miércoles, 19 de noviembre de 2014

Pantoprazol (teta) y el patrón de las causas inútiles

¿Cuál es el patrón de las causas inútiles? Ya sé que San Judas Tadeo es de las imposibles. Si acudo hoy al patrón de las causes inútiles es porque necesito Pantoprazol. Mi última caja se acabó la semana pasada. Sufro de una acidez extrema. No es esa que se siente en la boca del esófago y te hace dormir sentado. Eso me da a veces, cuando como demasiado de lo que me gusta. Esto es ácido del estómago que hace que me arda la lengua y se me llene de llagas. Bonito. ¿No?

He pasado por todos los diagnósticos. Desde el quirúrgico, hasta estrés. Finalmente un médico, al que le puedo declarar todo mi amor en cualquier momento, me miró un rato. Me hizo varias preguntas. Me preparó una pequeña trampa. Me dijo, mire, a usted le está bajando la tensión y creo que sabe por qué. No tiene nada en la sangre, ni el corazón, o bueno tal vez en el corazón sí. Ese es el problema, usted está escribiendo un libro. Su problema es laboral, tiene el libro atravesado (ese médico es un gran lector, no le pregunté, pero ni falta hizo).  Y lo del estómago, por lo que yo le oigo decir, usted lo que quiere es irse de su país. Me le quedo viendo. Trato de ignorar a mí mamá que está sentada a mi lado porque sé que eso para ella es un peñonazo en la cara. Entonces le digo, sí, tal vez tenga razón, yo en el fondo me quiero ir, pero en la superficie, en la realidad, no es posible. No voy a seguir preñando un pajarito que jamás va a poner huevos –eso no se lo dije, lo pensé-. Entonces me dijo, tome Pantropazol hasta que las cosas cambien, y si cuando cambie todo en su país sigue con llagas en la lengua, entonces piense en operarse. Además de eso, para cumplir a cabalidad con su trabajo me recomendó especialistas y exámenes.

No me mandó a hacer dieta. Ni a dejar el café, ni el vino, ni el chocolate, ni el tomate. Yo le dije que eso yo no lo iba a hacer.  Yo sé. Yo sé que si hago una de esas dietas locas libres de gluten me voy a liberar del exceso de glúteo y del ácido. Pero no me interesa privarme de las cosas que me gustan. Así como no me interesa privarme de echarme en el piso y mirar los árboles desde abajo, pensando que cuando sea época de mango no podré hacerlo porque seguro me cae uno en la cara y pierdo un ojo.

Así que llevo casi un año esclava del Pantoprazol. Yo me olvido de todo, pero no de esa pastillita. Me sale caro no hacerlo. Es más, ahora me tomo otra en la noche, porque a veces la cosa es grave. Pero cuando se me acabó la cajita yo sabía que iba a ir a la farmacia y no iba a encontrar nada. Igual fui, pensando en quién sería el patrón de las causas inútiles. Me dije esto es una idiotez. Y no sólo fue una idiotez, sino fue un episodio sacado de algo así como el Chavo del 8. 

Llego a la taquilla externa de la farmacia y luego del inteligible “buenas tardes en qué puedo ayudarle” respondo, “buenas tardes, ¿me podría dar un Tecta por favor?” Nunca me puse a pensar que si uno lo pronuncia rápido parece otra cosa. El señor de la farmacia sí. Es decir, que en medio de todos los problemas que tiene, en su turno de la tarde llegó una señora a pedir TETA por la autofarmacia. Se queda en silencio. Yo reclamo, “¿Aló?” “No señora, es que, no sé. ¿Qué es lo que quiere?” “Tecta. Que sí tiene Tecta.” Otra vez el silencio. “Es que aquí no vendemos eso” “Pero yo lo compré aquí hace unos meses.” Silencio de nuevo. Y yo sin entender, sin pensar, no me daba la cuenta, estaba más bien puteando contra la situación en mi cabeza, el gobierno, los dólares, el ardor en la boca. “Ya va, ¿me lo puede repetir?” “Tecta” Entonces me dice, y no sé si ya esto fue buscando lo que no se le había perdido, “¿Y eso para qué sirve?” “Es un remedio para la acidez. Es Pantoprazol”. “Aaaaaaaaaaaaaaaaa Tecta” “Exacto”.

En menos de treinta segundos se asoma por la ventanilla, con su microfonito en la boca, sonriendo, como a quien le han hecho el día en la oficina: “amiga, aquí no hay eso, ni nada que se le parezca”.  Toma el jueguito de doble sentido a mi costa. Yo sigo sin pensar en tetas, ni nada que se le parezca. Sólo pienso en mi pastillita rosada de todas las mañanas quince minutos antes del desayuno. “En serio. ¿Nada? ¿Ninguno de la familia de los Prazoles? Ome por ejemplo”. “Nada. Yo fui a ver ese estante y está completamente vacío”.

Me voy. Y dos horas más tarde caigo en que en medio de todo el rollo de no hay, no se consigue, no aparece, me estaban bacilando. Menos mal que sé reírme de mí misma. Que dentro de todo hay algo cómico en haber ido a pedir teta en la farmacia, sobre todo en país de tanta lola operada, pronto tal vez las compraremos así. “Dame una Diosa Canales de 650cc por favor”.

Claro que en teoría no puedo quejarme. No es que dependa de eso para ser buena madre, o para escribir, o para leer. En realidad mi vida no se alteraría tanto, sólo que de vez en cuando pasaré del vino blanco, o del whisky en las rocas. ¿Qué importa? Eso tampoco se consigue, o está absurdamente caro y con gente que no consigue sus pastillas para el cáncer, ¿me voy a quejar por Pantoprazol y whisky? Soberanas bolas y problemas de mapas tendría que tener. Mi problema no es de vida o muerte, es de vida mejor, y a veces pareciera que la vida mejor es casi tabú, espejismo, universo paralelo, ficción u odisea intergaláctica.


Y bueno, entre pedir Pantoprazol o teta en la farmacia es más o menos lo mismo. La misma locura. Una tarea para el patrón de las causas inútiles.

2 comentarios:

Jennifer Avila dijo...

Clara, dada la orfandad de nuestros días en Venezuela, luego de leerte busqué en una aplicación que tengo en el móvil, el medicamento que necesitas. Hay Pantoprazol Genven (genérico) en Farmatodo de la Av. Río de Janeiro, en las Mercedes. El producto me sale en verde, es decir, disponible.

El Tecta de 20mg aparece en amarillo (unidades limitadas) en Farmatodo San Carlos, esa debe quedar por el centro, cerca del Panteón Nacional. Aunque esa categoría en amarillo nunca es muy confiable. Llama antes.

Espero puedas resolver y sentirte mejor... Que tengas el mejor día posible!

Jen

Manuela Zarate dijo...

Jen! Mil gracias!!!! Qué linda eres! De hecho gracias a una amiga conseguí dos cajas, no de tecta pero de uno que hasta creo que es mejor. Jajaja. No sabes mi emoción por la solidaridad de la gente. La verdad me devuelve la esperanza en el ser humano. :D