lunes, 19 de marzo de 2012

Día 12: Un Monaguillo y Día 13: Un Deja Vu




El primero es mi Monaguillo. Este fue el día de las elecciones y tuve así como veinte minutos para hacer las fotos porque no había votado, tenía mil cosas que hacer y además cuidar a los chamos. Así que esta fue una de esas fotos que de haber tenido más tiempo hubiese trabajado un poco más. Pero bueno, ese es el tema con este concurso.

El Monaguillo es el asistente del cura. Mis tiros iban por el sendero de que uno cuando quiere dedicarse al arte, ve a ciertos músicos, escritores, fotógrafos, cineastas, no como Dios, pero como una especie de seres superiores. Porque sobre todo en la juventud uno los ve así. Uno admira, y uno sigue y uno venera. Como ahora que leo a Thomas Mann y pienso ¡Qué bárbaro!

El día antes había visto From The Sky Down, el documental de U2 del que hablo en el post anterior y andaba toda impresionada con la historia de Achtung Baby y por eso el U2 sale tan grande. En fin...no es mi foto favorita. Pero tampoco es de las que odio. La que sigue...esa sí me pego.





Hacer esta foto me costó un montón. Sólo tengo UNA foto. Era esta o ninguna. Sé que no se entiende si no lo explico. Sé que aquí hay que trabajar más la imagen. Pero creo que por el simple hecho de haber descubierto que aquí hay tema y mucho tema para mí, amo y le debo mucho a esta foto.

La foto es sobre la violencia de género. En el estante hay potes que contienen unos corazones de papel que están tachados con una X. En el piso están corazones de papel que están sin tachar. El tema es que cada vez que vives un episodio de esos es como si te arrancaran el corazón. Para seguir adelante. Para no morirte. Tienes que hacer borrón y cuenta nueva. Es decir. Ponerte, tú misma un corazón nuevo. Lo que no quiere decir que no tienes en la memoria todos los que ha ido perdiendo. Que no tienen su peso. Su lugar. Es decir no desaparecen.

Yo hago esto por todas las mujeres que lo han pasado mal en una relación (y hombres también) aunque diré que mi tema no es tanto el abuso físico, que quizás se ve más reflejado aquí. Sino el emocional. Ese es el peor. Tengo ideas de cómo quiero llevar esa foto, pero es más difícil. El abuso emocional es muy difícil de plasmar. Nadie cree en él, porque la gente piensa que si no estás llena de sangre, no te hicieron nada. Pero la verdad es que lo que te destruye la autoestima y te anula es eso. Lo físico, cuando (y en caso de que llegue) es casi nulo ya.

En fin. He conocido a mucha gente que ha pasado por esto y creo que hace falta apoyar a mujeres (y hombres) que viven estas historias.

viernes, 16 de marzo de 2012

¿Por qué un concurso de fotografía lo gana un fotógrafo?


Hace ya ocho años, tal vez un poco más organicé mi primer concurso. Se llamaba Eureka Premia al Futuro Chef y era para estudiantes de gastronomía que competían por un viaje a España. Fue una de las mejores experiencias de mi vida. Y creo que en el algún momento me encantaría repetir algo similar.

Fue muy emocionante, desde la elaboración de las bases, hasta los días del concurso. Tuve la oportunidad de relacionarme con los competidores, y la verdad es que fue maravilloso ver la felicidad de los ganadores, pero fue difícil manejar los perdedores.

Siempre hay gente que cuando pierde se pone brava. Es lógico. Porque uno siempre compite con la ilusión de ganar. Y las ilusiones son malas consejeras. Lo ciegan a uno y le hacen perder la objetividad. De la desilusión a la rabia hay un paso. Más cuando los concursos los decide un jurado en materias que son subjetivas.

Sin embargo, cuando uno entra a un concurso tiene que ser realista. No quiere decir que entre con mentalidad perdedora, que no lo dé todo, pero hay que ser abiertos, y ponerle ganas al asunto y no necesariamente ilusión, a algo que siempre puede no resultar como esperamos.

Creo además que uno debe entrar a los concursos porque cree en el trabajo que hace, pero sin dejar que el concurso defina al trabajo. Sin ponerle todas las esperanzas al juicio de otra persona. O limitar su discurso a unas bases que pueden más bien alejarlo a uno del propósito que tiene como artista, ya sea un cocinero o un pintor.

Yo nunca he ganado un concurso. He perdido montones. He sacado algunas menciones especiales. Pero nunca he salido ganadora. Es más. Ya ni me lo imagino. Las primeras veces me pegó mucho. Incluso, una vez, dejé de escribir porque no me seleccionaron para publicación en un concurso que yo juraba que tenía ganado. No era que tenía a Dios agarrado por la chiva, era que yo lo había hecho trencitas en el pelo. Cuando no salí me deprimí y dije “ya. Yo no nací para esto. No sirvo. Nadie me va a leer. Lo que yo hago es una basura.”

Dejé de escribir durante un año y pico. Hasta que abrí el blog y rescaté mi vocación. Hoy veo lo que hice y me da vergüenza. Claro que era un proceso que tenía que vivir, pero muy mal haber actuado así por un concurso.

Ayer me impresionó la reacción de algunas personas cuando salieron los resultados de Una Foto Por Día por 29 Días. No quedé de nada. Cosa que no me sorprendió. Juan, mi bello Juan me confesó que juraba que yo me iba a ganar una mención especial. Yo sabía que no iba a quedar de nada porque los últimos días estuve viendo algunos trabajos y me di cuenta que había gente que hizo cosas mucho mejores que lo que yo hice. Más pensadas. Más trabajadas. Con menos joda de por medio.

La verdad es que algunas fotos que hice sí las pensé, y significaron mucho para mí. Y me gustan montones. Pero siendo totalmente honesta hice muchas casi en joda y otras sumamente apurada, con poco tiempo, y un par de días agotada y con pocas ganas. Como cuando vas corriendo una carrera y de repente, te gana el cansancio y caminas unos metros.

Además me di cuenta cuando hice la última foto que dentro de todo yo no hice autorretratos. Yo sencillamente me utilicé como modelo en 26 o 25 de las fotos. Posé. Me disfracé. Pero no me mostré. Salvo en dos o tres en las que realmente me dejé llevar, me desnudé y decidí hacer algo más relacionado con temas que me importan y con cosas que quiero decir. De resto trataba de ser lo más parecido al reto, muchas veces creyendo ser conceptual cuando en realidad estaba trabajando mal ideas literales.

No digo esto a modo de autoflagelarme. Lo digo porque uno tiene que evaluarse y ser honesto consigo mismo para mejorar. Tengo unas cuantas fotos que me encantaron. Que creo que me salieron estupendas y que me abrieron la puerta a temas que quiero trabajar. Pero eso no es suficiente para ganar. Y si yo no lo reconozco y me pongo brava y determino que mi esfuerzo no valió la pena porque no me dieron un premio, no le hago daño ni al concurso, ni a Roberto Mata, ni a los ganadores. Me hago daño a mí misma.

Al final uno puede estar de acuerdo o no con los resultados. Pero si uno accedió a concursar quiere decir que aceptó las bases, y estas incluían los nombres de los jurados y su fallo hay que respetarlo.

La verdad es que ayer estuve viendo los trabajos ganadores y vi cosas bellísimas. Cosas que están a años luz de lo que yo hice. Creo que para el año que viene voy a pensar con más tiempo lo que voy a hacer y voy a darle menos en plan joda y con más seriedad y tiempo. Febrero va a ser un mes de fotos. No me esperen para cenar, que ya saben qué voy a estar haciendo.

Una de las cosas que me dio más risa es que ayer había gente brava porque “ganaron unos profesionales.” Yo pienso bueno. Esto lo tiene que ganar un fotógrafo, si no ¿quién?. Es como ponerse bravo porque el premio de cuentos El Nacional lo ganó un escritor o porque la Miss Venezuela es modelo. Creo que mucha gente ve la fotografía como algo que puede hacer “cualquiera” porque ahora las cámaras hacen cantidad de cosas por uno, porque no hay que tener las mismas habilidades que hay que tener para pintar, por ejemplo. Pero eso no es del todo cierto. Para hacer buenas fotos hay que tener creatividad, disciplina, y entrenar mucho el ojo. Y lo que es más, hay que tener algo que decir, porque fotos bellas hay para forrar kilométros de carretera, pero que digan algo, eso sólo lo sabe hacer un fotógrafo. Para eso se estudia, en clase, fuera de ella, con libros, como estudias para ingeniero o hasta para médico. Es una profesión, por eso los llaman "profesionales." Y sí, ellos también tienen más disponibilidad de tiempo para dedicarle a esas fotos. Es lógico. De eso viven.

Al final del día esto es un ejercicio. Divertidísimo además. Y sí agotador, y a veces hasta desesperante, pero de eso se trata la cosa. De aprender. Y de exigirse a uno mismo, y acostarse contento por el trabajo y desechar todo delirio de grandeza absurdo.

Cierro invitándolos a ver un documental de U2 que se llama From The Sky Down. Sobre como grabaron el disco Achtung Baby, tal vez su mejor obra. La más completa. La más hermosa. La que los salvó como grupo, pues estaban a punto de explotar y si no lo hubieran logrado seguramente se hubieran dividido. El caso es que en un momento Bono escucha un pedazo de canción que tocaron en un algún concierto y dice “¿y nosotros tocamos eso delante de gente?” y pone cara de horror. Ahí es cuando uno se da cuenta, que los más exitosos, esos que pareciera que la cosa se les da fácil porque son “profesionales” o “virtuosos” tienen algo que no tiene todo el mundo, una voluntad y una disciplina que los lleva a hacer eso que en criollo llaman: echarle bola.

Creo que además hay que agradecer que en este país donde hay tan pocas opciones de crecimiento haya iniciativas como esta. Lo inspiran a uno a crear y le dan opciones de crecimiento. Además no hay que olvidar que el arte y la cultura son herramientas de creación de valores.

Así que si concursantes y perdiste, como esta servidora, no destiles odio. Ve tus errores y el año que viene échale pichón. Que nadie te quita lo fotografiado. Y ese es el punto. La experiencia es tuya.


Día 11: Un Cheque en Blanco


Este es mi cheque en blanco. La confianza. La confianza para cualquier cosa. El amor. Los negocios. La amistad. Los secretos. El trabajo. Las salidas. Los niños. La educación. Cada vez que le depositamos nuestra confianza a alguien nos estamos dejando guiar. Con los ojos vendados. Y esa máscara que nos lleva. Que nos maneja.

Esta foto me gustó. Un poco gris. La verdad me hubiera gustado que quedara con más veneno. Pero...estoy aprendiendo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Día 10: Un Escapista


Lo primero que me vino a la mente cuando vi el tema del día fue Houdini. Creo que nos pasó a todos. Es el clásico escapista. Es la definición. Después pensé en todas las huidas emprendidas a lo largo de la vida. Sobre todo las que tienen que ver con el amor, con el compromiso, con todas esas cosas que dan miedo. Pensé en lo que sentí cuando leí el libro Leonora de Elena Poniatowska. Y mi admiración por el movimiento surrealista, si bien por un lado guardo algunas distancias a la vez me gusta la forma en que tentaron al mundo y se atrevieron a construir un universo propio. Fueron fieles a sus ideas, a su forma de pensar, si bien hay muchos que consideran que el movimiento tiene muchas fallas de fundamento y que al final termina por tener una base menos sólidas que otros movimientos de la historia del arte.

Uno de mis artistas favoritos es Magritte. Desde hace años tengo el cinturón con la hebilla que tiene el cuadro El Hijo del Hombre. Decidí que iba a hacer una especie de homenaje a ese cuadro, y considerando la cantidad de tiempo y recursos disponibles esto fue lo que salió. La verdad es que esta foto me encanta, porque de las que hice fue una de las más divertidas. De las que me permitió precisamente jugar con mis ideas y mi universo.

Además me volví a pintar la cara. Esta vez la pintura si me picó. Y bastante. Creo que desarrollé una alergia. Pero valió la pena.

martes, 13 de marzo de 2012

Día 9: Una Cena para 12




Aquí nos ponemos con el tema Tierra. Esta es mi cena para 12. Agua. El líquido vital. La idea no fue mía. Fue de Juan. Cada idea tiene su dueño y eso hay que respetarlo. Mis disculpas a Marisela su mamá porque movimos las orquídeas de su casa. Si yo le hago eso a mi mamá me tengo que ir al mercado de Chacao a buscarme una vieja que me quiera adoptar porque las orquídeas son histéricas. Si las mueves muy duro, si no la vuelves a poner en el lugar donde estaban, entonces colapsan, se mueren, se pasman...en fin. No es como moví esta matica y ya.

En todo caso fue una gozadera ir hasta su casa, armar la foto, meterme en la mitad de las matas y poner cara de concentración "silencio. Estoy regando. Esta gente está comiendo."

La verdad es que la idea me gustó. Claro que desde que habíamos escuchado lo de la cena para 12 habíamos querido hacer la última cena de Da Vinci. Pero...eso no era viable. Por miles de razones, sobre todo la de "¿de dónde vamos a sacar doce sin oficios (o 10 porque nosotros íbamos a tener que participar) dispuestos a disfrazarse para esto?"

En todo caso esto fue lo que quedó. Y me gustó. De verdad me gustó.

domingo, 11 de marzo de 2012

Día 8: Un Asunto de Honor

La idea de esta foto se la debo a Juan. Nos fuimos a la casa y la ejecutamos juntos. Tenemos varias versiones, pero al final esta fue la que mandé al concurso. En el fondo, lo ideal de esta toma hubiese sido hacer una serie de fotos que reflejaran distintas posiciones de la mujer en diferentes culturas. A través del tiempo. Un poco ligado con el tema del post anterior y dónde estamos realmente situadas como mujer a estas alturas del juego.

Ahora, en cuanto al "Asunto de Honor" en esta foto cabe preguntarse. ¿Un asunto de honor para quién? ¿Para él? ¿Para ella? No podemos olvidar que para muchas mujeres cubrirse y estar en una posición social que no es la misma del hombre es algo religioso. Que compromete su modestia. Podemos estar o no de acuerdo, pero es una realidad y en el fondo también merecen que se les respeten esas creencias. No se pude forzar a nadie a liberarse. Y lo que es más, no hay que olvidar a veces el poder que puede tener una mujer en apariencia sumisa frente al marido opresor.

Claro que todo esto son temas circunstanciales. Al final, yo en lo personal no estoy de acuerdo con diferencias tan marcadas, ni con que el estado, o una religión, o una idea, imponga a un género reglas por el simple hecho del género. Creo tanto ley como religión debe respetar nuestra esencia humanas, y que cada quién luego haga de su vida, de su cuerpo, de su práctica religiosa lo que le parezca.

Sin embargo este tema es la mar de polémico y he llegado a tener discusiones de gritos sobre él.

viernes, 9 de marzo de 2012

Liberación Femenina en la Generación Abigail

Día 6: Un Ataque de Tiburón

"Cuando se habla de la liberación de la mujer, el hombre dice sí con la cabeza y no con el corazón." Nuria Espert, actriz española


Yo soy de una generación que como dice una amiga mía vio mucha novela. Nosotros crecimos viendo La Dama de Rosa, Cristal, Topacio. Todo lo que hicieron Carlos Mata y Jeanette Rodriguez, Victor Cámara y Grecia Colmenares. Crecimos con el mito romántico de la niña hermosa que entra al estudio de Guillermo Dávila y él, como en trance por la belleza de su modelo, simplemente no puede pintarla.


El hombre caballero. La mujer, independiente, pero pura. Buena. Perfecta y de su casa, sin ser del todo boba. Como buena protagonista de novela de Delia Fiallo. Y a las rebeldes se les dejaba el síndrome Abigail. Enamorarse del profesor, irse con un hombre mayor, pero siempre respetando esos esquemas de niña rebelde que no es malandra.


No nos hablaron nunca de anorexia, de bulimia, de homosexualidad, de drogas, de alcoholismo, de marihuana, ni rastafari, ni medicinal. Tal vez en alguna materia estilo Educación Ciudadana nos hicieron buscar en los enormes tomos de la enciclopedia Británica la definición de Drogadicto. Lo entregamos en un trabajo con un dibujo hecho a mano alzada, enmarcado con márgenes que hicimos con el prismacolor rojo bien afincado, y que para la maestra tenían más peso que si el alumno comprendió realmente lo que significa que alguien te de ofrezca un pase y cómo va a argumentar la negativa en un momento de presión que no todos aguantan. Tampoco se preguntó si realmente el niño sabía lo que le esperaba al caer en una adicción.


No nos hablaron de cuánto tarda una rehabilitación por drogas. No nos hablaron de Sida, ni de sexo, ni de impotencia, ni de eyaculación precoz. A nosotros nos enseñaron con mucha timidez que quizás la doctrina de la iglesia de no permitir el preservativo no era del todo acertada. Pero eso no era problema de nosotros. Ni siquiera porque no éramos homosexuales, sino porque nos íbamos a casar vírgenes. Y en esposas vírgenes no entraba ni Sida, ni Clamidia, ni Gonorrea, ni Sífiles, así como dice Colgate que en dientes duros no entran caries.


Claro que en algún lugar de ese discurso nos enseñaron que ya las cosas no eran como antes. Que la mujer ya no estaba oprimida porque ahora podía votar, y hasta trabajar desde su casa mientras sus hijos estaban en el colegio, incluso tal vez podría ejercer algún cargo en una alcaldía o ministerio, aunque esto no era del todo ideal. Ese tipo de trabajo estaba reservado a las duras, a las vanguardistas, que además eran vistas por el resto de las mujeres, las "amas de casa" con algo de recelo.


Hoy en día el ama de casa ve a la mujer que trabaja con bastante recelo. Y no me digan que no, porque yo he estado en ambos bandos. Las que trabajan se burlan de las amas de casa. No tienen imaginación, ni deseos de superarse, ni metas personales, nada más cloro Lavanzan y pañales junto a la única neurona que se necesita para saber limpiar una nevera. A su vez las amas de casa critican a las mujeres que trabajan. Son egoístas, amargadas, siempre andan apuradas y sólo piensan en su trabajo y no le hacen caso a su esposo. Tienen muchas neuronas, pero les falta corazón. Y tiempo para hacer ejercicio.


Hay un grupo que está en el medio. Trata de trabajar. Trata de estar en la casa. Muchas veces se confunde y confunde a su pareja. A cada rato está renunciando a lo que quiere y se siente muy culpable. Porque cuando no le está fallando al hijo, le está fallando a la carrera, está perdiendo la oportunidad de crecimiento porque tuvo que decirle NO al postgrado, o tuvo que faltar demasiado al trabajo. Si en cambio no falta nunca y su desempeño es brillante y su futuro aún más, entonces llega a la casa y hay medias en la sala, las ollas no brillan, y cuando va a lavar no hay detergente. Entonces se siente culpable. Porque hay algo de la Dama de Rosa que la hizo sentir que esa era parte de su papel. Seguramente cuando al final de Pasionaria Catherine Fulop y Fernando Carillo se casan esta jamás le dice "ay mi amor, no hay nada en la nevera, es que hoy estuve de reunión en reunión."


Los hombres. Los hombres están en la mitad. También un poco confundidos. Ya no saben lo que quieren. No saben si quieren una mujer pura o si les da igual que haya tenido amantes y que se sepa cosas como dónde queda la calle de los moteles. No saben si quiere que trabaje, o que al ver las fotos de Diosa Canales lo primero que les venga a la mente sea algo como "mi mujer está más buena que eso." Ya no saben si es mejor natural u operada. Si la prefieren maternal, con los niños encima y la cara llena de tempera, preocupada por recordar matemática de cuarto grado para ayudar al niño a hacer la tarea o si más bien quieren una que llame "ve a buscar a los chamos al colegio porque mi jefe se va para Panamá y quiere el reporte que era para el lunes esta tarde."


Hay una confusión generalizada. Nadie sabe qué es el género. ¿Cómo se usa ahora? Si ya sabemos que no es que uno es más fuerte que el otro, sino que genera más músculo y tiene otras necesidades calóricas. Si somos igual de inteligentes. Si tenemos los mismos derechos, aunque a veces la biología y la química (en otras palabras la piel) se empeñe en convencernos que jugamos roles distintos. Que somos similares, pero no iguales.


Siempre digo que la liberación femenina es una gran mentira. Cada vez que hablé con un hombre de avanzada pude descubrir luego que no respetaba la autonomía de la mujer, que le asustaba la mujer culta, inteligente, pero sobre todo la que no se hace eco de la necesidad imperiosa de tener a un macho al lado para que le resuelva la vida. Casi siempre terminan por sentir miedo, porque esa liberación les genera a ellos una prisión propia. Les da responsabilidades que antes no tenían. Y no todos están dispuestos a asumir eso. La mayoría de las veces dicen que sí lo asumen, pero al final, hay que ver quién termina lavando los platos y haciendo la cama para corroborar que la afirmación era cierta. Este sí cree en la liberación femenina.


En días como el día de la mujer entiendo que se comienza a hablar de temas importantes. Pero creo que nos estamos perdiendo demasiado en idioteces como "la silla no debería ser un sustantivo femenino porque es donde se sienta la gente. Implica una sumisión femenina." Semejante estupidez. Como si al decir, "es que yo voy con mi pediatro y fulana es una maravilla de arquitecta", estamos hablando del meollo del asunto. En Estados Unidos por ejemplo van al revés. Ahora las actrices quieren que las llamen actor. Porque lo demás son palabras.


En todo caso hay que revisarse bien y pensar, qué es lo que se quiere. Y qué hace falta para ser feliz. Asumir el rol que queremos. Porque no es fácil. No es un tema sencillo y no se puede asumir con blancos y negros. Además está marcado por aquella máxima tan trillada de que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Y eso que ni siquiera llegamos a hablar de la violencia de género. Claro que de eso tampoco nos hablaron en el colegio. Nunca supimos si Cristal, años más tarde, después de todo lo que sufrió y lo guerrera que fue, terminó siendo una mujer anulada.

jueves, 8 de marzo de 2012

Día 6: Un Derecho de Admisión

Es una de las pocas fotos que hice durante todo el concurso que no tienen fondo blanco. En realidad ese mosaico es irresistible. Me fascinan los baños así. Además la puerta vieja, como de casa antigua, a mi modo de ver era una forma de sugerir que usualmente las mujeres no podemos llegar a dónde llegan los hombres. Nos hemos tenido que ganar el derecho de admisión.

En parte también por eso decidí que yo iba a estar fuera de foco y el letrero no. Es una forma de dar a entender (al menos eso quería comunicar yo) que las mujeres cuando nos metemos en el lugar de los hombres lo hacemos de esa forma. Despacio. Sin que sea demasiado obvio. Demasiado claro. Pero lo hacemos al fin. Un poco por eso la pose, el brazo en jarra. Como diciendo, aquí estoy, y de aquí no me muevo.

Creo que una de las cosas que no me funciona bien de esta foto es la expresión. Tal vez he debido mostrarme un poco más decidida. Pero el anécdota de esta foto es que este baño queda en un edificio y la encargada del condominio estuvo conmigo durante todo el proceso. Es la primera vez que alguien que no conozco bien, que no está involucrado en la foto me ve mientras trabajo y armo mi foto y pienso mi tema y estoy metida en todo mi proceso creativo.

Como son autorretratos la cámara está montada sobre un trípode y yo voy y vengo, ajustando la exposición, el ángulo, entre otras cosas. Esta foto no fue demasiado difícil de tomar, salvo por eso. Porque cada vez que iba revisar la cámara tenía que contestar las preguntas de la señora y vencer la pena.

No soy una persona penosa, pero para este tipo de trabajo sí que lo soy. Eso de hacer autorretratos frente a otra gente me de una pena enorme. A menos que esté agarrando el celular y me lo esté apuntando para tomarme una foto pendeja. En todo caso, esta foto fue un aprendizaje por eso. A veces las condiciones no son las mejores, te mueres de la pena, te ven como si fueses un bacalao inscribiéndose en el Miss Venezuela, y a lo mejor lo eres pero no lo sabes, no importa, igual tienes que seguir.

Yo aquí voy a hacer terriblemente honesta. Yo mientras hacía esta foto, todavía pensaba que tenía chance de ganar. Más adelante tiré la toalla. Lo que no quiere decir que haya dejado la competencia. Ya verán por qué. De hecho. Unas fotos tan terribles que las pienso rehacer.

Y de paso. Feliz Día de la Mujer a todas las lectoras del blog. Sigamos luchando porque en este mundo si no nos metemos en el lugar de los hombres. No logramos nada. Creo que todo ese tema merece un post aparte. A ver si las responsabilidades de hoy me dan tiempo para escribirlo.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Día 5: Un Diente de Leche


El diente de leche. Inmediatamente pensé en hacer algo estilo disfrazarme de ratón y escribirme un name tag con el apellido Pérez. Pero desistí de la idea porque me pareció tonta, trillada. El resto del día no me pude sacar de la cabeza la canción Bela Lugosi´s Dead de Bauhaus. Estuve pensando en vampiros y al final esto fue lo que salió.

A estas alturas de la competencia me estaba tomando las cosas demasiado literal creo. O digamos que sólo estaba segura de la parte del autorretrato y me faltaba sacarle jugo al tema. Creo que para el año que viene voy a pensar las cosas mejor.

El tipo de cosas que aprendes con esta competencia es que el arte por el arte va más allá de, "ok voy a agarrar una hoja de papel y voy a hacer rayones porque sí." No. No funciona así, creo que hay que llevar las cosas un poco más allá. Pensar realmente ¿qué quiero decir?

Y sí. Debo decir que aquí mi mensaje es que si habría en el mundo un tremendo diente de leche. Ese es el de un vampiro. Ahí está pues. No tan vacío como "...y la paz mundial." No tan profundo como "no a los cazadores de ballenas."

Esta foto para mí fue regular.

martes, 6 de marzo de 2012

Día 3: Una Compra Nerviosa y Día 4: Una Plañidera


La reacción que generó esta foto cuando se la enseñé a alguien fue "eso no es una compra nerviosa." Y lo entiendo, para nosotros la expresión compra nerviosa nos lleva directamente al supermercado. Sin embargo me negué a hacer una foto de montones de latas de algo, porque pensé que debería darle la vuelta a la idea. Tampoco quería hacer la compra de una prueba de embarazo aunque sé que eso siempre es una compra nerviosa.

La idea de esta foto tiene que ver con la cirugía plástica y el exceso, el abuso, lo innecesario que suele ser a veces. Ojo, no tengo nada contra la cirugía y tal vez en futuro yo misma decida repotenciarme. Yo creo que si la tecnología, los avances médicos, el presupuesto, pero sobre todo la salud nos lo permiten y eso nos hace sentir bien ¿por qué no hacerlo? Pero también me he dado cuenta que se ha vuelto una obsesión. Conozco mucha gente que se opera porque siente que así va a conseguir pareja, que eso es lo que a los hombres les gusta, o que lo hacen en respuesta a una crisis con el espejo, a una crisis con el calendario. Esa es la naturaleza de esta foto. Crisis con el calendario. Por eso el pedazo de pie con la vela y la cara de estrés. Es como decir, bueno ahora que estoy cumpliendo años, tengo que ir a vaciarle mi cuenta de banco a un cirujano o sacarme otro credi lola para comprarme una cirugía tan absurda como esta que me dejó dos pelotas de tenis en las lolas.

Creo que no funciona. Si pudiera me gustaría rehacerla. Es más. Yo creo que eso es lo que voy a hacer.

La odio. La destesto. No salió como yo quería. Esta foto ahora que lo veo fue un desastre. Creo que la idea fue buena, pero es una de esas fotos que necesitaba más tiempo para madurar. O que a lo mejor he debido editar mejor en mi cabeza antes de mandarla.


Esta es otra que odio. El día 4: Una Plañidera. De verdad también la detesto. Tal vez más que la anterior. Es la clase de foto que divide a los competidores. Los que nos podemos dejar de lado nuestra "otra vida" y los que dejan de vivir, o al menos se la juegan. Lo cierto es que la fotografía no es click y ya como piensa mucha gente. Creo que es una de las cosas de las que te das cuenta cuando entras a la escuela. Mucha gente (y eso me lo han dicho) te dice, "pero bueno, cualquiera puede tomar una buena foto. Agarras la cámara o un celular, lo apuntas haces click. Hoy en día con la fotografía digital cualquiera lo hace." No. Apenas haces tu primer ejercicio te das cuenta que no cualquiera lo hace. Las fotos hay que pensarlas. Que trabajarlas. A veces más. A veces menos. Es verdad, a veces disparas una sola vez, te mueves rápido viste algo, actuaste y la foto salió. Pero la verdad es que para moverte así tienes que entrenar no sólo el ojo, sino los dedos, los brazos, el cuerpo. Si no puede que con suerte hagas una buena foto. O varias. Pero de ahí a ser fotógrafo hay un trecho. Largo. Largo.

Para mí esta foto es la prueba. Yo estaba agotada de un día fuerte de andar con los niños, al día siguiente iba de salida a la playa por el fin de semana, así que tenía que dejar la foto lista y además acababa de hacer las maletas. Así que dije nada. Voy a poner mi cara más barata de empleado del mes de McDonalds, y me voy a hacer una foto tipo Facebook. Eso sí el certificado, si lo ven con zoom es legítimo dentro de su ficción. Es otorgado por la empresa Lágrimas Aritificiales Inc y está firmado por Marina Baura y Raúl Amundaray. Creo que eso es lo único bueno de la foto.

Esta también la volvería hacer. Te odio Plañidera. Te odio.

lunes, 5 de marzo de 2012

Día 2: Una Patilla Suicida



La Patilla Suicida. Es de esas cosas que cuando las ves piensas ¿qué coño es una patilla suicida? Lo que pasa con estos temas es que uno está empezando la competencia y no está todavía bien aceitada la máquina. Claro, hay gente que piensa más sus 29 días. Yo confieso que yo sólo dije: lo voy a hacer de autorretratos. Después sí sentí que poco a poco se me fueron dando otros temas y me que gustaba hacer las cosas menos literales. No fue así con la patilla. Con la patilla nos fuimos por el "disfrázate de patilla."

Agarré las pinturas de la pioja y me las puse en la cara, todo el tiempo rogando "por favor, que estas pintura no me saquen ronchas, ni causen alergias, ni me hagan salir corriendo para la emergencia a tener que explicarle a los médicos que es que yo quedé así porque me estaba disfrazando de patilla suicida."

Si debo decir que si bien esta no fue la foto más original del mundo, si tal vez la parte de "suicida" no es la más obvia, yo esta la gocé. Sobretodo cuando me metí en la ducha y empecé a ver como caía la pintura, que después de un rato se había puesto dura.

Día 1: Un Mamífero Volador

El disco del Día 1: Un Mamífero Volador. Animals de Pink Floyd.

Hace unos meses hablaba con Gil del tema de las señales. ¿Existirán? ¿No existirán? Tal vez las señales sean una forma de convencernos de que el universo es quien nos empuja a tomar las decisiones que nosotros mismos debemos tomar. En cierta forma nos hace menos responsables, nos hace menos hombres. Sobre todo en esta cultura tropical, que lo lleva a uno de crisis psicótica a desorden de personalidad, en el que un día tratas de ser el profesional más formal del mundo y al día siguiente le estás metiendo un cuento chino al señor del taller mecánico o de la imprenta para que te saque el trabajo que entregaste tarde a tiempo.

Una vez leí que Paulo Coelho sólo publicaba sus libros cuando después de haberlos escrito recibía una señal. Claro que si le comento eso a mi amigo Librero estoy segura que me va a decir, deberíamos ir a buscar al sopla pollas que le manda las señales y matarlo. Pobre Paulo. En realidad, no sé si es que me estoy poniendo vieja, pero dentro de todo no lo culpo. No creo que sea sólo un sopla pollas, aunque sí ha sido culpable de llenarnos el Facebook con frases idiotas como, "amar profundo es nadar en el límite de tu inmensidad." La realidad es que el hombre ha sabido capitalizar una necesidad de mercado, la de la autoayuda, la de la frase cursi, exageradamente cursi, la de los millones de personas que están por ahí esperando una señal divina para hacer algo. O para no hacerlo.

Puede ser que la frase más trillada de los últimos cinco años sea autosaboteo. Que con eso la mayoría de los psiquiatras lo dejen a uno montándose en el carro "oye vale, este tipo si es inteligente, es verdad. No son los otros soy yo." Pero a veces las cosas trilladas tienen su razón de ser. A veces hace falta un poquito de best seller en la vida, de comedia romántica de simpleza. A veces hace falta meterse en la caja, para poder salir de ella, para poder pensar fuera de ella.

En los últimos años he andando muy dispersa. Hace varios años rompí un ciclo que llevaba andando y me fui por un hoyo. Una vez más dejé de ser quién soy, para ser algo que no necesariamente quería ser, más que todo convencida porque el resto del planeta esperaba eso de mí. Hay cosas de mi vida que pesan mucho, y a veces siento que tengo que caminar como el Atlas, con el peso del mundo a cuestas.

Debo reconocer que soy muy miedosa. Le tengo terror a todo. Y tal vez parezca una locura, pero últimamente he desarrollado más miedo por mi éxito que por mi fracaso. Creo que en parte porque he llegado a asumir el fracaso como algo natural. Ya lo he vivido. Sé que lo puedo sobrevivir, aunque a veces se sienta como algo imposible, pero sé que tarde o temprano uno levanta cabeza y vuelve con otra cosa y sigue adelante.

A veces, sólo a veces, me doy cuenta del potencial que tengo. De las cosas que tengo que decir. Las ideas. La creatividad. Un montón de cosas que durante tantos años me convencí de que no tenía. Desde cerebro, talento para escribir, hasta cosas tan absurdas como nalgas dignas de ir en blue jean. Y esa última estupidez no fue el clásico drama femenino de "odio mi cuerpo" fue algo más delicado producto de una relación de esas que nadie se merece.

El caso es que hace unos diez días tuve una conversación con un amigo y me di cuenta, que hay montones de cosas que no estoy haciendo bien, pero sobre todo hay una. Una que es clave. La de arriesgarme y poner la carne en el asador. Siento que este es un momento definitivo. Porque la verdad es que o asumo quién soy vivo según mi conciencia, mi personalidad, mi destino o entonces me quito la careta de una buena vez y me declaro cobarde de por vida y asumo la otra vida, la de ver desde lejos, como en una especie de pantalla de autocine, lo que quería ser, viviendo una vida que al fin y al cabo puede que sea muy linda, pero no es mía.

Ayer estaba con un amigo en una exposición de arte y el artista, que se suponía que iba a ir pues era la inauguración de su expo nunca llegó. Me imagino las galeristas esteradas, la cantidad de gente esperando verlo, entre ellos nosotros. No conozco a esta persona, ni sus motivos, pero si se parece en algo a mí a lo mejor estaba escondiéndose debajo de un carro. Porque creo que pocas cosas me generan mas estrés que el hecho de que alguien vea o lea algo que yo escribí.

Sí, cuando ustedes leen esto yo no puedo verlos. Así que yo le doy a publicar entrada y dejo el resto en manos de internet, operadores de teléfono y bandas estrechas, anchas o lo que sea. Pero no es problema mío, en cierta forma. Además, Manuela Zárate, soy yo, pero a la vez, no soy, y eso también me da margen, me da una especie de salida de emergencia, porque puedo ser bien injusta con Manuela y echarle la culpa si las cosas no salen al final como yo quería.

Absurdo. Yo creo que me llegó la hora de hacerle caso a Píndaro, cuyo consejo llevo conmigo desde hace varios años y lo voy poniendo en distintos lugares, detrás de mi compu, en la cocina, en mis cuadernos. "Llega a ser quien eres." O llego a ser quien soy o me quedo siendo nadie.

Y en esa nota mi primer acto va a ser publicar las fotos de la competencia, Una Foto X Día x 29 días. Espero las disfruten.

Sobre la Foto:

El Día Uno es un Mamífero Volador. Así que si quieren pues es una señal. Mamífero que se lanza a volar. Así me lanzo yo. Llamen a torre de control.

Lo que me gusta de esta foto, lo que la hace especial para mí es lo personal que es, aunque haya sido tomada para la competencia. Hacer ese retrato fue un lío, por el bebé. Lo tuve que hacer sola y pararme a darle click no era nada falsa. Hice tres fotos y me jalé un músculo de la espalda que me dejó coja por tres días. Pero valió la pena.

sábado, 3 de marzo de 2012

Día 14: Un Ex



Disco del Día: El Amor Ya No Existe de Sentimiento Muerto


Uno va por la vida con una maleta. A medida que vives la vas llenando de cosas. Los lugares que visitaste. Los amigos que hiciste. Las oportunidades que tomaste, y claro, la lista de preguntas que te quedan sobre las puertas que viste cerrarse en tus narices. Están las promesas que hiciste, las que cumpliste y las que rompiste. Y entre esas y otras tantas cosas, están los adioses.


Odio los adioses. Porque si hay algo que pesa más que un libro a la hora de hacer una maleta es el adiós.


Yo no concibo una buena forma de decir adiós. Creo que no existe. Está la cursi y desgastada. La de lágrimas. La de excusas trilladas. La de promesas que uno sabe que jamás va a cumplir. La de las mentiras. La de la verdad absoluta, como el alcohol ese que mata todo y que más que cura es veneno. Está la violenta, llena de miedo, las cosas que se lanzan, las puertas que se tiran, los golpes que se esquivan. Al final cuando uno dice adiós el daño es más o menos el mismo. Porque si es traumático entonces es la excusa de que uno en medio del final perdió algo o toda inocencia, si no, es peor, porque a veces el exceso de frialdad y civismo nos hace sentir demasiado humanos y nos deja sedientos de algo más animal. Porque hemos aprendido a exigirle al amor su lado salvaje y a veces no aceptamos que el final nos llegue sin eso. Es como si no hubiéramos vivido.


Detesto los adioses. Nunca los últimos días fueron buenos. Nunca me gustó el sonido de la puerta al cerrarse, ni el motor del carro que arranca sabiendo que no lo iba a volver a ver, que no me iba a volver a sentar en sus asientos, ni a ver mi reflejo en el retrovisor reclamando de forma muy extraña mi territorio. Jamás me fue fácil trancar el teléfono, ni mucho menos decir las palabras que nadie quiere oír, pero que mucho menos se quieren decir "ya no te quiero" "ya no siento lo mismo" "ya nada es igual" "salida, yo lo que quiero es una salida."


Uno nunca sale ileso de un adiós. Puede ser que el amor se parezca al cine. Puede ser que los comienzos sean de película, con música cursi incluida y cotufas tiradas en el piso, con sonrisas y diálogos idiotas de esos que uno sostiene cuando está totalmente embriagado por una ilusión amorosa. Pero el final. El final no tiene nada de sencillo. Ojalá fuese tan fácil como desplegar dos palabras THE END, y luego una lista de créditos, estilo. Protagonistas: Tú y Él. Y luego todo el despliegue de actores y actrices de reparto, familiares, amigos, terceras personas, hasta sombras y fantasmas del pasado, ese otro ex que siempre está asomándose, haciendo que la nueva relación pague las cuentas que quedaron pendientes, de los temas que no se solucionaron, de lo que no escuchamos, o no superamos, o de lo que sencillamente no estamos dispuestos a cambiar. Si es que en efecto uno puede cambiar.


Yo reconozco que he llorado una sola vez en mi vida frente a un ex cuando me estaba terminando. Tenía quince años y me terminó por teléfono. Fue de esas terminadas que llegaron de la peor forma, porque yo estaba enamorada y él no. Él lo sabía claro, y yo también. Pero siempre guardaba esa esperanza que guarda el que quiere más. Ese que siempre espera que tarde o temprano el otro abra los ojos y se de cuenta. Y no nos eche.



Lo peor del caso es que después volvimos. . Y yo durante un tiempo volví a creer, hasta que me di cuenta que no tenía sentido creer. Entonces, jugamos durante un tiempo. Vivíamos en países distinto y la distancia se prestaba para todo. Fue un desastre. Un desastre en silencio. Un día hice lo que hace una cuaima de las peores, le puse un ultimátum. Yo me iba a vivir a Estados Unidos un 5 de septiembre, entonces le dije que tenía hasta que el avión despegara para hacerme saber si me quería o no. Estilo película chimba. La verdad es que no estaba esperando que se apeteciera entre los controladores aéreos intentando evitar el despegue del avión. En realidad no esperaba nada. O sí. Sí Esperaba. Esperaba que no apareciera, porque yo estaba convencida de que ese tipo no sentía nada por mí. Sino que sencillamente pensaba en mí como una X que vivía en Venezuela y que no tenía nada que ver con su vida.


Yo tenía mis maletas listas. Una vez más me iba al internado al que me habían mandado a los trece años para cerrar un ciclo que necesitaba cerrar. Es una de las pocas cosas que he terminado en mi vida. Recuerdo perfectamente que estaba en mi baño, sacándome las cejas con una pinza cuando llegó mi hermana, desesperada porque yo tenía la música a todo volumen y no escuchaba sus gritos. Me llamaban por teléfono desde México. Era el tipo. Me dijo lo que toda mujer quiere oír. Promesas, declaraciones, perdones y "tú creías que yo no te iba a llamar." Fue muy raro lo que sentí, porque la verdad cruda y ruda era que tiempo antes yo me hubiese estado muriendo al lado del teléfono esperando esa señal. Pero para ese entonces yo había perdido la fe, las ganas, la motivación de esperar y aunque aquello me alegró y le hizo bien a mi ego magullado y ya herido por él en el pasado, la verdad era que yo ya no lo quería. Pero no se lo dije. Yo manifesté alivio, alegría, felicidad, me declaré realizada. Le devolví toda la cursilería, con intereses.


Cuando llegué a mi colegio me estaba esperando una carta de él. Larguísima. Una carta que boté porque otro ex que invadió mi vida me obligó a borrar todos mis otros exes. Como si eso se pudiera, pero esa es otra historia, aún más compleja y larga. Lo cierto es que aquella carta fue algo que yo había estado esperando tres años. Le respondí con el mismo entusiasmo. Hasta con ilusión, pero con frialdad. Una frialdad muy rara porque yo sentía que al tener esa carta en mi mano tenía algo de poder. Al final no sucedíó nada. Ese fue el final. No volví a saber de él, sino meses más tarde cuando se apareció en la ciudad en la que yo vivía. Nos abrazamos como dos viejos amigos que ya no tienen nada que decirse. Ya todo estaba dicho. Ya todo estaba hecho. Ya no quedaba sino especie de amistad de guerreros vencidos.


Creo que ese ha sido uno de los adioses más pesados que he metido en mi maleta. Porque los que más pesan están llenos de silencio. Y uno siempre cree que puede interpretar un silencio, per jugar ese juego es una trampa adictiva y enloquecedora. Por eso prefiero los adioses con ruido. Los adioses destructores. Los definitivos.