miércoles, 21 de noviembre de 2012

El Ejemplo



A mí esto de que para ser padre hay que dar el ejemplo siempre me causó mucha angustia. Soy un ser humano, y la verdad que tengo tantos defectos que no me pongo a enumerarlos porque esto va a parecer un festival de lástima por mí misma. Pero obviamente no soy perfecta. Y sé que hay varias personas en el mundo, más de las que me gustaría admitirlo, que lo confirmarían sin duda. 

He cometido tantos errores. Desde desaciertos mínimos que tienen que ver con el día a día en una sociedad tercermundista y deteriorada moralmente, hasta errores graves, que a veces le cuestan a uno sueños, amistades, relaciones importantes. En la vida lo único constante es el error, y mientras uno más vive más posibilidad tiene de equivocarse. 

Antes de ser mamá mis errores más míos, por decirlo de cierta forma. No tenía que cargar con ese peso del ejemplo. Si mi vida se iba por el water hacia el río más cercano, ese era mi problema. Pero ahora a veces pareciera que no. Y se hace difícil, cuando uno ve que poco a poco los niños lo van imitando a uno. Y no es que repiten lo que dices, sino que repiten el cómo lo dices. Sí. Ellos definitivamente hacen lo que uno hace. 

Las cosas que siento. Las cosas que como. Cuánto ejercicio hago. Lo que leo. Cómo leo. Si veo demasiada televisión. Me doy cuenta que pequeños detalles como esos van a formar parte de la caja de acciones de mis hijos. En esta familia se ve televisión, pues ellos se acostumbrarán a ello. 

Eran cosas como esa, las que me quitaban el sueño. Tonterías de mamá primeriza, de nueva en el asunto, o de no haber reflexionado bien las cosas. O no tonterías, tal vez son cosas que son ciertas, pero que no necesariamente son determinantes para el asunto. 

Después esta semana, a raíz de varios episodios que he vivido me di cuenta que de verdad estaba bien lejos del meollo del asunto, en lo que al ejemplo se refiere. Porque, si yo los educo bien, si yo hago bien mi trabajo y asumo mi rol de conductora de su vida, todas esas cosas serán decisiones que ellos tomen el día de mañana como individuos. Sin embargo, el cómo se relacionan con sus semejantes, si son conscientes del respeto que es necesario para la vida en sociedad, si son fieles a sí mismos antes que a nadie, todo eso es lo que realmente depende de mi ejemplo. 

No se trata de ser la mamá peinada que sólo como brócoli. Se trata de ser una mujer que a veces feliz, a veces triste, sigue lo que le dicta su corazón. Se trata de no andarme metiendo en chismes destructivos, de no estar juzgando a los demás de forma apresurada e injusta. Se trata de demostrar que amo a mí país, no sólo usando franelas con banderas en época de elecciones, ni siquiera yendo a votar, se trata de respetar a los demás ciudadanos, ser tolerante en los momentos más difíciles, no confundir la complicidad con aceptar que otros piensen distinto. Se trata de respetar a la maestra, para que ella entienda que la autoridad se respeta, se trata de seguir las reglas del colegio, de las clases particulares, de cualquier institución a la que pertenezcamos, sin ir por la vida creyendo que las cosas tienen que ajustarse a lo que yo pienso, si no al revés, uno se va a adaptando, y si las cosas en algún momento no son lo que yo quiero, o espero, o creo que deben ser, pues se cambian sin pisotear a nadie. Sin complejos de superioridad. 

Se trata de enseñarles a caminar un camino propio. En el que vas a veces acompañado y a veces solo. Se trata de ser uno mismo. De aceptarse y quererse. De levantarse cuando la vida se pone dura. De enseñarles que no todo es como quieres, cuando quieres, que a veces tienes que tener paciencia y otras actuar. Que a veces las metas toman un tiempo, y que no hay nada que valga la pena que no implique una lucha o un sacrificio. Que las opiniones ajenas, aunque a veces suenen como buenos consejos, al final siempre terminan siendo ruido. 

Ser uno. Escuchar el corazón propio. Y confiar que el día de mañana tal vez no será muy distinto, pero siempre tendrás a la persona más importante en tu vida. Tú mismo. 

Ese es el ejemplo. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

One U2




Cuando nació Clarissa nos dio por ver American Idol. Fue uno de esos sábados tirados en la casa cuando ya la bebé se había dormido. Molidos nos pusimos a ver televisión y pasando canales, testigos del castigo de pésimo contenido al que nos someten las cableras por no tener nada mejor que hacer un sábado en la noche, caímos en American Idol. Yo le dije a mi esposo, déjalo, que me da risa las audiciones cuando sale gente que canta terrible. Hay algo de ver a la gente hacer el ridículo. Me da pena decirlo, pero es como un morbo. Entonces le dije, yo no veo los conciertos porque me parece Sábado Sensacional con más presupuesto. Me fastidia. 

Entonces nos pusimos a verlo. Y no sé qué pasó. No sé si esa temporada hubo talento o qué hubo. O es que hicieron versiones de canciones que nos gustaban, pero comenzó a darnos curiosidad qué iban a hacer con las canciones…y nos fuimos quedando pegados. Además había alguien, que después creo resultó ser un tanto decepcionante, pero era Simon. Simon y su manera, a veces casi sobreactuada, pero que funciona, de decir todo lo que piensa, y de apreciar por un lado lo que suena bien y por otro lo que vende. Nos gustó. 

Creo que desde entonces comenzó a darme curiosidad el tema de las versiones. Se puede ser creativo con la letra y la melodía de otra persona, incluso a llevarlo a otro nivel. 

Quizás una de las canciones que más me gusta es ONE de U2. Curiosamente es una de las canciones que más ponen en matrimonios en Estados Unidos. Claro uno escucha, One love, One Life. Y ya piensa, historia de amor, somos uno solo, y qué se yo. Dicho sea de paso, una forma bien aburrida de ver una relación, pero eso es otro tema. En todo caso, lo irónico es que esa canción es más bien sobre la ruptura, y la letra es bastante fuerte. Creo que se aplica a dos de las rupturas más fuertes que he tenido en mi vida. La primera vez que la escuché, poniéndole atención me impresionó lo bien que la letra captaba mis sentimientos hacia lo dejado atrás, y lo que me hubiese gustado decir y no supe, o tuve la frialdad, ni la maestría y la precisión para hacerlo. 

Es brillante y muy sentido. Es conciso y no le sobra ni una sola palabra. Dicen que Bono se la dedicó a su papá, con quien tiene una relación bastante complicada. En todo caso, no hace mucho vi el documental From the Sky Down, que cuenta cómo hicieron el disco de Achtung Baby, que fue un momento bien delicado para el grupo, que estaba a punto de disolverse. Fue esta canción la que marcó la pauta, y ver cómo la hicieron de verdad es no sólo darse cuenta de que la creación de cosas maravillosas toma genio, sino también dedicación, y esfuerzo. Les sale a los que creen en sí mismo y se empeñan. 

Aquí la versión de U2: 



De las versiones que he escuchado de esta canción quizás esta es mi favorita. La de Johnny Cash:


Está la de Mary J Blige. Pero atormenta un poco, debo decir. A veces menos es más.


Educación Musical


Nunca he sido una intensa musical. Digo, de esas personas que saben muchísimo de música y que conocen grupos de esos cuyo nombre nadie conoce. O que se saben toda la discografía de Pink Floyd, y te pueden hacer una Dream Band con el mejor guitarrista aquí, el mejor bajista allá, y te insultan si les hablas de teclados o al contrario. No tengo muy clara la diferencia entre algunas cosas que llaman Pop y Rock, más allá de las que son obvias. 

Sí puedo decir que me encanta una guitarra eléctrica y que el otro día subiendo de la playa, escuchando Guns N´Roses me dio por pensar que a esta sociedad le hace falta heavy metal. Si es que Guns es heavy metal. Yo la verdad no sé. Tal vez no. ¿Es rock pesado? No sé. Yo sólo sé que me gusta. Que me mueve. Sé que las voces y los instrumentos te transmiten algo que te hace sentir bien y mal, y te hace pensar, aquí hay algo que expresa cosas que yo quiero decir y no sé cómo. 

Como todo en esta vida, con los libros, con el arte en general, hay música buena y música mala. Para apreciarla sólo hace falta una cosa. Aprender. Desde hace dos años para acá he comenzado lo que llamo mi educación musical. He descubierto cosas que quizás para la gran mayoría, al menos de los intensos musicales sean obvias, como por ejemplo el viejo Coldplay, los primeros discos, que eran bien distintos a los que hacen ahora. Dire Straits por ejemplo, ha sido un grupo que descubrí. Debo decir que pocas canciones me emocionan como Sultans of Swing. Me parece que la guitarra es brutal. Claro, que en ese momento, cuando llamé a mi educador musical a decirle, mira, es que la guitarrita de esa canción me parece increíble, me salió casi un insulto. "¿Tú le estás llamando guitarrita al trabajo de Mark Knopfler? Es quizás uno de los mejores guitarristas del mundo". Caramba. Ese fue el día que me di cuenta que no sabía nada. De nada. Pero eso sí, nunca más se me olvida el nombre Mark Knopfler. 

En estos años he descubierto grupos como Travis, como The National, Radical Face, Electric Presidents, Zoe, y dos de mis actuales favoritos Peter Murphy y Placebo. Tengo hasta un ritual, me monto en el carro y comienzo a escuchar Cuts You Up de Peter Murphy. Esa canción me parece increíble. Robert Plant. Johnny Cash. Son otros dos vocalistas increíbles con los que me estoy conociendo. Pensando qué sería de mi vida de haber tenido esa música antes. 

Tal vez me pasa como una persona que se está enfiebrando con la lectura. Vas poco a poco descubriendo. Aprendiendo. Lo que no quiere decir que desprecie la música sencilla. Sí. A mí me gusta la nueva de Wisin y Yandel. Yo sé es un insulto para más de la mitad del mundo. Pero no me importa decir que una cosa u otra me gusta. La verdad, uno no puede montarse en pedestales de ningún tipo, porque para ser profundo hay que mantener la sencillez. Al menos así lo veo yo. En todo caso ahora me estoy dando cuenta de lo malo que era Michael Jackson, lo que no quiere decir que se me hayan olvidado sus canciones o que no pueda escucharlas. Sólo que me doy cuenta que no dice nada. Que no transmite nada. 

Creo que ahí está la diferencia. Es como cualquier forma de arte. Esta la que está ahí por estar. La que escuchas y dices, esto es parte de lo que habla Vargas Llosa en La Civilización del Espectáculo. Ruido. Relleno. Y casi molesta que ciertas canciones sean las más vendidas a nivel mundial. Eso es lo que escucha la gente. Con razón todo el mundo va por ahí anestesiado. Un poco lo que sucede cuando ves la entrada a un concierto de Arjona full de gente, y todo el mundo pensando que el tipo es un poeta. 

Entonces te das cuenta que hay un mundo ahí para conocer. La música es una de las formas de expresión más perfectas. Me hubiese gustado ser más ducha con los instrumentos. Reconozco que a veces hago mis versiones de ciertos temas que me gustan. Y espero algún día tener tiempo para retomar las clases de guitarra. Hoy en día cuando escribo siempre escucho música. Todo está basado en un tema. La vida tiene soundtrack. Y lo bueno de la educación musical es darte cuenta que el soundtrack de la vida tiene que ser con buena música, tiene que ser con esa que dice algo, que expresa algo profundo. Si no, pienso yo, es que no estás viviendo. Aunque no tenga nada de malo anestesiarse de vez en cuando. Hay épocas Checherereche, así como hay épocas para  Joy Division. 

En todo caso soy una neófita en el asunto, y quiero seguir aprendiendo. Estoy en plena educación musical. Aunque, ¿cuándo está uno totalmente educado? Creo que el día que te entra por creerte demasiado instruido se te muere algo por dentro, la capacidad de sorprenderte. Uno no debe dejar de pensar que mañana siempre habrá algo nuevo que aprender. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Pájaro


Al abrir la jaula verás al pájaro casi moribundo en el suelo. Sentirás de hecho la muerte muy cerca.
Altiva.
Desafiante.

 Lo tomarás con prisa y con gotas aguas sobre su pico decolorado intentarás humedecer su lengua. Revivirlo. Recordándole que nadie muere tan triste como el que muere captivo.

Mirarás su ojo. Marrón profundo. Un ojo que ya no es una ventana. Es un hoyo de soledad.

El pájaro sentirá tus manos. Tu latido cerca. Casi tan cerca, que intentará aferrarse a tus pulsaciones para sobrevivir.

Triste. Batirá su pecho en tus manos. Está vivo. Pero está muerto. O casi muerto.

Desesperado le abrirás las alas. Verás el lugar exacto en donde alguien las cortó. Verás cicatrices y remiendos. Plumas falsas que en algún momento le indujeron a creer que podía volar y que lo llevaron a esa caída fatal. A ese choque fulminante.

Volar era un sueño.
Pero si no hay cielo.
Poco importa el sueño.
Ya no hay sueño.

Lo único que queda es esperar la muerte, o la metamorfosis. 

Post 23 - Capt 2


Música: Travis: Under the Moonlight 

                           I begin to wake 
                           to live this memory...
                           there is a gift of love
                          that awaits its final day

Hay veces en que la única solución a las cosas a la que te enfrenta la vida es dejarte llevar. Esperar, sin que medie acción ninguna a que las cosas pasen. Se trata de esperar, como si la vida fuese un río, a que nos lleve la corriente y nos deje en algún lugar en el que ese deseo que hacemos mientras vamos flotando cauce abajo, se cumpla. 

Eso fue lo que hizo Laura luego de dar vueltas sin sentido en medio del bosque. Entendió que no tenía caso seguir caminando en lo que bien podría ser un círculo. Alguien la encontraría. Después de todo, ella era hija de un duque. No la iban a dejar desaparecida así nomás. La buscarían y darían con ella. Para ahuyentar el miedo, apeló a todo lo que había aprendido de pequeña, las lecturas de su padre, y se dijo que los fantasmas no existen, que las maldiciones son mentira, que hechizos y todo lo demás son producto de la fantasía de la plebe, que las inventa porque no tiene otra forma de afrontar la vida. Ella no tenía necesidad de eso. Ella era una joven culta. 

Sin embargo, culta e hija de nobles y todo lo que quiera, no la hacía menos mujer. Y como tal soñaba con encontrarse un hombre con quien vivir una aventura, que se tornaría en historia de amor y que culminaría en una vida tranquila, apacible, muy parecida a la de sus padres, tal vez con algo más de aventura, pero más o menos por el mismo camino. Para maar el tiempo comenzó a soñar despierta. 

Imagina que está parada en una ventana contemplando las colinas y el bosque que se extenden a sus pies.  Se acerca un caballo moro, de paso largo y elegante, brioso, que galopa como de lado, como si embestir el mundo de frente con la fuerza de sus patas pudiese destruirlo. Lo monta un forastero que aunque no tenía escudo de noble, va bien vestido. 

Siguiendo las normas del protocolo de la nobleza, el forastero se detiene ante la puerta del castillo y se identifica con los escuderos de su padre. Entonces el Capitán de los Lanceros sale a recibirlo y le pide que espere un poco a ver si el Duque Mauro el Sabio lo deja entrar a su castillo. Mientras tanto le dan agua y alimento para él y su caballo. Y así esperando a que llegue el ansiado sustento levanta la cabeza hacia el cielo y se encuentra con Laura casi colgando de su ventana. 

Se fijan en una mirada que para ellos duraría toda una vida y muchas más. 

Laura imaginaba que parte en una carroza luego de haberse casado, su flamante esposo adelante, guiando la carroza, y de vez en cuando paran para descansar y alimentarse. Se besn y se dicen las mismas palabras que se han dicho cuando se declararon su amor por primera vez. Viven una y otra vez el momento en que se cruzaron sus miradas, y se hacen promesas nuevas al comprobar que están viviendo para cumplir las que se habían hecho aquel día, en el que el flamante forastero tocó la puerta. 

De pronto alguien le tocó el hombro a Laura, no se había percatado de las pisadas que habían avanzado rápidamente sobre las hojas, ni de las respiración ruidosa y difícil, pues aunque tenía los ojos abiertos, soñaba despierta, incluso llegaba decir en voz alta parte de aquella conversación imaginaria con el hombre de sus sueños. 

Laura se volteó y se topó con la falda ancha, de color rojo y dibujos dorados que su mirada fue recorriendo poco a poco hasta llegar al rostro más extraño que había visto en toda su vida.  La palidez. Los labios finos y cerrados. Los ojos apagados, casi de muerto, la miraban fijamente. Y un olor. Un olor extraño lo invadió todo. Un olor que recordaba las flores marchitas que se dejan demasiado tiempo en el florero. Olor de vida vegetal muerta, ida, llena de suciedad y podredumbre. 

- ¿Qué pasa niña? ¿Por qué me miras así? - Le dijo la mujer. Su no era lo que se esperaría de aquella imagen. Más bien era dulce, suave, tenía un color pastel, recordaba a las tardes de sol en las que tomaba el té con Valentina y las madres de ambas en la terraza del castillo. 

La mujer alargó una mano y Laura observó un anillo con una piedra azul gigantesca. Era tan grande el anillo que le cubría tres falanges completas. Las uñas de la mujer eran muy cortas y verdes. Verde brillante, como si las hubiera coloreado con la clorofila del árbol más antiguó y más puro, pero lo que más le impactó a Laura fue notar que las manos de esta mujer eran manos de niña. Sin duda las manos más extrañas y escalofriantes que había visto en toda su vida. 

Sumamente confundida Laura no se atrevía a pronunciar palabra. 

- Veo que estás perdida- Dijo la mujer, terminando de alargar la mano y posarla sobre el antebrazo de Laura. - Vamos a mi casa, estás muy pálida, te daré un té y luego veremos cómo regresarte a tu castillo.

Cada fibra del cuerpo de Laura le rogaba que no lo hiciera, que no siguiera aquella mujer tan extraña  y que tanto miedo le generaba. Ella había escuchado todas las leyendas, no sólo se las había contado su criada favorita, Ada, que tenía un don especial para el relato hablado, sino que las había escuchado de boca de los criados, escondida en la escalera de servicio que llevaba de la cocina a las habitaciones principales. Aunque había tratado de convencerse de que no eran verdad, lo cierto era que le daban miedo. ¿Valía la pena arriesgarse? Pensaba. 

Los cuentos eran terribles, las "viejas hechiceras" del bosque, como las llamaban, eran malvadas y muy poderosas, podían convertir a una persona en cualquier cosa, podrían  matarla o mucho peor, maldecirla para siempre. Podrían arrebatarle su belleza, su capacidad para amar, podrían arrancarle el corazón y utilizarlo para alguna pócima con que envenenar a cualquiera de los duques y apoderarse de sus tierras, o hasta permitir que sus tierras fueran invadidas por extranjero que vendrían para arrasarlo todo, como si su tierra fuese nada menos que una mina. O tal vez por pura maldad le arrancarían el corazón y se lo darían a los cochinos, para que lo devoraran a medias, dejando la otra mitad pudriéndose al sol. 

Aún así, con todo lo que la prudencia le advirtió Laura no pudo resistirse y se fue detrás de aquella vieja horrible.  Sentía miedo, miedo del que paraliza y congela la sangre, del que nubla la vista y parece detener el tiempo, miedo del que no deja pensar, ni actuar, del que controla cada uno de los músculos. Fue el miedo lo que le impidió hacer otra cosa. Correr. Esconderse. Gritar, aunque hubiera sido inútil, igual hubiese podido hacerlo. Pero no lo hizo, era como si sus pasos ya no fuesen de ella, y por voluntad propia siguieron a aquella mujer. 

CONTINUARÁ- 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Post 22 . Sin Título


Música: The Album Leaf, Streamside. 


Los ejércitos de la comarca de Nejov regresaron triunfantes de la última guerra que habían librado contra el reino de Aftonia. Una guerra cruel, sangrienta y triste que había dejado muchas viudas y huérfanos tristes. 

Los soldados rapaces habían acabado con poblados enteros, habían violado y masacrado a sus anchas, dejando los campos cubiertos de ceniza y cadáveres. Los Duques Hernán el Valiente y Mauro el Sabio, representantes de Nejov, como líderes victoriosos, regresaron a su comarca para encontrar muerto a su abuelo, el Duque Fausto el Hábil. 

En su lecho de muerte el abuelo, cuyos hijos habían ido muriendo por culpa de la enfermedad y la impericia al manejar las armas en duelos de faldas, había dejado el ducado a sus dos nietos. Sabía que lejos de una pugna por el poder, ambos hombres, educados, cultivados y sensatos, sabrían administrar su respectiva cuota de poder y llevarían a cabo sus nobles funciones. Tal como lo venían haciendo en la guerra, de la que le llegaban noticias alentadoras. 

Fue en vano que el viejo hizo lo posible por esperar el regreso de los duques, para decirles en persona que les dejaba en poder, y para advertirles sobre cierto villano inmiscuido en su corte. Un hombre en que todos confiaban aún cuando no tenía nada confiable. Un hombre cuya astucia era tal que había logrado burlar hasta las mentes más brillantes. Un hombre cuyo corazón era tan negro que había manchado almas impolutas e inocentes. 

La muerte no le dio la última tregua y el viejo murió entre sábanas de seda color crema, bordadas con sus iniciales F y H, con la salamandra que brotaba con elegancia de su escudo de armas y con el llanto de las mujeres de la aldea que se reunieron para llorar la partida de su Señor.  

A los Duques Hernán el Valiente y Mauro el Sabio les fue imposible instalarse en el castillo de su abuelo. En primer lugar, todo estaba dispuesto para un sólo soberano. En segundo lugar, les dolía demasiado el recuerdo de aquel abuelo que había sido más que un padre, un maestro. Los había criado hombres honestos, de principios férreos, creyentes en que la senda del bien era la única a seguir y además los había impulsado con vehemencia a cultivar sus mentes. 

De modo que escogieron un lugar, a unos cincuenta kilómetros, justo donde comenzaba el bosque y se alzaban unas colinas suaves, que de lejos parecían un mar verde, que oscilaba hasta llegar a un océano casi negro que pertenecía al bosque de la comarca de Nejov. Bosque con fama de ser peligroso y hasta maldito. 

Sobre aquel lugar maravilloso de colinas se alzaron entonces dos castillos, uno frente al otro. Uno, claro está, pertenecía al Duque Hernán el Valiente, y el otro al Duque Mauro el Sabio. 

Los Duques, que se querían como hermanos, estimaron que luego de haber conseguido la paz para sus reinos, lo próximo sería formar familias ducales y darle continuidad al legado de su abuelo. En comarcas cercanas encontraron esposas nobles y virtuosas con las que se casaron. No hicieron exigencias en cuanto a la pureza de su sangre, ni a la belleza de sus facciones o a la fortuna de sus arcas. Sin embargo les hicieron prometer que se querrían como los primos se querían. 

Pasó un tiempo y la naturaleza hizo su trabajo. Vino el verano y lo que se había fecundado en la primavera terminó de florecer, luego el otoño lo tumbó todo y ya en el invierno, cuando las colinas se cubrían de nieve casi a diario nacieron en el seno de las familias ducales un niño y una niña. 

 El Duque Hernán el Valiente, fue el orgulloso padre de una hija, a quien puso el nombre de Valentina. Era de ojos marrones, redondos, que lo miraban todo maravillados. Era un bebé de temperamento sereno, que se adormecía facilmente en los brazos de la madre, que no cabía en sí de la felicidad. 

En esos días el Duque Mauro el Sabio se convirtió en padre de un niño con los ojos del azul más profundo que se hubiese visto en los castillos. La matrona estaba maravillada, lo alzó lo más alto que pudo luego de haberlo limpiado y se le entregó al padre que con una sonrisa se lo dio a su madre para que lo amamantara, esta al verlo comenzó a llamarlo Mauro, el de los Ojos Azules. Y así lo llamaron en la comarca desde entonces. 


Dos años más tarde se volvían a convertir en padres las parejas ducales. En la casa de Galafrenta y Hernidas, la casa del Duque Hernán el Valiente, nació un varón, que bautizaron con el mismo nombre del padre. "Será un guerrero" declaró el padre, inflado como un pavo real que pasea sus plumas entre las demás aves celosas. 

En casa de los Salceta Horriente nació a su vez una niña, para mantener el equilibrio perfecto por el que tanto habían luchado los Duques. Fue una niña grande y hermosa, de mejillas rosadas, cuyo llanto se escuchó hasta el bosque cuando la matrona le dio el golpe necesario para que recibiera la vida con un grito. Sus padres la llamaron Laura. Laura de Salceta y Horriente.

Los niños crecieron en plena paz. Sin más problemas que las riñas naturales que le dan los padres a los hijos que van creciendo. Sin conocer llanto de verdadera angustia, sin pasar hambre, ni frío, con el corazón intacto ante las penas que a veces trae la vida. 

Los cuatro herederos eran amigos. Compartían profesores, caballos y una rutina de educación y de juego que no dejaba de ser estricta, pues los padres sabían que a pesar de la paz les pesaría algún día la responsabilidad del destino de su pueblo. 

Compartían un profesor de historia y de lenguas extranjeras, un hombre regordeta y bajo, que usaba unos lentes de pasta marrón, demasiado grandes para el tamaño de su cara. Andaba siempre con un libro enorme lleno de mapas, y les hacía aprender de memoria la ubicación de ríos y cadenas montañosas. Con él estudiaron batallas famosas y las vidas de personajes remotos que habían dedicado su vida a conquistas y exploraciones de tierras lejanas donde cundía el peligro debido a la hostilidad de tribus barbáricas. 

También habían compartido las lecciones del profesor de caballería. Incluso las mujeres habían participado, pues Hernán el Valiente se había negado a mantenerlas al margen de una educación completa. Sentía que era necesario e imprescindible que una mujer supiese defenderse, pues aunque en aquella época la mujer era vista con un deje de inferioridad por parte de sus pares masculinos, los Duques sabían ver más allá y comprendía que sin ellas la supervivencia del mundo, el desarrollo del hombre sabio, responsable, era imposible. 

Así que las niñas aprendieron junto a los varones a manejar la espada, a montar a caballo como hombres, con armadura y todo, aprendieron a apuntar sus lanzas y a utilizar el escudo para defenderse de golpes mortales. Incluso aprendieron a amortiguar caídas a todo galope. Más de una vez regresaron a casa de sus madres sangrando, estas horrorizadas les limpiaron las manos y las rodillas llenas de raspones y moretones y regalaron a los más pobres del pueblo los vestidos rasgados. 

Los padres se sentían aliviados de haber traído al mundo dos varones, pues algún día les dejarían en herencia el trono, los títulos y las tierras que su abuelo les había dejado a ellos. No habría conflicto con un tercero, ni lucha de poder, ni arduas decisiones que tomar en un coseno en el que alguno seguramente saldría favorecido y no tardaría de caer presa del resentimiento, como suele suceder cuando un sueño de poder se escapa de las manos. 

Los Duques le dieron todo a sus hijos. No les faltó en lo material, ni en lo moral. Con esto sentían que no cabría en el alma de ninguno espacio para añorar absolutamente nada. Estarían contentos con sus vidas. Respirarían tranquilos su aire y con sus manos acariciarían una fortuna que no dejaría espacio a añoranzas desesperadas, malignas. Serían hombres y mujeres de paz. De bien. 

Al menos esos eran los planes, y hasta donde el sol se había puesto hasta entonces parecía que la vida estaría de acuerdo. 


Los niños respetaron siempre las reglas impuestas por los padres. Sobretodo aquella de implicaba la prohibición de internarse en el bosque. Una regla que jamás había sido escrita, pero que incluso en su carácter consuetudinario adquiría un carácter aún más estricto. 

No sólo eran los hijos de los Duques quienes evitaban a toda costa lo profundo del bosque. Nadie en el pueblo lo hacía. Pues la gente temblaba de miedo ante las leyendas de contaban los lacayos bajo la luna y a la luz de piras que se hacían en la mitad del pueblo, para pasar las tardes interminables de verano. Las leyendas decían que en el fondo del bosque habían "viejas hechiceras", que mataban y comían inocentes, o peor aún, los maldecían y los marcaban con condenas terribles por pura diversión. 


Sin embargo, a pesar de que el fondo del bosque era considerado un lugar maléfico, destinado a los seres más terribles, representantes de la maldad en la tierra, internado en lo profundo del bosque vivía también un ser querido y respetado en toda la comarca, e incluso en otras tierras, famoso por su bondad y la dedicación hacia su trabajo y su pueblo. 

Se llamaba Nalcor, un hombre alto, arrugado, de pelo plateado largo hasta el hombro, y nariz achatada, de mirada firme. Quienes conocían a Nalcor decían que cada vez que entraba a un lugar lo llenaba todo de paz. Nalcor siempre tenía una palabra de consuelo, y siempre buscaba una forma de compartir su sabiduría para mejorar la vida de los hombres. Decían también que a pesar de su avanzada edad no le temblaba el pulso, y era capaz de caminar más leguas que el caballo mejor alimentado de la comarca. Nalcor, como guía espiritual, presidía matrimonios, nacimientos y las ceremonias de Adiós al Cuerpo, en el que este se quemaba y luego se esparcía por el bosque o por el río, según el último deseo del difunto o sus familiares. 

Nalcor estaba presente en la vida de todos. Siempre jugando un papel esencial. Nalcor era querido, amado, respetado. Una piedra angular de la vida en Nejov. Había sido consejero de Fausto el Hábil, y a pesar de que no era un militar dicen que su consejo fue crucial para la victoria que le devolvió la paz al ducado. También se le atribuye la planificación en cuanto a la cosecha, los días en que se labraba la tierra y la decisión en cuanto a la recogida anual de los frutos  y hortalizas. Nalcor también era el responsable de las relaciones diplomáticas con otras regiones, que se acercaban a Nejov para comprar los productos que salían de su tierra fértil y bien trabajada. Nejov se convirtió en lugar próspero y lleno de riqueza, y aunque en el pueblo sabían que eso era gracias a la habilidad, valentía y honestidad de los Duques, no dejaban de darle parte del crédito a Nalcor. 

Fueron corriendo años de prosperidad en Nejov y así la infancia de los herederos de Salceta y Horriente y Galafrenta y Ernidas. No hubo guerras, ni pestes, ni cortesanas indeseadas que se presentasen a turbar la paz de los matrimonios ducales. Las cosechas fueron buenas y los inviernos, aunque dejaron siempre su marca, no fueron implacables. No hubo accidentes, ni más llanto del que debe haber en los niños que aprenden la disciplina de sus padres. No hubo muertes trágicas en el pueblo, ni demasiados crímenes que lamentar. Los Duques se mostraban generosos con su pueblo y eran amados a su vez. 

La vida en Nejov transcurría de forma tal que aquellas tierras se hacían una fama que comenzaba a salir de las comarcas vecinas y llegaba a lugares remotos. De vez en cuando aparecía por el pueblo algún forastero buscando una vida mejor, huyendo de otra tierra marcada por la guerra, el odio, la escasez, el sufrimiento. 

Los forasteros casi siempre eran recibidos con los brazos abiertos, siempre y cuando lo aprobaran El Duque en cuyas tierras pretendía vivir, y el Capitán de Lanceros, jefe de seguridad. La aprobación era necesaria ya que no permitían la entrada a ciudadanos violentos o de malas costumbres que pudieran poner en peligro la vida tranquila de Nejov. 

Fue pasando el tiempo, y de pronto, sin que los padres se dieran cuenta, los cuatro hijos eran ya adolescentes. Bajo los vestidos de las niñas ya convertidas en mujeres se asomaban los pechos firmes y decididos a seducir al primer hombre que les arrebatara de un tajo las ilusiones, y los varones ya tenían la sombra de la barba que delataba que la hombría ya había llegado. 

Un día Laura se impacientó con sus padres y sus padres con ella, como suele suceder con las jovencitas obstinadas. Furiosa se fue al bosque y caminó sin rumbo entre piedras y flores, sobre arroyos y bajo árboles inmensos, hasta que de pronto se dio cuenta de que no no sabía ya dónde estaba. Inmediatamente empezó a desesperarse, le daba vueltas a su cabeza para tratar de orientarse. 

Buscaba en el suelo si podría distinguir los árboles unos de otros por las formas de las flores y rocas que tenía a sus pies. Puso atención a los sonidos que tenía al rededor, pensando que mientras más pájaros escuchaba seguramente estaría más adentro del bosque, y que bajarían la intensidad de su canto en los lugares más cercanos a las colinas, pues allí entre otros hombres vivían también los cazadores. Luego se le ocurrió que quizás podría orientarse por la luz. Se dijo que hacia la parte interna del bosque los árboles eran más tupidos, por lo tanto habría menos luz, mientras que donde había más claridad seguramente estaría la parte más próxima al pueblo. 

Sin embargo fue en vano que Laura intentó todo aquello. Pronto empezó a sentir que estaba dando vueltas en círculos, sin tener la más remota idea dónde estaba y mucho menos poder ubicar el camino por dónde había llegado. Empezó a sentir miedo de haber roto aquella regla de oro, de haberse internado sin querer en lo profundo y prohibido del bosque, de estar en peligro, no sólo por no poder ubicarse para regresar a casa, sino por estar a merced de aquellas amenazas terribles. 

Desesperada, confundida y aterrada, decidió sentarse sobre una piedra a esperar  su destino. Esperaba que fuese algo que la regresara sana y salva a su casa, y que sus padres la perdonaran y no fueran demasiado duros con ella. Temía también a su hermano, que cada vez que podía le recordaba que era mayor y más fuerte que ella sólo por ser hombre, y se comportaba como el padre más estricto y celoso. 

Recostada de aquella piedra Laura decidió salir de ese bosque al menos con la mente, y soñó despierta. 

CONTINUARÁ- 

La Historia Prometida

La historia que empiezo a postear a continuación la escribí como un ejercicio para el blog. Que al final terminó siendo algo más largo. Pero anoche pensé que llegó la hora de soltarla y ponerla donde pertenece. No sé si sea buena o mala. Es lo que es. Yo la empecé a disfrutar después del cuarto o quinto capítulo. Tal vez más. Empieza muy light, pero luego se pone oscura. En fin. 

Es una promesa que tenía conmigo misma, y que no me la había cumplido por miedo. 

Parte de las cosas que me he resuelto a vencer. 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

A veces la oscuridad te supera


A veces la oscuridad te supera. Del bellísimo libro El Árbol Rojo de Shaun Tan. 

El mayor problema cuando uno está depre es que con el auge y reino de la autoayuda  todo el mundo te quiere contentar. Pareciera que estar triste no está de moda, está mal visto, y es casi inaceptable. Parece que sólo uno pocos no nos hemos enterado de que ya no es sólo de mal gusto fumar, sino que cualquier sentimiento que no sea felicidad plena y fe ciega, y todo ese tipo de cosas que te alejan del pensamiento y la reflexión, están como diría Heidi Klum, out. Ser positivo está de moda. Negativo no. Las nubes negras ya no se usan. Ahora si no eres feliz, estás doblemente condenado.

Cuando estoy depre y alguien me dice cosas como, piensa positivo, yo pienso en uno de los extremos de una pila alcalina. Más nada.

Es que no puedes ir por la vida obligándote a ser feliz. Cosas como, pero enfócate en lo bueno. Sí. Ok. Está bien. Lo que pasa es que estar depre no es sólo ver el vaso medio vacío. (Dale con la analogía del puto vaso). No es nada más que el vaso tenga algo adentro, si es que lo tiene, es el color, el sabor, la consistencia, la temperatura, la vida es mucho más que tener cosas. Si no analizas, sino reflexionas, si no asumes lo malo, entonces tampoco podrás construir cosas buenas.

Siento que estamos sobrecargados de felicidad y cosas positivas. Que además son falsas. Es como si en China hubiese una fábrica que hace emociones que parecen reales, pero no lo son. Cuando las abres les ves las costuras y el material no dura nada.

Queremos ser la gente más sonreída y feliz del mundo, mientras todo se nos cae a pedazos. Y no hablo sólo de Venezuela. El mundo en general no está bien. Hay mucha gente por todos lados que se siente insatisfecha, incomprendida, que busca respuestas a sus frustraciones, y tiene todo el derecho. Pero la mayoría te dice que es mejor no pensar, y tratar de pasar agachado y decir que todo es bello para parezca que las cosas se están haciendo bien, porque es que la gente en general es así de estúpida.

Así de estúpida me siento cuando alguien me dice o yo misma repito cosas como mañana es otro día. No. Mañana no es otro día. Mañana va a ser exactamente igual que hoy a menos que algo cambie, a menos yo cambie. A menos que tú digas como Scarlett O´Harah al final de lo que El Viento Se Llevó, mañana es otro día, porque yo voy a hacer algo diferente. Es que la gente no cambia, ni las cosas cambian a menos que uno cambie. Y uno no puede esperar que salga el sol y la aurora te resuelva todos los problemas.

Ese concepto tan Disney de la vida me fastidia. Incluso la princesa después de que la besaron se tuvo que parar ella sola sobre sus propios pies, y esa parte no la resaltan en la película, pero tomó una decisión. Al fin y al cabo ella era libre de decirle al príncipe, gracias pana, pero sabes ¿qué? Yo como que me regreso con los enanos, es que eso de andar recogiendo el castillo mientras tu andas por ahí en caballos blancos paseando, como que no va conmigo. No eso no te lo dicen. Porque es mucho mejor dejar que sea el destino, la suerte, la vida, la fe, cualquier fuerza mayor que uno la que mueva las piezas de nuestra vida. La responsabilidad que conlleva elegir en la vida agota.

En esa nota, y en el plan de escritura en el que ando, que no es sólo la novela, sino otras cosas, este fin de semana viendo el mar, me provocó escribir sobre ciclos. Me puse a pensar que la vida es ciclo. Es la gran lección de la naturaleza. Las estaciones. Las mareas. La luna. Las lluvias. La temperatura. Los volcanes. Los vientos. Las tormentas. Todo es ciclo. Nada es constante. La vida sería imposible si lo fuera. Y sin embargo, nos empeñamos en hacer que algo tan delicado como las emociones lo sean.

La único que es perenne es la transformación. Y lo importante es visualizarla y entenderla para poder evolucionar.

La vida es ciclo. El amor. La amistad. El trabajo. La creatividad. El sexo. El trabajo. Las regímenes políticos. Las instituciones. Los hijos. Las relaciones familiares. La salud. El cuerpo. Todo es ciclo. Las emociones. También. ¡Claro que lo son!

Sí. Yo estoy depre. He estado depre. He estado pensando demasiado, porque me gusta pensar. Soy una criatura que piensa. Y sí. A veces pienso con mis emociones. No veo nada de malo en ello. Me gusta la intensidad. Me fascina vivir al máximo. Me fascina apretar el acelerador y ver las cosas pasar, luego frenar y detenerme para ver una parte del paisaje, admirarme, tal vez bajar un rato y pasear y comer algo, o descansar, para luego volver a subir y seguir andando a toda mecha. 

No veo porqué hay que esconder, negar, tapar, pero sobre todo anestesiar la tristeza. Yo si ando enguayabada por muchas cosas. Como cuando dijo Ramón Guillermo Aveledo que en la política no hay depresión. Yo misma escribí algo así estilo, salimos fatal, pero vamos a pensar en lo bella que es la vida. Luego me dije, niña estás grave.  Claro que hay depresión. Tiene que haberla, porque de cada emoción, si uno la acepta y la vive, sale una reflexión. No puede haber paso dos, sin paso uno. Es como esa película con Tom Hanks, donde él era un entrenador de un equipo de Baseball, entonces cuando una de las jugadoras hace algo mal y se pone a llorar él le grita, “en el baseball no se llora”. Coño pana, se llora en cualquier parte. Se llora cuando uno necesita llorar.

Yo he llorado sabroso caminando por la calle. Y a veces ha salido un gafo a decirme algo como tranquila que todo arcoíris tiene su tesoro, pero también han salido personas maravillosas, que con el mayor amor del mundo y sin darse cuenta tal vez de lo mucho que me estaban ayudando me dijeron cosas como coño, yo lo único que sé es que el día que ya no estés, yo lo que quiero es que me metan en tu pirámide. Y boom. Me sentí mejor. Triste. Pero mejor.

Si quieres llorar, llora con orgullo. Porque nada produce peor indigestión que las lágrimas que tragas. Es dañino. Tóxico. Y no le hace bien al alma. Hay que asumir los sentimientos. Todos. Y si piensas negativo, no importa, piensa. Lo importante es sentir y reflexionar. La vida es ciclo. Todo se pasa. Pero no todo se trasciende. Ahí está el detalle.
PD.: Tú. El de la Pirámide. Te quiero muchísimo. You had me at, Manu eres un tormento. Porque las mujeres somos así…jajajaja.