martes, 14 de octubre de 2014

Soñadores que corren


Hace unos ocho años me entró la fiebre de correr. Estaba en París sola y paseando llegué al lugar por donde pasaba el maratón. Ver a la gente corriendo me emocionó y al día siguiente, como Forrest Gump empecé a correr. Corría casi todos los días y pronto ya era más que unas ganas de hacer ejercicio. Corría escuchando música de gimnasio, música movida y en mi mente hacía unas películas tan elaboradas que no sé si lo que me gustaba era correr o estar un rato sola con mis fantasías.

Cuando regresé a Caracas corría por las mañanas en el Parque del Este. Tenía la voluntad de pararme a las cinco y media de la mañana –un poco antes- para ponerme los zapatos y salir a hacer ejercicio, con una energía de animal sobrenatural, que hoy en día que he perdido el hábito y el empuje a veces dudo haber tenido, de no ser porque el recuerdo es tan vívido. Los corredores más fanáticos me pasaban por al lado. En grupo. Con sendos relojes y zapatos y atuendos. Yo iba a mi ritmo, con mi música, a veces pasando trabajo para llegar a cuarenta o a cincuenta minutos. Se me había metido en la cabeza correr un maratón, pero no para ganar, ni para mejorar el tiempo y correr contra mi propio fantasma. Yo quería volver a París y pasar por delante del Louvre con una camisa que dijera algo genial que se me iba a ocurrir pronto.

Todo aquello iba a ser además una forma de cambiar mi vida. Durante toda mi adolescencia fui la floja de la familia. Era bastante gorda para mi tamaño y el peso fue todo un tema. Aunque la verdad, yo en ese entonces no tenía rollos con mi autoestima y me aceptaba como era. Siempre me ha gustado más la gastronomía que la moda, así que nunca sufrí por ser talla dos. Hasta más adelante en un período que es otro post. El caso es que esta nueva versión deportista de mí misma me hacía sentir bien, y me permitía comer bastante chocolate. ¿Qué más se puede pedir?

Luego vino la carrera, en la que me metí porque mi cuñado me dijo. Y me dio nota. Y había que practicar, porque tú sabes, si vas a correr un maratón, lo lógico es que corras 10K primero. Yo entrenaba bastante. No tenía hijos, así que cuando no estaba trabajando estaba haciendo ejercicio. No es como ahora, que uno siente que cada segundo para uno, para el cuerpo sobre todo, es un  minuto que te robas de la preciosa pila de tiempo que tienes para educar a tus hijos, cuidar tu familia o cambiar el mundo y forjarte un futuro. –Ahora el blog también es ejercicio. El cucú de la sala acaba de cantar las cuatro de la mañana. Escribir esto se come algunos minutos de mi próximo trabajo literario. ¡Maldición! Debo correr y mejorar mi tiempo. Un post maravilloso en dieciocho minutos o menos-.

En esa carrera sentí que moría. Fue el evento más espantoso de mi vida. Mi cuñado me convenció de que nos paráramos adelante, con los corredores fanáticos. Los shorts pegados. Los músculos saliendo de las camisas. Las caras de tranquilidad. Los estiramientos. La gente que había comido esto y aquello, y no desayunado lo otro para mejorar el tiempo. Yo con mi Playlist de correr que más adelante, cuando el iPod se me quedó en el carro de Roberto Mata después de un viaje fotográfico me ganara el comentario, “es una vergüenza”. Sí, cuando corro escucho mi música vergonzosa y eso que creo que no le había metido el reguettón todavía. Es que tú no sabes lo que te pasa por la cabeza cuando escuchas Ozzy Osbourne corriendo.

Arrancamos a correr y los corredores me empujaron. Uno de mis zarcillos salió volando y yo pensé en pararme, pero simplemente dejé que la marabunta me pasara por encima, haciendo lo posible para que no me tumbaran. Antes de la mitad de la carrera me estaba echando encima una especie de chupi-chupies infectos, que luego creo me dieron diarrea. Pensaba en cómo sería llegar a la línea de llegada en taxi y decirle a mi novio lo que estaba pensando, que con tanta gente pegada a esa onda la humanidad realmente se había ido a la gran mierda. Igual seguía pensando en el taxi, en la pepa de sol, en algo de sombra. Más adelante me paré. Cuando dábamos la vuelta por la avenida libertador.   Gente desconocida me gritaba que siguiera con una emoción tan grande, como si el hecho de que yo terminara una carrera les fuese a cambiar la vida. Entonces pensé que no estamos tan jodidos y que hay gente que busca esperanza en todos lados. Y que es mentira que uno depende de uno mismo, a veces uno depende de los triunfos de otros. Pensé, y eso que en ese momento escribía muy poco porque había tirado la toalla con mi carrera literaria, que la inspiración es eso. Que allí está la musa. En el deseo de brillo que tiene gran parte de la humanidad.

Cuando llegué a la meta estaban mi novio y mi hermana. Me tiré un poco más adelante. Me comí el cambur que me dieron a la llegada y me después de que pasaron unas ganas terribles de vomitar, tuve que decirle que me llevara casi cargada a algún lugar en el que no fuera a ocurrir una desgracia, ¡pero rápido bróder!. Me inscribí en otra carrera, pero no fui. Regalé la franela porque no me pareció honesto andar con la franela de una camisa de una carrera que no corrí y me olvidé del maratón. Es demasiado complicado ser alguien que uno no es. Para mí el maratón es otro. 

Seguí corriendo. Como Phoebe Buffet. Soñando con cada zancada. Era un momento de libertad y de pleno gozo. Corrí hasta que nació mi primera hija, y con el embarazo me caí del tren. Después volverme a montar ha sido casi imposible. El tiempo se le va a uno entre en las manos, de una forma tan rápida y extraña. La vida se vuelve algo que ves pasar sin darte cuenta. Se acumula la mierda que te impide hacer lo verdaderamente importante, entre cumplir con la familia, las amigas y el país quemo te deja producir, o te convence que eres impotente. La gente se va, tú te sientas a verificar tus decisiones. Sientes que estás como en una playa, las olas vienen y te empujar, no sabes si es mejor lanzarte a nadar o enterrare en la arena. Y de vez en cuando te preguntas ti tu corazón no estará traicionando y cuándo fue la última vez que realmente lo escuchaste. ¿Qué hacías y quién eras en ese entonces? Y entre tantas responsabilidades a veces me pregunto, ¿para qué vas a correr si puedes escribir?


Ahora que estoy tratando de ordenar mi vida. Ordenarla en serio, que quiere decir sacar de mi agenda toda mierda que no sea imprescindible para mi escritura y darle un rumbo firme. Conviviendo de otra forma con los fantasmas y los sueños me pregunto si correr no es también una forma de escribir. Lo que sea con tal de tener un espacio de tiempo para pensar, para reflexionar, para hacerse una película que lo aleje a uno de la realidad. Imaginar cosas que uno se cree imposible. Cuarenta minutos para ti. Sudor, sueños y música vergonzosa. No tanto correr por moda, ni por talla, ni por intentar –clásico absurdo- rivalizar con Giselle Bundechen y sus nuevas propagandas de Chanel Nº5 en traje de baño. Correr para recordarle al cuerpo: sigues siendo libre. Sueña coño. ¡Sueña! 

2 comentarios:

sh dijo...

"no sé si lo que me gustaba era correr o estar un rato sola con mis fantasías" que genialidad, si esto define todo lo q para mi es correr. si corriendo llego a dejar de pensar y me focalizo en que estoy corriendo no duro ni 300 metros hasta que me desmayo del cansancio. en cambio pensando en cualquier cosa puedo literalmente correr hasta que se me termine la historia que tengo en la cabeza. siempre que tengo que escribir algo, armar un proyecto, una presentacion etc, salgo a correr... cuando no corro literalmente no pienso o quizas pienso en lo que desarrolle corriendo. el proceso siempre igual, jugar con la cabeza y luego llegar y anotar tipo bullets las ideas mas importantes en un notepad. es mas me sorprendio mucho salir a correr tiempo despues (este año en dia de invierno pero dia copado) y encontrarme que a los 10 minutos del recorrido que hago siempre durante los ultimos 20 años (cuando me da ganas, mas ganas a veces, menos otras, nunca otras veces) automaticamente empezaron a aparecer miles de ideas nuevas. o sea el solo correr cual perro de pavlov hacia que mi cabeza generara nuevas ideas automaticamente, o ideas que tenia en el tintero y no recordaba. que genial.. el domingo hablaba con alguien que corrio maraton, me lo encuentro en ese circuito habitualmente..me pregunto que tiempo estaba haciendo.. what? nunca pense en tiempo y correr maratones me parece horrible. siempre medi el tiempo como, si doy vuelta al lago grande sera algo asi como 50 minutos a 1 hora, si al lago le sumo el otro costado entre 1:15hs y 1:30hs, si hago solo un lago el chiquito, 30 o 40minutos.. el recorrido depende a que hora debo volver a casa.. mas o menos, tipo para calcular y no volver tarde y perderme algo que tenga agendado..
un dato mas, el otro dia un amigo me pidio que lo ayude en un plan de negocios, me causo gracia mi respuesta, "ok mandame de que se trata por email, porque yo para poder escribir eso preciso irme a correr".. tipo sentado en mi casa no me sale! :)

Manuela Zarate dijo...

jajajajajaja, Seba!!!! Me encanta esa respuesta!!! Gracias! Un besotototote!