jueves, 19 de junio de 2014

Día 17: Una canción que te guste bailar



Hay un dicho: trabaja como si no necesitaras el dinero, ama como si nunca te hubieran herido y baila como si nadie te estuviera viendo. Creo que de esos cumplo solo uno, el último. Yo bailo fatal, pero creo que lo hago como si fuera una de las coristas de Jennifer Lopez. Me encanta bailar. Además me gusta bailar todo tipo de música. Confieso que no me gusta bailar una canción de los Rolling Stones como si fueran regeattón. Sé que conocen este tipo de personaje. Cierto, no debería ser este el post en el que juzgo a otro por cómo baila. Menos yo, Doña Dos Pies Izquierdos, pero lo aclaro porque ese es el único estilo que no me gusta, prefiero el más relajado, el que es como Elaine Benes en Seinfeld. 

Sinceramente creo que no hay mejor sensación para el alma que bailar una canción que uno canta y que uno siente. La música se vive de distintas formas. Sin embargo cuando yo bailo una canción que me gusta siento que me invade la alegría y que estoy disfrutando de la vida. Así sea de esas canciones que me pueden costar mi relación con el Educador Musical. Lo cierto es que la música da para todo. 

Ahora esta canción para mí es muy especial. No sólo porque tiene dueño, sino por algo muy particular. Yo crecí al lado del lugar donde Oscar D´León y su orquesta tenían sus oficinas. Allí ensayaban constantemente. A veces iba y los escuchaba a plena tarde. No me gustaba la salsa. No voy a decir que bailaba en el patio escuchando esta música porque no era verdad, para mí era un sonido más de la ciudad. La música que viene de la casa del vecino. No sé si alguien se quejó alguna vez, porque en este mundo hay para todo, pero sé que de mi casa nunca fue. Jamás hicieron escándalo de noche. Sólo era por las tarde. 

Nunca lo vi. Nunca hablé con él. Sólo escuchaba y de vez en cuando veía salir los camiones de un portón azul, imagino que saldrían de gira o irían a algún evento. 

En cierta forma siento que hay algo muy íntimo que me une a Oscar D´León. Lo considero un gran músico, un hombre trabajador y sencillo que me regaló el privilegio de esa música que en su momento no supe valorar por la edad. Hoy en día es un recuerdo muy preciado, y siempre que vuelvo a él regreso a mi infancia. 

Eso sin mencionar, que cuando el dice con toda su alma, llorarás y llorarás, ¡Te lo juro que sí! Yo lo acompaño con el alma. 

No soy muy buena, pero cómo me gusta bailar salsa, y cuando lo hago, lo hago como si no me estuvieran viendo. Es la mejor sensación del mundo.