lunes, 3 de febrero de 2014

Libertad de Expresión y Democracia


Llevamos tantos años viendo como cercenan otros derechos como la propiedad y la vida, que a veces olvidamos lo importante que es la libertad de expresión como pilar de una sociedad libre y democrática. La libertad de expresión no es siempre fácil de tragar para un país en el que hay un partido de gobierno que no sólo si rige bajo un pensamiento único, sino que ha luchado durante catorce años por imponer ese único pensamiento a la sociedad. Un pensamiento extraño, difuso, superficial, violento, carente de ideas, cargado de lo más básico del ser humano: anular al otro, consolidar el poder a través de la humillación, la violencia y la descalificación continua de quienes no piensan igual.

Muchos de los que se llaman opositores a este gobierno, no se dan cuenta a veces que terminan pareciéndose a lo que critican. Tal vez todos en algún momento, hemos adoptado una posición que si la sometemos a reflexión, dista mucho de lo que pregonamos como nuestros ideales. Hablamos de democracia, pero entonces no toleramos debate en el seno de la oposición alegando argumentos como: no es el momento, hay que dar una imagen sólida, hay que concentrarse en la meta y no en el debate, se quiebra la unidad. Este último viene a ser el que uno más escucha.

Uno como opositor se queda en el aire. Es decir, el gobierno no te permite protestar, porque ha criminalizado la protesta. Todos sabemos que no es fácil alzar la voz en contra cualquiera de los atropellos de los que somos víctimas a diario. Tenemos miedo a la represalia en todas sus formas, desde el gas lacrimógeno, hasta el despido del empleado público. Cada vez que alguien levanta una pancarta o grita una consigna en contra del gobierno, ya no ejerce un derecho, sino que a los ojos de este régimen se convierte en enemigo y criminal.

Por otro lado está la oposición, que irónicamente se tilda de anti-radical, pero es un grupo al que no le gusta que se levante cualquier voz de disidencia en lo que se refiere a la estrategia de la cúpula opositora. Es decir, si no estoy de acuerdo con una medida, una postura, una visión del candidato opositor, del algún miembro líder o simpatizante de la Mesa de la Unidad, también me estoy convirtiendo en enemigo. Uno se ve víctima de acusaciones, o eres un tarifado chavista que vendiste tu consciencia porque no hay otra explicación, o eres un radical, que lo que quieres es ver muertos, sangre, violencia. En el mejor de los casos te ridiculizan. Es decir, debes ser un pobre bruto, que no tiene ni idea dónde está parado, que no piensa, irónicamente porque quiere pensar, porque quiere debatir, porque quiere ejercer los principios de la democracia.

Yo como ciudadana estoy agotada. Cansada que sea tan difícil ejercer un derecho. Como escritora, lo estoy aún más. ¿Cómo es posible que en un país uno no pueda emitir una opinión sin que salga alguien a insultar? Sea en persona víaTwitter o Facebook, generalmente quien te manda directa o indirectamente a callar no presenta ideas, ni argumentos, ni abre espacios, ni siquiera una estructura de pensamiento, un fundamento histórico. Esto de parte de gente que pasa todo el día lamentándose porque el país se lo llevó el diablo, no somos libres, la situación está cada vez peor, no le ve la salida, y además llora porque la gente se va del país porque así no quiere vivir.

Creo que tenemos que comenzar por buscar coherencia en nuestro discurso. Pensar bien cuál es nuestra ideología y por qué luchamos. La verdad, de todo corazón, yo no quiero que salga el chavismo para que entre entonces otro tipo de régimen en el que tampoco se va a poder expresar una idea. Nadie es perfecto y ciertamente no lo es ningún político, ni ningún líder por más votos que haya sacado, que no haya podido defender, sea cuál sea su línea de lucha, creo que al final en el bloque opositor todos tenemos un fin común, es que ver un cambio de gobierno, pero a la vez pareciera que queremos países distintos.

Muchos de los llamados demócratas no toleran una opinión que no sea exactamente igual a la de ellos o su candidato. Tomemos el ejemplo de Capriles, el salió electo en unas primarias que se llevaron a cabo hace casi un año. Entonces, si de aquí allá alguien cambió de parecer en cuanto a su propuesta: demasiado tarde. Ya no puede expresar su opinión. Es más, no se puede ser Caprilista, si no se piensa al cien por cien como el candidato. Es casi un traidor pues. Usted no puede decir, estoy de acuerdo con esto y con esto no. Incluso, si se admira al candidato porque le respeta su entrega y lo que hizo como político, pero su opinión es que tal vez llegó la hora de darle el chance a otra propuesta, entonces usted es casi un traidor a la causa de Venezuela, entorpece el camino por el que veníamos, que según muchos es muy bueno, y es casi un traidor. Me pregunto a quién se parece ese discurso, si no lo hemos escuchado antes salir del balcón del pueblo, por ejemplo.

Creo que como oposición tenemos que entender que el movimiento se nutre de todas las ideas. Este país no es sólo dos corrientes de pensamiento. No es que tenemos dos opciones, o la Cuba comunista, o lo que sea que plantea un solo candidato. Este país somos muchos ciudadanos con visiones distintas, que queremos trabajar en armonía, sobre todo en paz. La paz que da saber que puedes expresar tus ideas, sin miedo a cualquier tipo de represalia. Es el país que yo quiero. No me gustan las ideas únicas. Vengan de donde vengan. Voy a luchar contra ellas siempre. No puedo respetar a un candidato que llama a otro dinosaurio porque no piensa como él. No estoy de acuerdo, creo que aprendimos demasiado rápido la descalificación y la falta de respeto. Jamás voy a decir que no cuenten conmigo, porque Venezuela siempre contará conmigo, sigo trabajando y luchando por un país que nos incluya a todos, a los que no piensan como yo también. Cualquier otra cosa va en contra de mis principios.

El país que quiero lo tengo bien claro en la mente. Es un país en donde la constitución establece una cantidad de derechos inalienables que sirven para organizar la vida de los ciudadanos.  Es en base a esos derechos que el progreso y la construcción del país es posible. Entre esos derechos está la libertad de expresión. Sin ella, no es posible una democracia. Hay un sector de la población, que no es pequeño, que quiere protestar, hay que respetar ese derecho. Hay que hacerlo si es que uno se quiere llamar a sí mismo un demócrata.