miércoles, 29 de agosto de 2012

No es fácil ser mamá


El otro día estaba con una amiga y le pregunto, ¿tú qué estás haciendo? Y ella me dice, bueno estoy de mamá, cosa que siempre hace que la gente te vea con cara de, te tiras todo el día a ver televisión, te haces las uñas, y bueno vamos a no decirlo, pero sabemos que lo estamos pensando, te sacas los mocos y los tratas de pegar del techo. No haces nada. Siglo pasado. A lo sumo años veinte. Tú haces del mundo un lugar menos moderno. 

Yo confieso, ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos, que  yo solía también juzgar muy duro a este tipo de mamás. Y además confieso que lucho. Lucho. Lucho por no serlo. Por razones que voy a explicar ahora. 

El caso es que si antes de tener hijos alguien me hubiera dicho que ser mamá era así de complicado yo le hubiera torcido los ojos e invitado a abrir las páginas de los periódicos pensando, mira, difícil hallar la cura del cáncer, difícil resolver el conflicto en Syria, o el tema de la rebelión Tuareg en Mali. A ese muchacho dile no es no, y cuando llegue el momento le das una nalgada y punto. Sentido común. Más nada. 

Pero la vida siempre busca la forma de que uno se trague sus palabras. Sobre todo aquellas que traen el asqueroso lodo del complejo de superioridad, o de uno no saber de qué está hablando. No se sabe lo que es ser padre o madre, hasta que se es. Y no nada más por el embarazo, el embarazo, con todo lo duro que es, es sólo la primera parte. Es una preparación. A medida que el niño va creciendo los retos van aumentando. Uno siempre espera una etapa más fácil, pero no se pone más fácil. Distinto sí. Gratificante en otras formas, claro. Pero fácil, no. Fácil no es. 

La primera vez que yo me dije esto va a ser un peo astral, curiosamente fue cuando llegaron las cosas que pedimos. El coche. El brinca-brinca. El corral. El carseat. El robot ese que se traga los pañales sucios (una porquería que nunca sirvió, y que mi hija al aprender a caminar terminó de dañar un día abriéndole y cerrándole la tapa. Dicho sea de paso. Es lindo cuando el R2D2 se traga los pañales llenos de mierda, pero vaciarlo era el infierno.) Todas aquellas cosas y nosotros con la emoción que no podíamos más. 

Yo no aguanté a que mi esposo llegara del trabajo y empecé a abrir cajas. Pedazos de cosas por aquí y por allá. Mi mamá me dijo que poco a poco y por supuesto yo  no le hice caso, me sentía como una gallina haciendo el nido. Así empolla el ser humano. Armando. Montando. Viendo. Y sobre todo imaginando lo que sería tener en realidad eso que había soñado desde la primera vez que tuve una muñeca en los brazos y mi mamá la llamó, tu bebé. 

Pero las instrucciones del coche no estaban escritas, sino eran dibujos paso por paso. Dibujos que además estaban bien hechos, pero mal hechos. El paso A y el paso B, no estaban mal, porque eran que si agarrar un tubo y meterlo dentro de otro tubo, pero después para el paso C, había que escuchar un CLICK que sí estaba escrito, además decía ¡CLICK! Con signos de exclamación, como que si no oyes el click es la cagada y peligro de muerte. Y yo no escuchaba click, porque no encontraba la partecita que estaba mal dibujada. Y cuando llega mi esposo ya no tengo la cara que debería ir con la voz de felicidad con la que lo llamé a decirle, ¡Las cosas de Clari llegaron! 

Entonces nos ponemos a armar aquello y el suelo era un cementerio de bolsitas e instrucciones y palos y tubos, ruedas, manillas, mayas, cajas, cajitas, par de destornilladores. Y yo en un momento empiezo a pensar, coño pero si yo tengo un grado de una universidad Big 10 y ok, no terminé el postgrado por razones de fuerza mayor, pero me faltaron pocos créditos y tú tienes el tuyo, somos profesionales, leemos, vemos cine razonablemente bueno, leemos periódico, es decir, no seremos intelectuales del siglo XXI, pero coño somos gente educada, tal vez hasta con cierto atrevimiento se puede decir que culta, y ¡no podemos armar un puto coche! 

Yo quería tirar todo por la ventana. Llamar al fabricante del coroto y decirle, mira primero que nada un saludo fraternalmente arrecho, quiero hablar con el mocho que dibujó las instrucciones de esta broma y quiero saber por qué la flojera de no explicarlas con su texto como es debido. Y por qué coño ustedes ponen un paso F y que si un paso F.5 ¿Qué coño es eso? Yo nunca vi letras decimales, pero ustedes las inventan para joderlo a uno. 

Claro que después pedí ayuda y vino una mamá experta y armó el coche en dos puntos cinco segundos. Es decir desarmó lo que nos faltó, porque hombre que se respeta no dejar de armar el perol que tiene enfrente y nos enseñó a abrirlo y cerrarlo, y nos vio. Nos dijo que pasó por lo mismo pero no le creímos. Tú tuviste que ver en el colegio una materia relacionada con esto coño. No hay de otra. Entonces nos enseñó a abrir y cerrar el coche y se fue. 

Mi esposo y yo empezamos a practicar, yo no pude a la primera, ni a la segunda, ni a la tecera, a la quinta vino el cooooññoooo de la maaadreeeeee y el llanto porque las hormonas lo tienen a uno  que no sirve ni para ver la hora. Entonces él me dijo, deja que yo lo hago. Y lo hizo, pero le dio una coñaza a ese coche, que no yo no pude sino echarme a reír, y le dije, mira si el niño está cerca lo acabamos de volver papilla entre tanto coñazo. Ni hablar de cuando metimos el carseat en el carro. A lo mejor por eso nunca durmió bien ahí, por la forma en que lo batíamos para meterlo y sacarlo. Un desastre. 

Hoy por hoy yo digo que cuando termine este libro en el que estoy trabajando voy a escribir uno sobre cómo aprendí a abrir y cerrar coches, estando en vestido, sin que se me vieran las pantaletas. Porque uno va adquiriendo práctica en muchas cosas. Hoy por hoy a veces los cierro sin agacharme. Uno se curte. 

Pero para mucho de la maternidad no hay un manual. Ni con foticos, ni dibujitos, nada. Hay uno que otro libro, que es una maravilla y al que uno recurre. Pero como todo hay que tener cuidado, porque leer demasiados libros de maternidad lo vuelve a uno loco. Y uno se cree psicólogo cuando no lo es. Uno duda de todo y pide opinión de todo. Es verdad que uno tiene que seguir su instinto y el sentido común. Pero también pedir algo de ayuda, sin exagerar, sin que te haga sentir que si no sigues ese consejo entonces vas a dañar a tu niño. Al final, lo que ellos más necesitan es amor, y comprensión, sobre todo atención y paciencia. 

Esas cosas son cada vez más difíciles de dar. Porque amor cuando en el mundo lo que hay es separaciones, materialismo, conflicto, agresividad, suena muy lindo y muy fácil, muy Abigail. Pero yo todavía no leo el primer libro que diga, abrace, bese y apapache a su hijo todos los días. Así como te dice que lo bañes. Algunos lo dicen, pero no es tan claro. Tan tajante. Lo ponen más, para el niño es más importante el contacto con la madre que los bienes materiales que esta pueda darle. No. Hay que ir más al grano. 

Comprensión. A uno se le olvida que no porque sean niños son idiotas, y uno ve mucha gente tratando a los niños como idiotas. Y uno a veces sin querer lo hace. Es grave. Porque ellos se dan cuenta de todo, sobre todo de eso. Tienen los mismos sentimientos que nosotros, con la misma intensidad. Y muchas necesidades que van más allá de quiero una chupeta. 

Atención. Esta es la más dura de todas. ¿Cómo haces para trabajar y ser mamá? Es la respuesta más difícil de toda. Sobre todo cuando están chiquitos. Terminas sin darle atención suficiente al trabajo, y al chamo, si tratas de hacerlo todo a la vez. Creo que hay que tener una disciplina y una organización casi alemanas. De tal hora a tal hora no se atiene teléfono, ni blackberry, ni computadora. Ya he tenido bastantes líos por andar, déjame que mando este mail rapidito. Deja que termino este post. Ellos necesitan que uno esté ahí, y que cuando esté ahí esté con ellos. Para mí como mamá es la más difícil, y no dejo de confesar, que cuando uno trata de trabajar con los niños encima pierde la paciencia. Es mejor salir un rato de la casa y concentrarse, o esperar a que se duerman, o acudir a una guardería o algo así. Las dos cosas a la vez, una va a salir mal y casi siempre va a ser el chamo. 

En fin. Que mi dilema ahorita es cómo hago para hacer todo lo que  quiero y ser mamá. Cómo hago para no tirar la toalla unos años. Porque yo quiero y necesito mi trabajo, porque el trabajo es fundamental, como persona, como familia. Es atávico pensar que no vas a trabajar, y no quiero ser de esas mamás que no saben sino estar encima de sus hijos. Es importante que ellos vean el ejemplo de uno. Además la vida propia. La vida interior demasiado importante. Pero llegar a esa conciliación no es fácil. 

Ayer antes de dormir Clari me preguntó, mami, ¿Por qué tu vienes todos los días? Y yo, no entiendo. Ella, ¿por qué estás aquí todos los días? Yo le dije, porque eres lo que más quiero en el mundo y me encanta estar contigo. ¿Te gusta que esté aquí todos los días? Sí. Luego pensé que algún día esa respuesta no va a ser tan clara. Que tengo que prepare para escucharla, pero sobre todo, prepararla a ella para que la diga con seguridad, y sin culpa. Que coseche su propia vida. Porque mi deber no es vivir por ella, es prepararla para vivir. Y los pocos libros que he leído, los buenos insisten en una cosa: la mejor técnica para enseñar es el ejemplo. 

miércoles, 22 de agosto de 2012

50 Sombras de Gray. ¿Quién somete a quién?



Creo que he leído más reseñas y artículos sobre el fenómeno: 50 Shades of Gray, que las páginas que ocupaba la historia. Sí. Es trillada. Pero igual uno lee porque quiere saber qué pasa. Desde lo rosado y desde lo rojo. Lo rosado siendo el lado femenino que te dice que quieres ver a la princesa quedarse con el príncipe, porque eso es lo que tenemos en el chip. (Creo que todavía no estamos listos para el divorcio de Cenicienta y el Príncipe, y que resulte que el Príncipe diga, coño, narizona y todo. Amargada y todo. A mí siempre me gustó Griselda. Porque que lo digan varias de mis amigas, eso esta pasando y que jode. Mira a Carlos y Camila. Más nada.) Lo rojo siendo, el morbo por leer, y lo que es más ver, de la mejor manera, es decir en la fantasía que genera la lectura, las escenas casi porno de las que todo el mundo habla. 

Le he dicho a mucha gente y lo repito, como porno sería bastante aburrido. El tema es que la lectura siempre supera cualquier otro medio, porque al final cada quien hace en su cabeza el Cuarto Rojo del Dolor que mejor le va, y eso no lo supera nada. Si viéramos eso en un canal de esos de Adultos, a lo mejor no lo soportaríamos, y todo ese "porno" que nos presenta la autora, que es una ejecutiva de televisión y conoce de imágenes, pero sobre todo de lo que le gusta a las masas, está bien dosificado. No es que te deja en shock. Al contrario mucha gente más bien termina como uno, queriendo ver qué pasa entre los dos y casi pasando las escenas manidas de sexo. Uno quiere ver qué pasa con los protagonistas. Igual que uno lo quería ver en Shrek, o en cualquier comedia romántica protagonizada por Jennifer Aniston. ¿La tipa lo perdona por haberle mentido sobre el compromiso con la millonaría que era una amargada? Sabemos que sí. El amor lo puede todo, pero no queremos perdernos el proceso y el espaldarazo de que la vida a veces se pone fea, pero busca la manera de terminar siendo bella…y feliz para siempre. 

No leí sino el primer libro. Si algún día estoy de nuevo en un humor veraniego y con ganas de leer algo que me lleve y que no me haga pensar, los busco y me los leo. No voy a escribir desde un Parnaso diciendo que es que mi coeficiente es demasiado para esos libros. Simplemente tengo otras cosas que leer y no quiero descuidarlo todo por pasarme tres semanas con Gray. Aunque admito que este libro me tomó poco menos de cuatro días. Al final, de toda lectura uno saca algo, así el texto sea malo. Nada más con reconocer eso estás enriqueciendo tu experiencia. El tema es no quedarse pegado, y nunca aproximarse a un libro (ni a nada) con complejos de superioridad. Hay cosas que son mejores que otras. Punto. 

Por eso me fastidia un poco la cruzada intelectual para decir que el libro es una mierda. Cosa que además me da risa. La gente lo dice así como "bueno yo lo leí, pero no leo bestsellers, sólo lo leí porque necesitaba escribir que es una mierda". Sí es una mierda, pero a veces es necesario leer algo de mierda. Y no podemos horrorizarnos porque esto sea lo que lee la masa. Acaso no hemos visto las colas en los conciertos de Arjona. ¿Es que el fenómeno del Regeatton no nos dice nada? ¿Hemos escuchado radio últimamente? Las ideas no son lo que abunda. Mucho menos las coherentes. Así que la verdad, si esto a lo mejor hace que alguien al terminar de leer quede con ganas de leer otra cosa y se cree un hábito. Bienaventurado sea Gray. 

Por qué estaremos tan pegadas a estos libros. No por el sexo, ni por el feminismo. ¿Qué? ¿Es que todavía vamos a pretender que a las mujeres no les gustan los hombres que tienen su dosis de machismo? En serio. ¿Es que de verdad creemos que porque usamos pantalones, votamos y ahora trabajamos, cosa que se nos exige de una u otra forma, y además a la ama de casa la vemos con desprecio, vamos a seguir insistiendo que estamos liberadas? Liberación femenina my ass. Lo digo, y lo vuelvo a decir. Más bien estamos metidas en tremendo paquete. Pero bien grande, porque ahora tenemos más responsabilidades, la misma cantidad de tiempo, y una sociedad que imponen unos cánones de belleza que requieren de tiempo y de presupuesto generoso. No está fácil para nada. 

La diferencia entre Anastasia y el resto de nosotras es que no hay un Gray haciéndonos firmar un contrato en el que nos pone el chef, el entrenador, y además todo lindo, bueno y a explorar su sexualidad dentro de los límites que ella imponga. Además cantándonos que somos libres, independientes y es que, a mí me gusta la mujer que se quema las pestañas igual que el hombre, pero con tacones. Todo el tiempo estando claro, que el día que ella gane más que él, la crisis existencial va a ser de coger palco.  

Hay hombres de hombres. Porque sí los hay que admiran a sus parejas exitosas hasta más no poder. Generalizar es lo único que uno tiene prohibido. Pero generalmente en las relaciones no es tan clara la cosa. La chef es uno. El entrenador también.  En occidente no habrá velos, pero seguimos siendo una sociedad patriarcal, y sí creo que hay algo de confusión en cuanto a los roles, que antes estaban tan definidos y que ahora no lo están tanto. Ese es el tema, no es que seamos liberadas, es que ya no somos sumisas, son dos cosas distintas. Y el tema de Gray es la sumisión. Ese es el enganche. Nos llama la atención una mujer que asuma esas responsabilidades en plan sumisión. En plan tu piensas por mí. Tu escoges mi ropa. Tú me dices qué comer. Yo no tengo que pensar, ni preocuparme por quien paga el alquiler, además estás bueno y tiene tu propio helicóptero. 

Eso es lo que nos morimos por saber de Gray y Anastasia. Él tendrá el látigo en la mano y habrá redactado el contrato, pero al final, lo que está por verse es ¿quién somete a quién?

Nueva Etapa


Ok. Voy a decirlo. Estoy fastidiada de hablar de mí. Pero muy aburrida de hablar de mí. Irónico, nada más el comienzo de este post es sobre mí. Pero es que tengo que decirlo. Llevo semanas pensando voy a escribir sobre esto…ok, no sobre aquello. Sobre la mujer que vi en el mercado. Sobre la antipatía de las aeromozas. Sobre el sabor del café. Sobre las ganas de comerme una ración extra de postre después del almuerzo. Todo es maravilloso. Y puede ser que de para post entretenidos. Pero estoy como cansada. Eso es lo que me pasa. 

No sé si es que estoy a las puertas de una crisis existencial, o como dice mi mamá, que suele ser el Oráculo de mi vida, más bien saliendo. Estas seis semanas de reflexión te hicieron bien, me dijo cuando llegué, porque yo le dije, mira sabes qué. Es que, creo que estoy tratando de abarcar demasiado, y decidí que hay algunas cosas que aunque amo y quiero ser, tengo que dejar para después. 

Antes de irme a París terminaba los días en un estado de agotamiento horrible. Mi nivel de estrés no era normal. Twitter, blog, desarrollo de productos, Reto La Montaña Mágica y el reclamo, es que tú no vas a hacer nada por las elecciones, casa y lo  más importante de todo: ser mamá. Qué paciencia hay que tener para ser el hijo de una madre tan intensa. Lo bueno es que yo lo compenso con amor, y con mañanas de "apilotonamiento". 

El caso es que no quiero hablar de cosas tan genéricas como suelo hacerlo. Como siempre veré si yo misma me atengo a mis propias promesas. El caso es que quiero hablar más bien de lo que cocino, porque retomé la cocina, sí señores, esta semana hice unas albóndigas de miedo, y un risotto que me quedó un poco salado pero varios en la mesas repitieron así que podemos decir con seguridad que "we are back baby". 

Tengo más bien ganas de hablar de las películas que no me gustan y de los libros que he amado, y por qué no, los que he odiado también. De los planes que invento con los niños, desde las actividades que hacemos en la casa, hasta las cosas que hacemos por ahí. Porque sí, quiero hablar de cómo me va como mamá. 

Llevo mucho tiempo evadiendo este tema, no sé por qué. Creo que por un tabú estilo, "tengo que ser feminista y no meter a mis hijos en todos". Y probablemente los y las que no tengan hijos todavía van a torcer los ojos, como yo los torcía cuando no los tenía, porque será que cuando tienen hijos tienen que meterlos en todos lados. Obvio que uno tienen que tener un equilibrio, uno tiene que tener al menos un par de conversaciones al día en las que no se involucren, ni los nombres de las crías, ni algún evento relacionado con ellos. Pero por otro lado ser papá y mamá es algo que abarca demasiado espacio de la vida, sobre todo los primeros años, me imagino que los que siguen también, pero por ahora mi experiencia se limita a tres años. Entonces ¿por qué coño no voy a hablar de eso en mi blog? Perdónenme el tono un poco agresivo. 

Prefiero hablar de eso la verdad. Y ver sin saco el tiempo entre mi libro y El Perro Naranja, para tal vez darle otro feel al blog. Sin quitar lo que escrito. Sin migrar a otro blog. Es como Manu. Una nueva etapa. Qué carrizo, a lo mejor me quito la careta y le pido al Niño Jesús que me regale una versión  página web. 

En todo caso. Más actividad y menos cuaderno. A eso me refiero. Pañalera incluida, pero otros aspectos de la vida también. 

¿Tú qué crees que va a pasar el siete de octubre? ¿Estás optimista? ¿Cómo ves la cosa? ¿Tenemos chance?¿Hay un camino?



Bueno mira, hasta dónde yo sé esto es lo que va pasar. Dos semanas antes el país se va a paralizar. No. No va a ser a lo Jurassic Park, no va a pasar un Velociraptor por el Centro San Ignacio comiendo gente, pero igual, todo se va a paralizar. Nadie va a querer trabajar. Olvídate de pedir presupuestos, nadie te los va a garantizar. Ni se te ocurra encargar alguna pieza, comenzar un trabajo que tenías pendiente en la casa, ni hablar de las clases, porque los colegios van a preferir mandar a todo el mundo para la casa, retrasar el comienzo de las clases, porque entonces los papás histéricos se amotinan, y el Plan República presiona, y varios maestros no llegaron de vacaciones a tiempo porque ¿para qué? Si igual al menos dos días antes y dos días después de las elecciones no habrá clases. Para eso arrancamos el 14. No metas el carro al taller, el mecánico no te va a conseguir los repuestos, no le va a ir el personal. Todo se va a encarecer un poco más, porque los transportistas aumentarán el flete. Las vías van a estar colapsadas, el tráfico peor que nunca, porque todo el mundo va a estar nervioso, pegándose a la última encuesta, pensando en la última marcha, escuchando al mejor analista que dice lo que siempre dice, "bueno mira, al final una elección la puede ganar cualquiera, todo depende. Las encuestas son instrumentos de medición, pero todo depende". Y el supermercado. Dios nos libre de la debacle de las compras nerviosas, porque es mejor estar preparado y comer sardinas, aunque todavía tengamos atún del paro. 

El día de las elecciones vamos a estar irritables, insoportables. Que nadie nos hable, los nervios de punta. Pegados al televisor. Globovisión dice que en Nueva Esparta hay mesas que no abren por falta de miembros y son las ocho de la mañana. Ya la vecina texteó que fue y votó en cinco minutos. Coño, nadie está votando. Como que los dinosaurios se comieron a la mitad del país. ¿No y que tenías un primo que había venido de Tailandia para votar? Y el pana que se fue a vivir a Australia ya tiene resultados y son buenos. No todo está perdido. Te vas a votar, a ver esas caras que ves una vez el año en la cola de tu mesa, que siempre es la dos, y coño a sufrir juntos, y llenarnos de tinta el dedo y después pasarlo por alcohol, para luego decirle a todos nuestros amigos, estamos jodidos, esta mierda se quita en dos patadas. Alguien te textea, la estrategía es salir tarde, para que el otro se confíe. Verga, pero ya no sabes bien quién es el otro. Ahora Globo dice que en Sucre están denunciando quema de actas o algo así. Nada. ¿Y qué hacemos con la denuncia de Sucre? No sé. Tú no eres testigo, ni nada de eso. Morderte las uñas, escribirle a un pana. 

Ese día vamos a colapsar las operadoras de teléfonos. Textos. Pines. Correos. Llamadas. ¿Tú que sabes? ¿Qué dicen tus fuentes? El mejor amigo del primo de un chamo que trabaja con el esposo de mi prima, está en Venevisión, dice que vamos a arriba siete puntos. Coño, pero es que yo tengo un pana en el comando de Copei, dice que dos abajo. Y así todo el día. Datos van. Datos vienen. La mayoría son mensajes respondiendo a la pregunta, con no sé nada, y tú. Bueno si supieras me hubieras dicho, pero igual pregunto, porque es mejor preguntar que no preguntar. No queda de otra. 

El twitter insoportable. Chistes estúpidos sobre las colas o las faltas de colas. Los guerreros, los optimistas, llamando a la gente a votar. Otros pasando noticias de farándula, porque creen que pueden darse el lujo de pensar que esto no es con ellos. Y uno medio confundido, con ganas de ser indiferentes, pero sin atreverse a serlo realmente. ¿Cómo se puede? Tratando de esperar a que pasen las horas. Leyendo otro chiste sobre la baranda del CNE. ¿Qué más queda ante la ansiedad, si no otro chiste idiota? 

Y así nos darán, como decía la canción, las diez, y las once, la una y las dos. Y desnudos al anochecer nos encontrará la luna.  Y se viene el carómetro. La peor parte. Mira la cara de perdedor. Mira la mueca de felicidad. Eso es angustia. Esos ojos son de miedo. Ese cachete así como caído, eso no es vejez, eso es derrota. Mira el dedito con que agarra el micrófono, si lo ves bien, casi así más o menos hizo Churchill antes de lanzar la V. No joda! Te lo digo yo, que tengo ya doce años de experiencia en esto. 

Eso es lo que creo que va a pasar. Casi seguro. El resto. No sé. Pero, si las cosas se dan como viene, y como dicen una amiga, este ciclo se venció, y si caduca el siete de Octubre, no hay que engañarse tampoco. No es que entonces unicornios van a pastar a orillas de El Güaire. No es que los malandros se van a abrazar cantando canciones de Roberto Carlos. No es que el tipo que te tira el carro, y casi te pisa, en vez de casi atropellarte, mientras además te grita, puta, coño de tu madre, ahora te va a dar paso y te va a decir, que tengas feliz día amiga, Hay un Camino. 

El gobierno tiene que cambiar. Y yo tengo esperanzas de que va a cambiar, pero aquí el cambio que debe venir es mucho más profundo. Y no se trata de poner a alguien con una franela de colores en donde se ha sentado durante ocho años alguien con franela roja. Se trata de cambiar nuestra manera de conducirnos. Y me meto en el paquete, porque aquí todos hemos participado en este desastre, el que crea que no, está ciego. Unos más otros menos. Obvio que no todos vamos al mismo saco, pero a todos nos toca examen de conciencia, y si no lo hacemos, no importa quien se monte, estamos perdidos. Nada va a cambiar. 

El Camino no es sólo un nuevo presidente. Es fundar un nuevo país. Y eso empieza por uno. Porque uno piensa que no importa. Que una golondrina no hace verano. Que si tiro este papelito en el piso el mundo no se va a acabar. Que no pasa nada porque yo me atraviese aquí en medio de la calle. Si bueno, sabes qué, yo paro mi moto aquí porque me da la gana. Yo no pago el condominio porque aunque la mayoría aprobó las mejoras y yo disfruto de ellas, pues mira, no me parece, y esa es mi opinión. Yo me estoy haciendo mi casita y me importa tres pepinos la ordenanza municipal, yo me como el retiro porque a mi me dicen el Pac Man, no joda. ¿Qué el chamo que vive en el piso de abajo tuvo un  bebé? ¿Es un viejo? No. Es un amargado que quiere dormir. Eso no es peo mío, yo no soy niñera, ni enfermera, ni terapeuta de sueño. Yo hago mi rumba, con mi música hasta la ahora que el cuerpo aguante, porque sí. 

Hay que tomar conciencia. No comerse más semáforos. No comerse más flechas. No atravesarse en los rallados. No colearse en colas, ni de supermercados, ni de bancos, ni pretender que la tercera edad empieza la primera vez que se usa botox. Si el colegio de sus hijos empieza el primero de octubre, usted los lleva ese día, como tiene que ser. Si a su hijo lo regañan, usted va y habla con el director, con civismo y educación, no se pone a vituperar por twitter amenazando a la maestra, ni al colegio. Si el colegio no le gusta, pues se sale y busca otro y punto. O trata de resolver el  problema, hablando. Conversando. Comunicándose. Con respeto a las instituciones. Respeto a los maestros, respeto a los policías, si es un malandro, pues va y pone la queja, y se organiza, y se toma el trabajo de exigir lo que corresponde como ciudadano. No es esperar a que venga otro y lo haga. 

Respeto al otro. Se saluda. Se dice por favor. Se da las gracias. Si el otro está amargado, pues usted da el ejemplo. Se dice permiso. Se piden disculpas. Se ofrece el asiento a la persona mayor. 

Exigiendo. Pero dando el ejemplo. Usted paga sus impuestos, y sus multas, nada de, bueno vamos a buscar otra manera de arreglar esto. Porque más de uno se llena la boca hablando de la crisis de valores, pero después va y dice, bueno mira, si estás en Roma como los romanos. 

Hay que colaborar en la educación. Hay que donar útiles y tiempo. Hay que ponerse una meta de ayudar, de participar en el compromiso, no sólo el político, el social. Como cuando estábamos en el colegio. Nos toca hacer obra social, enseñar a leer, repartir libros, ayudar a corregir el mal que se ha hecho, que claro que se puede. Si yo lo he visto. No es fácil. No. Pero imposible tampoco, y de eso hay que agarrarse. Y dar el ejemplo. Dar el ejemplo. 

No sé si a otros les pasa, pero a veces siento que todos estamos demasiados concentrados en echarle la culpa a un grupo de gente, sin pensar en lo que hemos hecho o dejado de hacer en todos estos años. No falta razón, aquí un grupo ha hecho  mucho daño. El cambio de gobierno es un paso fundamental. Una condición sine qua non. Pero el país no es una persona, ni es una extensión de tierra. Somos nosotros. Todos nosotros, y necesitamos un líder, y lo vamos a seguir, con valentía y orgullo, pero si no le damos la talla como ciudadanos, el esfuerzo será en vano. El tema no es si hay o no un camino. Claro que lo hay, el tema es seguirlo, derechito. 

viernes, 17 de agosto de 2012

Los días que siguieron


Pasó demasiado rápido. Volando. Y si no escribí. Si no mantuve el recuento detallado de los días al mejor estilo, hoy vino de nuevo el señor del perro, nos hablamos, el perro se subió a mis piernas llorando por un pedazo de mi comida y una caricia. Es oficial, somos amigos. Fue porque tenía demasiado que escribir. Fueron poco menos de cuarenta y cinco días. A veces con sus noches, otras no tantas. Eso siempre depende. El saldo es de una cien páginas aproximadamente. Me pasa algo peligroso, es la primera cosa que escribo y que me gusta releer. Lo que no le quita el hecho de que en ciertos lugares haya dicho, no te vistas que no vas, estas páginas van para afuera.

De hecho. Cuando son las 5:00 exactas en el reloj de la computadora. Café humeando en la mesa. Los codos bien apoyados sobre cojines para evitar dolores de espalda, las piernas cruzadas, me dispongo a volar todo el primer capítulo y a volverlo a escribir porque ahora tengo una idea mejor. No lo voy a borrar. Simplemente lo voy a guardar con el resto del desperdicio. A lo mejor lo publico como un post. No sé. Ya veremos.

Eso sí. Ahora es que falta trabajo. Muchísimo trabajo. Trabajo. Trabajo. Trabajo. Lectura. Escritura. Lectura. Lectura. Lectura. Escritura.

Eso sí. Estoy reorganizando un poco mi vida. Hay cosas que venía haciendo que no me gustaban. Tenía un dolor de espalda atroz. Una sensación de amargura en la boca. Unas ganas locas de hacer todo y no saber ni por dónde empezar, como cuando abres una gaveta de esas que tienen puras cosas que no puedes botar, pero que no tienen un lugar. ¿Cómo coño ordeno esto? Imagínate tener eso por toda la casa. Así me sentía.

No. Es hora de poner cada cosa en su lugar, empezando por el sentido de la paciencia. Lo bueno toma tiempo. Las cosas bien hechas no nacen de la noche a la mañana. Tú no quieres ser alguien. Tú quieres hacer algo. Y hacer. Hacer toma tiempo. Además todavía me toca hacer a dos personas. Porque si uno piensa que hacer un ser humano tarda nueve meses está equivocado, pero mal. Y de eso quiero escribir muy pronto. De la maternidad. Ese viaje para el que nadie te prepara, porque nadie sabe como decirte la verdad.

No. No escribí demasiado durante el viaje. El agotamiento era muy duro. Las cosas que vi. Que leí. Que escuché. Que hablé. Las calles que caminé, las ya conocidas, las nuevas. Los lugares que probé. Las cosas que me comí. Lo que dije. Lo que compré. Lo que dejé de comprar. Las conclusiones a las que llegué. Los planes que hice. De lo que me di cuenta. Porque pensé. Pensé muchísimo. Entendí demasiado. Aunque todavía me queda un montón por descubrir. Sobre todo las ganas. Las ganas que van quedando por dentro de seguir haciendo. De construir. Casi de volar, aunque suene trillado y cursi. De aprovechar el momento. Cada uno. Y de vivir la etapa que toca, sin dejar de ser uno mismo. Creo que eso es lo más difícil en la vida. Aceptarse, y más allá amarse, sin dejar que las indefiniciones de los demás vengan a afectar la imagen que tienes de ti mismo. Casi siempre son comentarios de otros, o la imagen que otros quieren que tengamos de nosotros lo que afecta como nos sentimos, como nos vemos. Como cuando te pones un vestido y alguien te dice, te queda horrible, y aunque te sentías bien, de pronto es como si te hubieran convertido en un repollo. La voz interior, esa es la que hay que escuchar. Y si te gusta póntelo. Si te provoca cómetelo. Si lo quieres decir, dilo. Siempre que sea bueno. Siempre que sea para nutrir. Para sanar, no para dañar.

Se hace más cuando no se trata de hacer mucho. A veces el silencio es todo lo que necesitas para entender. Se puede madurar sin dejar de ser niño. Para que la historia siga, hay que pasar la página.