miércoles, 8 de enero de 2014

Razones de una madrugadora


Hay una pena profunda que me mueve. Que me lleva a escribir a estas horas de la mañana, cuando todavía la noche no sospecha que ha muerto. Sí, la verdad, lo que más me entusiasma es la pena. Es la sensación de reja, de estar atrapada, de no tener más libertad que frente a esta pantalla. El resto del día es mi misión. Compartir libros. Aunque en estos días estoy tan triste que las ganas menguan. De mi pena no quiero hablar. Se los digo. Es algo de lo que no hablo ni a mi psiquiatra. Son de esas verdades que es mejor llevarlas en ese lugar de la mente, en que la calificas de invención, de que no has vivido lo que no has vivido.

A veces siento que con todo y lo afortunada que soy la vida me debe. ¿Quién no ha sentido que la vida le debe? A veces la vida de los demás parece tan fácil. Uno le ve los matices a eso de que la grama del vecino siempre está más verde. Después hablando con una amiga me doy cuenta de que la vida es una mierda, porque yo a ella la consideraba de esas afortunadas, de esas que uno ve y dice, yo quiero esa grama. Pues no. La vida es una mierda en cualquier forma, lo que hay que ver es que hace uno con sus desastre, para donde se lo lleva, y como lo convierte en algo que tal vez te lleve a otros desastres, sí, pero al menos te alivie un rato, o alivie a alguien. 

Es lo que me digo cuando escribo, porque publicar el trabajo que llevo no va a ser fácil. No. No sólo será quien crea en mí, desde el editor hasta los lectores que lo compren, hablo de los lectores más cercanos a mí. Me da menos pena que me lean extraños, pero gente que conozco. Me retuerce las tripas. Sobre todo porque uno está rodeado de psicoanalistas de oficios, y jueces naturales, que te van a dar o con la receta del médico, o te van a querer definir la personalidad, la vida, las emociones, como si todo eso viniera en un libro, o te van a condenar a lo que sea que les de miedo y que les sirva para sentirse más seguros de sí mismos, porque así es el ser humano del rebaño.

En fin. Hasta esta pena agradezco. Hasta este sentir. Es lo que me mueve a escribir poesía. Lo que más miedo me ha dado en la vida, la poesía. Y ahora hasta tengo ganas de compartirla.

En fin. Estoy tarde, ocho minutos y algo más de retraso con mi novela, y el día de hoy va a ser duro. 

2 comentarios:

Henry 9 dijo...

Bien hecho, expresate, es conmovedor leerte, entretenido y tentador entenderte.

Manuela Zarate dijo...

Muchísimas gracias Henry! Nos vemos por la bloggosfera.