martes, 26 de noviembre de 2013

Cosas que uno debería saber



Uno debería saber que no pasa nada si te moja la lluvia, que el sereno no enferma, y que lo único que pasa cuando duermes con el pelo mojado es que mojas al almohada. Uno debería saber que los fantasmas existen, en tu cabeza, y en la cabeza  de los que no te entienden, o de los que dicen que estás loco.

Uno debería saber que  el que vive por dinero, trabaja por dinero, piensa solo en dinero, terminar por vivir una vida vacía, sin sentido y a veces ni se da cuenta que es por eso.

Uno debería saber lo que es tener una pasión. Una pasión más grande que cualquier amor que hayas sentido. Uno debería saber mirar dentro de sí y estar dispuesto a enfrentar el que no le guste lo que encuentra.

Uno debería saber lo que es un comienzo. Arrancar con una idea. Un sueño. Uno debería saber lo que es reconocer que las cosas no salieron bien. Uno debería saber que humildad significa saber perder. Uno debería saber que perder no es tan malo como la gente piensa. Uno debería saber administrar la derrota, y buscar el triunfo a través del fracaso.

Uno debería saber abrazar de distintas formas. Uno debería conocer diez mil y más tipos de besos.

Uno debería saber que las mejores noches dan paso a las mañanas más duras. Uno debería saber que a veces hace falta la fuerza de un imperio para pararse de la cama. Uno debería saber lo que es un dolor de espalda, de estómago y de cabeza. Uno debería saber que ninguno de esos dolores es comparable con el dolor de la consciencia.

Uno debería saber que los amigos traicionan y que las parejas se cansan, que los hijos abandonan, pero los enemigos también.

Uno debería saber que las batallas no siempre se pelean, a veces también se abandonan.

Uno debería saber que no tiene nueve vidas, como los felinos, pero tiene más de una muerte.

Uno debería saber que el chocolate cura, que a veces el cigarro da vida, y que otras el alcohol fortalece, que algunas medicinas matan. Que a veces nos aferramos a muchos remedios cuando en realidad no estamos tan enfermos.

Uno debe saber que el mal existe, pero no importa. Uno debe saber que el bien existe y que eso es lo único que importa.

Uno debe saber que es necesario estar solo. A veces. Saber estar solo. Que estar solo es algo que se aprende. Bailar solo. Ir al cine solo. Comer solo. Ver televisión solo. Dormir solo. Pensar solo. Hablar solo. Encerrarse en un mundo que es inalcanzable para el resto de la humanidad. Inventar un universo. Caminarlo cuando uno siente que el mundo se le queda pequeño y que nadie, nadie sabe lo que es probarse tus zapatos.

Uno debería saber el poder que tiene una palabra. Que las amistades más importantes nacen en quince minutos. Que las amistades que duran más de quince minutos no las debilita nada. Uno tiene que saber que a lo mejor toda una vida de amistad acaba cuando te das cuenta que ese amigo que creías tener era más producto de tu imaginación que de la realidad. Uno tiene que saber que a veces la realidad es desengaño.

Uno tiene que saber que el amor duele, que la lealtad es algo duro de mantener, que es fácil ser sincero hasta que la única forma de sobrevivir es decir una mentira. Uno tiene que saber que paga más ser honesto. Uno tiene que saber que los principios son el alimento fundamental del corazón. 

Uno tiene que saber que todo tiene un costo. Que todo en la vida es un compromiso. Que siempre va haber alguien que te pida algo a cambio.   

Uno tiene que saber que recorrer un camino trazado por uno mismo implica quebrar muchas lanzas, rupturas, adioses, desencuentros, momentos de duda, de soledad, y una lucha constante de devolverse, o desviarse, de caminar un camino trazado por otro, que en apariencia es más fácil, pero que sólo lleva a un terreno donde hay arrepentimiento.

Uno tiene que saber que siempre habrá alguien que critique, que diga que no, que trate de cerrarte la puerta que tu quieres abrir porque le da miedo ver que otros son libres.

Uno debería saber que la libertad es algo interno, que la vida es un juego constante entre voluntad y destino.

Uno debería saber que ninguna decisión es definitiva.

Uno debería saber que mientras más complejo el objetivo más vale la pena deshacerlo todo y volver a empezar.

Uno tiene que saber que puede lograr cualquier cosa que se proponga.

Uno tiene que saber que los que tienen suerte son los que están convencidos de que la tienen, y los que no se paran a oler las flores, sino que se sientan a trabajar duro a pintarlas, describirlas, y luego salen a buscarlas. Sin parar.

Uno debería escuchar su cuerpo. Uno debería saber escuchar su corazón. Uno debería saber que a veces es necesario que manden los sentimientos, pero que es lógico dejar que sea la razón la que tenga la última palabra.

Uno debería saber que lo que dicen los demás tal vez te importa, pero que al final no cuenta para nada, uno tiene que saber que esa gente que uno llama los demás siempre termina por cambiar de opinión. 

Uno debería saber que la vida es de uno y de nadie más, que las decisiones son de uno y de nadie más. Uno debería saber que al final se nace solo, y se muere solo, así que dejar de hacer las cosas por lo que otros piensen u opinen generan penas más grandes que cualquier paso errado, o en falso. 

Uno debería saber que la mejor cura para una tristeza es que la cocina se llene de un olor que te recuerde la infancia, como el plátano frito o una torta que está subiendo en el horno.

Uno debería saber tantas cosas. Tantas cosas que a veces pareciera que una vida no basta. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

2. La Fuerza del Destino, Mecano


2. La fuerza del Destino, Mecano.

No sé qué año era, aólo sé que salí de ese concierto con una franela de Descanso Dominical y que de tonta la regalé un día que estaba limpiando el closet. Fue el primer concierto al que fui en mi vida. Mi hermana me decía que tuviera cuidado, que no me metiera en la olla, que en la olla del Poliedro hasta cuchilladas repartían. No sólo me metí, estuve cerquita de Ana Torroja y de José María Cano, y me enamoré de Nacho, y a veces todavía lo recuerdo como mi primer amor musical, vía vivo y directo. Y cuando años después volví para verlos una última vez con la gira de Aidalai confirmé que Mecano es sin duda mi grupo favorito.

Es una lástima que se hayan disuelto, pero la verdad, a juzgar por el último disco, Ana, Jose, Nacho no había nada que hacer. El desgarro del que para mí es su mejor disco, Descanso Dominical, ya no estaba. Cada quien estaba en lo suyo. Ana en su nota rebelde, Nacho con su idea de salvar el mundo un instrumento a la vez y José María con esas baladas.

La verdad aquí debería poner todo Mecano y más canciones de Mecano vendrán para esta lista pero seguro, tal vez la última canción de mi lista, si es que algún día llego a ella, será aire, porque ¿quién no ha soñado en algún momento que era aire? Mecano siempre cierra con Aire, sin embargo, La Fuerza del Destino es para mí su mejor canción. Aunque Héroes de la Antartida le llega muy cerquita. La Fuerza del Destino me recuerda una relación que tuve y que fue muy intensa, muy llena de casualidades, de esas cosas que te tenían que pasar, porque te tenían que pasar y de las que no tenías escapatoria. Y además la Fuerza del Destino fue la primera conversación musical que tuve con una pareja.

La historia de amor que empieza por casualidad, que empieza mal, que no sabe bien a dónde va, que se va a dando poco a poco, por la fuerza del destino. Esa sensación de que es inevitable, de que la gravedad entre los dos no es algo contra lo que se pueda o valga luchar, y que luego de pronto, todo revienta. Y sin embargo, más adelante, sabes que van a volver, porque en el fondo la fuerza del destino se intuye. 

Al final ese es el juego en la vida. El balance entre dos fuerzas. La fuerza del destino y la fuerza de voluntad. 



Aquí se las dejo. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Escasean también ética y valores


Vivimos en la Venezuela en que una minoría de empujones, coleones, agresivos, groseros, desorientados morales, nos quieren convencer de que los valores son cosas de pendejos, o peor, cosas del pasado. El que es honesto es poco menos que un idiota, o un idealista, soñador, que no sabe dónde está parado, que no tiene ambiciones.

Yo le he dedicado mucha reflexión a esto. Es más, he intentado escribir esto durante meses. Me ha costado empezar. No es fácil. Porque el robo y el saqueo, se han vuelto como el cáncer. Pareciera que todos conocemos a alguien que de una forma u otra se ha ensuciado las manos. Reconozco que hubo un momento en lo sentía ajeno a mí. En que o no me llegaba tan cerca, o sinceramente sentía que “el gobierno” era algo abstracto. No entendía, porque no es fácil imaginarse las arcas del gobierno, las reservas, porque es algo que para uno que no está metido, ni jamás ha estado metido en la administración pública es abstracto.

Entonces un día me puse a pensar, y la verdad me sentí tonta, porque es realmente sencillo. El dinero no es del gobierno, es nuestro. Nuestro. Tuyo, mío, de todo el que se ha nacionalizado, se ha hecho residente, el gobierno es un simple administrador. De modo que aquí la primera expropiación la hizo el que pensó que el cargo de presidente y el título de jefe de gobierno hacía de ese dinero suyo, que podía disponer de él, sin más remordimiento ni responsabilidad hacia nosotros, sino hacia objetivos y proyectos personales y de su partido. Me atrevo a decir, que este mal es anterior a Chávez, y que por eso a muchos no les pareció tan malo cuando este hizo lo mismo, de forma mucho más exagerada, atropellada, y con objetivos que nada tenían que ver el mundo utópico que le pintó a quienes cayeron en la trampa de pensar que los santos existen y que se les puede poner la banda de presidente para que salven un país, un continente, y aparentemente la galaxia y sus alrededores.

Quienes han participado de esto, o quienes se dejan llevar por la complicidad, no se dan cuenta que tan malo como quienes activamente trabajan por resquebrajar la sociedad, es la complicidad con quienes lo hacen o los ayudan de forma indirecta. Es duro. Pero no, lamentablemente llega un punto en el que hay que demostrarle a la gente que la tolerancia y la complicidad son cosas distintas. Sí, llega un punto en que si tratas al ladrón como si no lo fuera, estás pisando terreno minado.

No digo que uno tiene que convertirse en un justiciero desaforado. No. Mecanismos hay, y muchas veces entre la justicia y la vida se encargan de ello. Sin embargo, uno pone sus límites y marca las distancias necesarias. Porque la verdad es que si uno tiene consciencia no hay otra forma de vivir. No es que no te sientas a la mesa con un ladrón porque quieres que se sienta mal, es porque tú te sientes mal si lo haces. No es que quieres, ni que debas hacerle una grosería, es que primero tienes que respetarte a ti mismo, ser honesto contigo mismo. De eso se trata defender los principios.

En estos días un amigo como contaba cómo una vez más había sido víctima del hampa. Triste, cansado, pero sobre todo harto, con ganas de hacer algo, de decir algo, de expresar ese sentimiento más que de recuperar lo perdido, la impotencia de tener que callar frente a la violación y la vulnerabilidad, pero teniendo que soportar palabras necias de, pero ha podido ser peor, da gracias, ¿gracias? entonces le comenté, ¿qué harías si te encontraras aquí al malandro? Si entrara por esa puerta y se sentara aquí a compartir, yo te dijera que es mi amigo, que lo conozco desde hace mucho tiempo, que por favor no te vayas, que lo entiendas, que dentro de todo no es una mala persona, que si no te hubiera robado él, te lo roba otro. Incluso él saca el teléfono que te robó, llama a sus amigos, te lo enseña, se pavonea con él, ahora él tiene un teléfono inteligente que tú has trabajado para pagar, tú te quedaste sin nada, pero yo insisto, no tienes pruebas en realidad, ¿estás seguro que fue él? ¿cómo sabes que fue él?. Seguro te molestas, le digo, y él alza las cejas y hace un gesto de que le estoy diciendo algo obvio, como mínimo, pero yo insisto, y al final te digo que mira, que yo no soy Dios, no soy quien para juzgar, que hay que entender y que como ya te dije, no tienes pruebas, y que sólo porque te robó no puedo dejar de ser su amiga. Me pregunto qué terminaría pasando. Nos quedamos en silencio. Un silencio triste y casi asqueroso, porque los dos conocemos a gente que nos ha dicho más o menos lo mismo. Sorbemos el café. Y finalmente él me dice, la verdad, yo me iría, yo me parararía y me iría, y sé que tú también, y si no lo hago, sentiría una tristeza muy grande. ¿Ya la has sentido verdad? Sí, le pregunto, ¿es incluso más grande a la que sentiste cuando te robaron verdad? Igual o peor no sé, tristeza al fin.

Y lo habíamos dicho no hay diferencia entre el malandro de moto y  el que roba desde una mesa con whisky no sé qué tantos años en la mesa, el que cobra una comisión, el que tiene un pana, que tiene un pana, el que tiene un negocito chévere, el que sólo lo va a hacer una vez, el que no sabe pero sí sabe porque tú sabes, finalmente, no importa si era del fondo para la mujer indígena que todos sabemos que jamás iba a llegar más allá de la periferia de Caracas, de una forma u otra es un malandro que nos robó a todos. Se llevó plata nuestra. Y punto.  Me robó. Te robó. ¿qué hacemos? ¿Sonreímos y ya?

Es más sencillo de lo que parece. La respuesta es obvia. Una cosa es ser tolerante y otra pendejo y lo cortés no quita lo valiente. Y no los llaman valores por casualidad, sino porque a la hora de la verdad cuesta, cuentan mucho, pero vivir sin ellos cuesta mucho más, y si no basta saborear un día de atropello en esta ciudad, en la que escasean mucha cosas sobre todo ética y valores. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

November Rain de Guns N´Roses



Esta me la traigo de primera porque es una de las primeras canciones buenas de mi biografía musical, sin contar toda la ópera y la música clásica que me hicieron escuchar mis papás. Es que, yo no soy intensa musical de esas de toda la vida. Soy una persona en plena educación musical, en lo que al rock, el folk y eso se refiere, y voy progresando, debo decir. Aunque creo que jamás dejaré de ser de las que baila merengue, y sí, regeattón en una fiesta después de cierto número de tragos. Lo siento.

November Rain, me la traigo de la adolescencia.  La época de los walkmans amarillos Sony, y apenas estaba saliendo el discman, y aunque el primer disco que tuve fue de Roxette, el segundo y el tercero fueron Use Your Illusion, I y II. Dicho sea de paso, ese libro es como para titular mi novela. Esto lo escuchábamos hasta las metras, a esas edad en la que a tus padres les parece que lo que escuchas es ruido, te estás destruyendo los oídos, y no estás sacando nada de provecho.

La escuchaba sin entender mucho la letra, mi inglés no era muy bueno, pero con aquel desgarro, y el enamoramiento loco por Axl Rose, que hasta el sol de hoy, sigue siendo una fantasía musical.

Lo que me gusta de esta canción es el uso de los instrumentos. La verdad es que Guns N´Roses era un grupo maravilloso, y es una lástima que se hayan disuelto. Sabían darle un uso apropiado a los distintos instrumentos, en partes distintas de la canción, cuando de pronto empiezas escuchando algo que parece una balada, muy lenta, y ya al final sale un solo de guitarra, que te hace sentir que en cualquier momento les da por quemar el amplificador, y es como sale toda esa rabia. La verdad es que Slash es uno de esos guitarristas que te hace entender el poder que tiene un istrumento de decir incluso más que la letra de una canción.

Ahora la historia. En el video de la canción sale una boda, y luego un funeral. Y uno se puede imaginar la tragedia. Sin emabargo, yo creo que esta canción es sobre uno de los dos teniendo miedo. Hay uno que tiene miedo, tiene un trauma y eso dificulta la relación, eso le dificulta vivir desde el amor, entonces el otro le dice, “I can see a love restrained” es decir, no se entrega del todo. Y  le termina. “So if you wanna love me, then darling don´t refrain, or I´ll just end up walking in the cold november rain”. Es como un ultimátum, si te contienes, yo voy a terminar caminando bajo la fría lluvia de noviembre. Luego dice que a veces uno necesita estar solo tiempo, y que es así, todos lo necesitamos.

Ya al final le dice, no crees que necesitas a alguien, todos necesitamos a alguien, no eres la única. Y es esta la parte más fuerte de la canción.

Tal vez el video representa la muerte del sentimiento, de la relación, o lo que es más, lo difícil de la transformación del amor. Porque el amor es algo que se transforma, y todos esos procesos son muy dolorosos, y a veces la relación lo sobrevive, pero a veces no. Al menos los amores tormentosos son así, y yo la verdad, que lo he tenido siempre han sido relaciones tormentosas. A mí lo fácil como que no se me da, o como diría mi psiquiatra, me parecería demasiado aburrido.

También pienso, y es el tipo de cosas que esta canción me hace pensar, que el amor es algo complejo, que uno no controla, y uno se enamora de alguien con todos sus defectos, con todas sus taras, con su bagaje emocional, su historia, su circunstancia, y a pesar de todo sigue ahí.


Aunque a veces, llega uno de los dos que es más maduro emocionalmente y pone distancia.

En fin. Esta canción me recuerda además las veces que nos llevaban a las primeras fiestas, un novio que tuve que era medio rockero y que mis amigas decían quera un dañado (y sobre el que tal vez lean en mi novela muy pronto y se rían un rato, duramos un día, UN SOLO día). Recuerdo esos días y pienso en lo ratas, lo duros, lo trasgresores que nos sentíamos. Los rechazados. Renegados. Cuando no existían tantas cosas, o mejor dicho, no sabíamos que existián. El sexo y el cigarro eran las fronteras más complejas para cruzar, y lo que sentimos cuando por fin las alcanzamos.

Y esta complejidad amorosa, que uno vive de adulto y a través de estas canciones, la vivíamos iguales. No, no era más fácil porque éramos adolescentes. Tal vez era hasta más complejo, no sé. Tal vez es que todavía no supero la adolescencia. 

Canciones para mi muerte



Hace un tiempo tuve una de esas conversaciones, que son perfectas para una película de esas que empiezan alegres y se ponen trágicas a la mitad. Estábamos en una fiesta y comenzó a sonar No soy una señora de Melissa. Sí. Melissa. La Reina del Rock, de los 80, las lycras de lepoardo en Sábado Sensacional, el que no se acuerde que lo busque en You Tube, y el que sí, que sufra esto conmigo.  Juan mi amigo (Toto para el resto del mundo), me dice, yo a ti te entierro con esa canción. Menos mal que no nos dimos cuenta del chinazo, en primer lugar porque estábamos tomando, en segundo porque estábamos claros que el tema no daba como para chistes. El funeral de uno lo están planeando así, sin que uno se entere.

La verdad, como dice otro amigo mío, yo pienso joder el día que me muera. Joder a los que se quedan vivos, con las diez mil instrucciones sobre ese día. El maquillaje, la ropa, pero ahora veo que también tengo que planear la música. Nunca lo había pensado así, pero la verdad es que sería maravilloso un entierro musical. Claro he pensado a veces que es verdad que lo mío, más que la música es los libros. Yo en el fono no soy una intensa musical, apenas soy aprendiz. Me estoy convirtiendo, pero ya eso es otra cosa, producto del trabajo que estoy haciendo ahorita entre otras cosas. Y cuando digo intensa musical, es de de esa gente que se sabe de memoria Bob Dylan y que ya lo ve más como poeta, a eso me refiero, cosa que dicho sea de paso, me está sucediendo.

En todo caso, creo que ha llegado la hora de ir eligiendo, poco a poco las canciones para mi muerte. El tema es un poco delicado. Me da un poco de angustia, tentar a las dioses, terminar de elegirlas pronto y que entonces corte yo misma mi propio hilo. Pero hay tanta música buena, que puedo no parar nunca.

Así que iremos por aquí. Poniendo y comentando las canciones para mi muerte. Como diría Mecano,
“otro muerto,
 otro muerto,
 ¿Qué más da?
 Si está muerto,
 Que lo entierren
 Y ya está.”