martes, 10 de junio de 2014

Día 9: Una canción que te calme.


Esta canción apareció el primer verano del Educación Musical. Apareció hace unos cuatro años, yo me iba a pasar el verano fuera y como nos íbamos a ver hablamos de mis planes. Yo le dije, quiero escribir algo sobre música. Me miró, pensó un rato, después me dijo, no sabes lo suficiente como para escribir algo sobre música. Entonces le dije que podía aprender. Me pidió el iPod y un par de días más tarde me lo devolvió, luego de haberlo pegado a su librería. Había bajado lo que él consideraba, esencial. Me puso tarea. Tienes que escuchar Echo & The Bunnymen. Tienes que escuchar Love & Rockets. La lista fue más extensa y estoy segura que cuando lea esto me va a regañar por no haber puesto la lista completa de cosas que me mandó a escuchar. The Beatles. Dire Straits. Simple Minds. The Cure. Cuatro canciones de David Gray. Depeche Mode. James. Algunas canciones de Guns N´Roses. Soda Stereo. Todo Cerati. Calamaro, no Educador, yo a ese pendejo no lo voy a escuchar, discusión épica.

A lo mejor se ofende, pero ese verano consulté a otros intensos musicales. Un amigo, que siempre me lee que es muy musical, una amiga que es una loca fanática de U2 y se sabe todas las historias que están detrás de las canciones.

Lo que me gustó de la lista y la tarea del Educador Musical, y lo que ha permitido esta relación de respeto e intercambio artístico funcione es que incluía de todo. Entre esas bandas estaba Travis. Yo no sé todavía si Travis sea el tipo de banda que tienes que conocer porque sí. Tal vez para muchos sea una bandita olvidable. Todo depende de la intensidad con que cada quien se tome la música. El caso es que el Educador ese año me puso varios discos de Travis entre los que están The Boy With No Name y The Man Who. En ese primer disco hay una canción que se llama Big Chair.

Ese verano escuchaba esa canción cuando salía a pasear de noche. Al final, como casi todo lo que escribo la novela que escribí ese año, y que no voy a publicar por ahora, terminó apoyándose en música. Big Chair no tenía nada que ver con el trabajo, así que empecé a usarla para bajarme la presión de las cosas que escribía. Era una historia muy fuerte, de fantasía, basada en una maldición que le echan a una mujer que lucha por vivir a cuestas con su maldición. Después me puse a imaginar que en esa tierra imaginaria, que siempre había sido hermosa, se venía una ola de corrupción y odio y el país se perdía. Es decir, Venezuela, pero con caballeros y brujas. Esa historia está debajo de mi escritorio. Bajo mis pies mientras escribo. 300 páginas en word tal vez algún día vuelva a ellas.

Esas tardes escuchaba Big Chair y pensaba en otra historia. En la historia de los amantes que se sentaban en la silla grande de Travis. Me la imagino como un sillón marrón de cuadritos. Con unos apoyabrazos gruesos. Unos cojines muy suaves, de esos que se van rodando mientras uno más se mueve. Imagino que están los dos ahí. Sentados, los hombros tocándose. Primero hablando con un televisor que no están viendo, sólo está como de fondo. Se agarran las manos y de pronto uno de los dos hace una confidencia y de esa complicidad de abre una puerta. Es de las primeras veces, cuando todo comienza. Él tiene el pelo oscuro y unos converse marrones. Ella tiene una camisa blanca y un blue jean. Se quieren confesar lo que sienten, pero no pueden. Entonces se besan. En la silla grande.


Esta canción me calma. Me hace soñar. Gracias Educador Musical.