lunes, 9 de diciembre de 2013

De la lectura del resultado electoral


Esta mañana somos politólogos y analistas electorales. La mayoría está sumando número de alcaldías, multiplicando por el número de concejales, restando número de votos, dividiendo entre la abstención multiplicada por Pi, para ver si así podemos responder a la única pregunta que parece importar al día siguiente de una elección ¿quién ganó?

¿Quién ganó? No se sabe. ¿Y de qué serviría haber ganado? Vamos a estar claros, estas elecciones son para gerentes regionales. El que administra lo cotidiano, desde la basura, hasta el registro del recién nacido, el matrimonio, el trámite para ver si es posible expandir la casa porque es que yo siempre soñé con un estudio de arte. El tema es que todos esos problemas y están allí. Y ahí van a seguir. Seguirá la escasez, seguirá la inseguridad, seguirá la corrupción. Lo que es más, este gobierno no siente un plomazo en el ala por haber perdido alcaldías, por emblemáticas que sean, más allá de un tema de imagen. Lo cierto es que es una gente que tiene un proyecto, y que ya nos ha demostrado hasta dónde es capaz de llegar para lograrlo. 

Entendamos bien: Si nos tienen que borrar del mapa, nos borran, ya lo han hecho, sin importar de qué colores esté pintado ese mapa a punta de elecciones.

Es por eso que tenemos que dejar de pensar que un mecanismos de lucha es buscar culpables por las derrotas o por la obtención del resultado no deseado. Cuando no es la ineptitud de un candidato, es la conveniencia de un partido, cuando no es la indiferencia de un abstencionista. La verdad, está un poco en todos lados. Por eso la lucha es tan compleja. No es nada más aturdir a los que no votaron, y llorar por los rincones porque “ a ellos no les duele el país y a mí sí. ¿Es indiferencia solamente? Tal vez es hartazgo, tal vez es que les dijeron hace unos meses que se robaron las elecciones y no pasado. NA-DA. Tal vez es que quienes nos vendieron que debíamos votar no lo hicieron de la forma adecuada. ¿Qué falla? ¿El discurso? ¿El presupuesto? No lo sé. Yo sinceramente no tengo las herramientas para responder esta pregunta, pero si me gustaría que quienes las tienen, las hagan de una vez por todas. Tiene que haber debate dentro de la oposición, no podemos seguir tratando la unidad como si fuera un bebé durmiedo. ¡Sssshhhhh! No hables porque se despierta. Algo falla. Y tenemos que dar con el por qué. 

Es verdad que aún con el ventajismo, las medidas populistas, el abuso de poder, todos los atropellos y las carencias que tuvieron los candidatos, se logró mucho. Ahí hemos ganado. El venezolano es resciliente por un lado. No se rinde.  Aguanta mucho. Tal vez demasiado. Nos vamos dando cuenta que somos mayoría, y los números ayudan con eso. Somos mayoría los queremos trabajar en paz. Sin embargo, tenemos que entender que jamás vamos a lograr ese resultado a través del voto. Las condiciones en que votamos no son democráticas, ni transparentes y no podemos seguir votando como si al hacerlo pudiera darse un milagro.

Finalmente creo que la lectura debida a los resultados de la elección es que Venezuela necesita que nos paremos a trabajar todos los días. Necesita que produzcamos, necesita que vendamos, necesita que emprendamos, que la soñemos, que la vivíamos como queremos vivirla, que no renunciemos a ella, y mucho menos porque “es no sé puede”. No. La lucha la damos todos, aquí no se puede seguir buscando el culpable, y el motivo, la razón, el por qué, en un resultado electoral, o en que los demás no piensan como yo. Si nos sentimos ajenos, pues tenemos que recuperar nuestro sentido de pertenencia, y eso se hace internamente, no podemos culpar a otros. Este tema es nuestro. 

Nuestro caos es el resultado de un estilo de vida, la responsabilidad con el país no se limita a pararse frente a la máquina, y la urna, y luego irse a la casa a pasar una tarde esperando resultados entre rumores, asumiendo quién ganó o quién perdió. Evadiendo una tristeza, o rezando rosarios, o pensando que es que en Miami o en Madrid, o en Tegucigalpa no se viven estas penurias. Muchos menos sentarse al día siguiente a sacar la cuenta de quién tuvo la culpa, a leer números, a esperar la respuesta a las oraciones, a que baje y nos ampare el espíritu electoral. 

Un país hay que hacerlo. Se hace con trabajo. Trabajo en la oficina, trabajo en el colegio, trabajo cuando respetas la señal de tránsito, cuando tratas bien a los demás ciudadanos y respetas sus derechos, cuando haces la cola con orden, y claro está, cuando te quejas porque está viendo que alguien está cercenando tus derechos, cuando alzas la voz y dices ¡Basta! No podemos pretender ponerle un freno al gobierno en las cosas grandes, si no empezamos por las pequeñas. Muchos menos pretender que otro sea quien sea lo haga por nosotros. Si creemos que el cambio depende sólo de una persona que movilice votantes, mejor nos vamos a la playa en las próximas elecciones, porque ya estamos perdidos. El cambio está en nosotros y tenemos que revisar dónde en nuestras vidas, porque todos tenemos un impacto. Sin duda. Y si no lo encontramos, pues es la hora de salir a la calle, no a tirar piedras ni a generar violencia, sino a trabajar, a producir, a educar, a hacer país.

El país no hay que reventarlo, hay que construirlo. Y no se va a hacer señalando saqueadores, ni abstencionistas, ni el candidato idóneo que se quedó sin cargo.

La verdad no entiendo mucho estas elecciones. Salvo como punto de reflexión. De que llegó la hora de enfrentar que un país es sus ciudadanos, y depende de ellos. Las elecciones son un mecanismo de democracia, no son el bote salvavidas de ellas, mucho menos el mecanismos de garantía. 

La libertad de un pueblo depende de sí mismo, así como la libertad de pensamiento depende de nuestras mentes. 

2 comentarios:

Orlan Silva dijo...

Parcialmente de acuerdo...

Lo justo no tiene que ser equitativo, y no debería confundirse lo feo con lo malo. Digo esto porque aquí cada uno vale un voto, por igual, y ahí hay una realidad: queremos que la gente salga y vote así no nos gusten. Entonces el tema es social, pero qué tanto sabemos de eso; ¿testimonios? ¿Estudios? ¿Base cierta/base presunta?
Te tengo un tweet con tres libros y un artículo sobre ellos:
https://twitter.com/OrlanSilva/status/381458442373705728

Saludos en letras...

La inclinación política no debería tener que ver con esto, a mi me gusta que haya gente de distintas corrientes...

Manuela Zarate dijo...

Gracias Orlan! Voy a ver el twitt con los libros. Yo estoy de acuerdo en que queremos que la gente participe, sea cual sea su orientación, en todo caso, lo que pienso es que el trabajo en un país es mucho más que votos.

A mí también me gusta la diversidad de pensamiento. Si no uno cae en la monotonía y es imposible la reflexión.

Gracias por leer y por compartir tu opinión.

Nos seguimos viendo por la blogosfera.