viernes, 11 de julio de 2014

Soñando con Itaca

Estos días han sido para reflexionar. Así que hoy voy a dejar en este post un poema. Itaca de Kavafis. He estado tan preocupada por llegar a Itaca, que me he olvidado del viaje, y la importancia que tiene. Hay mil Itacas. Yo tengo mil Itacas, pero por alguna razón, no termino de embarcarme en el viaje. Es como que quedo viendo de lejos ese lugar soñado, pensando que nunca podré entrar.

Eso va a cambiar. A eso me dedico estos días. Estos procesos no son fáciles, lo que no quiere decir que no sean imposibles. Lo que hace falta es convicción, paciencia y trabajo. Y con eso en mente manos a la obra.

Eso sin dejar de lado, que hoy en día además de escritora soy mamá y que ese es un trabajo que si no lo hago bien no sale todo lo demás. Lo que quiere decir, que la paciencia, la convicción y el trabajo vienen con el doble de la carga.

Y si lo unes a todo la frustración de vivir en un país roto, ni hablar.

Pero basta de quejarse por la circunstancias. Creo que el hecho de estar aquí presenta un deber y una oportunidad. Y en eso ando pensando en lo que voy a hacer, y cómo voy a dar mis próximos pasos.

Además estoy haciendo algo que rara vez hago. Pedir ayuda y deslustrarme de las sombras.

Todos los días un esfuerzo por vivir acorde al consejo de Píndaro: "Llega a ser ser quien eres".

Con ÍTACA en los sueños, en las metas, me embarcaré en mi viaje.

ITACA

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

1 comentario:

Carlota Bellés dijo...

No hay botoncito de "e gusta mucho"...