miércoles, 4 de diciembre de 2013

Mi mejor amiga se muda




Mientras más íntimo es el tema sobre el que tengo que escribir más me cuesta. París, mis papás, mi mamá, los amigos, los libros. Mientras más cercano a mí, más rato paso viendo la página en blanco, el cursor titilando, y todo aglutinado en algún lugar entre mi cerebro, y mi garganta. Es como que ni ojos, ni manos se ponen de acuerdo, nada fluye, quiero decir tanto que no sé qué decir.

Hoy se muda de mi edificio mi mejor amiga. No es que tengamos toda la vida aquí. Yo llegué a este lugar hace dos años exactamente. Cuando llegué tenía miedo de que pensara que iba a ser una vecina de esas que están encima todo el día o peor, que iba a ser de las vecinas perfectas, que hacen galletas, y llevan galletas y tortas, y siempre tienen la casa espectacular. Yo no tengo esas dotes, ni tengo el tiempo, porque a veces me pasa que digo voy a hacer una torta, y después me pregunto, ¿no será mejor invertir el tiempo en escribir? Y termino haciendo lo segundo.

La verdad ser vecinas era perfecto. Nuestros hijos jugaban mucho, e hicieron una linda amistad. Sin invadirse. Jugaban cuando querían, cuando no querían, pues no jugaban. Además somos lo suficientemente amigas para saber que no todos los días uno quiere saludar, que hay días que uno está en su mundo, en su rollo, en su constelación. Otros, uno no sólo lo quiere, lo necesita. Creo que tener amigos es saber ser compañía, y ser compañía significa saber cuándo dar espacio, cuándo está de más. Cosa que no siempre es fácil. Lo mejor del mundo era saber que ese apoyo existía aquí en el microcosmos de nuestro edificio. Además mi mejor amiga es doctora. Es la mejor doctora del mundo. Primero es brillante, y siempre lo fue, de esas que sacaba en el colegio notas que uno sólo soñaba, y te explicaba química y matemáticas, como si de verdad tú tuvieras un chance en la vida de aprender. Además, ella es dulce, y cuando vas a su consultorio (es médico nutricionista, la mejor del mundo, es en serio, equilibrada, nada de la dieta loca de moda, o de la que necesitas un recetario de mil páginas y tres mil ollas carísimas, y no puedes tomarte un trago, ni salir con tus amigos, es nutrición para ser sano y feliz) no te regaña, ni te hace sentir mal, y le puedes hablar de cualquier cosa, no porque seas o no su amiga, como yo de toda la vida, sino porque sientes que puedes. Es de esas personas que jamás te va a juzgar.

Ella es médico, y se imaginarán que todas las preguntas que me avergüenza hacerle al pediatra se las hago a ella. Preguntas como, ¿un cc es lo mismo que un ml? Sí. Yo sé. O preguntas como, mira, si no conseguí de 40 mg y me tomo dos de 20mg, ¿es lo mismo verdad? Ella me enseñó a tomar la temperatura por el oído, y sobre todo ella estuvo en mi primera cesárea, a la cual fui con más miedo del que confesé. Además ella fue, sin contradecir ni una sola vez a mi médico, porque no es de esas personas, ni de esos médicos que te dice qué hacer, sino que simplemente te guía y te acompaña.

Y así es en la vida.

Hoy se muda. Y la verdad. Yo no lo he querido pensar mucho. Ni hablar mucho. Porque sé que en cierta forma es el fin de una época, en la que subía a su casa a tomar vino y a fumar y a resolver la vida en dos horas, la mía, la de todo el mundo, el país, las fantasías de emigrar, el miedo por el futuro, las teorías sociológicas, políticas, morales. Los hombres.

Es una de mis dos mejores amigas. Esas personas que llamas cuando tienes la nariz enterrada en el barro. Cuando sientes que el mundo se te viene encima. Es esa gente que te defiende, con capa, espada, con bate de aluminio, es esa gente que está contigo, que conoce lo mejor y lo peor de ti, es de esa gente que incluso en la distancia sabes que todo sigue igual, es de esa gente con la que no hacen falta demasiadas palabras, y con la que tienes la libertad de ser quien eres y punto.  Y creo que no hay mayor testimonio a la amistad que ese. Que la gente que te recuerda que debes ser quien eres.

Es mi amiga. Mi mejor amiga. La que sé que se va a leer mi libro, así sea una bazofia y me va a regañar, justamente por haber dicho que tal vez sea una bazofia.

La voy a extrañar como si me mudara una parte de mí. Pero no se lo digan, porque entonces va a ser un festival de lágrimas, y yo soy una llorona muy fea y desfigurada.

Sólo díganle, si la ven, que es que me va hacer mucha falta. Y que espero que su nuevos vecinos sepan lo que vale la vecina nueva. Que si no la valoran, que me la regresen de vuelta. 

Mi frase favorita de Sex and The City es esa que dice que uno en la vida tiene poca gente que te quiere, no matter what, es decir, a pesar de todo. Incondicionalmente. Yo tuve la suerte de ser vecina de una de las que están en mi vida. Cómo la voy a extrañar. 

2 comentarios:

Maiskell dijo...

No la conozco y también la voy a extrañar... con ella se van muchos amigos queridos...

Manuela Zarate dijo...

:( Sí la verdad me va a hacer una falta horrible. Odio decir adiós.