jueves, 9 de octubre de 2014

Sobre lo que era el Miss Venezuela



Bárbara Palacios cuando ganó en 1986. Y sigue siendo una de las mujeres más bellas del mundo. No sólo por su físico, sino por su inteligencia y su ética de trabajo.

Cuando estaba chiquita una de las cosas que más me gustaba hacer en familia era ver certámenes de belleza. Vengo de una familia de muchas mujeres, por lo que era uno de esos momentos de despliegue total de hormonas.  En esa época los concursos eran larguísimos, y los veíamos completos, cada quien con sus favoritas, sus pronósticos, era de esos momentos de aquejare femenino que uno valora para siempre. Por supuesto yo jugué a ser Miss Universo, poniéndome los zarcillos de mi mamá en la cabeza y un cinturón como banda, hasta los nueve años más o menos. En un momento pensé que “y la paz mundial” era algo que en serio se iban a lanzar a buscar estas mujeres. Para mí era un tema de elección de amazonas, no de muñecas. Fue después que entendí que  el anuncio de shampoo y de carteras quitaba demasiado tiempo, más las tres horas diarias de gimnasio. Y como crecí en los ochenta, cuando nadie te veía con desconfianza si tenías tetas naturales y comías carbohidratos, pensé que realmente el tiempo se invertía en otra cosa. Claro, que con el tiempo me he dado cuenta que muchas de estas mujeres también tenían grandes planes. Digan lo que digan Irene Sáez hizo un trabajo excelente. Ha podido quedarse vendiendo pinturas de uña, y demostró una cosa que muchos pasaron con alto. No hacía falta demasiado para que se notaran un gran diferencia, algo de voluntad y de trabajo, de empeño en hacer las cosas bien. Yo se lo agradezco, y la admiro. Y las demás de esa generación no se han quedado atrás. 

Una de las cosas que me hacía amar los certámenes de belleza era el hecho de que nos destacábamos. Siempre me han gustado las olimpíadas y el mundial. Es emocionante tener un competidor al que aúpas, sintiendo que aunque no te conoce comparte un poco de tu historia. Tal vez en algún momento de la vida, cuando pensabas que todo iba a salir mal, cuando te levantaste y no reconociste tus sueños, o pensaste que no lo ibas a lograr te dijiste, “Roger Federer no hubiese pensado de esta forma”, y seguiste adelante.  Era una emoción grande. Un orgullo. ¡Ganamos! Lo importante no sólo es competir, ganar también tiene su encanto y su dosis de importancia. Aspirar. Surgir. Y ver a una compatriota con una sonrisa, y la emoción de los presentadores, de mis hermanas, de mi mamá. Sé que era tonto y frívolo, pero de frivolidades también vive el hombre.

Yo admiraba la belleza de las misses de entonces. Su forma de caminar. De maquillarse. De pararse. De llevar aquellos vestidos que uno decía “eso es un vestido de Miss”. Recuerdo aquel vestido azul de Guy Meliet con el que ganó Bárbara Palacios. Caracas era una referencia de moda y ese era el red carpet de entonces. El glamour salía también de aquí.  Los certámenes eran mucho más que belleza exterior y fantasía cara. Lo femenino es algo etéreo, profundo, complejo,  y el Miss Venezuela entendió eso durante mucho tiempo, y por eso ganábamos los concursos internacionales. Había algo en la mujer venezolana que las misses proyectaban, un equilibrio entre  humildad y seguridad en sí mismas. De serenidad en su porte y su belleza que nos hizo destacar a nivel mundial.

Luego el Miss Venezuela se convirtió en una industria. En principio no tiene nada malo, el problema estuvo en los principios de la industria, que más que aportar algo real a la vida de las misses y proyectar una imagen positiva a la mujer venezolana se convirtió en el juego  de un ególatra. Hace un par de años comencé a ver el certamen y tuve que apagarlo a la mitad. Quienes recordamos el Miss Chocozuela podemos afirmar que el certamen oficial ahora parece lo que antaño era su burla. Y las pobres misses, la forma de hablar, de expresarse, el lenguaje corporal, los bailes, los trajes, el maquillaje y los animadores, uno se pregunta ¿esta gente ha visto revistas internacionales? Es entonces una muestra del aislamiento, de como todo se va volviendo mediocre, de bajo nivel, de mala calidad. 

El problema no es el bajo presupuesto. Es más bien cosa de que ahora proyecta las bajas aspiraciones que tiene el venezolano. En cuanto a la miss, ya no se trata de proyectar belleza, sino de que se le vean las tetas y el culo lo más posible. Ya no pareciera que quisieran ser modelos internacionales, ni superarse en la vida, sino más bien ser la musa de algún cantante de regeattón y animadoras de un programa de televisión para el cual no hace falta saber hablar, mucho menos pensar. Y si dicen alguna barbaridad, la gente se molesta con quienes nos preguntamos si será que se puede ayudar a crear una imagen de la mujer en que la belleza no tenga que estar divorciada de la inteligencia. Y te lo dicen, "es que tú no entiendes que es un concurso de belleza, no es Saber y Ganar, ni Quién quiere ser millonario". La culpa es de uno, que quiere ver a una mujer que sepa responder, al menos coherentemente una pregunta como "¿qué música te gusta?" –Lo juro, eso fue una pregunta hace dos años. La respuesta fue: “ante que todo buenas noches…bueno yo escucho de todo.” Y claro luego “y yo soy yo donde sea que me pongan.” 

Siempre que toco este tema alguien sale a decir que uno se toma las cosas demasiado a pecho. Tal vez lo hago por nostalgia y por ganas de ver a la mujer en un rol distinto. No soy de las que piensa que unas piernas bonitas tienen que significar un cerebro de chorlito. Creo que hay infinidad de mujeres bellísimas que tienen toda la capacidad del mundo. Es más, yo creo que si se les da la oportunidad muchas de estas misses podrían demostrar un gran potencial. Seguramente algunas son emprendedoras y han tenido que sortear gran cantidad de obstáculos para desfilar trapos descritos de la manera más cursi, trillada y ridícula. Para bailar como si fueran Pía Zadora en un viaje de LSD.  Para ponerlas a contestar preguntas que de entrada las toman por brutas. Si de entrada insultas el valor y la inteligencia de alguien, ¿cómo vas a pedirle que se supere?


No se trata de un simple concurso de belleza. No es nada más un evento que debería ser secundario frente a tantos problemas. La verdad es que una muestra de la sociedad en que nos hemos convertido. De la flojera, la apatía, la mediocridad, el poco estímulo y la baja autoestima que se ha apoderado de todo. En las cosas pequeñas y frívolas hay mucho para reflexionar, y no olvidemos que esto es una fuente empleo, que mucha gente hace su vida de ello, y que en los barrios hay muchachas que ponen sus sueños en ser Miss Venezuela. Yo no creo que subestimar a la gente, al contrario, yo creo que si el sueño se hace lo mejor posible y a la gente se le enseña a soñar en grande eso se traslada a otros aspectos de la vida. Así se hace un mundo mejor, y así, aunque no parezca se va construyendo el famoso "y la paz mundial". Es triste ver que un concurso que abrió tantas puertas sea cómplice de este embargo de la cultura y el desarrollo venezolano. La cultura no sólo está en la lectura y el folklore, esto era parte de nuestra cultura y en ese certamen, como en todo hay oportunidades para el que las quiere crear. Basta ver concursos en otras partes del mundo. No es que sean el caldo de cultivo para la física nuclear, ni que no importe el tamaño del busto y el largo de las piernas, pero sí toman a la mujer de otra forma, sobre todo en cuanto al calibre intelectual. Al final no importa se si trabaja en la cura contra el cáncer, en nanotecnología o en diseño de sortijas, el caso es que el ser humano aspire a ser mejor, a dar lo máximo sí mismo, a aprender y a trascender. Es un tema de ética de trabajo, cosa que se perdió en Venezuela. Es algo que hemos olvidado los venezolanos,  que no es si te ganas la corona o no, es cómo te la ganas lo que hace la diferencia.