viernes, 27 de diciembre de 2013

Trabajando



Así que todo el mundo se fue de vacaciones y yo me vine a trabajar. Encontré un lugar en el centro de comercial cerca de donde dejos a mis hijos. Hago un paréntesis, los dejé en una guardería pegando gritos. Estoy segura que todos los libros de psicología dirán que soy la peor mierda del mundo, que los dañé y que el día de mañana van a hacer parias de la sociedad, de esos que les tiran el carro a la gente, no pagan impuestos, tiran papeles en el piso, dicen groserías, son maleducados y andan por la vida con rabia interna. Ya saben la causa: su mamá los dejó en una guardería para irse a terminar su novela.

Esto es el peor cliché del escritor. Lo digo por la vista de las montañas, la nieve, la mesa alta en la que estoy sentada, el café, el hecho de que aquí a todo el mundo lo tratan de usted y el señor que hace le café me saludó de tú, y que esto no es un café es un bar. En un extremo está la cónsola del DJ. Atómica. Más allá está un privado, con sillas grises y cortinas moradas, las sillas son de aluminio, el piso es oscuro y la barra que es muy larga todavía tiene la vajilla del servicio de la noche. No. Están limpias. Imagino que se están organizando para un día largo. Tiene luces de neón. Ese es otro detalle. Eso sí, tiene un vitral que da hacia a una pista, y desde aquí puedo ver gente esquiando, parte del pueblo y una vista gloriosa de las montañas.

Me voy a escribir, pero si de aquí no sale algo bueno creo que debería practicarme la eutanasia. Mucha gente me ha preguntado porque no esquío, porque no aprovecho. Yo digo que cuando uno tiene la determinación nada te detiene, mucho menos unas vacaciones, y para mí, esto es aprovechar el tiempo. Si no, pregúntenle a mis hijos. 

martes, 17 de diciembre de 2013

Sobre el avance de la novela




Y cuando son las 06:28 de la mañana, después de arrancar el día con algunos posts en Facebook yo comienzo a escribir el capítulo .50 de esta historia, cuyo título les daré muy pronto. No puedo describir la sensación. Estoy escribiendo esto, ya muy cerca del final, no sólo arañándolo, sino que ya en mi cabeza está armado, y está armado de una forma tan sólida que no lo he olvidado, porque ya  me ha pasado la tragedia de haber pensando en algo que al no anotarlo se me olvida. Sin embargo, ya con esto pasé por el trance, el doloroso trance de saber cómo va a terminar, a dónde va a llegar, y por qué. Imagino que ese será el capítulo más fuerte que escribiré tal vez en toda mi vida, y lo que es más, lo que más me emociona es que es insospechable, era insospechable para mí, y no sé si eso haga mejor a la novela, pero he hecho el viaje junto a la protagonista. Investigando sobre espacio y música. Eso les adelanto. Literatura espacial llena de música, así que se los adelanto de una vez, o la van a odiar, o la van a amar.

El post es corto porque regreso a mis labores. Este diciembre me voy a dedicar a terminarla.

Una vez que este lista la vida será otra.

Con esta novela empieza otra vida, pero lo que es más importante, empiezo a escribir la tercera, porque ya tengo dos y hasta tres proyectos más en la cabeza. Jamás me había sentido tan segura y con tanta pasión sobre lo que soy y lo que quiero ser en la vida.

Les doy las gracias a todos ustedes lectores, porque han sido un motor para seguir adelante. Mientras escribo pienso en ustedes. No en lo que les quiero decir, en lo que les tengo que decir.

Este es mi destino, que sin la fuerza de voluntad de recorrerlo no se logra, y que se hace mucho más llevadero cuando uno viaja en compañía sincera. Nada más sincero que un lector sin prejuicios.

Se les quiere. Mucho. 

.43


Vamos a fundar un cielo. Vamos a abrirnos paso entre la inmensidad de nuestros abismos. Vamos a hacer supernovas. Vamos a cabalgar la galaxia, y a poblarla de estrellas, vamos a hacer una constelación con nuestra leyenda. Vamos a fundar un mito, un planeta, con nuestros nombres, nuestras dimensiones. Vamos a dejar que fluyan en él los caudales alimentados por el desate de nuestras tormentas. Vamos a dormirnos bajo la inclemencia de nuestros soles, ardientes, explosivos, cargados de fuegos, vamos a explorarnos, el uno al otro, y vamos a alejarnos a los rincones desérticos de nuestras soledades, esas cuya hegemonía nos gobierna. Vamos a ser libres, vamos a ser el uno sin el otro, cada uno con un bien único: la libertad. Vamos a caminarnos. Vamos a domarnos. 

A embestirnos. 
A dejarnos. 
A herirnos. 
A lucharnos. 
A llorarnos. 

Vamos a hacer explosión. Implosión. Combustión espontánea. Vamos a escondernos en nuestras miradas. Vamos a construir nuestra propia Torre de Babel, cada una con un idioma distinto para el amor, el encuentro, el desencuentro, la soledad, la fusión, la pérdida, la espera, la partida, el regreso, el vuelo, el naufragio, el vencimiento, la rendición, la batalla, el fuego, el éxtasis, la soledad, el silencio. 

Vamos  a bordear cordilleras. Vamos a crear bestias y a dejarnos tragar por ellas. Vamos a quemar naves, a reconstruirlas. A volarlas. A volverlas a quemar. Vamos a viajarnos. Inmensos. Vamos a sobrevolar nuestras esencias, inagotables. Vamos a huirnos cuando de tanto excavar demos con la raíz del miedo. Vamos a enterrarnos. Vamos a renacer. 

Vamos a esperarnos. En silencio. Oprimidos bajo el peso de la distancia. Vamos a darnos la espalda, mientras uno de los dos bordea una cordillera, cuando en nuestro planeta se haga una noche que parezca ser eterna. 


Vamos a esperarnos cubiertos de arena frente al mar. Vamos a vernos. A diluirnos en ese mar. El mar infinito de nuestros besos. 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Mi Carta a Santa Claus



Querido Santa,

Yo sé que es tarde para escribir esta carta. Ok. Sí yo sé. No me porté bien. Vamos a estar claros, nunca iba a hacerlo. Ok, mírame a los ojos, ¿tú te has portado bien? ¿Qué pasa si te dejas el Facebook abierto?¿Cada cuánto cambias tu calve de gmail? No me vengas con que no tienes una cuenta clandestina, a la que te llegan los correos que no quieres que nadie vea. No me digas que no sigues a Diosa Canales en Twitter y que cuando alguien te pregunta le dices, a mí me parece ordinaria. No me jodas Santa. De verdad. A los nueve, a los diez, cuando comencé a negarte, ok, pero ¿ahora? Creo que ya no.

Por eso Santa te escribo, porque a mi me gustaría de una vez por todas que nos dejáramos de pendejadas. Mira, la vida es una mierda, y muchas cosas que nos prometieron resultaron una cagada. ¿Tú me vas a decir no es todo una estafa? La casa, el marido, el perro. La casa está gravada con una hipoteca que la irás  a pagar cuando tengas canas y tetas caídas, o tendrías que prostituirte para hacerlo ahorita, pero la verdad es que triste y todo, no estás tan buena como para ser puta, o al menos puta cara y esa es la verdad. El marido jode, como todos los hombres joden, al final, lo sabes, se va, es infiel, jode, ladilla, cuesta mucho más caro que la casa, el precio para pagarlo es todavía más alto y cuando lo termines de pagar si es que enviudas primero, olvídate, ya ¿quién te va a querer coger?, ¿el perro?, el perro caga y hay que recoger la cagada, y por más compañía y paja, tú recoges la cagada, con eso es suficiente. Como te digo. Una estafa.

Entonces Santa, yo prefiero que me resuelvas la cosa de una buena vez. No. Tranquilo. Esto no es una carta suicida. Deja de leer basura y ver telenovelas por favor. Yo lo que quiero es que me traigas por una vez en tu vida vainas buenas. Buenas de verdad. Mira, tráeme alcohol. Tráeme cigarros. Muchos. Eso sí, vainas buenas, no es que me vas a matar con un anís barato, y sin la delicadeza de dejarme pastillas para el dolor de cabeza. No. Tráeme un buen Prosecco, Johnnie Walker Gold, Ciroc, vino no, porque seguro me traes Gato Negro y es la misma vaina del anís el mono, y las resacas de vino Santa, cosa que seguro tú sabes no te me hagas el abstemio son casi casi como las de tequila.

Quiero que me traigas chocolate. Pero quiero que me traigas algo que haga que no engorde. Piensa. Sé creativo. Nada de productos As Seen on TV. Nada de Reduce Fat Fast, ni pastillas que quitan el hambre hechas con veneno de ratas que han matado a varias mujeres. No quiero Sasha Fitness, ni dietas locas en las que me voy a dañar los riñones tomando agua con limón a las seis de la mañana, no voy a dejar la leche, ni el gluten, así termine mis días como un cetáceo en cautiverio. No Santa. Hazme feliz, (no quiero tener relaciones sexuales contigo, así que eso no es una indirecta, viejo verde). Piensa. No. No quiero caminadoras, ni ligas, ni un TRX, quiero algo con mínimo esfuerzo. Me lo merezco coño. Son años de dietas locas, de subir y bajar, de la del repollo, la cero carbohidratos, la sin gluten, la sin leche, la sin frutas, la sin carne, la todo crudo, y el puto sabor a Splenda. Vamos Santa. Piensa. Si alguien puede con esto eres tú.

Quiero unas tetas Santa. No. No quiero un calendario de taller mecánico, típica mierda de la infancia, uno te pedía un perro y tu traías un peluche. Si me traes una muñeca inflable, o me sueltas un disco de Diosa Canales, yo te juro que te mando a coñacear en un estacionamiento. Yo quiero 450 CC de cada lado para mí. Sin dolor. Sin tener que sacar un credi lola, sin drenaje linfático, sin polipropileno, ni mierda francesa hecha a la medida de nuestros piojos latinoamericanos que después nos matan, yo quiero que pienses en Mónica Bellucci y me pongas esas tetas. Ya. Así, una mañana Manuela Zárate se despertó con un par de de tetas apoteósicas, y eso sí, justo en el lugar en el que yo las quería. No quiero un collar de bolas criollas, ni tampoco una especie de testículos al lado del ombligo. Tú sabes. 

Quiero que me traigas efectivo Santa. Sí, yo sé, es como de mal gusto. Pero vamos a estar claros, ir a un cajero es un tema ya casi de vida o muerte. No sólo por la cantidad de números que tienes que meter y el riesgo de que la máquina se trague tu tarjeta y el rollo astral que eso conlleva, la ida al banco, la declaración jurada, la mirada de tú-eres-estúpida del que te atiende con la sonrisa de atención al cliente falsa y aprendida, es que además, si te van a robar, cómo le explicas al ladrón que eres un pela bola, o aguantas el no joda, yo tengo mejor saldo que tú, y como son las cosas tal vez sólo por eso te pega un tiro.

Paso Santa a pedirte que me traigas sexo, y no sólo a mí, creo que le deberías traer sexo a la humanidad. Tal vez este tema lo deberíamos hablar tú yo, cerveza y maní de por medio en un bar, tipo temprano, a la salida del trabajo, pero el caso es que yo creo que los males de la humanidad se deben al mal sexo. Mira, cara persona amargada, frustrada, fastidiada, que no sabe sonreír, ¿no me vas a decir tú que eso es porque no ha visto un orgasmo en mucho tiempo? Tal vez nunca. No Santa, yo creo que si arreglamos eso encaminamos las cosas, al menos mal no lo vamos a pasar en el intento.

Y bueno, ya que estamos pidiendo, te pido libros, zapatos,  maquillaje y esos anillos de animales que tanto me gustan, ah y un cintillo, porque ahora tengo el pelo largo y me gusta usar cintillos.

También tráeme libertad, por cierto, muy importante. Un poco más. Yo soy un espíritu libre, pero el año que viene quiero una libertad más completa. Ser yo. Mi propia persona. Mi vida. Mi dueña.

Ah, otro detalle, quiero que te encargues de los criticadores de oficio. Sí, esa gente que odiamos. Esa gente que no hace un coño y se dedica a criticar, a ofender, a chismear, a hablar sin saber, sobre todo los que lo hacen conmigo, ¿sabes? Sí, todos esos que de pronto han leído estas páginas y han pretendido psicoanalizarme sin haber leído a Freud, sin haber pisado una facultad, sin tener las credenciales  y peor, el resto de la información sobre mi vida. Esos. Sí. Encárgate de ellos. No vale Santa, por favor, no a lo Cosa Nostra, dales una lección, nada más, que les pase lo mismo, que vean lo que se siente que alguien que no sabe quién eres asuma cosas sobres ti. El peso de verte reflejado en la boca de un tercero. ¿Una piñita no? Te debe pasar lo mismo, ¿cómo no? Si nos quejamos todo el tiempo, si sentimos que nunca nada es suficientemente bueno, porque siempre sale una actriz, una modelo, un restaurante, una marca de lujo, un carro, una película, un producto MAC, una enfermedad, algo que tenemos que tener o que nos impide ser felices, o al menos apreciar la vida, si nos llenamos de excusas siempre, señalando a otro cuando somos nosotros quienes que tenemos que tomar el control de nuestras vidas.

Sabes qué Santa. Tal vez olvídalo. Tal vez me simplifico la vida, tal vez todo eso que te pedí lo consigo yo, y tráeme más amaneceres como este, cielos abiertos, luz, mientras yo disfruto la plenitud de dedicarme a lo que amo, estaciona el trineo que yo siempre estoy en mi mesa de trabajo a las cuatro de la mañana. Bájate y nos tomamos un café. Y ya sé, hagamos algo, tráete un whisky, algo bueno eso sí, y nos pasamos por el forro la maldita regla de que no se puede tomar por la mañana, nos sentamos y comparamos y ahogamos penas. Yo te cuento que escribo, tú me cuentas qué fue lo más absurdo que te pidieron, y cuáles de tantas cartas te rompió el corazón. Te regalo una poesía, y terminamos con un buen café negro, y seguimos trabajando. 

Vida y amigos, lo demás al final, depende de uno, y así es mucho mejor. 

domingo, 15 de diciembre de 2013

The National




Hace un tiempo el Educador Musical se apareció con este grupo llamado The National.  No sé si fue la voz del cantante, Matt Berninger, lo que fue creciendo dentro de mí. No sé si fue la primera vez que le puse atención a la letra de una canción que se llama Patterns of Fairytales, (Patrones de cuentos de hadas),  pero en algún momento me empezó a pasar algo extraño con este grupo. Las canciones sonaban. Yo soñaba. Mi mente se iba a mil por hora. Y algo dentro de mí se movía. Y yo me volteaba, ¿alguien está hablando conmigo? ¿qué me quieren decir? Sí, son ellos, las voces, la música, los instrumentos, el sonido que parece algo que baja de una nube y no que sale de una corneta.

The National, en mi educación musical, fue mi primer grupo serio. Fue el primer grupo con el que entendí, con el permiso de todos sus fans, por qué Enrique Iglesias es…un horror. Y no quiero rebajar su trabajo, será chévere para cantar el estrés durante el tráfico o bailar con demasiados tragos de whisky encima, pero es que aquí estamos hablando de poesía. Y la poesía es otra cosa.

Las letras de The National son verdaderas poesías. Tratan temas como la ruptura, la muerte, la depresión, la soledad. The National es un grupo para soñar. Y creo que en Canciones para mi muerte estaría la discografía completa.

Creo que debería hablar poco a poco a sus discos y canciones. Incluso algunas hay que pensarlas bien, digerirlas, interpretarlas. La música es como la literatura, si no te deja pensando, si no te deja cuestionando, si te lo pone todo ahí para anestesiarte, entonces algo no está saliendo bien.

En Patterns of Fairytales por ejemplo, que es una de las canciones, o mejor dicho la canción que más se parece a mí. Habla de alguien que extraña al que fue su amante, (de hecho el disco se llama Sad Songs for Dirty Lovers, Canciones Tristes para Amantes Sucios). Entonces él ve que en la casa de esa persona las luces están apagadas y se pone triste, porque se imagina que está en otro lado, viviendo. Viviendo y punto, y bueno él o ella está enamorado. Entonces finalmente dice, que va a prender su stereo y va a hacer una lista de los nombres, en los discos que grabó antes de esa persona, y los va a convertir en cuentos de hadas, con escarcha y un poco de pega. Finalmente dice, que esa persona estará en un lugar viviendo, pero que finalmente con patrones distintos a ella o él, y quien canta se los cuelga de su abrigo.

Todo esto dicho de la forma más poética y más bella.

La parte de convertir nombres en cuentos de hadas me fascina, porque eso es mi trabajo. Convertir nombres en cuentos, tal vez no de hadas, pero si cuentos. Con escarcha y pega.

Sin emabargo, lo mejor de la canción es el final.

Mi lectura es que al final cuando queremos a alguien que no tenemos, que extrañamos, que vivimos a la distancia, nos absorbe hasta el punto que terminamos convirtiéndonos en esa persona para tenerla cerca, y la música, la poesía, es el vehículo más peligroso para ello.

Bellísimo cuento. Maravillosa canción.

Es la primera canción de The National que amé. Y es la primera que les presentó de este gran poemario que es su obra. Aquí la traducción, a ver qué interpretan:


Tonight there isn't any light under your door
(Esta noche no se ve luz bajo tu puerta)
I guess you must be somewhere breathing
(Imagino que estarás en algún lugar respirando)
Where skin and everything still know what they are for
(Donde piel y todo lo demás sabe qué tiene que hacer)
And blood remembers where to go
(Y la sangre recuerda a dónde tiene que ir)

I fell in love with you, no matter what you say
(Me enamoré de ti, digas lo que digas)
But you were right about the reasons
(Pero tenías razón en cuanto a las razones)
To turn a magdeline into the month of May
(Para convertir una Magdalena en el mes de mayo)
I should've known the magdeline was me
(He debido entender que la Magdalena era yo)

So I'm turning on the stereo
(Así que estoy prendiendo el stereo)
And I'm lining up the names
(Y estoy haciendo una lista de nombres)
On the mixes I made before you
(De los mixes que hice antes de ti)
And I'm turning into fairy tales
(Y los estoy convirtiendo en cuentos de hadas)
With glitter and some glue
(Con escarcha y pega)
Everything we ever planned to ever do
(Todo lo que siempre planeamos hacer siempre)

Tonight there isn't any light under your door
(Hoy no hay luz bajo tu puerta)
I guess you must be somewhere breathing
(Imagino que estás en algún lugar respirando)
In patterns unfamiliar to the one you're underneath
(En patrones no familiars al que está debajo de ti)
I pinned those patterns in my coat
(Yo colgué esos patrones a mi abrigo)

So I'm turning on the stereo
(Así que estoy prendiendo el stereo)
And I'm turning into fairy tales
(Y estoy convirtiendo en cuentos de hadas)
Yes I'm turning on the stereo
(Sí, estoy prendiendo el stereo)
And I'm turning into you
(Y me estoy convirtiendo en ti)