martes, 7 de enero de 2014

No hay palabras


No hay palabras. Realmente no hay palabras para la atrocidad que vivimos. El constante atropello. La impunidad. La indolencia. Correrá tinta, y me temo que como siempre quedará en artículos, opiniones y lamentos, pero las acciones no terminan de venir. Y así vamos. Con la violencia esparcida en todas sus formas haciéndonos testigo de lo peor del ser humano en cada esquina. Una cosa es ser indolente y quedarse callado frente a algunos atropellos, otra es ver como nos mutilan a todos la humanidad y buscar la excusa para no hacer nada.  

No dejo de pensar que esto es una tragedia de palabras mayores. No sólo por nosotros. No sólo por el gobierno. Es sencillamente una persona que ya no está. Que ya no es. Es una madre que ya no va allegar. Que ya no va sonreir. Que ya no va proteger. Que ya no va a cuidar. Pienso en las citas a las que no van a ir, en los proyectos que ya no se van a dar, en la ropa que quedará colgada en el closet, en las cuentas por pagar, en los trámites que ya no se harán, los pasaportes inútiles, los documentos obsoletos. Los pequeños objetos que ya pierden su sentido. Pienso en que no tengo ni idea quién, ni cómo va a recoger todo eso y que la verdad, no sé si quiera si debería importarme tan pequeño detalle. Aunque justamente, la tragedia se vive en los pequeños detalles, es ahí donde está realmente el dolor, en lo que ni siquiera pensamos.

Pienso en que esto es un crimen, alguien a quien le robaron la vida y que no hay cómo repararlo. Esto abre nos hunde a todos, nos hace un hueco en el alma, nos deja vacíos, un poco mudos, más duros, algo dentro de nosotros se cristaliza, se hace piedra. Son los efectos secundarios de la violencia. Esto ya lo hemos vivido, no es la primera vez. Me pregunto, si nos vamos a quedar así, sin más, o si vamos a hacer, o a decir algo. ¿Y qué? Si no hay palabras.

Esto no tiene mucho sentido. Nada tiene hoy sentido. Cuando algo tan atroz pasa es imposible pedir coherencia.

No más palabras. Acciones.