jueves, 11 de diciembre de 2014

Libros del mes de diciembre

Esta ha sido la semana de la lectura, tengo los tres círculos de lectura montados encima. Ayer tuve dos.



El primero para discutir una novela de William Trevor, Verano y Amor. Es sobre Ellie Dillahan, una mujer huérfana casada con un granjero, que a pesar de su pasado trágico a logrado encontrar cierta paz al lado de un hombre también marcado por la desgracia, pero que no se ha dejado hundir. Florian Kilderry, es un joven fotógrafo que quiere dejar Irlanda para huir del peso de su pasado. Florian y Ellie se encuentran y viven una historia de amor, extraña, nostálgica, cargada tanto de esperanza como de arrepentimiento, de paz y de melancolía.

Todo buen libro es una historia. Hoy en día, sobre todo con los avances de la tecnología en el cine y las tendencias literarias es raro que una historia nos soprenda. Ciertamente el valor de esta novela no está en la historia en sí, la cual puede ser hasta predecible en cierto modo. Su valor es la forma como está contada. Trevor va tejiendo la trama de una forma tan sutil, enganchando al lector no por los sucesos, sino por la forma en que los personajes los viven. Sus sentimientos tan humanos, sus razones, sus motivos.

Es una novela no sólo sobre el amor, sobre cómo y por qué nos entregamos a otro ser humano, sobre lo que significa dar la vida entera o dar tan solo unos momentos. Es una novela sobre el pasado, el peso que tiene sobre nosotros, y quizás lo más que indaga Trevor es qué nacimos para ser en la vida, y si lo hacemos influye. ¿Qué tiene más peso la voluntad o el destino? También es una novela sobre las marcas. ¿Qué constituye una tragedia? ¿Qué hacemos una vez que nos llega?

No es el tipo de novela que guste a alguien que está buscando acción o una trama movida, más bien es para los amantes de la poesía. Es breve, de forma que su estilo no se torna pesado. Como lector uno disfruta la forma tan cuidadosa como están construidas las escenas y la atención al detalle.


En el otro club de lectura leímos Lejos del Mundanal Ruido de Thomas Hardy. Me fascina el trabajo de Hardy. En general la literatura inglesa del siglo XIX me atrapa. Hace un año más o menos leí Tess of the D´Urvervilles y me fascinó. Claro que antes de leer un libro como este hay que tomar en cuenta su época y la forma de escribir. La forma como avanza y el tipo de lenguaje hace como lector uno tenga que darle unas cuantas páginas de adaptación. Luego es que viene realmente el momento en que uno se mete dentro de la historia.

Adicionalmente a ello estos autores siempre se apoyaban en tramas complejas, con sub tramas cargadas de eventos para incorporar subtextos relacionados con la época en la que vivían. Hardy era mucho más osado y hacía suyo el feminismo en una época en la que las desventajas de la mujer eran considerables. Una de las cosas que me intriga es que la protagonista Bathsheeva Everdeen hubiese podido heredar una granja de su tío cuando en Inglaterra las mujeres no podían heredar, pero ignoro si es que esa ley es posterior o si simplemente Hardy hizo el ejercicio así porque quiso.

En principio esta es una historia de amor. Amor en dos frentes. Es el amor de un hombre por una mujer. Un amor incondicional, inquebrantable, inamovible. Y el amor de una mujer no por un hombre, sino a sí misma. En general la mujer siempre está condicionada para entregarse al hombre y supeditar su vida a él. Bathsheevaa Everdeen no es una mujer de este tipo de entregas, y de hecho cuando lo hace las consecuencias son catastróficas. Su búsqueda es la de la construcción de un mundo en el que ella pueda desarrollarse, hacer lo que ama, valerse por sí misma. Es un personaje redondo porque evoluciona dentro de sus defectos para encontrar la forma de potenciarlos. No es necesariamente un proceso educativo, no es un aprendizaje, es más bien un descubrimiento. Mientras que Gabriel Oak, que es el hombre que la ama es un personaje que se mantiene constante durante todo el libro.

Hardy usa mucho el recurso del simbolismo. Utiliza todos los elementos de la naturaleza para demostrar no sólo la influencia que tienen sobre los hombres, sus vidas y su destino, su fortuna, sino además la evolución de sus sentimientos. Hay pocos autores que puedan pintar escenas rurales como Thomas Hardy. Ciertamente para el lector contemporáneo pueden ser un poco pesadas, pero no dejan de ser bellas.


Próximamente verá su adaptación al cine, veremos qué sucede con la historia en ese proceso.