viernes, 31 de mayo de 2013

Caminata Matutina


Amaneció encapotado. Con ese techo bajo, entre azul y gris que es tan de aquí. Leí. Escribí. Desde las cinco hasta las ocho más o menos.  Después me vestí y salí a caminar.

Amo las ciudades cuando están despertando. Aquí todo arranca tarde. Aquí la gente no hace mucha vida antes de las 10 am, el menos no en la calle, comercios y ese tipo de cosas. Antes es la gente caminando a sus trabajos. Las paradas de los autobuses concurridas, las aceras llenas de corbatas y talleres con maletines y tacones.

Los camiones se paran delante de los negocios para comenzar a abastecerlos para el día. Los turistas aún no salen. A esa hora estarán todavía intentando dominar el jetlag y las apretadas agendas que los llevarán por toda la ciudad, preparando cámaras de fotos, escondiendo pasaportes y guardando la plata en un lugar seguro, atentos con los carteristas.

Yo saco mis Urban Ears, regalo de navidad que fue concebido para caminarlo por calles como estas, pero que en una ciudad en la que uno no puede caminar con distracciones han quedado como parte imprescindible de mi rutina de escribir. Escribo con música. Aquí camino con música. Hay hasta un ritual. La primera canción que tiene que sonar cuando salgo es Conversation 16 de The National. Y yo ajusto mis pasos al ritmo de la canción, me miro en algunas vitrinas, siento que de pronto toda la ciudad está escuchando Conversation 16. Estamos en una película.

Me pongo a pensar millones de cosas. Escucho la música. Pienso en mi vida. Pienso en lo que escribo. Veo las tiendas. Pienso en que amo esta ciudad y me empieza a invadir una sensación tan extraña. Es felicidad. Creo que es felicidad. Me doy cuenta, casi sin pensarlo, que mientras camino y a pesar que no tengo papel, ni lápiz, ni laptop, que hay 10ºC de temperatura y llevo las manos en los bolsillos, estoy escribiendo. No te vayas a olvidar de esto me digo.

Imagino que al regreso estaré escribiendo este post en el que les cuento por qué amo tanto caminar por París. Veo en la vitrina de una librería que adoro, Librería de la Educación, unos libros que ama Clarissa, son sobre un lobo. Su favorito es el Lobo que busca una enamorada. Hay uno nuevo, y me alegro porque ya tengo un regalo que le va a fascinar. Entones pienso en otros cuentos de lobo que ella ama, como Grand Loup et Petit Loup (Lobo grande y lobo chiquito), hermosísimo, esos dos lobos se encuentran, comienzan a vivir juntos y se hacen inseparables. Pienso que es curioso que amemos tanto las historias de lobos, y cómo cambian las perspectivas, para mí un lobo era feroz, punto.

Sigo caminando y veo un indigente y entonces ya las cosas no son lo mismo. Y sigo amando esta ciudad, pero me digo que no puedo estar tan feliz, porque aquí no todo es felicidad, turistas, arte. Esta ciudad es dura. Muy dura. Aprieto el paso y los dientes. Llego a un Starbucks, y sí, quizás eso sea algo que uno no debería hacer aquí. Siento que son los gringos y yo. Comprando un café que si te pones a ver no es muy bueno, de hecho si me tomo dos en un día comienzo a sentirme fatal, pero ya es un sabor al que me he acostumbrado. Le pongo canela, azúcar morena, me lo llevo y sigo caminando. Siempre me quemo la punta de la lengua. Por impaciente. No aprendo. Siempre. Siempre paso unos días con esa quemadura de no aguantar un rato a que el café se enfríe, a pesar de que el vaso de plástico lo advierte.

Sigo caminando con mi nombre en la taza. Comienzo a aclimatarme. No me molesta tanto el frío. Me paro a ver las vitrinas, zapatos, camisas, regalos del día del padre, los libros de la Librería Polaca. Casi me atropella una bicicleta, pido perdón, el ciclista se ríe. Me pregunto ¿cómo me verá? Graciosa al menos. Aparentemente.

Sigo caminando y pienso en mis libros, en las poesías que estoy escribiendo, en el formato en el que creo que voy a trabajar. Pienso en mi novela en la que trabajé esta mañana. Pienso en el material que tengo que comprar para investigar sobre una historia de amor que tengo que escribir. Pienso en Marcel Proust. Pienso en promover lectura. Pienso después en la Guía de Paris que tengo tiempo escribiendo, y que me gustaría añadirle cosas. Pienso en que tengo que documentar bien mi viaje. En las cosas que me gustan. Paso un cine, hay varias películas que quiero ver.

Sigo caminando y entonces vienen algunos deseos y recuerdos. Uno extraña lo que fue y lo que no ha sido. Lo que ya nunca será.  Es una melancolía dulce. Entonces veo la gente y  me pongo a pensar que así vamos todos caminando. Cada quien con su carga a cuestas. Sus miedos, sus proyectos, sus frustraciones, su perdones que ya no importan, sus te amo no dichos, sus declaraciones de amor correspondidas, sus sonrisas, su manos aún sintiendo el contacto con esa persona amada a quien dejaron esperando en algún lugar que esperan seguro, sus tiempos precisos, sus tiempos sobrantes, escasos, sus espacios demasiado grandes o infinitamente pequeños, sus remordimientos, sus culpas, sus alegrías inesperadas, sus cuentas pendientes, sus deudas perdonadas, su bagaje emocional y su exceso de peso, falta de dinero y los años que se han sido sumando inevitablemente y sin que uno se de cuenta, su anestesia frente a las cosas duras de la vida, su ceguera, su raciocinio, sus deseos no formulados. Entonces pienso, cuántos de nosotros no andamos por ahí con deseos no formulados o porque cuando estás frente a la fuente no tienes monedas, o porque cuando andas con el bolsillo lleno de monedas no consigues la fuente. Así nos cruzamos todos, sanos y un poco enfermos, cada mundo, cada planeta, cada dolencia, desinterés y absoluta devoción. Cada  uno un ser único, pero a la vez todos partes de un género, una especie, un mismo animal.

Cruzo la calle, son las nueve de la mañana. Hora de terminar el café, escribir un poco y desayunar. Que pronto comenzará el día. 

El trio candela en París





Hoy aterrizamos en París. Mi papá, mi primo y yo, o como ya nos dicen por ahí el trío candela. Creo que pocas veces me ha emocionado tanto un viaje. Por diversas razones, aunque un viaje siempre es emocionante. Siempre es una aventura. Siempre. Pero esta vez hay algo. Ha sido tan fuerte la emoción que saliendo para el aeropuerto se me llenó  la barriga de ronchas. ¿Intoxicación? ¿Estrés? Tal vez todas las anteriores y un poquito más. Pero mientras me vestía pensaba, la aventura comienza, espero que no sea uno de esos cuentos que terminan con que el avión se tuvo que desviar porque un pasajero se sintió mal.

No fue el caso, pero sí tuve una vivencia bastante extraña en el aeropuerto. La Guardia Nacional en su permanente esfuerzo por algo que no entendemos bien qué es, retrasó todo, revisando maleta por maleta. Cuando me tocó el turno me hicieron las preguntas de rigor, y claro está caímos en el “a qué te dedicas”. Yo escribo. No me dijo nada. Creo. Creo que sonrió. Acto seguido sacó mi ropa interior y la puso ahí, en una mesa. Me dio tanta rabia. La falta de respeto. La violación a la intimidad. Me provocó decirle ¿qué carajo tienes que hacer sacando eso de ahí? Pero sabía que tenía las de perder de ponerme bruta, así que me quedé tranquilita.

En eso me dice, y ¿qué es eso que escribes tú? ¿Libros y eso? Bueno sí, digamos que sí. Entonces agarró mi laptop, la sacó de su estuche y se puso a olerla. Como un perro. Yo estuve a punto de decirle, mira, ¿tú eres Pit Bull? ¿O qué? ¿Qué carajo es esto? Ahora puedo decir que un hombre extraño olió mi laptop. Suena como a doble sentido, como a algo erótico. Lo es en cierta forma. Una especie de violación a la que lo someten a uno. La rabia que da ver a la gente con sus maletas abiertas, porque sí, en medio de operativos que sabemos que no resuelven nada. Ellos lo saben. Nosotros lo sabemos. Pero no pasa nada. Es el estado de las cosas.

La verdad que estoy contenta. Me hacen falta las vacaciones y el espacio para trabajar. Leer. Aunque ahorita caiga de sueño. Me he propuesto documentar este viaje, por varias razones. Entre otras que en estos últimos días se ha pasado entre amigos mi “Guía de París”. Fue algo que comencé hace varios años para mis amigos que viajaban. Una especie de largo correo electrónico donde les contaba cosas que me gustaban, anécdotas, historia, ahora que ya le llegó a alguien que no conozco porque la última versión un pana se la pasó a otro pana, me dije, vamos a trabajar en esto. Por nada en especial, porque me gusta. Me encanta escribir de París.

Sobre todo tengo ganas de escribir sobre esta aventura los tres. Mi papá tiene 82, mi primo 50 más, yo 34. Pero los tres vinimos a lo mismo. A perdernos aquí. A caminar. A comer. A ver museos. A leer. A pensar. A hablar. A beber. A estar en una ciudad. A vivir un poco. A construir una cantidad de recuerdos para llevarlos a un diario en el que escribiremos sobre la maravillosa que es la vida, sobre lo curioso que es el mundo, sobre esa maravilla de tener una ciudad que no es tuya, pero que la amas. Como un amante. Ese que está ahí sólo para la bueno. Así qué fácil es ser querido. Esa es la ventaja que tiene ahorita París sobre Caracas, esa y que se consigue Papel Toilet, lastimosamente no entremos en el patrimonio cultural e intelectual, la realidad de Venezuela nos pone en otro nivel. Esa es la gran tragedia de nuestro país.

En todo caso, hoy fuimos a comer, luego de tirar las maletas. Fuimos a un restaurante, sobre el cual escribiré otro pequeño post, y después fuimos a armar nuestra agenda de exposiciones. Vamos a ir a la mayor cantidad de museos que podamos. Así que ya les iré contando.

Ahorita apagamos las luces y nos vamos a dormir. El cuerpo no da más. 

jueves, 30 de mayo de 2013

.18


Anoche soñé que me citabas para hablar de mis sueños. Me preguntaste qué había traído y yo te dije que nada. Te enseñé mis manos vacías. Insististe, ¿ahí atrás? ¿Qué tienes? Entonces lo sentí, un ala rota, creo.
                                           Me dijiste que ya no querías más sueños.
Me los devolviste uno a uno.
                Los que yo había soñado
                por ti,
                contigo
                y para ti.
Incluso los que había soñado cuando estabas lejos. Todos.
No tenemos sueños, dijiste. ¿Por qué? y tú respondiste, no los quiero.

Entonces te convertiste en piedra. Te volviste blanco y rígido. Tus pupilas estaban incrustadas como en un arenal. Estabas seco. Yo estiré mi mano para tocarte, y bajo el frío de la piedra pude sentir un latido. Un latido solitario, de una cadencia triste, una procesión de pasos melancólicos hacia un altar incierto. En eso llegaron las otras.
Las otras piedras.
Caminaban como los hombres bajo el agua. Lentamente. Abriéndose pasó en el aire. Pesadas. Sin gracia. Ninguna me veía. Incluso tú. Era como si tus ojos de arena me traspasaran, pero sin lacerarme, me sentían pero no querían verme. Yo era un aire. Un aire incierto. Una energía indefinida. Una presencia fantasmagórica.

Me puse de pie. Intenté pagar una cuenta que quedaba pendiente y tú me la arrebataste de las manos. En mi muñeca quedó una marca de tu agarre gélido. Vino un viento como fuego, que batió tu pelo de piedra, eras como una estatua en guerra molecular, entre la solidificación y la licuefacción. Me susurró al oído, para soñar hay que arder, y yo le respondí al viento, quiero estar contigo. Renuncia a las piedras, fue el último susurro. Y después todo se calmó. Todo menos la expresión de grito que dibujaba tu boca.

Entonces se acercaron a mi boca unas lenguas gélidas, muy parecidas a la tuya y cuando me iban a contagiar de su palidez y frialdad mortecinas, yo grité, me quité las alas. Vi tus ojos arena una última vez, y me alejé de aquel lugar con ellas bajo el brazo.

No dijiste nada. Antes de marcharme me volví un instante. Tu buscabas tu grito en la nada. Las estatuas se burlaban de ti. Quise defenderte, pero el planeta de fuego me esperaba.

Se abrió de par en par una puerta que me llevó a París. Era Una madrugada azul y solitaria. Recorrí tres calles. Pero eran calles que me caminaban a mí, no yo a ellas. Subieron esas avenidas, con todo su ruido, su color, su magia, su desencanto, su pasión, su dolor, su risa, su sensualidad, su voluptuosidad, su abyección, su desenfreno, su redención, su perdón, su suciedad y su misterio inmaculado. Todo subió por mí, y al ver sus nombres vi que una calle eran los sueños que había soñado
por ti,
otra los que soñé contigo
y otra los que soñé para ti.

Y se convirtieron en tres lágrimas, que se quedaron a vivir en mi garganta. Me recibió el fuego, le pregunté qué es esto, llevándome las manos al cuello, el antídoto para mojar el desierto de unos ojos.

Desperté con las palabras, voy a arder, en la punta de los dedos.



martes, 21 de mayo de 2013

Trouble Will Find Me, The National



The National en mi vida tiene sólo un par de años. El Educador Musical lo escuchaba desde antes de High Violet claro. Un día le pregunté, ¿qué oyes?, El NACIONAL, me respondió en español como si fuera un gringo, te gustaría, pero en ese momento no lo quería escuchar. Después un día me lo puso en el Ipod, junto con otros grupos, porque no nos íbamos a ver un buen tiempo, entonces me tocaba escuchar, además yo quería incorporar música a lo que escribía, luego me tocaba hacer tarea, ni modo que escribas con Shakira, me dijo.

Me volví fan instantánea de The National. Empecé con Boxer, en especial Fake Empire, Apartment Story y Mistaken for Strangers, en general el disco me gustó mucho. Después me mudé a Cherry Tree, y me cautivó About Today, hasta el punto que se volvió una de las canciones son las que más escribo, lo mismo que la propia Cherry Tree, me fascina la estructura de esa canción. Luego vino High Violet, El disco completo, es impecable. Todas las canciones tienen algo, tal vez mis favoritas son Conversation 16 y Afraid of Everyone, que es casi un himno personal, sí, yo sé que quien me conoce piensa que no es así, pero yo tengo un master en corazas y domino la ciencia del miedo, I´m Afraid of everyone, with my kid on my shoulders I try, not to hurt anybody I like. (me da miedo todo el mundo, con mi niño en los hombros trato de no hacer daño a nadie que quiero). Otro disco que me gustó mucho fue Sad Songs for dirty lovers, entre esos Patterns of Fairytales, patrones de cuentos de hadas. Eso soy yo. Un patrón de cuento de hadas. Amo es manera optimista, casi alegre de ver el desamor. Este disco es muy distinto de los demás.

Ahora está este nuevo, y la verdad cada vez un grupo que a uno le gusta saca un disco nuevo da nervios. Uno espera algo distinto, siempre le estamos pidiendo a los artistas que nos gustan que hagan algo distinto. Pero si hacen algo que no es ellos, entonces nos parece una porquería. De tanto escuchar los discos de The National uno después de otro y ahora el nuevo me doy cuenta, ellos tuvieron su proceso y fueron encontrando su sonido. Este disco es más parecido a High Violeto que a los otros. Eso son ellos. Es un disco poético, lleno de dolor, muy emotivo, toca temas como la depresión crónica, la tristeza, la separación, el desamor, incluso la reseña del New York Times habla de Sea of Love como una canción sobre las drogas, puede ser. Tengo que pensar más en ella, lo que sí puedo decir es que este disco más que un disco es un poemario, de la profunda voz de Matt Berininger. Una verdadera belleza. La canción que tengo pegada hoy es Heavenfaced, una canción sobre el roce con la muerte.

The National es una maravilla. Su último disco una belleza. Hay pocas cosas mejores que esta. Con esto en los oídos arranco hoy a escribir. Cómprenlo y disfrútenlo. 

lunes, 20 de mayo de 2013

A corazón abierto


Spoiler alert: Si no han visto la película. Aquí se enteran del final. 


El sábado fuimos a ver A corazón abierto. Tenía muchísimas ganas de ver la película y es la segunda que veo del Festival de Cine Francés.   La historia sonaba interesante unos cirujanos cardiovasculares, brillantes, entregados a sus carreras, que de pronto tienen que enfrentarse a la maternidad y paternidad respectivamente, allí hay tanto para contar.

Voy a decir en primer lugar lo que realmente me molestó de esta película y luego se las cuento, porque de verdad no lo puedo superar. Pero mi molestia principal es ¿hasta cuándo vamos a estar con el tema de las mujeres que se acaban por un tipo? Es verdad que por amor se toman miles de decisiones pésimas todos los días. Yo no digo que más de una botó su carrera por seguir a alguien que por distintas razones le pagó mal, y no siempre es cuestión de que ella era la buena, y él un desgraciado que se merece lo peor. La cosa nunca es así. Las relaciones son tan complejas, pero de verdad, ¿vamos a terminar una historia sobre una cirujano brillante, decidida a ser madre, dispuesta a echarle pichón sola a construir una familia, porque el  hombre es un borracho que desapareció una noche? ¡Hasta cuándo! También conozco cantidades de mujeres, que corazón roto y todo le echan un cerro de pichón, es más, hay muchas que toman la decisión de irse, aún queriendo al tipo, porque saben que no les conviene, ni a ellas, ni a sus hijos, porque como diría Samantha de Sex and the City, I love you, but I love me more.

Estoy harta de este estereotipo de mujeres que aún con todo el esfuerzo por superarse y ser exitosas, se deshacen por un tipo, y no es un tema de no sacrificar nada por amor, no es un tema de no luchar por el hombre que amas, es aquello de echarse a morir, de no tener más vida que él, de aplicar el Daniela Romo “desde que te vi, mi identidad perdí”. No vale, no. Es más, generalmente, los hombres terminan por aburrirse de un coleto así, lo sabemos quienes lo hemos vivido, y vice-versa. De nuevo, una cosa es entregarse, una cosa es amar sin medida, y otra es una pendeja. Y de verdad me molesta este machismo recalcitrante en los guiones. Como dice la canción de Moonface, “heartbreaking bravery exists”, coño sí hay mujeres que con todo y su corazón roto, echan para adelante. Yo las conozco, las he visto, he sido una de ella. No me vendan esta mierda vale, no más, no la quiero comprar, ¿hasta cuándo?

Ya desde la primera escena Juliet Binoche, Mila, operando a corazón abierto, (aquí desbordaron toda la inteligencia con el juego inteligente de palabras con el nombre de la película y la ocupación de sus protagonistas),  sale a ver emocionada si Edgar Ramírez, Javier,  viene a su operación, lo ve con cara de tonta, y regresa cual Hello Kitty enamorada a la mesa donde la espera su equipo médico, y sí, el corazón abierto.  Pensé tres cosas en ese momento, me tienen que estar jodiendo, alguien la va a botar en la próxima escena y yo espero que si algún día me opero del corazón mi “cirujano brillante” no sea tamaña pendeja. Pero no, fue peor, porque después de haber parado el corazón, masajearlo y supuestamente haber salvado la vida del paciente los médicos, aún antes de cerrar la operación, se dieron besos de esquimal por encima del paciente. Así que ya saben, creo que mejor nos buscamos cardiólogos solteros, o en vez de preguntarles ¿Cuántas personas ha salvado usted? Habrá que preguntar, mire, ¿cuál es su política de jamoneo en la sala de operaciones?

Pero dejemos eso a un lado. Al día siguiente, después de una noche de rumba y de una escena de sexo que tal vez sea de los pocos momentos interesantes de la película, Javier atiende una llamada, dice “yo lo opero esta noche que no coma”, y se pone a tomar cerveza, mientras Mila sale para el hospital. A mis amigos médicos les pregunto, si su pareja va a operar unas horas más tarde y está, asumo, bien enratonado después de un trasnocho y una jaladera de shots de algo que parecía tequila como mínimo, y sigue jalando cerveza y tiene que operar en unas horas, ¿ustedes no le dirían algo? ¿no sospecharían que algo anda mal? ¿eso es comportamiento típico de los médicos? No digo que los médicos no puedan beber, ni rumbear, obviamente no es el caso, pero es como los pilotos que andan rascados. Hay cosas que simplemente no puedes hacer bajo la influencia. Punto. Y menos en el mundo cero tolerancia de hoy en día. Si un médico llega a un hospital y hiede a alcohol, y la cosa es un problema notorio, como parecía ser en esta película, hecho por el cual lo suspenden, ¿nadie hace nada? Y se pone peor.

Mila, que aparentemente fue brillante en cardiología, pero no fue el día que dieron el sistema reproductor, no se da cuenta que puede estar en estado, hasta que la colega ginecólogo se lo asoma. No se lo dice a Javier porque quiere abortar. Ok. Está bien. Pero esa es la pareja que se ama, que ni eso discute. Allí había para desarrollar tremendos diálogos, pero no. Mejor hacen otra cosa, Javier se entera porque le revisa la agenda a la ginecóloga, que puso en letras enormes, (imagino porque no se ve), ABORTO MILA JUEVES 10AM. Allí los dos médicos están al borde de lo que es la ética profesional, de nuevo, ¿un médico brillante no entendería que eso no se hace? No habla con la mujer, sino que se pone histérico, y en la siguiente operación, con el paciente ahí, con el pecho afuera, las costillas reventadas, entre la vida y la muerte, arma un berrinche, tira los instrumentos y le dice a Mila en pocas palabras, termina tú tu mierda si es que sabes hacer todo sola. Amigos médicos de nuevo, ¿ustedes se comportan así?

Después, entre las rascas de Javier, y Mila haciendo lo imposible para que regrese al hospital a trabajar, ella decide, así sin que te muestren cómo, ni por qué, tener el hijo que había dicho que no iba a tener bajo ningún concepto. Está bien las mujeres somos así y la maternidad nos cambia. ¿Pero les costaba mucho escribir sobre eso? Lo que es más, deciden irse a América del Sur, porque en Francia ya Javier no podrá trabajar, porque su expediente de borracho lo seguirá a todos lados, entonces sabes, vamos a operar a la bazofia tercermundista, porque allá nadie le para a este tipo de cosas. Además los personajes mal presentados, nunca sabes si es que él es Argentino, Venezolano, Mexicano, Guatemalteco, el es latino, total, desde Rio Grande a la Patagonia somos todos la misma mierda. ¿No? Pues pareciera, porque además deciden irse a Iguazú. El Iguazú es un parque nacional, yo me imagino que habrá necesidades allá, como en todos lados, pero no estoy segura que ese lugar con hoteles cinco estrellas, que se ha convertido en un centro turístico sumamente importante sea precisamente donde están matándose los Médicos sin Fronteras, pero no sé, a lo mejor aquí soy yo la que está equivocada, pero en miras a contar bien una historia mínimo hubiesen podido hablar de un amigo en Bolivia, o no sé, pero sonó mucho a dale vámonos a los cuerpos de paz que están en Cancún.

Lo que supuestamente empuja a Javier definitivamente el alcoholismo es que tiene que pasar seis meses de ocio, porque ella trabaja y los médicos no lo dejan operar. Mila los convence. Javier no quiere. Bebe todo el día y hace locuras como montar todos los muebles en un camión y mandarlos a…bueno al Iguazú. Asumimos. No sabemos. Ustedes saben, los borrachos hacen cosas así. Locas. Es como que el guionista pensó, ¿qué cosa loca y fastidiosa puede hacer este tipo? Sacar los muebles, listo, luces, cámara, ¡Acción!

Después entonces, (ya se aburrieron, no vale se pone buenísimo), hay una escena en que una amiga le presta las chivas de embarazo a Mila y ella se las prueba, y es donde uno más o menos la ve feliz con su barriga. Además la tipa se cansa desde el mes cinco, y no sabes si está en el mes cinco, en el cuatro, en el ocho, no sabes bien, sólo sabes que ella se soba la barriga y pone cara de tragedia. Así somos todas las mujeres todo el embarazo, ¿no?

Ok. Me voy al climax. Un día llega Mila y el borracho se puso a demoler las paredes del apartamento. Y se pelearon, y él le dijo me suicido y ella le dijo salta, y bueno, Gray´s Anatomy con tremenda inyección de esteroides. Él, que quería el bebé en un principio y después no le paró la menor bola, le dice que está celoso del bebé, (¿Cómo de dónde salió eso? No sabemos. No sabemos si Javier está arrecho porque se quería ir de una Iguazú, que además no se fue porque seis meses sin ella no aguanta, y porque es un borracho, y porque quedándose ella no lo dejaba empinar el codo, pero se aman y son brillantes). Total que al final Javier la empuja y manotean y él se va.

Ella se pone a limpiar sola los escombros y baja dos bolsas por las escaleras. Absurdo, porque ok, las embarazadas hacen nido, pero o te da la pea limpiona limpias el coroto, que era lo lógico, y te preparas para tu bebé y lo asumes sola y lloras al carajo o…bueno o haces lo que hicieron estos.

Mila lo empieza a buscar por toda la ciudad, pero no se le ocurre ir al único lugar donde está el tipo, y yo me imagino que tal vez escribieron que Mila lo encontraba y Juliete Binche los mandó a la mierda, porque el lugar era la jaula de los monos del zoológico, en la que se metió porque…le gustan  mucho los monos pana. (Además entró porque le dio dos zapatazos al candado y abrió la puerta, tú sabes y los monos en plan rastafari, felices, porque así son los primates, amigables, tranquilos, cero territorialidad). Y bueno, ella pasa toda la noche en la calle, llega a un parque, se desmaya, se pega en la cabeza y se jode, porque le sale un hematoma, y viene una operación de cerebro, coma, le hacen cesárea, la niñita se salva. Y aparece Javier, recién salido de la jaula de los monos, con la misma camisa, pero no huele a mono, porque él es brillante.

Y para ponerle un toque surrealista a la cosa, mientras operan a Mila yuxtaponen unas escenas de ella en una canoa, como si el coma la llevara a ese estado, en el que ella tratar de remar por el río de la vida pero no puede, y finalmente pues cae por una cascada y se revienta. Y la cascada es…exacto, ¡El Iguazú!

A todas estas Javier cuando llegó al hospital se la encontró en un cuarto, con una vía de suero y más nada. Es decir, la señora salió de una cesárea y una operación de cerebro y ni se molestaron en ponerla en, que te digo terapia intensiva, recuperación, y además dejaron que entrara el borracho del marido, y se encerrara con ella en un cuarto, ella no tiene ni monitoreo cardíaco, nada, es más de la venda de la cabeza no sale ni una manchita de sangre.

Tenía años sin ver una película tan mala. Una tomadura de pelo. Yo creo que de aquí se podrían sacar tantos temas. La maternidad, la cerrar, y sí el alcoholismo, y como lidiar con alguien que amas y tiene ese problema. Y es verdad que uno se ciega a veces antes los errores de la persona que amas, y lo amas igual, sea como sea. Uno ama y punto. Pero hay una gran diferencia entre una tonta y una mujer enamorada. Hay una gran diferencia entre una mujer inteligente que hace tonterías y una tonta.

Yo a esta gente le sugiero ver Sex and the City la serie, las películas son fatales, pero la serie, esas sí eran mujeres que a veces hicieron todo lo que no había que hacer, pero que demostraron justamente esa diferencia y por eso la serie fue tan exitosa, porque uno se identificaba.  

Yo espero que Juliete Binoche se proponga, como la mujer bella y exitosa que es, hace otro tipo de papeles, porque al mundo le hace falta.