lunes, 14 de julio de 2014

En un juego la vida



Mi afición por el equipo de fútbol argentino empezó en la cocina de mi casa en el final del Mundial de México 86. Yo tenía apenas siete años, mis papás habían salido, mis hermanas también, me había quedado sola con una niñera. Veía el partido en un televisor que estaba encima de la nevera en la cocina. No me interesaba el fútbol. Argentina ganó y no puedo decir que fue la emoción más grande de mi vida, simplemente me cautivó aquella selección. Vi calladamente esa celebración que se terminó cuando la transmisión culminó y volví a las muñecas, a la soledad de mi casa en un domingo sin adultos, a otra cosa. Hasta cuatro años luego, cuando desde el comienzo mi equipo fue Argentina. Y así desde entonces. Siempre sentí que la selección llevaba algo de mí. Tal vez no tiene nada que ver con un deporte sólo sigo en mundiales, sino con una especie de camaradería. Una compañía en una tarde solitaria de domingo.

Cuando finaliza el partido, como ya es costumbre enfocan a ganadores y perdedores. No deja de afectarme ese contraste entre la victoria y la derrota y las formas de asumirlo, tanto de los fanáticos como de los jugadores. Del ganador esperamos la algarabía, nada especial, con el perdedor, somos implacables. No nos gusta. No nos gusta ver la frustración, ni los sentimientos negativos, hay que reflejar humildad, en tal caso tristeza, de resto nos parece de mal gusto e injusto. Un jugador, para ser un héroe, tiene que tener destreza para ganar y coraje para perder.

Entonces pienso en el partido, en el mundial, en el fútbol, lo que significa, lo que mueve. ¿Qué pasa hoy? ¿Cómo amanece el mundo? ¿Qué cambia un mundial?

Para un país, ¿qué cambia de ganar un juego? Sobre todo cuando se ha tratado de ligar tanto el deporte a la política. Tal vez los expertos me contradigan, no sé si un deporte afianza un presidente o cambia el destino de una nación. Seguramente contribuye en algo, une a la gente y la hace más benevolente. Le permite poner la rabia contra los problemas cotidianos de lado. En general, las vidas de quienes ayer lloraron y hoy seguramente critican el partido con agudeza no cambiarán de una forma u otra. O eso parece.

Entonces, ¿qué significa el deporte? Eso de ver a los equipos luchar por una pelota, combatirse, agredirse, acercarse un gol, lanzar la pelota y rezar. Estoy segura que si Dios tuviera estadísticas a la mano podría decirnos que se registran más oraciones por segundo durante uno de estos partidos que durante cualquier crisis internacional. Allí está invertido tanto. Patrocinantes, la FIFA, las selecciones, scouts de talento que están viendo y sacando cuentas. Para muchos el mundial no es un deporte, ni una fiesta, ni un bálsamo que viene a sacarlos de la vorágine de la cotidianeidad, sino todo lo contrario. Para muchos ahí está la vida, la oportunidad o el paso en falso.

En un juego. Algo que sigue siendo misterioso. Que a veces parece voluntario, pero otras no. Que depende de la voluntad, del discernimiento y la consciencia de algunos hombres, de la fortaleza física y mental de otros y de las ganas, los deseos y las energías de millones. ¿Y al final? ¿Cómo sigue la humanidad? En el caso de los involucrados directamente no sé. Creo que algún día me gustaría conocer los intríngulis de esos organismos, que en muchas ocasiones habrán jugado con el corazón de tanta fanaticada. Tanta gente haciendo dinero a costa de una especie de religión, de las emociones que se tejen en evento en el que deposita esperanza, sin saber mucho qué espera además del resultado a favor. ¿Y el resto?

Nosotros seguimos con nuestras vidas. Para muchos habrá nacido un héroe, o tal vez alguien que admirábamos nos desilusionó. Quizás la mayoría no saque nada  de esto y sea una experiencia más. Una tarde más en la que pasó algo distinto. Muchos se levantarán hoy a juzgar y a endiosar al que crean conveniente, y allí la presión y el peso de quienes salieron a darlo todo, ese el riesgo y ellos lo saben.

No sé cuántas fanaticadas nacieron ayer, cuántas personas creyeron alcanzar algo o tocaron la gloria. No sé qué sentirán los argentinos y los alemanes, mi país  no ha estado en un mundial.  Sólo sé que dentro de todo esto hay una gran lección para el ser humano, sobre creer y esperar, pero sobre todo sobre la relación entre la voluntad y el azar, sobre la humildad al ganar y la inteligencia al perder.


Hay algo más profundo en el fútbol, algo bajo el campo que muchas veces la adrenalina no nos deja ver, y es línea tan delgada en la que parece que todo es sólo un juego, pero a la vez no. Algo que apariencia no es nada, pero en lo que llevamos la vida. Nos recuerda que es en una tarde, de pronto, cuando sucede la vida, con acontecimientos que pensábamos que no tenían que ver con nosotros, pero que nos hacen quienes somos. Nos inspiran o nos quiebran. Se hace un fanático o se forja una convicción, un ejemplo, o una desilusión que crea un abyecto. Así es el fútbol. Así es la vida. Alguien alza la copa luego de un un partido que se llevó y que trajo todo, incluso para el que le pasó por encima y pensó: esto es sólo un juego.

2 comentarios:

seba dijo...

que genial, cuantas preguntas.. la seleccion del 86 tenia a maradona, que puede ser cuestionado por muchas cosas pero no como futbolista y estrella del deporte. ademas tenia algo asi como de epopeya sus actuaciones, golpeado, lastimado, infiltrado, jugaba igual y ganaba. italia 90 otra genialidad aunque el futbol de arg no fue tan bueno pero se llego a la final.
esta seleccion tiene a messi que genera algo similar pero sin la espectacularidad del otro, amado por los que gustan de estrellas bajo perfil, yo siempre preferi estrellas explosivas por mas que esten a punto de consumirse en su propia combustion, incorporando una epica humana a toda su actuacion. un ser humano, llorando, riendo, festejando, sufriendo, fallando como persona, no un robot.
para un fanatico del futbol no se que sera, los veo sufrir y odiar salir segundo, finalistas pero no alcanza. para mi que sigo solo a la seleccion un buen momento para disfrutar con amigos y familia. toda la paja nacionalista no me va, ni me interesa. no creo que la politica se beneficie en nada con los resultados. para mi la politica solo se reduce a la economia, cualquier proyecto existe mientras haya plata, nada existe si no la hay. algunos duran un poco mas por la represion.
por ultimo, conozco un finalista del mundial 90, q sintio? dificultad para dormir el sabado, el mundo se detuvo el domingo y todo fue una experiencia sobrenatural. la expectativa, la ilusion, perder la final, la vuelta luego y llegar a bsas encontrando miles de personas vitoreandolos, alegria, la mayor experiencia profesional de su vida. magia

Manuela Zarate dijo...

Qué maravillaaaaaa!!! Me encanta. Me deberías dejar publicar esa respuesta, me encantaría que la gente que critica a Argentina saliera a pasear por sus calles y piense si estamos en condiciones de criticar otro país. No me jodas!!!! Gracias por ese cuento! Lo amé!