lunes, 12 de agosto de 2013

¿Quién sueña grande en este país?


Yo a veces hago el ejercicio, casi diabólico de imaginarme cómo hubiese sido Venezuela, si hubiésemos tenido otro gobierno. Nótese que he hecho el esfuerzo de decir haber tenido otro gobierno, no “esta desgracia que nos cayó”, porque hay que olvidarse de esa frase. No nos cayó una desgracia, esto lo trajimos, esto fue una consecuencia de años de negligencia, de flojera, de no apreciar ni la democracia, ni la riqueza, ni el trabajo. Pensar que es todo esto es producto de la mala fortuna, es demasiada ingenuidad, tal vez sea un mecanismo útil para dormir mejor por la noche. Uno siempre se consuela pensando que el mundo es demasiado grande para que uno solo pueda cambiarlo, lo mismo pasa con el país.

La gente te dice, es que yo no soy ni político, ni empresario, ni militar, ni activista, es más a mi ni me interesa eso, cuánta gente no le dice a uno, es que yo soy apolítico.

Ese fue el primer problema, endosarle todo a otros.

Claro que hay que definir todo. A mí tampoco me gusta la política. No tengo interés en ejercer cargos, ni liderazgos, es más, trabajo mucho mejor por mi cuenta, no me gustan las amistades forzadas, ni tolero ciertas cosas que la gente con mano izquierda por llamarlo de alguna forma tiene que tolerar para poder trabajar para todo el mundo. Sí, en algunas cosas soy demasiado radical. Conozco mis limitaciones. Mi campo es otro. Eso no quiere decir que no tenga mi cuota de responsabilidad.

La gente piensa, o le gusta pensar que un país se construye a base de leyes, de peleas en el congreso, de un presidente, de un alcalde, de un diputado, si el municipio está sucio es que Fulano es una porquería, que yo haya tirado papeles en el piso, apagado cigarros en área verde, y simplemente haya visto como otros lo hacía sin hacer, ni decir nada, no tiene que ver. ¿No?

Pues claro que tiene que ver. Un país necesita de toda su gente, en cada uno de sus trabajos. Desde el que atiende en la gasolinera, hasta el empresario que mueve las industrias más importantes, que invierte, que visualiza proyectos, que produce empleos, productos, que ayuda a la competitividad, a la educación. Necesita deportistas. Necesita esas profesiones tan básicas, como que las que hoy en día muchos ven por encima del hombro, enfermeras, policías, maestros, bomberos. Durante mucho tiempo he querido ser rescatista y bombero, no he podido hacer el curso, y es de esas cosas que tengo pendientes para cuando tenga más tiempo. Hay que ver la cara que me pone la gente. Tengo un amigo Guarda Costa, hay que ver la cara que pone la gente cuando uno dice eso. Comentarios como, qué pérdida de tiempo son los más amables. Siempre pregunto, si te pierdes en una embarcación, ¿tú qué esperas? Qué te busque McGyver, claro, porque Santa Claus no existe, pero McGyver si.

Un país necesita artistas, escritores, pintores, filósofos, la gente que piensa, que se cuestiona, que pone a su vez a los demás a hacer lo mismo. No basta con sentarse a criticar, ni a contar cosas porque si, para hacernos reír u olvidar, en fin entretenernos y ya.  Vamos a escandalizar con un asesinato horrible, a narrarlo y a vender muchos libros, o contar por enésima vez el cuento aquel de la tipa que la dejan por una tetona, los hombres son una mierda, no sirven, ¡Mujeres al poder! Porque ahora la ley de cultura dice pintores y pintoras.

De nada sirve.  Hace falta la gente que nos estimule a preguntarnos quiénes somos, qué hacemos aquí, y si la vida está resultando lo que queríamos, lo que creíamos, si vale la pena el mundo, y por qué. Hacen falta los abogados que introducen esos recursos que demuestran por donde se le cuela el agua al sistema. Hace falta gente que trabaje en condominios, en museos, en colegios, en instituciones benéficas, que done tiempo a hospitales, a hogares para niños abandonados, que de clases en prisiones, en colegios de zonas necesitadas, que trabaje en pro de un país más verde, de crear consciencia sobre el planeta y el futuro que nos depara si no lo cuidamos. Hacen falta ingenieros que imaginen puentes, edificios de gran escala, investigadores que se dediquen a mejorar todo tipo de técnicas relacionadas con el campo de la salud, de la innovación, un robot que haga aquello que jamás pensamos posible, o que llegue a ese planeta que ese soñador está seguro de que va a descubrir. Hacen falta los literatos, los matemáticos también, los lectores, los no lectores. Tanto como las reinas de belleza. Hacen falta los que sueñan con ser actores, pero también los que quieren ser guionistas, y no es sólo ganarse un Oscar ni esa paja, por Dios, es soñar con contar algo, algo que uno está viendo y que siente que nadie más ve. Que no entiende por qué nadie más ve. Alguien que quiera comunicar y transmitir mensajes. Hacen falta periodistas que investiguen, ¿Por qué las muertes extrañas? ¿Por qué los precios tan elevados? ¿Por qué ciertas personas de la noche a la mañana tienen tal estilo de vida? Hace falta quién se pregunte por qué, en televisión, en prensa. Hace falta quien viaje, quien se quede, y quien lo narre todo. Hace falta también que lo lea y quién se interese.

Todos esos profesionales hacen falta. Y sí. Los hay y muchos. Mucha gente trabaja duro. Pero vamos a estar claros. De verdad. Hace rato aquí estamos medio tirando la toalla. Haciendo las cosas a medias, porque no nos queda de otra. Porque no hay materiales, no hay espacios de difusión, no hay interés de la gente, sencillamente no lo hay, ¿quién le invierte a una gente que quiere investigar sobre trasplantes de piel para quemados? ¿Quién va a financiar un museo nuevo? No. No un espacio cultural con un café para veinte personas, con una galería de quince metros cuadrados. Un museo. Gigante. Con una junta directiva que llegue un día y diga saben qué, aquí vamos a trabajar con el sueño de que del MoMa nos van a llamar a preguntarnos, ¿cómo hicieron ustedes eso?.

¿Quién cree en eso? ¿Quién sueña grande en este país? Nadie. Porque hemos perdido la fe.

Aquí la gente se pregunta y te pregunta, ¿qué va a pasar? Y mientras sigamos así la respuesta será nada. Porque nada nos va a molestar en serio, ni nos va a doler, hasta que no le metamos el pecho de verdad. Hasta que no asumamos que la lucha no es por un político tal o porque fulano dijo, sino que es también de uno. Hasta que no hagamos un punto de honor de nuestro día a día. Que seamos gente que respeta sus señales de tránsito, que respeta las reglas de los colegios de los hijos. Sí que respeta las reglas de los colegios de los hijos, lo repito porque aquí está la base de todo y cuando veo como se portan algunos padres lo entiendo todo, allí está la cuna de la gente que jamás va a querer a su país, porque todo eso se aprende, no es que nace porque el amor es bello. No. Al país se aprende a quererlo. A respetarlo también. Y se aprende así, paso a paso. Primero es la mamá, después es la maestra. Después viene lo demás. El niño que le pega a la maestra, que le dice groserías y después lo regañan y encima la mamá lo defiende, ahí estará uno que sentirá que la vida le debe. Igual que sentimos que Venezuela nos debe. Pero nada de eso es nuestro problema, porque no somos políticos, ¿cierto?

Este país necesita gente que haga su cola, que no se colee, ni en el banco, ni en la autopista, ni en el médico porque es que la secretaria del doctor es mi pana, ni en la peluquería, porque es que yo vengo aquí de toda la vida, necesita gente que se preocupe menos por la marcha, y si vamos a marchar, y si tal político dice, o yo opino, o mi primo que es vecino de no sé quién dice que es que si salimos o no salimos. Por favor. ¿En serio alguien piensa que eso es una solución? Y cuando uno se da cuenta de que la respuesta es no, entonces tira la toalla. De regreso al canibalismo, a la comodidad, tiramos el carro, si nos para un policía se arreglan las cosas, tú sabes, y yo tengo un pana que se dedica al, bueno vale, mira sí tiene negocios, pero qué le vamos a hacer, así es la vida, es mi amigo,  ¿no?

Si quieres salir de esto te le plantas a ese pana, y le dices ¿sabes qué? pues hay cosas que la amistad no tolera, no es incondicional, donde comes tú, no como yo. Punto.

Pero nadie hace esto. Nos pasamos la pelota y adjudicamos responsabilidades. Que si fulano rompió la unidad. Mengano no tenía por qué lanzarse. Perencejo sólo hace las cosas por su partido y no le importa el país.

Coño, y a los demás ¿de verdad nos importa? ¿Dónde has estado tú mientras Perecenjo recorre el país por los motivos que sean?

Yo hago el ejercicio de imaginarme este país con otro gobierno. Francamente no sé qué tan distintos seríamos. No sé si igual hubiéramos despilfarrado todo. Porque fíjate que ya lo hemos perdido casi todo y ni siquiera lo estamos llorando. Ni siquiera hemos llorado el haber dejado pasar la oportunidad de ser mejores. Dijo Kennedy, no es lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país. Criticar a los políticos y pensar que eso exime la responsabilidad, ¿es suficiente?   

1 comentario:

mev dijo...

Excelente Manuela.... estoy de acuerdo contigo. Así se construye un país.
Hay que seguir invitando a soñar en grande, las nuevas generaciones no saben que esto es posible... y que así hemos hecho grandes cosas en nuestra querida Venezuela.