lunes, 20 de octubre de 2014

¿Eres del tamaño de tus tetas?



La tarea de Domingo de RMTF ayer me dejó pensando. Entre otras cosas: Importantísimo hacerse la mamografía anual a partir de los 35. Tocarse es importante, pero la mamografía lo es más. Si tienes 35 y no te las has hecho, has la cita, sobre todo si tienes antecedentes familiares. Consulta con tu médico y has la cita ¡Ya!

Vamos a empezar por decir que para una mujer las tetas son parte de su historia. No es nada más una talla, una prenda un detalle. Es tanto el material que un post de blog no da. Es un libro. Una novela. Una autobiografía. Un poemario. Un libro de ilustraciones sin palabras. Las tetas forman parte de nuestra historia desde el momento que fueron la puerta al mundo de la mujer, la definición de la sexualidad, hasta lo que hemos invertido en ellas para la maternidad, para el amor, para definir nuestra feminidad, incluso para tantas amigas y familiares una batalla contra la muerte. No siempre ganada.

Cuando nacieron mis hijos alguien me dijo: te TIENES que operar las tetas. Acto seguido el discurso de por qué me lo tenía que hacer. El vaticinio del horror, los hombres no me iban a ver, mi autoestima se iba por el caño, mi feminidad perdida, mi sexualidad en el olvido, la tragedia, el fin del mundo, el caballo del Apocalipsis parecido a la mesa de planchar en la que mi pecho se había convertido. No voy a negar que no me entró la duda. Que no busqué el teléfono de un cirujano, que no le pregunté a varias a migas, ¿quién? ¿cuándo? ¿cómo? ¿dónde? El credi-Lola, ¿a plazo fijo? y ¿el seguro? Ah, no ese te manda a la mierda de una.

Eso fue hace dos años. Era noviembre y dije: 2013 es el año. Yuyito = yo = Tetas apoteósicas. Olvídate, nada de recato, esto es la cultura del acaparamiento. Si voy, voy a por todo. Mentira, al final soy una conservadora cobarde insoportable. Me da dos medianas y un marrón, ni claro ni oscuro. Llegó enero y tiré la resolución del quirófano a la basura. O la pospuse. No sólo por miedo a las agujas, ni por la paranoia de los implantes franceses, sino porque la verdad es que yo no odio mis tetas, no me hacen sentir mal, al contrario, estoy orgullosa de ellas.

Me he examinado mil veces ante el espejo. He hecho el test del lápiz. Lo paso a duras penas y es en ese momento en que he querido llamar al Dr. Lola. Después se pasa. Me veo con otros ojos, redefino mis batallas, escucho mi corazón. No me nace operarme, por más que a veces lo quiera. No quiero asumir el riesgo. La balanza aún no se inclina. Aunque no tengo un prejuicio estilo, las tetas tienen que ser como el pollo: orgánico, sí admito que cuando he viajado a Europa me he dado cuenta que allá la incidencia de la teta operada es –o parece- más baja. Incluso en el cine. Se desnuda una actriz de belleza de labios gruesos y ojos almendrados enormes, y veo que las tetas están a varios centímetros del cuello. Sí, se ve que Osmel no ha pasado por estos pasillos. Me siento mejor, pero al final, la decisión no debería depender de ella, ni del zar de la belleza, ni del fantasma del de Rusia. Debe depender de mí. Me pregunto si el tamaño importa, y si realmente me voy a sentir mejor si me lo hago. Si eso es la esencia de todo para mí. ¿Dónde está mi duda? ¿Mi falla? Mi tema conmigo misma. ¿Lo corrige una operación?

El tamaño importa si vas pasando por una construcción, o si estás con tu pareja comiendo y de pronto vez que el bolo alimenticio se le queda en la glotis y que deja de masticar, fija la mirada, te dice algo incoherente porque trata de ver a la mujer y de que no lo regañes al mismo tiempo. Si nos sentimos inseguras es cosa nuestra, la verdad es que si estamos bien nos importa un pepino a quien vean. Es más, a mi me gusta verlas también, la mujer me parece bella, la anatomía femenina la aprecio, la observo, si yo escribo necesito hacerlo. El problema es cuando las vemos y nos sentimos mal con nosotras mismas, nos trabamos, en  el pantano de mierda en que caemos, a veces con la ayuda de unas industrias que han hecho millones a punta de convencernos de que no somos suficiente. Pocas marcas le han visto el queso a la tostada impulsando el carro en sentido contrario y debo decir, que mal no les ha ido.

El tamaño, la forma, la caída, el movimiento, es algo con lo que nos tenemos que relacionar hasta el punto de amarlo. El tema de las tetas es tan obvio que duele. No es el tamaño, ni hasta donde lleguen, es cómo las lleves, es que entiendas que no eres del tamaño de tus tetas. Eres del tamaño de tus sueños, del empuje que le pongas a la vida, la expresión que llevas en la cara, tu capacidad de amar, la construcción de tu pensamiento, la amplitud de tu mente, el ancho de tu corazón –suena cursi, sí, pero es así-, tu relación con la almohada y la forma como pisas con tus zapatos, la capacidad para ignorar el ruido de las opiniones de los demás y la humildad con la que afrontas una crítica constructiva.

Las tetas son tantas cosas, feminidad, belleza, expresión, lenguaje corporal, natural, brillo de maternidad, vehículo de sexualidad, una forma poética, inspiración, y gran parte de nuestra esencia. Sólo nosotras sabemos lo que es estar en nuestras tetas. Seas como sea que las tengas: ámalas. 


6 comentarios:

Ahh.K.Rhajjo dijo...

....buén homenaje a las Lolas....Flores.....(Bravo..!!)

Ahh.K.Rhajjo dijo...

....buén homenaje a las Lolas....Flores.....(Bravo..!!)

Manuela Zarate dijo...

jajajaj. Beso Ahh R. Rhajoo.

Anónimo dijo...

No hay como lo natural no gomoso, pero algo atavico y basal hace que a uno le llame la atención Buena nota

Ale Bellaire dijo...

Si. que triste las presiones que le pone la sociedad occidental a la mujer, que hay que lucir de cierta manera, siguiendo ciertos trends de la moda. En cambio los hombres no se lo tienen que alargar ni achicar, ni nada. Es triste que muchas se definan por el tamaño de sus tetas, que las quieran mas grandes para ser objeto de deseo, no para que las admiren por sus ideas o logros, sino por el tamaño del brasier. Pero es arma de doble filo, lo digo yo que soy pechugona natural, y generalmente odio las miradas lascivas y morbosas de algunos que piensan que también el tamaño significa que tan fácil o cachonda eres en la cama.

Fabiola Mouzo dijo...

Me hizo llorar este texto... Muchas de nosotras hemos tenido que sufrir por años por nuestras lolas. El bachillerato fue la peor época para tenerlas pequeñas, sufrí, me hicieron sufrir. Pero ya no más, porque entendí que mi feminidad no tiene que ver con el tamaño de mis tetas. Soy delgada, soy pequeña, tengo tetas pequeñas, pero soy proporcionada, me siento bien y femenina y ya nadie puede hacerme pensar lo contrario.