viernes, 23 de mayo de 2014

Reflexiones de una mañana



Suele suceder con las frases más trilladas, las que se vuelven parte del imaginario popular, refranes y hasta textos de autoayuda que uno les pasa por encima y las desprecia. A veces, uno, desde su pedestal de lectura se olvida que en las palabras más sencillas también hay lecciones profundas. Lo digo porque esta mañana una vez más, entre el primer café y el caos que siempre supone sacar niños para el colegio, mientras trataba de planificar el día y mantener a raya el malhumor pensé que algún día veré estos momentos con otros ojos.

Me puse a pensar en que todos escogemos en cierta medida nuestro infierno. Me puse a pensar en mi rol. El que asumo, el que quiero llenar, el que me he propuesto, el que la sociedad busca con todas sus garras imponerme. Yo lo he dicho antes, me parece un fiasco la liberación femenina. Creo, sobre todo en esta sociedades latinoamericanas, que es una gran estafa que nos han vendido a fin de meternos en una jaula más grande. Como mujer a veces me cuesta mucho ubicar mi lugar y el equilibrio entre lo que sueño y lo que me toca ser.

No es sencillo lo que nos ha tocado. A veces pareciera que el mundo nos queda grande, otra que es demasiado pequeño para lo que queremos. Llegan días en los que uno lo que quiere es desdoblarse. Hay tantas cosas por hacer. Hay tantas exigencias. La casa perfecta. Los hijos, con toda una lista de tareas, de momentos, de espacios, de actitudes, cada expresión cuenta, cada palabra, cada movimiento que hacemos juntos. Te das cuenta que el cordón umbilical es de acero e infinito. Está ligado siempre. Todo lo que hacemos cuenta en el futuro de nuestros hijos. Incluso el tiempo que no estamos con ellos. La independencia, el ejemplo, son parte clave de la formación. Está la carrera. Las metas. Los sueños. Los hobbies. El placer. Ese documental que está tan polvoriento, esperando que la curiosidad y la pasión finalmente venzan la rutina. 

Pienso en la cantidad de información que nos llega a diario. Artículos. Libros. Páginas especializadas que nos dicen cómo vivir, qué hacer. Otras que intentan darle orden y en algún lugar están las historias de ficción la literatura, que trata de tomar la vida y plasmar lo que está en el alma de alguien que escribe, lo que observa, lo que quiere lanzar al mundo porque siente que tiene que decir algo. Puede ser mi caso. Mi manera de ver todo esto. Me pregunto si mi primera novela lo ha logrado, aunque es en realidad la segunda. Me doy cuenta que he dejado una infinidad de temas sin tocar, a medias y que hay una cantidad de búsquedas y preocupaciones latentes. Como la memoria, el tiempo y este papel tan difuso de la mujer. Esto de ser descendiente de Eva pero a la vez sentir las ganas de latirle en la cueva a Adán. De querer borrar el mito de la inferioridad, la culpa y la deuda y cambiarlo por el de la complicidad, la sociedad, que no la igualdad, pero si la equidad. El balance. El equilibrio. El punto de encuentro en lo humano.


No son tiempos sencillos en ningún aspecto. Pienso en esos refranes y dichos, algunos como, la vida es una sola. Es tan obvio que casi resulta un insulto, salvo que uno esté dejando cosas por vivir para las reencarnaciones, si es que cree en eso, la vida se transita una sola vez. Ya no regresas a la infancia, por más que te conectes con esa parte de ti mismo y que no renuncies a parte de tu inocencia y a la sencillez de la vida. Ya no vuelves a la adolescencia, por más que seas rebelde y arriesgado. Ya no tienes veinticinco, y treinta y cinco es una edad que tiene su fecha de caducidad y no volverá. Entonces pienso en que hay un rol que asumir y no sé bien cómo definirlo, pero tiene que ver con darse una pausa y respirar y disfrutar todo lo que es. El aquí. El ahora. El hoy. Porque este día no vuelve. El cielo está más azul que nunca, y en vez de seguir corriendo me voy a dar una hora para hacer algo que amo y reconectarme con esa parte de mi ser que me permite dar lo mejor de mí misma. En todo. Incluso en aquellas cosas que todavía no entiendo bien, pero mi corazón me dice que tengo que hacer.  

3 comentarios:

Station dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Station dijo...

Excelente alcance, Manuela. Intento vivir y disfrutar casa momento y casa Paisa o silencio en mi diario vivir. Saludos, que tengas un lindo día.

Manuela Zarate dijo...

Saludos Station! Igual. :D