viernes, 19 de diciembre de 2014

Resoluciones de año nuevo



No soy mucho de las típicas resoluciones de año nuevo. Ya me he dado cuenta que ese “voy a comer mejor a partir de enero” no me funciona, y todavía tengo por ahí la factura del gimnasio al que nunca fui. Y sí, yo traté, pero la verdad a estas alturas de la vida, aunque sé que puedo organizar mejor ciertas cosas no creo que yo vaya a ser una persona más ordenada.

En general mis resoluciones de año nuevo y la forma como planifico el año tienen que ver más bien con revisar mi filosofía de vida. Hace no mucho fui a una de estas clases de no sé qué disciplina que mezcla pilates, con tai-chi, con yoga, con meditación, con reiki, y el profesor lo primero que hizo fue pedirnos que nos paráramos con los pies juntos, manos a los lados, cabeza erguida y ojos cerrados y tratáramos de sentir como estaba el balance de nuestro cuerpo. Era un ejercicio de equilibrio, la idea era repetirlo al final de la clase para que vieras que ese balance estaba mucho mejor. Yo cerré los ojos. Comencé a ver todo negro. A sentir como si arañas nadaran por mi sangre. Empezaron a dormirse mis dedos. Y me desmayé.

No seguí haciendo las clases, entre otras cosas porque era un poco muy costosa para mi presupuesto. Aunque no sé si el balance dependa de una clase como esa, sí creo que viene de algo del fuero interno.  Así que una de mis metas de ese entonces es fortalecerme por dentro. Ese espacio interno yo trato de cultivarlo a través de la lectura.

No leo solamente por placer y por curiosidad, tampoco leo para poder pararme delante de alguien y decirle, mira, “¿tú sabes quién es Michel Frugenis, un escritor español, de familia escandinava, que vivió en Togo, se mudó a argentina, ahora vive en Memphis y es el próximo Borges?”, Leo porque busco poblar un espacio dentro de mí y darle forma y color a mi mundo interno. Y si promuevo lectura es porque he visto cómo ella hace que tu calidad de vida mejore. No quiere decir que hagas más dinero, o que se salve tu relación o que la pegues del techo en tu trabajo, pero al menos la forma como ves la vida, como disfrutas de las cosas cambia.

Quisiera fortalecerme espiritualmente también. Meditar más. Tener más tiempo para pensar, y para dejar que las cosas pasen con calma. No caer en pánico, y tener un poco más de confianza en mí misma y en las cosas. Quisiera este año rencontrarme conmigo. Vivir una vida más balanceada. No dejarme influenciar tanto por el ruido externo. Lo que dice la gente, lo que piensa la gente, lo que quiero decirles. No dejarme tocar por los comentarios sobre cómo me veo, o cómo críos mis hijos, o cómo funciono en mi día a día, ni cómo manejo mi vida laboral. ¿Qué hago? ¿Por qué?

Recordar que no tengo que justificarme ante nadie. Que hay cosas que hago, digo, escribo porque así me lo dicta mi corazón. Que tengo que salir adelante con mis sueños, y que no será fácil, sobre todo a la hora de enfrentar en el mundo y lo que espera de alguien como yo. Menos compromisos sociales, y más compromiso conmigo misma.

Me gustaría repensar a lo largo de los próximos meses mi forma de aproximarme al amor, a la amistad, a la familia, sobre todo a los hijos, qué les estoy dando, más allá de las respuestas básicas. Recordar que la mejor educación que puedo es más que un colegio, es un ejemplo, es mi propia vida y sobre todo mi expresión y mi sonrisa. Paz y calma. Quisiera además repensar cómo me aproximo a mi país, qué espero de él y qué le estoy dando. Me gustaría pensar en Venezuela más allá de los problemas y la coyuntura. Y sí me gustaría ser parte de un movimiento, así sea pequeño, de rescate de identidad, de mirada positiva, de ganas de amar el país, de entendimiento entre venezolanos, que no tiene nada que ver con chavismo u oposicionismo, sino con ciudadanía. Me gustaría ayudar a formar generaciones de venezolanos orgullosos de su país, más allá de la retórica y de la comodidad. Me gustaría capitalizar esa desesperación que nos entra cuando vemos un Ávila bello y usarla para contestar la pregunta: ¿Por qué amas a tu país?  

Por último tengo un par de resoluciones concretas, una no la puedo comentar porque todavía es un proyecto en fase de planificación, pero si eso se da – y se va a dar, lo sé. - podría ser algo que cambie mi vida por completo. El otro, también puede cambiar mi vida, implica un salto menos obvio y tal vez uno que no mucha gente va a entender, implica dar a conocer finalmente mi trabajo:  esta semana armé un poemario. Tengo años escribiendo poesía, o textos que no sé que género tienen. No me siento en plan “aquí viene un poema”, simplemente necesito decir algo, o recrear algunas imágenes y lo digo. Como si allí hubiese un mundo que quiere nacer. Finalmente los recopilé y los armé. Arranco el 2015 con la meta de publicarlo. Nunca imaginé que haría eso antes de mi novela, pero a veces las cosas se dan así. Ah bueno y el detalle: es poesía erótica.


El año que viene será difícil. No dejo de pensar en lo extraño que resulta que tal vez la única resolución que pensamos plausible sea sobrevivir cuerdos. No enloquecer. Creo que es un año que vendrá para enseñarnos a valorar el país, la gente que amamos, lo que nos rodea, lo que tenemos, lo material, pero sobre todo los valores, para rescatar los que hemos perdido y armar una nueva identidad. O al menos comenzar a hacerlo. Sin embargo, creo que hay que seguir soñando. Pase lo que pase no podemos dejar de soñar, y no podemos dejar de intentar ser mejores. Quizás la resolución más importante sea evolucionar, porque así es que se cambia el mundo, y no es el mundo quien nos cambia a nosotros.

1 comentario:

sh dijo...

crossfit! es lo mas.. anda a 3 clases (si vas una sola no volves mas de como quedas) y vas a ver el nivel de adiccion que te genera... es una sola hora asi que lo podes meter en cualquier momento del dia... sobre lo demas, como dice Wanda Nara (poeta y vedette argentina :P ) "Vos naciste para pensar! Y si pensas en la vida no haces nada…" (gran frase). creo que no hay que pensar tanto...
beso, buen año.