lunes, 15 de abril de 2013

Por qué esta vez es distinto



Por primera vez desde diciembre de 1998, pasa una elección presidencial y yo no siento que el mundo se acabado. Después de cada victoria chavista no podía escuchar mucho tiempo el discurso del balcón del pueblo. Por más que a veces la victoria aplacara un poco los ánimos combatientes del líder y este tomara un discurso más conciliador. No me sentía incluida. No me sentía en casa. Me acostaba pensando si realmente este era mí país, o si la cigüeña había tenido un simple error de mapas el día que yo nací. Sentía que esto no era mío, que el discurso no era para mí, que el presidente no me tomaba en cuenta, ni le importaba, un ciudadano no ciudadano.  

Lo más fuerte de estos catorce años ha sido el tener que acostumbrarnos a vivir desde el miedo. Hemos adoptado el miedo como el sentimiento que rige todas nuestras acciones. Poco a poco hemos comenzando a temer por todo, hasta por cosas tan básicas como si podremos ir al mercado y conseguir lo necesario para manejarnos el día a día en nuestras casas. Además está el miedo a perder la vida, en manos de otro que por distintas razones no la respeta, en total impunidad. Miedo a las autoridades que uno nunca sabe cómo van a actuar, ni bajo el imperio de qué instrumento, puede ser la ley o el capricho, todo depende. Miedo a perder el trabajo. Miedo a emprender un proyecto propio. Miedo a hablar con la gente porque no sabes quién te está oyendo. Miedo a la pérdida de valores. Miedo a exigir derechos de cualquier tipo. Miedo a tomar posición. Miedo a la pérdida de valores. Miedo. Miedo. Miedo por todos lados. 

Miedo a perder lo que tenemos y peor todavía, miedo a no poder construir lo que soñamos. 

Durante catorce años, a excepción de dos elecciones, cada vez que terminaba un proceso electoral el miedo bajaba como a caudales. Miedo además mezclado con impotencia y rabia.  

Por primera vez yo no siento eso. La sensación es muy distinta. Porque anoche el que se dice ganador no ganó. Y  por más que lo dijo, en algo que no pareció un discurso de alguien que le habla a la masa que lo eligió, sino más bien a un grupo de gente al que le ruega que traten de aguantarse de una media verdad, sus palabras no sonaron creíbles. 

Por primera vez en catorce se dice a viva voz lo que por tanto tiempo hemos querido escuchar: que no vamos a aguantar más abusos de poder. Y es importante señalar, que no es el primero en decirlo, que ya varios líderes como María Corina Machado se lo venían pidiendo a la Mesa de la Unidad, basta de seguir de rodillas, basta de aceptar todo lo que nos imponen. Aquí lo que tiene que prevalecer es la verdad. Y eso para mí vale más que cualquier boletín anunciando incluso lo que yo quería escuchar. Porque la verdad es que hasta incluso de eso hemos podido desconfiar.  

Aún con todo el ventajismo, del fraude, que no es nada más cambiar el resultado, fraude es sencillamente irrespetar la ley, y creo que no hubo un solo día de campaña en que el candidato oficialista no violentara la normativa electoral, comenzando porque no se separó de su cargo. Aún con la presión, el abuso de poder, el hecho de que el chavismo estaba de luto, en un momento en que emocionalmente lo que buscaría era mantener la conexión con su líder, por más que el candidato nombró a Chávez, una, diez, cien, más de mil veces, usó su foto, su voz, su imagen, por más que se utilizó el chantaje emocional, y se presionó a todo nivel, desde a quienes participan en una misión, hasta quienes tienen negocios con el gobierno, por más que llamaron y amenazaron, por más que ayer se violentó la norma con el voto asistido, con motorizados dando vueltas, con un Plan República con órdenes de no dejar mucha gente en las auditorías, a pesar de controlar todas las instituciones no se logró una victoria contundente. 

Hoy por primera vez amanecimos con un sentimiento distinto. El país realmente no compra el proyecto oficialista. Tal vez sea triste, y la parte de negativa de eso nos ha costado muy caro, pero creían en la utopía de un hombre. Un hombre que ya no está. 

Es el momento de la firmeza. De defender no sólo nuestros votos, sino nuestro país, ese país en el que caben todos. Venezuela cambió. Y sí. El poder todavía se niega a reconocer quien ganó, pero todo el mundo sabe quién perdió. Para el régimen una derrota maquillada no es otra cosa que el comienzo del fin, y como dijo ayer Henrique Capriles, es un tema de esperar a que escojan por qué puerta van a salir.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que tanto leer aun no te ayuda, lo único cierto es que ganaron y esa es la verdad, lo demás es utopía elucubración o como quieras; pero maduro ya esta reconocido por la OEA, Por España y muchos otros países. Contundente o no la democracia dic, quien saca más votos gana y punto.

Anónimo dijo...

Creo que tanto leer aun no te ayuda, lo único cierto es que ganaron y esa es la verdad, lo demás es utopía elucubración o como quieras; pero Maduro ya esta reconocido por la OEA, Por España y muchos otros países. Contundente o no la democracia dice, quien saca más votos gana y punto.