lunes, 7 de enero de 2013

Resoluciones de año nuevo




Todos los años empiezo con las mismas resoluciones que gran parte del planeta. Comer mejor. Hacer ejercicio. Y dos que se han vuelto mis resoluciones tradicionales, un tanto frívolas y locas, pero cosas que quiero hacer: usar más vestidos y sacarle más provecho a mi boca, lo que quiere decir maquillarme un poco más.

En todo caso el año nuevo siempre es de resoluciones que parecen tontas pero no lo son. Eso de comer mejor y querer hacer ejercicio, uno tiende a verlo como algo casi banal. Es que te quiere ver mejor, es que quiere vivir una vida un poco más Deepak Chopra.

Este año para mí las cosas no han sido tan listica en juego. De verdad, necesito un cambio, una reorganización en mi vida. Tengo un gran frustración en un lado, y es que hace tiempo terminé una novela y no hice nada con ella, por una sola razón, por miedo. Además, estoy trabajando en otra, y esa me muré a mí misma publicarla así tenga que sacar las copias en Copy 911 y pararme en un semáforo con los lanzafuegos, tocando los vidrios de los conductores, que me dirán que no tienen plata y escucharán mi voz, que llega ahogada por los vidrios cerrados, diciendo, no señor, es que yo lo que quiero es entregarle esta novela. Y me imagino que casi nadie bajará el vidrio pensando que le voy a entregar uno poco de papeles embadurnados en burundanga o un  manifiesto de algún tipo de revolución, estilo las que imaginan esa gente que todavía piensa que los Estados Unidos domina el mundo con el lavado de cerebro que se logra a través del pájaro de las tarjetas Visa.

Sí. Estoy frustrada. Tengo mi vida profesional y mi vida personal en un total desorden. Basta ver mi casa. Me va a pasar un día lo que le pasó a un amigo, que llamó a la policía porque escuchó un ruido, y cuando la policía llegó, el policía le dijo, espéreme aquí que voy a revisar. Entraron dos agentes, revisaron la casa y volvieron en menos de dos minutos,  y le dijeron, señor, no hay nadie, pero, lo robaron, mire nada más como está todo. Y mi amigo, que es un personaje, se asomó y con todo descaro le dijo, no oficial, no se preocupe, esto siempre está así.

La verdad, es que he estado escribiendo como nunca, y por eso he faltado tanto a mis citas con el blog. Lo tengo abandonado, porque todos mis esfuerzos de escribir se van a la novela. Voy lento, porque escribir algo que valga la pena no es dos plumazos y allá. Sí. Tengo a alguien, a quien le debo mucho más de lo que se pueda llegar a imaginar, que me ayuda, me mantiene al límite, y me pone si no orden, al menos sí un día de entrega. Es como un jefe. Yo no funciono sin un jefe. Porque le tengo miedo a la autoridad, entonces me pongo las pilas.

Sin embargo, lo cierto es que estoy enganchada en mi propia historia y quisiera dedicarle más tiempo, y no poder hacerlo, además no tener suficiente tiempo para leer, y para escribir sobre lo que leo, me frustra. Es lo que quiero hacer en la vida, es lo que me apasiona. Mi rollo es la estupidez de no haber dado el salto definitivo a hacer eso como único rol y norte en la vida, y estar todo el tiempo armándome de proyectos que tal vez me gustan, pero que al final del día, no son lo que yo quiero. O para ponerlo en otras palabras, no son mi misión en la vida, no son yo.
Mi esposo me dice, que yo tengo la suerte de saber lo que quiero hacer. De saber lo que me apasiona. Pero he tenido siempre el miedo encima de creer que las cosas para mí son imposibles. Una amiga me dijo una vez que uno vive desde dos planos, desde el amor, y desde el miedo. Y yo vivo constantemente desde el miedo. Así aprendí a vivir.

Este año mi resolución, es vivir desde el amor. No es que voy a dejar el miedo, porque todo sentimiento es inevitable, es parte de ser humano, pero uno si controla desde dónde vive, y cómo dejas que te afecte.

Este año voy a entregarme a lo que me apasiona. Este año, voy a comer mejor, voy a hacer algo de ejercicio, voy a ordenar mi casa, voy a jugar más con mis hijos, voy a aferrarme de una forma distinta a mi papel de mamá (ya escribiré más sobre eso), no sé si voy a terminar mi novela, pero al final del año, mi meta es haber avanzado enormemente, no creo que uno pueda decir algo como la voy a terminar tal día, y quiero terminar dos proyectos adicionales relacionados con literatura. Uno es de poesía, (sí, mundo, si! Yo escribo poesías, siempre me ha dado terror compartirlas, porque las veo meses después de escritas y me caigo a insultos, cosas como, verga, esto parece escrito por Ricardo Arjona, cursi, intensa, blablablá, sí soy mi peor enemiga. Ni para qué decirlo).

Este año voy a trabajar no en ser otra persona. No en meterme en el papel de…una niñas más educada, una señora más ordenada, una mujer más ejecutiva (yeah right! Yo! Ejecutiva! Eso es como si Margaret Thatcher hubiese dicho, quiero ser ama de casa. Y con no ejecutiva no quiero decir menos trabajadora, simplemente, que mi trabajo es distinto, mis visiones son otras.

Este año voy a trabajar en llegar a ser lo que soy. En plasmar mis historias, pero sobre todo creer en ellas. Es más o menos como la cita con el pasado, pero una cita, no tanto con mi futuro, sin con algo así como un Yo, que está siempre castigado en una esquina oscura, porque el mundo considera que se porta mal, porque no entra dentro del patrón ideal de lo que la sociedad piensa que uno tiene que ser.

En fin. Este año lo que quiero es reorganizar todo. Empezando por los cajones. Sí. Tengo que empezar por aquí van los colores, allá van las muñecas, aquí van los libros de no ficción, y señor retomar el arte del taladro para terminar de pegar a la pared par de cuadros que tengo en el piso, ni hablar de las fotos que tienen que ir a sus marcos. Es decir tengo que reorganizar mi espacio.

Luego tengo que reorganizar mi tiempo. Es decir, armarme bien mi horario. Y el de mis hijos. De tal hora a tal hora, hacemos esto. Incluso dejando un espacio para que salgan las cosas que no podemos planear, un cine inesperado, un helado que no teníamos pautado comernos, una siesta de esas abrazados, acobijados por el sol que entra por las rendijas de la persiana. Pero tengo que tener bien mi esquema de tiempo. Incluso tiempo para ir a hacerle un cariño a mi pelo, que es de verdad, una mezcla entre Whitney Houston en su peor momento, y Farrah Fawcett.

Es decir tengo que armar bien todas las condiciones para crear. Y después entregarme a ello. Más nada. Todo lo demás, viene solo. 

2 comentarios:

Eduardo Arias dijo...

Ya vio la película Ruby Sparks? No encuentro mejor persona para compartirla que usted. Protagonizada, escrita y dirigida por una chica de mucho talento que no recuerdo su nombre - estoy muy agotado por hoy para pretender que me sé el nombre cuando en realidad lo googleé- que nos presenta la historia de un escritor bloqueado que, en su post-epifanía que destapa su llamado "bloqueo" , el personaje principal de su novela se hace realidad. Es bastante interesante y tiene sus momentos super agradables.
Ojala pueda verla y, junto con ello, cumplir todas sus resoluciones para este año.

Saludos.

Bernardo Arteaga dijo...

No tienes idea lo similar que es tu siatuación a la mía. En mi caso, algo peor, pues soy ingeniero y tengo un trabajo de oficina de 8 a 5pm que además es bastante demandante. Siempre me ha gustado leerte. Sólo te digo esto: yo soy uno de los que abriría la ventana del carro y recibiría la novela sin pensarlo.