sábado, 25 de enero de 2014

Canciones para mi muerte: Slipped, The National





Algunos de nosotros andamos por ahí con secretos. Cosas inconfesables. Pasados tan remotos que ya han perdido la estructura de la realidad. Como si la vida que dejamos atrás fuese un cuento, un producto de la ficción, una especie de libro mágico, sólo nuestro, y está escrito en ese espacio que llamamos memoria. A veces, esos secretos, esos recuerdos, esas historias tienen un contenido que no sabemos cómo reproducir, vuelven. No importa el talento frente a las letras. Reproducirlo. Contarlo. Asumirlo. Es demasiado. Entonces dan vueltas dentro de nosotros. Esas escenas, esos momentos en los que tocamos la oscuridad. En los que palpamos el fondo de un abismo que sólo está abierto para quienes toca la compuerta de la tragedia.

Nos hacemos solitarios. Nos encerramos en ese pasado que va impregnando el presente. Como si la vida fuese multicolor y esos recuerdos, esas heridas, dejaran de sangrar pero continuara manando de ellas un líquido, una tinta, que ennegrece todo, que lo cubre de un velo pesado. Nos sentimos ajenos a esta vida. A este universo que nos toca. Nos cuesta asumir el aire que respiramos. Le damos la vuelta a lo que pensamos, y nos damos cuenta que todo está distorsionado, pero no sabemos bien por qué. No sabemos dónde empieza la realidad y donde nuestra terrible ficción. Le damos vueltas a los recuerdos. Revisamos los hechos y nos preguntamos, ¿esto realmente me pasó a mí? Esos trenes que han chocado, los barcos que se han hundido, los aviones que han caído, las balas que se llevaron los órganos. Todos son palpables pero hay tragedias que dejan otras huellas. Hay atrocidades que no dejan sino los rastros del recuerdo.

Asesinos silenciosos.

Slipped de The National es una de las canciones para mi muerte. O tal vez esta sea una de las canciones para mi vida. Porque le doy vuelta a esos momentos constantemente. Porque algo se rompió en mí. Se quebró. Porque me gustaría decirle, que no necesito ayuda para ser rompible, “porque no conozco a más nadie que se pueda reír de cualquier tipo de chiste, cuando me dejes no voy a necesitar ayuda para estar sola, eso se arregla fácilmente.” (…) “No quiero que aflijas, pero quiero que te compadezcas, no te puedo culpar por perder la cabeza un rato, yo también lo hice, no quiero que cambies, quiero que reconozcas, que yo.” Y no lo voy a contar todo, es más no voy a contar nada, los esqueletos se quedan conmigo, dentro de mí, y sí, tengo muchos problemas viviendo dentro de mi piel. Nada que hacer.

Y sigo regresando a al lugar donde todo se escurre. (I keep comming back here where everything slips). 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buen texto

Manuela Zarate dijo...

Gracias anónimo. Saludos.

Anónimo dijo...

Me identifico con tu texto,Gracias.

Manuela Zarate dijo...

Gracias a ti anónimo. Me alegro te veas en la lectura. Es la parte más linda del proceso. Saludos!