viernes, 28 de marzo de 2014

Banda Sonora para Mi Analista

Ya no es sólo la Banda Sonora para el amor, - la cual en cierta forma conocerán a través de mi novela-. No es nada más la Banda Sonora para mi muerte. Me he dado cuenta que es la Banda Sonora para mi analista, porque es mucho más fácil contarle las cosas a través de la música. Porque es más sencillo que estar explicando tanto, que poner en tantas palabras y describir los motivos de ciertas acciones. De ciertos pensamientos. Porque es más sencillo con una melodía y una poesía explicar ciertas cosas. No. No me quiero curar. No puedo. ¿Y si pierdo todo esto? Lo mejor de todo fue su respuesta el día de ayer: Si no fueses así no escribieras. Porque yo a veces envidio a otras personas. Si. Las envidio. No las que tienen más cosas, digo, las que son más simples. Menos pensar tanto. Menos estar buscando sentidos. Menos perdición interna. Menos. No sé ¡carajo! Menos yo.

Estoy pensando en cambiar mi bio: Manu. Discapacidad emocional.

Por lo pronto pensando en esa banda sonora. Sí, querida Dra. prepárase, usted va a escuchar mucho The National. Pero creo que como primer corte no vendría mal The Man in Black. El mismo Johnny Cash, la versión de Hurt, esa canción de ese genio que es Trent Reznor. Uno de los amores de mi vida.



jueves, 27 de marzo de 2014

Placebo: Plasticine



Hablar a través de la música. Dejar que fluyan. Que vuele todo a través de las notas y los versos, y esa fusión de melodía y poesía. Es mi forma de arte favorita. Es el climax de la expresión. En mis relaciones más profundas me he comunicado mucho a través de la música. Mis diálogos tienen banda sonora. Mi vida tiene banda sonora.

Plasticine es una canción cuyo tema me fascina. Habla de la belleza y dónde se encuentra. En los ojos de un sueño joven. En el deseo. En los corazones redimidos. Sobre todo habla de no olvidarnos de ser nosotros mismos.

Esta canción siempre me deja pensando sobre el mundo y mi lugar en él. Vivo con la sensación de que quiero comerme el mundo. De que llevo por dentro algo que están grande que me desborda. Me pasa con el amor y con la tristeza. Me pasa con la rabia. Me pasa cuando estoy frente a una injusticia.

A veces pienso en qué soy. Quién soy. ¿Cuáles son las cosas que me definen? Cualidades. Defectos. Metas. Mi lado oscuro, del cual no me puedo apartar. Dónde están los catalizadores de todas esas fuerzas. En estos días me quejaba con terapista. ¿Por qué? ¿Por qué tendré que tener un lado oscuro? ¿Por qué no podré alejarme de él? ¿Por qué querer acercarme a las cosas, las personas que lo exacerban? Hay varias respuestas. Unas más concretas que otras. Unas de las que no quiero hablar ni en su consultorio, ni aquí. De esas hablaré en ficción. Usando el camuflaje de las palabras para exponer los sentimientos de la forma más abierta. Al final es lo que queda. Los sentimientos. Las almas estragadas. Tentáculos de los recuerdos.

Pienso en mi búsqueda. En lo que me define. Mis verbos. Mis adjetivos. Mis palabras. El animal que soy. La mariposa. La poesía que me mueve. La que me impulsa. El motor de mis pasos. Lo que me lleva a abrir los ojos. A respirar. Mis constante necesidad de movimiento. Interno y externo. Nada puede ser pasivo. Ni comedido. Todo en extremo. La vida en tres, cuatro, seis dimensiones. Un sueño en cada una de las 300.000 estrellas de la Vía Láctea.

No te olvides de ser cómo eres. De ser cómo tú. Sexo y todo lo demás. Cigarro y esas otras cosas. Libros, historias y sueños. Cartas de amor y novelas cuyo final es incierto. Inconcluso. Las fantasías demasiado reales. La realidad sórdida, absurda, que se va dibujando en escenas llenas de escarcha.

No te olvides de ser cómo eres Manu. Pelo rulo. Uñas de colores. Sueño ligero. Pasos seguros. Un corazón roto, pero en pleno funcionamiento. Delineador. Mariposas. Ranas. Demasiadas palabras. Mirada esquiva. Ganas de correr. Desorden existencial. Gula emocional. Cuadernos.

No te olvides de ser cómo eres Mariposa. Es demasiado fácil olvidarse. Es cómodo y sencillo. Es una trampa. Es más fácil ser poco auténtico y cobarde.


No te olvides de ser cómo eres.  Don´t be Plasticine

miércoles, 26 de marzo de 2014

Nadie sabe el país que tiene, hasta que está a punto de perderlo. Nadie sabe el poder que tiene su voz, hasta que están a punto de callarla. Nadie sabe el valor que tiene, hasta que está a punto de ser sometido a través del miedo. Nadie sabe la fuerza que tiene, hasta que el único recurso que le queda es no rendirse.

martes, 25 de marzo de 2014

Libros para Bachillerato. Libro 1: La Constitución Nacional

Haciendo una reflexión sobre lo que ha fallado en nuestra educación no puedo dejar de enfocarlo desde la lectura. Después de todo, si en algún momento he tenido sueños uno ha sido dar clases de literatura en bachillerato. Si no lo he hecho, debo confesar, ha sido por la gran traba burocrática relacionada con los requisitos necesarios para dar clases en este país. Tal vez sea una pobre excusa lo sé, pero todavía en mi vida sigue siendo una de esas cosas en que son más los perjuicios que los beneficios.

Sin embargo busco otras maneras de contribuir. No dejo de imaginar que algún día pueda ser parte de un grupo que proponga, promueva y logre un cambio de pensum en la país. Al menos en lo que a lectura se refiere. Creo que como están las cosas y tomando en cuenta cómo fue mi experiencia lectora en el colegio, las materias y su contenido están hechas para que uno deteste la lectura, y para que extraiga de ellas lo menos posible. El colegio no está hecho para enseñarnos a pensar, sino todo lo contrario. Mi experiencia en el colegio fue de pasar por un sistema que hizo lo imposible por convencerme de que no tenía talento para nada a menos que no sacara notas brillantes, que cualquier cosa que saliera del pensum o del contenido estricto de la materia era inútil y que cualquier idea o manifestación de creatividad era una pérdida de tiempo. Ni hablar de la personalidad, del ser diferente, más allá de lo que las condiciones de comportamiento social imponían en el colegio, era un tema de cómo nos enseñaban a percibirnos a nosotros mismos.

Sin embargo tuve la oportunidad de estudiar un bachillerato en otro sistema totalmente distinto. Un colegio abierto, en donde más bien nos enseñaron a amar la lectura y nuestra individualidad. Todos los días les doy a las gracias a mis padres por esta oportunidad. Fue allí donde aprendí de verdad a verme a mí misma, a apreciar mi talento y a entender que cuando me costaba una materia el tema no era rendirse asumiendo una falta de capacidad sino de aplicar el esfuerzo. Así aprendí el valor del trabajo.

Soy optimista. Yo creo que Venezuela no tendrá otro remedio que encaminarse hacia otro tipo de sociedad. Creo que los venezolanos no estaremos jamás conformes con el sistema político y económico que se nos trata de imponer, lo que no quiere decir que será fácil dar un giro en el rumbo. Después de todo nos lo quieren imponer a la fuerza y hacer ese cambio implica una lucha. Sin embargo, a través de la historia se ha visto que los pueblos decididos son indetenibles. Nuestra propia historia lo dice. Así que voy pensando en cuál es mi granito de arena y tiene que ver con mi misión de hacer de Venezuela un país de lectores. De contribuir a la educación, pero no a través de un pensum clásico, de un aula árida en la que se enseña a los alumnos a repetir sin entender. No. Yo quiero trabajar en pro de otro modelo. Yo sueño con aulas en las que se discuta, se debata, se analicen textos y poemas y a través de la literatura se le enseñe a los alumnos a pensar de manera crítica y a fundamentar sus opiniones.

Son tantas las ideas que tengo y las cosas que quiero hacer. Sin duda que si esto mejora quiero hacer un concurso de deletreo, para promover el buen uso del lenguaje. También un modelo de Asamblea Nacional. Sé que el modelo de Naciones Unidas causa furor entre estudiantes de bachillerato y universidad, pero también considero que no podemos lanzarnos a sistemas internacionales si no entendemos bien cómo funciona nuestra democracia. Sueño con un canon de libros para bachillerato en el que no sólo hay una lista obligatoria (palabra tan fuerte mezclada con la lectura, sin embargo sé que hay cosas necesarias), pero también una electiva. Imagino un aula en la que cada alumno aporte de un libro distinto, y despierte la curiosidad de sus compañeros. Además aulas en la que los propios textos de los alumnos formen parte de lo que hay que leer, es decir, enseñarles a expresarse y a compartir el fruto de su trabajo y sus reflexiones. Así se aprende cuánto importa la voz interior.

En medio de este esfuerzo he ido pensando en libros para bachillerato. Me gustaría ir oficializando la lista. No la pienso hacer en un solo día, ni una semana, ni un mes. Creo que deber ser producto de largas reflexiones y de intercambio con otras personas. Ya en las redes sociales hemos comenzado y lo que arrojó la búsqueda fue bien interesante. Desde clásicos como La Divina Comedia hasta libros más bien divertidos como Harry Potter.

Para comenzar, hoy pensé que un libro, aunque no sea un libro como tal, ni literatura sino más bien un instrumento jurídico, que no puede faltar en la lectura de un bachiller es la constitución de su país. Creo que no debe graduarse nadie que no se haya paseado por este texto. Debería estar ligado a una clase de historia y política en la que se enseñe al menos lo básico de la estructura del sistema democrático y federalista. No es nada más saber que una democracia se basa en tres poderes, sino que estos tres poderes tienen que estar separados el uno del otro, y que para funcionar la constitución establece un sistema de pesos y contrapesos, de modo que el poder jamás radica ni en una sola persona, ni en un solo partido, y que tampoco es una especie de dictadura de la mayorías, sino que las minorías también están representadas en el gobierno. Que hay mecanismos para ejercer la justicia, para reformar y plantear leyes, y que el presidente es un funcionario que está al servicio de su país y que su función es ejecutar lo los mandatos que le vienen a través de la ley. Que hay límites a todas sus funciones y que el respeto a la Constitución y la ley es sagrado. Además que tenemos derechos, que son inalienables y que si son violados debe haber consecuencias, que no se determinan de forma arbitraria, sino que están planteadas en una ley. .

Ese es mi primer libro en la lista de Libros para Bachillerato. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. No es sólo conocer el país y su historia, sino reconocerse en él. Es un paso muy importante en la creación de la identidad nacional y del individuo.

domingo, 23 de marzo de 2014

El Circo de Venezuela

No hizo falta que el Consejo Permanente de la OEA fuese público. Los breves instantes en que el organismo transmitió su sesión fueron suficientes para demostrar que el sistema interamericano no funciona, que la democracia en la región está en crisis y que para la diplomacia actual es más importante cuidar la permanencia en el poder de un aliado político, que los principios democráticos. Cuando uno por uno los representantes de los países miembros fueron votando dejando en claro sí, no su posición frente a un principio, sino su lealtad a un proyecto político fue un momento triste, porque quedó en evidencia que más pueden ciertos intereses que el verdadero espíritu de un sistema que fue creado para combatir justamente lo que ha sumido a Venezuela en una las crisis más graves de sus historia: el militarismo, el abuso de poder, el irrespeto a los derechos humanos y la violación de los principios democráticos.

Es desolador ver naciones que como Brasil, que sustenta como un gigante latinoamericano una posición que le da gran responsabilidad en la región, no hagan el esfuerzo por permitir que se esclarezcan situaciones en las que se han comprometido los derechos humanos. Pesan más los negocios, las alianzas políticas, las complicidades ideológicas y las estrategias comerciales que cualquier otra cosa.

El representante de Brasil pidió que se hiciera privada la audiencia porque no quería que se convirtiera el Consejo Permanente en un circo. No hizo falta que aclarara que el circo se refería a la delegación venezolana conformada por la diputada María Corina Machado, la madre de Geraldine Moreno, Carlos Vargas y un representante de los trabajadores petroleros, quienes tendrían derecho de palabra gracias a los esfuerzos de Panamá. El circo para este diplomático sería el hecho de presentar de forma pública su exposición en la que darían testimonios y pruebas de los eventos ocurridos en Venezuela desde el 12 de febrero y los problemas que han llevado a una gran parte de la población a tomar las calles.

Hablarían de marchas, de torturas, de persecuciones. Hablarían de bombas lacrimógenas, perdigones y tiros  lanzados a edificios. Detenciones y allanamientos sin las necesarias órdenes judiciales. Hablarían de censuras a la prensa. De la forma como se han ahogado a los comercios y a la actividad económica, como se ha favorecido a los empresarios ligados al régimen quienes consiguen dólares preferenciales con empresas de maletín y así estafan a la nación. Hablarían de los enfermos que no consiguen medicinas, incluidos los pacientes de enfermedades terminales que ven como su vida se va a apagando lentamente por no poder tener acceso al cuidado que requieren, en una de las naciones más ricas del mundo. Hablarían de contrabando, de muertes violentas, de presos políticos.

Eso para Brasil es un circo. Estudiantes fallecidos, torturados, periodistas secuestrados. Que a una familia le haya caído una bomba lacrimógena en su vivienda, para Brasil es un circo. Que hayan golpeado a una mujer en la cara con un casco para Brasil es un circo. Civiles que mueren en protestas con tiros en la cabeza, una joven que muere porque le disparan en la cara a quema ropa, es un circo. Es un circo hablar de ello y someterlo a un debate público. Porque es mejor mantener estas cosas escondidas y que las víctimas sufran en silencio. Porque es mejor que quienes padecemos estos atropellos aprendamos que para la política internacional los gobiernos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario, no así los ciudadanos. Una diputada, un trabajador, una madre de familia y un estudiante, ellos son sospechosos y sus intenciones dudosas. No vale la pena escucharlos, mucho menos darles la palestra para que hablen, para que además sirvan de ejemplo a otras naciones. Porque vamos a estar claros, en Venezuela el caso será más grave, pero no es la única nación. Los gobiernos en su mayoría, se comprometen en papel a salvaguardar derechos y después no cumplen.

No es sólo un interés económico. Es además el miedo de que si algún día ellos mismos pierden el poder no puedan acudir al mismo mecanismos. Es pensar que tal vez algo parecido pueda suceder en sus países. Es pensar que sus propios ciudadanos puedan exigir el derecho a ser escuchados por un continente.

La OEA es un “club de presidentes”, tal vez no en papel, pero sí en la práctica. Es un espacio donde se habla mucho y se hace poco. Donde pesan los formalismos y los apretones de mano hipócritas, y donde lo que se defiende son las apariencias. Para estos embajadores quedó claro que la prioridad es que se mantengan las caretas y no se hable de lo que nos importa a los ciudadnos, que no se toquen temas sensibles y que a cualquier precio no se investigue ningún hecho que pueda causar escozor a algunos gobiernos.


Lo que para los venezolanos es un sufrimiento, una angustia, una forma de vida insostenible. Estas semanas de frustración, dolor y rabia. Estos eventos que han terminado de aplastar el valor más importante que tiene una sociedad, que es la libertad, la aniquilación de la otredad y la violación de todos los principios democráticos son para Brasil y para la OEA un circo. Lástima que aquí cuando salen los malabaristas a protestar y los payasos a reprimir nadie ríe.

miércoles, 19 de marzo de 2014

¿Qué daríamos por la libertad?

¿Qué daríamos por la libertad?

La libertad de poder transitar sin miedo las calles a cualquier hora, del día o de la noche, sin temor a ser sorprendidos por el hampa común o por grupos organizados que trafican con nuestras pertenencias y vidas. La libertad de abrir un negocio, sin demasiadas trabas administrativas, ni legales. La libertad de producir aquello que desarrolle nuestra inteligencia, que sepamos crear con nuestras manos o con nuestras destrezas para fabricar. La libertad de invertir tus ahorros o el dinero que consigas con un crédito basado en un plan de negocios, que no se vea truncado por la incertidumbre o la inestabilidad económica. La libertad de soñar en grande. La libertad de proponerse cambiar panoramas, romper paradigmas e innovar en los negocios, en la salud, en el periodismo, en la actuación, en la escritura, en la cocina, en una pasarela, en la arquitectura, en el diseño, en la investigación. 

La libertad de una atención de calidad, en el lugar que escojamos, sea público o privado. La libertad de escoger el médico que queramos, de comprar tranquilamente las medicinas que nos hacen falta, o que nos queremos tomar porque creemos que es mejor proteger nuestra salud que esperar a tener que curarla. La libertad de hacernos alguna operación cosmética, porque también tenemos derecho a vernos mejor, a sentirnos mejor. Porque nadie puede decirnos que cualquier cosa que sea importante para nosotros es menos válida, ni menos urgente. Porque nuestras necesidades las determinamos nosotros mismos, no un tercero.a libertad de una atención de calidad, en el lugar que escojamos, sea público o privado. 

¿Qué daríamos?

Por la libertad de una prensa libre, variada, que nos de acceso a distintos puntos de vista en todos los temas. Medios de comunicación que permitan la investigación y que cubran todo tipo de informaciones, sobre todo aquellas que tienen que ver con eventos críticos para cualquier ciudadano. Que nos permitan crearnos nuestras opiniones sin estar sujetas a proyectos políticos.

¿Qué daríamos?

Por ir al mercado y comprar no sólo lo que necesitamos, sino lo que queramos. Lo que hace falta. La cantidad que podemos, que necesitamos y que queremos. Porque nadie tiene por qué interferir en cómo hacemos nuestra economía familiar. 

¿Qué daríamos?

Por una policía honesta, respetuosa, comprometida con la seguridad de los ciudadanos. Que esté para garantizar el orden y bajo el amparo de la ley. Que si detiene a un ciudadano este sabe que las garantías constitucionales lo protegen de abusos. Que tanto sus familias, como sus abogados pueden predecir su destino inmediato. Que saben que fiscales, jueces y demás funcionarios tienen que regirse por la ley.

¿Qué daríamos?

Por elecciones limpias. En las que se respeten todos los reglamentos. En las que los rectores del organismo que las ejecuta  se mantienen siempre a la altura de lo que su cargo exige. En la que hay imparcialidad y respeto hacia todas las posturas que se presentan a elecciones. En las que los candidatos sólo tienen que preocuparse por presentar ante la comunidad de electores sus programas y planteamientos para gobernar, para resolver, mejorar, promover, los problemas que aquejan a la comunidad y aumentar la calidad de vida del ciudadano.

¿Qué daríamos?

Por escuelas en las que se prepara a los venezolanos para enfrentarse a los retos que hoy en día impone un mundo globalizado. Ciudadanos que no sólo están formados en valores, que respetan a sus ciudadanos, que se identifican con su país, desde sus símbolos patrios, hasta sus costumbres. Que tienen deseos de constante superación personal. Que han tenido acceso a una base matemática, lingüística y además se las ha dado la oportunidad de expandirse personalmente a través de las artes, literatura, música, pintura. Incluso se les ha dado la oportunidad y se les ha impulsado a practicar deporte. Que tienen una consciencia de la posición de Venezuela en el mundo, no sólo como productor de petróleo, sino de muchas cosas más.

Universidades en las que se investiga, se desarrolla, se innova, y además se forjan a los profesionales del futuro. No sólo en los aspectos técnicos y dogmáticos de sus áreas profesionales, sino también en lo que se refiere al valor del trabajo, del prestigio que se adquiere a través del mérito y del esfuerzo. 

Y que sus profesores, como pilares fundamentales de estas instituciones puedan vivir dignamente de sus sueldos. 

¿Qué daríamos?

Por un país de ciudadanos, no de sometidos. Por un país de oportunidades, no de ventanas para hacer un guiso. Por un país en que se promuevan ideas y valores, no un pensamiento único. Por un país en que se pueda vivir en base a un sueldo, en el que sea realista estudiar una carrera y vivir de ella. Por un país en que el hampa no nos mantenga aterrados y sometidos. Por un país en el que exista tecnología de punta en todas las áreas. Por un país donde no se persiga ni se atropelle a quienes no estén de acuerdo con el gobierno. Por un país donde los corruptos, los ladrones, los asesinos, respondan por las violaciones a la ley. Por un país donde el presidente hable con respeto a todos los ciudadanos, incluso los que no votaron por él, donde los servidores públicos entiendan eso, que antes que nada sirven a una comunidad y no a la inversa.


¿Qué daríamos por la libertad?

Por Venezuela libre. 

martes, 18 de marzo de 2014

Este ardor en la boca del estómago


Este ardor en la boca del estómago. Este saber que estoy tan cerca de tantas cosas y no saber cómo dar los últimos pasos. El agua en calma aparente en la superficie, mientras que en la profundidad la resaca te lleva. Te jala. Te obliga. El ruido de viejos deseos dormidos, el eco de anhelos pasados mezclado con la voz clara e inteligible de las convicciones. Levantarte por la mañana y verte al espejo como si fueras tu propio profeta. La verdad, no en el lugar más evidente, sino escondida detrás de las pupilas. Pero ahí. Latente. El destino dibujado en los rasgos de las letras que conforman las palabras que escribo.

Pasan las horas entre papeles marcados con tinta azul. Entre acontecimientos que son ajenos a mí, pero cambian mi vida. Escucho el rumor de los giros de otro destino que presentía pero cuya llegada se siente inesperada. Son los gritos de la nación que aúlla, para librarse o dormirse para siempre. No puedo evitar sentir la estafa. La estafa del presente que ha enturbiado nuestros caminos por obligarnos a vivir esto. Una vez más la vida pone obstáculos que hacen muy complejo que uno se mantenga en su camino. Uno siente el llamado de la calle, de la justicia, la necesidad de cumplir con un misión mayor. A la vez, está la vida propia, las manos, la voz que ansía cumplir su cometido, su propósito.

Cada mañana mientras sale el sol se ensancha la melancolía mientras los sueños intentan no dormirse. ¿A dónde voy? Allá. A aquel lugar donde libero el sonido de mi voz. A la paz. A la libertad. A otro momento. Elevación. Trascendencia. Superación. Aquel lugar donde me espera esa mirada que es espejo y que es ventana. Esas manos que entrelazadas en las mías son las manos del mundo. Esa respiración que es vida. Ese pecho presto para el consuelo. Ese eco de unos pasos que al alejarse un tiempo son una esperanza de retorno. Una compañía fantasmagórica, pero como todo fantasma omnipresente. Esa complicidad que juega a alimentar la soledad necesaria para hacer camino y llegar a ser quien soy. Quien ya soy.


Presentimientos y visiones. Certezas. Convicciones. Yo misma soy el motor del mundo que he creado. Entre premoniciones del advenimiento de aquello que siempre quise está el miedo de dejar atrás tantas cosas que he querido. Incluso esta vieja yo, que deja de lado pasiones e inseguridades para abrir las alas y volar.


La libertad es el bien más grande. Nadie dijo que obtenerla no tiene un precio. La libertad es lo mejor que tenemos. Es lo único que tenemos. Nadie dijo que ser libre es fácil. Para ser libre hay que ser valiente.