrastrados desde lugares de la memoria que ya fueron clausurados. Armas.


El paso más importante

En realidad para decir adiós sólo hace falta abrir las manos y dejar ir. 

6 comentarios:

Ora dijo...

Me dolió.Igual, al terminar de leer, abrí los brazos.

Manuela Zarate dijo...

Qué duro. Así es. Yo a veces pienso que vine al mundo para aprender a dejar ir. Pero nada que lo logro.

Ira Vergani dijo...

Yo estoy segura que vine al mundo para aprender a dejar ir. Duro, realmente duro. Lo que más miedo me da es que justo cuando pienso que estoy aprendiendo, me toca nuevamente hacerlo y me doy cuenta que no había aprendido nada.

Ciruclo de Lectura Amagi dijo...

Síiiii! Exacto! Tal cuaaaallllll! Es horrible.

Mariana Jimenez Valverde dijo...

Ya casi me toca dejar ir, abrir los brazos... no es la primera vez que lo hago, pero sí la primera vez que pensé que no lo tendría que dejar ir

Mariana Jimenez Valverde dijo...

Ya casi me toca dejar ir, abrir los brazos... no es la primera vez que lo hago, pero sí la primera vez que pensé que no lo tendría que dejar ir