miércoles, 16 de julio de 2014

Un país frente a la cara de Messi

No sigo el fútbol. Me importa un comino el Barca, el Real Madrid y el Boca Juniors. No sé quiénes están en segunda división, ni en tercera, ni que carajos va a hacer Blatter a partir de hoy. De la biografía de Messi sé lo poco que queda explayado por los medios de comunicación, desde Cancha Llena de La Nación hasta la revista Hola! Sé que luchó contra la adversidad, que su tamaño fue su gran obstáculo y más adelante su arma secreta. Que muchas veces tuvo que escuchar que jamás lograría ser un futbolista profesional, y que luego Argentina y España se lo pelearon para sus selecciones y él decidió quedarse con Argentina, dejando pasar la cantidad de ventajas que le ofrecía el país Europeo, incluso sabiendo que en aquella oportunidad tenía más chance de ganar con esa selección y que el ambiente para él era más amigable. Él hizo lo que creyó correcto, no lo que le convenía. 

Yo me imagino que la vida del deportista debe ser tremendamente compleja. Claro, que a veces me parece que la gran cantidad de dinero que ganan y mueven y es algo que tiene que cambiar en un mundo que tiene un continente como África, pero eso es otro post. El caso es que la presión de esa gente es algo que uno desde su computador no entiende. Son personas que han librado luchas titánicas, y que salen allí a llevar la bandera de sus países, pero también la responsabilidad que sienten desde todo punto de vista, desde el económico, hasta el histórico. 

En el caso particular de Messi creo que es aún más fuerte, y aunque lo admiro, no me gustaría estar en sus zapatos. Perdió. Y no debe ser fácil. No es sólo un tema de perder un partido, mirar adelante y darle las gracias a la vida. No todo en este mundo es Zen y Paulo Coelho. En esos momentos esperamos respeto al ganador, pero al perdedor nadie lo respeta, ni mucho menos el derecho que tiene a sentirse frustrado. Creo que también hay formas honrosas de expresar la frustración, y no creo que la sonrisa falsa sea una de ellas. 

En el caso particular del domingo, la Fifa y el Balón de Oro, creo que el mismo Messi sabía que ese trofeo no era para él. Lo poco que lo he escuchado hablar y sé de su vida, la cual es relativamente tranquila y bajo perfil para un jugador que ha tenido tanta exposición y éxito, es un tipo que no anda buscando ese tipo de reconocimientos y menos inmerecidos. Para él lo perdido, perdido estaba, y lo que es más, sabía que de una forma u otra lo iban a señalar. Claro que, ese es el riesgo que se corre cuando uno se lanza a la luz pública. Y él lo asumió. Es más, era parte de su sueño. 

Creo que todo este asunto de Messi abre la puerta a una gran cantidad de temas, y no es precisamente por la cara de culo que le haya puesto o no a Dilma. Creo que tiene que ver con cómo se adjudican los premios, y por qué. Qué significan. Para qué sirven. Y cómo asumimos las derrotas. Pero sobre todo, creo que ahora que pasan los días y la gente sigue destruyendo a un gran deportista, creo que también tenemos que pensar qué vemos en la derrota ajena que nos causa tanta rabia. ¿Por qué la saña? ¿Por qué la poca piedad? 

Cada quien es libre de opinar lo que quiera. El que le molestó, le indignó, le pareció bajo y poco profesional está en su derecho. Pero seguir dándole vueltas al tema y rebajar al jugador, achacarle la derrota y encima llevarlo al terreno político, es ridículo y muestra de una miopía que sirve de prueba para demostrarnos lo mal que está el mundo y lo rampante de la ignorancia que nos carcome. 

En el fondo, me importa poco la cara de Messi. Creo que la lección de vida no está en su cara, sino en cómo el mundo la asume. No creo que ganemos nada de una sonrisa falsa de su parte, pero sí perdemos mucho con la impiedad con que la gente comenta una actitud de frustración. Somos muy tolerantes con todo, menos con la derrota. Allí somos implacables. Qué fácil es ganar. Qué fácil es pisotear al que pierde. Y lo que más me impresiona es que estamos dispuestos a tragarnos sonrisas falsas, porque preferimos las formas y no el fondo. La frustración no se tolera. Pero lo que es más, sirve de plataforma para juzgar a todo un país. 

La gente que se dedicó a hablar pestes de Brasil por las bombas lacrimógenas no se ha puesto pensar cuántos productos brasileños compra. Es decir, que vitupera por Facebook pero sigue contribuyendo para que se hagan negocios millonarios. Me pregunto, ¿de qué sirven los comentarios dañinos en contra de Brasil? Para dañar más el mundo, pero para que Dilma Ruseff entienda algo, o cambie de posición, no.

Y así ha pasado con Argentina. Generalizando. Juzgando. Desviando el foco de lo realmente importante. Y lo que es más, hablando del ejemplo que deben dar los jugadores, sin pensar en el ejemplo que debemos dar nosotros. Me da dolor cómo somos capaces los venezolanos de criticar a mansalva un país, sin pararnos a pensar en cómo está el nuestro. Cayéndose a pedazos. Y no, no sirve lavarse las manos y culpar la plaga de Chávez. Un país es su gente y todos somos responsables, todos tenemos algo que responderle a la historia, aunque en los libros no quede registrado nuestro nombre. 

Lio Messi se levantará mañana y seguirá jugando. Y quién sabe si en cuatro años logra lo que se le escapó el domingo. Estoy segura de algo, lo va a intentar. Mientras lo destruimos, aquí nos derrotan todos los días y no hacemos nada. Y me pregunto ¿es que el fútbol se pueda comparar a las batallas en las que uno se juega la vida? Tal vez en el deporte como tal no, pero en cómo se asume a través de los valores, sí. 




2 comentarios:

Elvia dijo...

Hola Manuela, te sigo desde Sucre, Bolivia, es la primera vez que te escribo, me gusta mucho leerte, me identifico con muchos de tus posts, talvez por que tenemos edades y familias similares. Quería decirte que admiro tu valentía en denunciar las injusticias que vive el pueblo venezolano. Sigue adelante.

Manuela Zarate dijo...

Gracias Elvia por tus palabras. Me alegro te guste el blog. Sí bueno, a veces me lo pienso dos veces, pero no imagino vivir sin decir o escribir lo que pienso. No creas me costó mucho tocar ese tema en el blog. Pero aquí estamos. Nos seguimos leyendo en la blogosfera.