miércoles, 19 de febrero de 2014

Sobre crear pensamiento crítico

Debo reconocer que cuando estudié historia en el colegio no me estaba preparando para vivirla. Uno abría los libros y escuchaba las clases,  intentaba poner en contexto fechas, acontecimientos, y las biografías de personajes que se nos hacían tan distantes. En realidad poco nos enseñaron a atar este pasado con el presente y creo que allí estuvo la mayor falla. No entendimos bien que  la historia no es algo muerto, meramente simbólico y sin conexión con el contexto actual. Tampoco entendimos que la historia la hacemos todos, no sólo un prócer, un general, un rebelde, un temerario, alguien distante, sino que como ciudadanos, como testigos, influimos mucho más de lo que pensamos.

Lo que he visto estos días es que dentro de este contexto de protesta ha salido a relucir lo poco preparados que estamos para vivir estos momentos como algo histórico. No digo que todos tengamos que ser de piedra y que no nos desmoronemos. ¿Cómo no hacerlo? Vivimos en uno de los países más corruptos y violentos del globo, es lógico sentir temor y desconfianza. Al final del día, de esos sentimientos también salen cosas positivas, pero a veces uno ve que cualquier argumento vacío hace tambalear la convicción de muchos. Es más, cuando uno ve cómo se alzan voces críticas sin ningún fundamento, cuando hay poco espacio de reflexión, cuando los análisis van vacíos y superficiales uno se preocupa.

¿Cuál es realmente el problema? Responder con la educación no sería tocar nada nuevo. Eso lo sabemos. Sin embargo aquí el problema va mucho más allá de construir más escuelas y subirle el sueldo a los profesores. Tenemos que hacer una reflexión no sólo sobre la calidad de la educación que estamos dando, sino la que recibimos. ¿Qué nos pasa como sociedad?

Creo que tenemos que hacer una reflexión sobre la escuela del futuro. ¿Qué tenemos que enseñarle a las generaciones tras de nosotros? Primero desde nuestro ejemplo. Nosotros estamos haciendo el país. Hoy en día también se hace en redes sociales, la tecnología no se puede ignorar, ni se puede tomar a la ligera. Todo esto influye. En la calle, en el trabajo, en nuestra vida diaria, ¿qué tipo de país estamos haciendo?¿Qué historia estamos construyendo? ¿Qué clase de persona somos?

Luego desde los análisis que vamos a ofrecer del pasado. ¿Qué sabemos de nuestro país? ¿Cómo lo hemos digerido? ¿Cómo se lo vamos a presentar? Creo que padres, maestros, promotores de lectura y cultura, tenemos que ir pensando desde ya qué le vamos a enseñar a nuestros hijos y alumnos. No es nada más conceptos abstractos ni normas de conducta, tampoco son fechas, ni memorizar el orden y desarrollo de acontecimientos, tampoco es lanzar libros al aire como si por sí solos lograran una misión secreta. Creo que tenemos que revisar la calidad de los textos y la forma cómo se analizan. Creo que llegó la hora de aceptar que para que podamos digerir lo que nos pasa tenemos que aprender a pensar. He ahí el problema: en el desarrollo del pensamiento crítico.

Frente a los momentos que vivimos creo que debemos tomar una pausa para pensar. No es cosa fácil a lo que nos enfrentamos y a hace falta digerir. Hace falta reflexionar. ¿Cómo? y ¿Cuándo? Construyo mis opiniones. ¿En qué las baso? ¿Creo que lo primero que pienso o lo primero que escucho? ¿Hablo en base a lo que espero? ¿En base a lo que temo? ¿En base a lo que temo? ¿O pretendo justificar mis acciones? Sobre todo, ¿cuáles son mis convicciones? No mis simpatías, ni electorales, ni la empatía que puedo sentir con alguien porque es carismático o dijo lo que yo quería oír. Si voy a una marcha, realmente ¿por qué voy?

Yo tengo claras muchas de mis respuestas. Algunas no tanto, por lo reciente de los acontecimientos y por lo incierta de la situación. Sin embargo creo que las más importantes las tengo resueltas y eso me da una gran tranquilidad y confianza, no quiere decir eso que sepa qué va a pasar, pero al menos sí dónde caigo en todo esto. Sin embargo me temo que gente que me rodea no, y que a veces, las teorías más absurdas cogen un vuelo que más bien me desanima.

Me doy cuenta una vez más que nos falló la educación. La verdadera educación. La que hace al ciudadano crítico, pero no “criticón” que de cualquier árbol caído quiere hacer leña, me refiero a aquel que opina luego de pensar, que analiza y saca conclusiones y que en estas uno siempre ve unos principios claros.  En muchas cosas somos una sociedad madura, tal vez demasiado, pero en otras, estamos grave, mal, y esa puede ser nuestra perdición y ni lo sabemos.


Nos toca reflexionar sobre eso. Hablamos tanto sobre lo que queremos dejarle a nuestros hijos, sobre defenderlos y darles un país mejor. Por aquí empieza, sobre todo para estar conscientes que no sólo es dejarles un país mejor, es que si se lo conseguimos que no se lo vuelvan a quitar.