jueves, 2 de mayo de 2013

No somos libres



Hace poco estaba en una parrilla y por esas cosas de las conversaciones, que te van llevando casi sin querer al tema político, por pensar que estaba entre amigos y que al final del día una opinión es sólo eso, una opinión, terminé diciendo que el tema con las elecciones no sería tanto conseguir los votos, sino que estos se materializaran en una proclamación pues el gobierno manipula al CNE, que hace su trampa como ya lo hemos visto, recursos del estado, ventajismo, REP no depurado, amedrentamiento, soborno, amenazas, violencia electoral y sí, manipulación de todo el material, incluidas las máquinas. Error. Error fatal. Me cayeron encima, me gritaron, me dijeron de todo. Como si yo hubiera hablado del diablo en misa. No me puse a pelear, porque me dije que no tiene sentido convencer a alguien en una parrilla. Mis batallas son otras la verdad. Pero después de llevarme para mi baúl de perlas una como “una cosa es ventajismo y otra es trampa”. Entendí que es que durante los últimos catorce años hemos vivido en negación. Una especie de, “esto no me puede estar pasando a mí” colectivo.

Y ¿cómo nos podía pasar a nosotros algo como una dictadura? Si cuando Chávez llegó al poder esta era la democracia más estable de América Latina. Las dictaduras, los golpes de estado, incluso cuando el del ´92, que dio el mismo Chávez, y que algunos lo excusaban con frases como, es que hace falta alguien con mano dura, es que los políticos son una mierda, y otros se tranquilizaban con el, bueno pero no prosperó, aquí en Venezuela jamás se va instaurar una dictadura, los militares no lo van a permitir (yo todavía pienso que mucha gente se imagina a los militares con batoles de Jedi y espadas láser y la mirada de Harrison Ford), y una de mis favoritas antes de que aquí se instale una dictadura los Estados Unidos nos invaden.

Así que nos reíamos. De los rumores. De los chistes. Hasta de los primeros indicios de mano dura. Porque pensamos que la famosa “mano dura” no tenía nada que ver con nosotros. Porque qué importa que la “mano dura” ahorque a otro, con tal de que no me ahorque a mí, ¿cierto? Como cuando alguien te habla de que mataron a una persona a dos cuadras de tu casa y después dicen, no pero fue un ajuste de cuentas. Como si eso le restara violencia, o nos hiciera inmunes, porque uno es “bueno” y no tiene cuentas pendientes con nadie. ¿A mí qué la dictadura? Yo que no me meto con nadie, que hago mi vida, mi trabajo, que no me meto en política. Porque la política es lo de los políticos, no de los ciudadanos. No me afecta. No me importa. Cambio el canal y ya. Es más, hasta les digo a los obsesivos que eso enferma, que no todo en la vida es Martha Colomina y César Miguel Rondón. Y que es más, hasta amarillistas son, porque de nuevo, el que lo joden es por radical, o porque salió de su casa a la hora que no era.

Sí. Yo misma he caído en eso. Porque resulta demasiado duro verse en ciertos espejos. Como los de países de los que uno se va porque se hartó, sino porque la vida digna ya no era posible. De los que se va por un trauma o porque se da cuenta que no hay futuro. Y para muchas personas eso ya llegó, para otras no. Mucha gente está afuera por miedo, por cansancio, pero con muchas ganas de volver. Porque vamos a estar claros, Séneca lo dijo y que venga alguien a quitarle la razón, “ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya”.
Sin embargo llega un momento en la vida en que uno no puede seguir jugando el juego del engaño. Una de las principales formas de salir de esto es llamar a las cosas por su nombre. Y María Corina Machado tiene tiempo diciéndolo, y mucha gente tiene tiempo, “no parándole”. Y la gente te dice cosas como ¿Qué dictadura si aquí hay elecciones? ¿Qué dictadura si no has escuchado las barbaries que dicen en Globovisión? ¿Qué dictadura si no hay desaparecidos, ni muertos?  ¿Qué dictadura si aquí todavía somos libres?

Yo no sé qué entenderán por libertad. Pero aquí hace rato que uno no es libre. No eres libre de usar el dinero que te has ganado trabajando para irte al exterior a estudiar o a viajar, a menos que te aprueben unas divisas. De paso te hacen pasar por un proceso engorroso, complicado, casi estúpido, humillante, te hacen ir a suplicar para darte dinero que es tuyo. A veces incluso, hasta te sobornan. No eres libre de registrar una empresa, pero los registros están tomados por los cubanos, están a merced de un funcionario cualquier con agenda propia, y que no le importa la actividad económica. No eres libre de montar un negocio a menos que pienses bien en todos los factores de la cadena de la corruptela, y además tienes que calcular que si te va a bien algún día llegará el SENIAT a cerrarte, y el funcionario te dirá en tu cara, mire la orden es cerrarlo si tiene los papeles en orden poco importa, ahora si no los tiene es todavía peor. Si eres una trasnacional o tenías una finca que se le antojó a un militar te van a expropiar, y lo que es peor hay gente que se alegra, de lado y lado. Porque el resentimiento es así, o hay gente que no hace nada, porque entonces me expropian a mí. Porque de verdad pensamos que no importa que expropien a mi vecino. De verdad pensamos que podemos seguir viviendo la vida así.  No eres libre de sacarte un documento de forma expedita, no eres libre de transitar tu calle de noche, no eres libre de ir al mercado y comprar lo que te de la gana porque no lo hay, o porque el mercado, o un ministerio o quien sea decide cuánto compras y a qué precio lo compras, incluso incitan a los demás consumidores a que vean qué estás comprando. Porque se acaban los chivos expiatorios, el imperio se puso fastidioso, las trasnacionales se han ido, las nacionales están expropiadas o atadas de mano, ¿quién queda para culpar del desabastecimiento? Cualquier pendejo que le dio la gana de comprar cuatro pastas te dientes. Como si eso fuese un delito.

No eres libre de hablar delante de la gente de lo que te de la gana, porque nunca sabes quién te está escuchando. No eres libre de ir a una zona de la ciudad porque en muchos lugares te sientes vigilado, casi marginado. No eres libre de usar cierto color porque está ligado a una ideología. No eres libre de ver una novela porque de repente al presidente o a quien sea le vino en gana hablarle al país de cualquier cosa que no tiene importancia. No eres libre de hacer tu vida, tomar tus decisiones, tomar posiciones, hacer planes a largo plazo, a veces ni siquiera a mediano. No eres libre.

Emocionalmente no somos libres. Porque no es libre ni el que vive del resentimiento, ni el que forma parte de un grupo al que insultan constantemente. Nos hemos vuelto un pueblo de baja autoestima, de bajas expectativas, que se dice, bueno si no hay azúcar tomaremos el café amargo, y si me llaman Majunche pues yo me hago una franela que diga, SOY MAJUNCHE. No se nos ocurrió nunca plantarnos y pedir respeto. Es como si pensáramos que las formas están muy por encima de nosotros. Pero ahora estamos viendo que del insulto al golpe hay un camino muy angosto, y no tan largo como parece. Aquí la moral nos la tiraron por el suelo. Nos llenaron de miedo. Y nos lo vendieron como algo que escogimos. Y preferimos creerlo.

No somos libres internamente revisamos redes sociales y periódicos buscando respuestas, predicciones, opiniones de analistas, de estrategas, de politólogos, economistas, estadistas, expertos internacionales, periodistas, blogueros, cualquier persona que parezca tener una visión distinta, una bola de cristal, o una pequeña ventana para ver hacia el futuro y decirnos que realmente algo bueno pasar. Ya ni sabemos qué es lo que queremos.. Si es que alguien que creemos capaz sea presidente o que los oprimen ya salgan del poder. No sabemos. Pero algo. Algo bueno necesitamos, algo que nos de la esperanza de libertad de nuevo, y nos atrevemos a usar la palabra, porque entonces tenemos que reconocer que no somos libres.

Creo que llegó la hora de llamar las cosas por su nombre y dejar de pensar en pajaritos democráticos preñados de votos. Porque ya nos robaron una elección y ya trataron de sacarnos a patadas del único poder en el que todavía hay una presencia opositora, ya nos llenaron las calles de muertos, ya no están racionando lo que compramos, ya nos tocaron las escuelas, las universidades, y pronto vendrá todo lo demás. Porque las dictaduras son así, son máquinas que no se sacian con nada. No dejan libre a nadie. Aquí nadie está a salvo, ni el que crea que vive tranquilo porque no se mete con nadie, ni el que piense que pasó catorce años construyendo una burbuja que es irrompible.

En esto estamos todos. Esto es una dictadura. Y no podemos seguir de brazos cruzados. Y eso no quiere decir que las cosas tienen que ser violentas. Esa has sido la excusa durante años, “yo no me voy a ir a matar por…”, aquí nadie está hablando de eso. Peligro de muerte corre uno al salir de su casa después de cierta hora, al dejar abierta una puerta, al hablar por cierto tipo de teléfono en ciertos lugares, al meterse con la persona equivocada en el momento equivocado. No. No se trata de eso. Esto es una dictadura ya. Y o lo enfrentamos o lo perdemos todo.

Sin embargo creo que ya pasó el tiempo de esperar milagros y soluciones mesiánicas. Ya pasó el momento de la cadena de oración. Y hay una ventana, sí, pero no es para sentarse a ver hacia fuera, soñando con que algún día la jaula en la que no s han metido se va a parecer al mundo exterior. Es el momento. O nos plantamos y nos comprometemos a luchar por la libertad, o el día que hijos y nietos nos pregunten qué es una dictadura tendremos que ver qué inventamos para decirles que vivíamos en una, pero no lo sabíamos. 

7 comentarios:

Ira Vergani dijo...

Amiga, primero te quiero (sip así de cursi). Segundo, dime dónde me planto contigo y ahí estaré.

Anónimo dijo...

Excelente.....que orgulloso se tiene que sentir tu papa.... pues tiene hijas brillantes.... besitos

Anónimo dijo...

Tienes toda la razón. De verdad que es agradable leer un punto de vista realista, informado y no soluble como el resto de los comentarios que escuchamos dia a dia. El problema es el orgullo, la mentalidad de que "aqui no va a pasar nunca" y la complacencia. Gracias por escribir esto, ojala ruede. AD

mifractalmental dijo...

Excelente entrada

regoytovar dijo...

Fantástica entrada. Completamente bien relatada la realidad venezolana. Quiero hacer un «reblog» de esta entrada, claro, siempre que estés de acuerdo.

Manuela Zarate dijo...

Muchísimas gracias por sus comentarios. Me alegro de no ser la única que se siente así.

Disculpen la tardanza en contestar.

Regoytovar, totalmente de acuerdo, gracias.

Anónimo dijo...

¡Me siento tan identificada con lo
que escribes!
Me quedo con un par de frases: "Porque las dictaduras son así, son máquinas que no se sacian con nada. No dejan libre a nadie. Aquí nadie está a salvo."
Mucha gente no lo quiere creer pero es así, para mi los peores son los que ni siquiera aceptan que hay problemas y dicen no se quejen que en Europa no hay trabajo o en EEUU muere más gente que aquí, ja, no tienen ni idea de lo bajo que hemos caído en Venezuela.