jueves, 3 de abril de 2014

Se busca un futuro

Desde hace varias semanas no puedo dormir bien. Doy vueltas en la cama. Despierto de madrugada. No puedo dejar de ver las redes sociales. Esperando. Buscando. El suceso. La peor noticia. Ya de mañana me cuesta mucho abrir los ojos y no puedo evitar sentir una opresión en el pecho. Me pongo a repasar mi día y a veces siento que estoy frente a un cuarto muy desordenado, que tengo que arreglarlo y no sé por dónde empezar. Vivir en Venezuela estos días es algo muy revuelto, requiere de una entereza mental muy grande. 

Reviso lo que soy, lo que quiero hacer, mis metas y me siento un ser inútil. La mayoría de mis actividades han sido canceladas. Trato de organizarlas de nuevo, la gente no está de ánimos, o el paso está trancado por una guarimba, o te dicen que ir para esos lados es demasiado peligroso. A eso hay que sumarle que de por sí lo que yo puedo ganar como promotora de lectura es bastante poco. En estos momentos de mi vida no necesito el dinero para vivir. Sin embargo no puedo evitar sentirme como un parásito de mi esposo, quien a su vez se preocupa porque los gastos cada vez son más altos. De todas formas, frente a las penurias que uno ve pasar a tanta gente en un país como este, uno no puede evitar sentir que no tiene ni permiso para quejarse.

Uno ve la preocupación y la angustia en la cara de la gente, que no sólo tiene que hacer horas interminables de cola, sino que además tiene que preocuparse por cómo va a pagar las cosas una vez que las consiga. No sólo alimentos, son medicinas, útiles escolares, el transporte. Cada vez el cerco que nos imponen se hace más cerrado y se hace muy difícil soñar. Yo quiero ciertas cosas para mi familia y para mí, sueños que tengo, que quiero conseguir yo, que no quiero que me de un hombre, ni un papá, ni un primo, quiero conseguirlas yo. Por mí misma. La realidad me dice que es imposible. 

Aquella línea de juguetes educativos que quería importar. Imposible. Aquel concurso de deletreo. Imposible. Aquella editorial. Imposible. La librería. Imposible. El centro cultural. Imposible. Hasta el círculo de lectura que iba a comenzar del otro lado de la ciudad se ha vuelto una especie de tarea titánica. Sé que son horas de otra lucha, pero si no seguimos adelante nuestras vidas, ¿cómo nos levantamos por la mañana? Tiene que haber algo más allá de estar en la calle protestando. Porque también nos vamos gastando. Se nos va la vida. Se nos diluyen las aspiraciones y los sueños. Yo no tengo 25 y no voy a tener 35 para siempre. Estos son los años más productivos de mi vida, o yo vivo y trabajo y lucho también por mí, o no voy a ser nadie.

Me siento inútil. Paso horas frente a esta computadora intentando darle un orden y un propósito a mi vida. Me pregunto, ¿qué va a quedar de esta situación?¿cómo va a ser la vida con un régimen que ya nos está mostrando muy claro cómo quiere a sus ciudadanos? Nos quiere sometidos a leyes incumplibles, a la censura de los medios, a horas de cola para comprar comida, a la corrupción, a la violencia. Nos quiere callados, sumisos, tristes. Nos quiere sin aspiraciones, sin cultura, nos quiere escuchando una única verdad y una sola línea de pensamiento. Es un gobierno que no quiere funcionar en servicio de nuestra calidad de vida, sino en aras a permanecer en el poder, a cómo de lugar.

Me siento mínima. ¿Qué puede significar mi vida en un país así? ¿Qué puede significar la de mis hijos? ¿Cómo puedo construir país? ¿Hacer una diferencia? ¿Qué hay de todas las cosas que sueño? Promover lectura, escribir libros, hacer actividades relacionadas con la educación. ¿Cómo las voy a lograr? Digo para que sean productivas, no sólo para pasearme por ahí como si fuera una especie de alma en pena llena de hojas. ¿Qué empresas me van a patrocinar? ¿Qué sistema va a acoger a algún maestro que quiera mejorar y expandir la biblioteca de su escuela? ¿Con qué recursos lo van a lograr? ¿Qué padre podrá comprar los libros que yo recomiendo? ¿Qué lector va a comprar mis libros? ¿Le va a importar una historia de amor cuando no hay ni leche, ni aceite, ni aspirina, ni suero, ni quimioterapia? ¿Cómo voy a difundir mi proyecto? ¿Dónde? ¿Siendo tonta útil y material de relleno para los canales supuestamente neutrales? ¿De qué sirve mi voz? 

Sé que en estos entornos lo más importante es la fuerza. Sé que nuestro lema es el que se cansa pierde. Sin embargo hay días que no puedo evitar estar cansada. No puedo evitar arrastrar la capa,  mirar dentro de mí y sentir que algo me ha sobrepasado. Me siento sola, aislada del mundo, como si esto fuera un lugar demasiado complejo para mí. No caben mis valores, ni mis principios, ni los de las personas que me rodean. Porque mucho de lo que tengo alrededor sigue siendo un culto al dinero, a la imagen, a la comodidad, mientras el país se nos cae a pedazos. Porque mientras muchos nos preguntamos cómo hacer el país mejor, una gran parte sigue metida en un mundo egoísta, en el que sólo existen ellos. Porque uno sabe que hay partes de este movimiento que son turbias, intereses ocultos que quedan expuestos, porque ya nos hemos acostumbrado tanto a la falta de ética y principios que algunos ya ni lo esconden.


Me siento sola e impotente y que lo único que avanza es la maldad. No sé cómo hacer, ni cómo salir de este atolladero, y siento que en algún lugar está mi futuro pero no sé ni cómo comenzar a buscarlo.  

3 comentarios:

Don Tiburcio dijo...

En todo lugar siempre hay dos países; el de todos y el de uno. Aquí el de todos ha visto épocas mejores pero eso no implica necesariamente que el de uno tenga que estar así de mal. Puede que en el de todos la lucha sea difícil pero en el de uno las cosas son diferentes, las reglas son distintas: pueden (y deben) ser nuestras propias leyes.

Dicen que en Moscú la gente camina con la cabeza gacha, a lo mejor ya no saben distinguir los dos países, a lo mejor nunca supieron hacerlo.


Así que lo primero que hacer es no perder es no perder el sentido de las diferencias. Y ejercicios para el cuello...

Don Tiburcio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Manuela Zarate dijo...

Interesante Don Tiburcio. Gracias, me gustó mucho tu comentario, voy a reflexionar sobre ello.