miércoles, 9 de diciembre de 2015

6D: Triunfo de los ciudadanos

“Si puede encontrarte con el triunfo y el desastre,
Y tratar a esos dos impostores de igual forma”.

Así dice uno de los versos de la poesía Si, de Rudyard Kipling. Una poesía que habla sobre aquello que necesita una persona para llegar a ser hombre (o una mujer). En Venezuela quienes nos oponemos a este régimen, y que hemos estado en desacuerdo con sus políticas desde el comienzo en 1998 sabemos bastante del desastre. Quizás finalmente aprendimos a encontrarnos con él, o quisiera creer que ha sido así y que ese aprendizaje es lo que nos llevó al triunfo.

En una coyuntura como esta, en un momento tan complejo, la verdad nadie la tiene en la mano, sino que está compuesta por fragmentos tan pequeños que a uno le cuesta hacerse una imagen sólida de la realidad. Son demasiadas preguntas, demasiados actores, y sobre todo demasiado en juego. Es casi imposible ser objetivo y pensar fríamente.

Si algo comprobamos el 6 de diciembre de 2015 es que los ciudadanos tenemos la última palabra. Y no quiere decir que el CNE aceptó por las buenas y que todo fue un proceso tranquilo y normal: una fiesta democrática. Creo que mucha gente no termina de entender que detrás del primer boletín hubo gente que dio todo por el todo, que no siempre las cosas estuvieron claras y que de no haber triunfado la presión ciudadana estarían hoy escribiendo un capítulo muy amargo en su historia, como ya ha pasado en otras elecciones.

Dicen que la derrota es huérfana, y que la victoria tiene muchos padres. Cuando se pierde generalmente el mal perdedor, o el animal político, se levanta buscando señalar al que pueda para librarse de la culpa ante la mirada de la gente. En la victoria es distinto, todos quieren adjudicársela al completo. Es quizás humano. Lo que me preocupa es que en este caso no sean tanto los políticos, sino los mismos ciudadanos poniéndole cara a la victoria, y esa cara no es la nuestra. Es como si no quisiéramos asumir ni la cuota de gloria que nos toca, sino que estamos tan acostumbrados a seguir a un líder que tenemos que ponerle una cara, y darle las gracias. Para algunos es un militar, para otros un civil, para otros quién sabe. El caso es que las redes están inundadas de gracias a terceros, algunas muy válidas, pero con poca mención a los ciudadanos. A sí mismos. A pesar de los riesgos, de los nervios, del hecho de que en una elección si la gente no participa no sirve de nada.

No sé qué pase con la Asamblea Nacional. Es de una ingenuidad muy peligrosa, y que el gobierno puede aprovechar, pensar que aquí todo está resuelto. Venezuela ya cambió. Es decir la gente. Pero ahora faltan las instituciones, y con las instituciones la economía, y con la economía, la cultura, y con la cultura la sociedad. Y así.  Ese cambio también depende de nuestra mentalidad, de cómo vamos a comportarnos como ciudadanos. Debemos exigirles a funcionarios y políticos que hagan su trabajo, pues son servidores públicos. Que cumplan con la ley, y sobre todo con el compromiso que están contrayendo con el país, que no es por un partido, que no es por un nombre, que no es por una sola idea, que no es por un solo liderazgo, ni una sola cara, sino por un proyecto conjunto. Es una nación que lo se quiere refundar, y allí tienen que tener cabida todos los ciudadanos, algunos que son afines a nuestras ideas y sí, algunos con una manera muy distinta de ver las cosas. Al final nos une el gentilicio y la condición que establece la constitución de que todos somos iguales ante la ley y que nuestros derechos fundamentales deben ser respetados.

A veces pareciera que el caudillismo está demasiado arraigado en nuestro ADN. Que pase lo que pase queremos que sea alguien, una sola persona, la que se lleve el crédito. No sé si será una cuestión de seguridad o de comodidad. O más bien una mezcla de ambas. No es culpa mía, si es de otro. No tengo demasiado que pensar si sólo sigo las ideas de este, que es mí líder. Llámese como se llame. Esa constante necesidad de otorgarle la infalibilidad a alguien y de seguirle como sea, de no aceptar otros planteamientos. Mientras, el país se cae a pedazos y nos sumimos en el desencuentro, porque a pesar de que la voz del país fue clara el día de la elección: queremos libertad, al día siguiente queremos someternos de nuevo a una única idea. Y una única idea, del color que venga, será siempre una forma de sumisión.


Venezuela quiere libertad, pero me da miedo pensar que por ahora sólo se refiere a libertad económica. Aún queremos renunciar a la libertad de pensamiento, aún nos cuesta ver lo que tenemos delante de nosotros. La lectura principal del triunfo es que el esfuerzo, el aporte, la contribución de todos los factores es necesaria. Que aquí ganó una alianza, que la gente no votó por un nombre, ni por una mesa, ni por un color, sino por un movimiento, por un cambio, por un nuevo rumbo.  Así como lo ejercimos ese día debemos ejercerlo en nuestra actitud, asumir nuestra responsabilidad y reconocer el papel que cada quien ha jugado en la victoria parlamentaria. Si no, nos vamos a fracturar de nuevo, y el fracaso ya sabemos como es. La unidad no se limita a la batalla, se debe ejercer en la victoria. La unidad no es sólo una mesa, no son sólo políticos, es la sociedad civil la que debe permanecer unida, y la que debe unir a sus políticos. Exigirles que se unan, pero sobre todo, que se respeten.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Sobre los maestros





La educación académica es vista en general como medio de proporcionarles a los hijos herramientas de subsistencia. Te mando al colegio, a la universidad, para que seas "alguien en la vida", porque con nacer no es suficiente para ser persona. Sí. Debatible y filosóficamente peligroso, pero en todo caso,  el enfoque general hacia la educación hoy en día es materialista, cosa que no es culpa de los padres, sino de un sistema que va restándole importancia al aspecto humanista de la educación. 

Comienzo a dudar  sobre el objetivo que tienen en mente muchos padres a la hora de aproximarse a la formación de sus hijos. No sólo son las reuniones y consejos de padres vacíos, sino un trato despectivo hacia los maestros, casi menospreciando su trabajo y la apreciación hacia la profesión. El maestro es el pilar de la educación de nuestros hijos. Es, debe ser y tiene que ser un profesional. Para llegar a ser un buen maestro se requiere lo mismo que para llegar a ser un buen ingeniero o médico, estudio, trabajo, constante investigación. Si muchas veces no vemos que este es el caso es porque se ha convertido en una profesión con poco retorno, que se hace poco atractiva, tanto económicamente -sí, la verdad es que sí, el maestro de sus hijos también trabaja porque quiere ganar dinero, como cualquiera, como usted.- como por el poco prestigio que tiene hoy en día. 

Me he dado cuenta que muchos padres asumen que el colegio de sus hijos es una especie de guardería más compleja. Si su médico se va a una convención y cancela las citas lo entienden, pero si el maestro tiene que hacer un curso para prepararse, entonces es el Apocalipsis, como si esa preparación no fuese a ser beneficiosa para sus hijos. Mientras mejor preparado el maestro, mejor educación recibe el alumno. Claro que, los padres quieren que el maestro sea Einstein en matemática y ciencia, Carrera Damas en historia, Vargas Llosa en literatura, Picasso en arte y Mozart en música, que le haga sombra a Dr. Phil ante el manejo de cualquier problema y que imparta la disciplina como la Maestra Ximena de Carrusel, que aguante nuestras quejas como una virgen polaca, sea porque el niño hizo la tarea o porque no le puso demasiada, que entienda incluso que a veces nosotros sabemos más de pedagogía que él, aunque él haya estudiado para eso y nosotros no.

Para que la educación sea exitosa desde todo punto de vista los maestros necesitan apoyo y respeto de los padres, y diálogo en el desacuerdo. Hace falta que los padres escuchen a los maestros y que sepan hacerse entender con respeto, nadie conoce a nuestros hijos como los padres, pero a veces el maestro pasa más tiempo con nuestros hijos que nosotros, y aunque nos asuste perder el control hay facetas que nuestros hijos muestran sólo cuando no estamos.  La visión del hogar no siempre será la misma que la del colegio y justamente el reto y la cooperación entre ambos está en lograr un equilibrio. Porque ni el colegio va a formar a los hijos por los padres, ni los padres van a suplir la labor académica del colegio. Desconfiar, usurpar, criticar de forma constante, negativa y desinformada al maestro daña a una sola persona: el alumno, nuestro hijo. Sí, cuando usted vitupera de su escuela o de la maestra del niño, la menosprecia abiertamente en un chat o en una conversación usted está haciendo un daño a la educación de sus hijos. Y no es que los padres no tengamos voz, es cómo la utilizamos.


Un sistema educativo es tan bueno como su recurso humano, y el futuro de un país depende de su sistema educativo. Lo que es más, el cómo el niño aprende a ver y a respetar a su maestro tendrá repercusiones en su formación universitaria. En nuestro país que las universidades están tan golpeadas, parte de la indiferencia ante el drama de los profesores es que la importancia de su labor no forma parte de las proridades del colectivo. Sí, es cierto, en un país donde no hay catéteres ni alimentos básicos cuesta ver la educación como una prioridad. Pero lo es. Es la prioridad, porque en la manera que logremos ser conscientes de lo que hemos sido, de lo que somos, a dónde vamos, en la manera que logremos utilizar las herramientas de pensamiento para recuperar nuestra identidad y nuetra autoestima tendemos chance a un mejor futuro. 

Pensemos sobre los maestros, redefinamos su rol en la sociedad, y sobre todo como padres nuestra actitud hacia ellos.

martes, 17 de noviembre de 2015

Es tu muro, di lo que quieras

A raíz de los ataques de París ha surgido en el mundo una ola de solidaridad. Desde ofrendas florales hasta el tricolor de Francia en monumentos alrededor del mundo. Las redes sociales se han hecho eco por supuesto, desde mensajes en los muros hasta las fotos de perfil. Las distintas plataformas tecnológicas también se han sumado a un llamado de solidaridad con Francia, al abrir You Tube o mostrar un link se puede leer: “we stand with France”.

Es una obviedad decir que estos hechos han conmocionado al mundo. Y lo han conmocionado por distintas razones, entre otras cosas porque la sensación de vulnerabilidad que genera en nosotros que ataquen París es difícil de digerir.  No es lo mismo verlo en una ciudad que es cuna de los derechos civiles y políticos, en un país que con sus errores ha tratado de surgir como una sociedad abierta y tolerante, como la muestra de que el hombre puede convivir a pesar de sus diferencias raciales, religiosas y políticas. Porque después de todo Francia vivió una ocupación dolorosa y violenta, y cuando se dio la liberación si algo se juraron fue no discriminar nunca más. Qué ha habido fallos, claro que los ha habido, pero nada justifica algo como lo vivido y eso nos duele a todos. Nos duele y nos hace sentir miedo. Lo lógico es que seamos solidarios. Y lo que es más, tenemos que ser solidarios. Si hay una esperanza para el mundo es que seamos solidarios con París, porque de esa expresión de solidaridad, de las reflexiones que hagamos allí, de lo capaces que seamos para unir una cosa con otra podremos realmente llegar a una solución más allá de que los países se unan en guerra. Como si no supiéramos ya que las guerras sirven para dejar huérfanos y viudas, y abrir más brechas.

La sociedad civil tiene que reconocer su poder de acción y la humanidad en general tiene que cambiar. Y eso empieza por reconocerse en el otro, por leer, conversar, escuchar, reflexionar, en una palabra mucho mejor: conocer. 

Pero en este mundo hay una cosa que se ha creado que se llama  corrección política. Y llega ahora por asalto en forma de clasificar a la gente que expresa su solidaridad por París, porque no lo hacen por otros actos terroristas. La verdad es que es cierto, tenemos también que detenernos a pensar por qué pasa esto. Pero lo positivo es que para entender París vamos a tener que retroceder y expandirnos. Vamos a llegar al Líbano, a Siria, a Kenya. Porque el terrorismo lamentablemente no es algo aislado. Parte de esas acciones de solidaridad tienen que servir para concientizar. Pero los campeones de la corrección política la usan mejor para acusar, o para demostrar que ven más CNN que E! Entertainment o algo por el estilo, porque de derechos humanos la verdad no creo que sepan mucho, porque eso de promover un derecho pisoteando otro, señalando, acusando, en vez de pensando es propio de ideas vacías. Y lamento decirles, con eso lo que van a lograr es alienar a la gente, y que tal vez las próxima vez que quieran ser solidarios con algo, sea en el extranjero o algo que le sucedió a su vecino, se queden callados.

Lo que no entienden estos señores es que clasificando la solidaridad y juzgando a quienes expresan un sentimiento no están ayudando a la humanidad, sino todo lo contrario. De hecho mandar a callar a alguien, pedirle que baje tal cosa o que no la diga, acusarle, señalarle o invitarle a reprimirse es también un acto de violencia. Una de las libertades fundamentales es la de expresión, que es la que tenían aquellas personas que escuchaban un concierto de Heavy Metal en París, la misma que tenían tantos cristianos Sirios de portar sus crucifijos en público y que el Daesh ha venido a arrebatarles. No, de ellos también se ha hablado muy poco, porque seguramente el que está indignado con el amigo que puso en su foto de perfil un tricolor tampoco sabe que muchos de esos refugiados que han entrado a Europa son cristianos o musulmanes que se sienten perseguidos, hombres por ejemplo que no quieren que a sus hijas las conviertan en esclavas sexuales o les practiquen la ablación. 

Que te duela París no quiere decir que no te duela Kenya, o el Líbano. Es más, no quiere decir que no te duelan las mujeres que son secuestradas para trata de blancas, las que sufren la ablación, la mujer que falleció este fin de semana en Madrid apuñalada por su pareja, las millones que han muerto como ella. Es más, tal vez muy cerca de ti haya alguien que se maquilla los golpes, que se muere poco a poco, pero ves hacia otro lado porque...no sé tú dirás. Víctimas, horror, crueldad y terrorismo hay de todos los tipos y ha habido en todos los países, y quien se hace eco de un dolor, quien invita a pensar sobre ello, es más, quien hace algo más allá decirlo o acusar a los que no lo dicen lo hace por todos. Uno puede escoger una causa hoy, uno puede alzar la voz hoy y volverlo hacer mañana por otra cosa. Uno puede descubrir que aquí donde un hecho lo conminó a decir o hacer algo hay un camino para entender mejor otro conflicto. Lo importante es que la humanidad reflexione y que actúe sobre ello, que intente sobreponerse al miedo y a sus prejuicios y sea capaz de hacerse las preguntas más incómodas.


Mal podemos mandar a hablar a los demás, porque en algún momento hemos callado. Esa es la historia de la humanidad, es nuestra tragedia, pero también es la clave de la convivencia. Concientizar sobre una causa no puede traducirse a señalar a los demás, a mandarlos a decir o a callar es tan contradictorio como pretender que se firme la paz a punta de pistola. Tenemos que alzar la voz, pero para que las cosas se sepan, no para juzgar a los demás. 


La humanidad está en un momento clave y se siente. Es un momento de reflexión y de acercamiento, no de competir por quién es mejor a la hora de ser solidario. No necesitamos beatitud, sino pensamiento. Tenemos que preocuparnos por empujar a nuestros líderes a ser políticos correctos, que de eso es que nos hace falta, porque de corrección política vacía, sin entendimiento, de esa basura es que se nos ha llenado el mundo, esa hipocresía y autoengaño es lo que nos está destruyendo. 

Es tu muro, di lo que sientes, di lo que quieras. Que nadie te haga callar. 

domingo, 15 de noviembre de 2015

París en los muros


Ayer 153 estudiantes morían en Kenia en manos de un grupo armado que irrumpió en una universidad. Me conmovió y me espantó. No está en las noticias como está París,  ¿Por qué París causa mas shock? Quizás tenga algo que ver con la vulnerabilidad que le hace sentir a gran parte del mundo, incluidos nosotros. Nosotros los venezolanos que hemos llegado a pensar que no hay violencia, ni intolerancia en ninguna otra parte del mundo. Que cualquier cosa es mejor, que somos los garantes de la barbarie. Y sí, en general para occidente París es simbólico y los terroristas lo saben. Es una ciudad cuna de pensamiento, de arte, de expresión del hombre libre, de resistencia. El terrorista, el opresor busca quebrar y sabe lo que significan los símbolos, lo importante que son y van a por ello. Que nos duela París no quiere decir que nos duele menos Kenia, que no nos duele el Líbano, que no nos hayan dado ganas de llorar al ver las imágenes de el avión ruso que tiraron en Egipto. De vez en cuando leo sobre la catástrofe de Malasyan Airlines, y no dejo de pensar en el desasosiego para de esos familiares. No lo digo todos los días, pero en mi corazón me solidarizo con ellos.

No lo digo todos los días pero a mí Venezuela me duele tanto. La padezco. A veces no lo digo porque es tal mi confusión, la maraña de sentimientos. Porque un segundo vez un horror y al instante una maravilla. Así es este país. Nos menospreciamos tanto, pero en realidad aquí la gente lucha y lucha durísimo. La gente aún trabaja con sueldos que no alcanzan para nada, estudia su carrera cuando la realidad laboral es dantesca, pero sigue y lucha. Lucha por sus ideas, por sobrevivir, por sobreponerse a un trauma, por hacerse entender, por que el sueldo rinda, porque no se le agoten las energías, por no extrañar demasiado al que se fue o contra su propio instinto de irse, contra la desesperación, el miedo. Aquí hay políticos que lo han dado todo, que se han quitado la camisa y se han expuesto hasta las peores consecuencias, a veces para recibir la ingratitud de mucha gente que no termina de entender que esto no es cosa de uno solo, que así ningún proyecto de país puede ser exitoso. Hay maestros que luchan por sacar adelante a sus alumnos con las uñas, trabajando ya casi como voluntarios. Académicos que no se rinden, médicos que salvan vidas como sea, convertidos a veces casi en chamanes o en doctores de la edad media porque las herramientas modernas no las tienen, pero ahí siguen. Gente que alza la voz, que se arriesga, que siente miedo de denunciar desde un atraco hasta la corrupción que tiene al rededor. Y podría seguir, pero no sigo, con ellos estoy todos los días. Es mi país. Lo amo y lo padezco a la vez, pero eso no quiere, no debe, ni puede significar que no puedo ser solidaria, ni sentir, ni expresar dolor por otra tragedia en el mundo.


La solidaridad es el sentimiento más bello del ser humano, y se puede expresar de mil maneras. Ser solidario con otro ser humano no va a ser jamás negativo. Al contrario es un ejercicio de libertad de expresión fundamental para la humanidad. Puede ser con los colores de tu foto de perfil o con una canción. Cada quien lo expresa como quiera o como pueda. No tienes que estrecharte el corazón, ni limitarte, ni estás traicionando a nadie, ni quiere decir que no te duelen otros horrores que pasan el mundo. Si quieres poner a París en tu muro, ponlo, porque al fin y al cabo es una expresión de libertad. Y eso es justamente lo que combate el terror. 

martes, 27 de octubre de 2015

Tocineta



Hace unos tres años una madre demandó a la Nutella alegando que la publicidad de la marca le había hecho creer que la crema de chocolate era parte de un desayuno nutritivo para sus hijos. Estamos claros  -espero- que esto es más un tema de alguien aprovechándose de la publicidad engañosa y ambigua que un verdadero descubrimiento sobre el vil engaño de una empresa que es responsable por la malnutrición de los niños. Es decir, la madre vio el vacío en la publicidad y fue tras él. Ahora, el que como padre le da crema de chocolate a los niños pensando que los está alimentando bien entonces, no debería estar al cargo de menores de edad.

En estos días salió un comunicado de La Organización Mundial de la Salud que reconoce al tocino y las carnes procesadas como carcinógenos, y a la carne roja como uno posible. Por supuesto cundió el pánico, sobre todo en redes sociales. Los vegetarianos se burlan de los comedores de carne como si en el futuro las novelas con personajes que viven eternamente ya no serían vampiros, sino vegetarianos.

Basta con cocinar una tocineta para darse cuenta que bueno, al menos para la salud no es. Empecemos nada más por la cantidad de grasa y el hecho de que es un alimento prohibido para personas con problemas de colesterol y de corazón. Pero el tocino no está sólo, en la lista también aparecen otros alimentos procesados como los cubitos. Si uno prepara dos platos, uno a base de cubitos y otro a base de ingredientes naturales tendrá su respuesta. Sabor. Color. Olor. Incluso en cómo se siente después de ingerir los alimentos. No hay que llegar al cáncer para darse cuenta que buenos e inocuos no son. Es más, probablemente usted ya tenga otro tipo de síntomas si abusa de estos alimentos, generalmente relacionados con el tracto digestivo, el más común de todos el reflujo.

Eso sí, no se deprima cuando la OMS le diga que abusar de protectores gástricos también es nocivo para la salud, porque después de todo esos protectores no vinieron de un árbol del amazonas, ni es una tradición indígena arroparse de Nexium antes de comer picante de culo de bachaco, sino que también son producto del trabajo químico de un laboratorio y bueno, lo que se dice bueno, tampoco debe ser.

La importancia del estudio tiene que ver más con un tema científico, y de tratar de entender las causas del cáncer. De hecho, si lee bien, el documento de la OMS explica que los porcentajes de contraer cáncer por parte de un individuo son bastante bajos, pero que aumentan dependiendo del consumo. Pero como el sensacionalismo vende y está de moda y es viral y trae clicks y además los gurús de las dietas se aprovecharán para vender más de sus intragables merengadas de proteína, entonces la noticia se desvirtúa y pierde su real significado.

Me pregunto cuántas personas se estarán lanzado esta semana al veganismo y al vegetarianism, botando a la basura toda el jamón, el tocino y la carne –me la pueden mandar a mí por favor, contácteme por privado.-  Lo que sí es que le pediremos a la OMS y al gurú de nutrición de moda que no es médico, pero como si lo fuera porque ha estudiado muchísimo a través de gente brillante que consiguió por internet, más su propia experiencia y su tía que rebajo 30 kilos con el milagro de haberse quitado tres grupos alimenticios, que por favor no hablen de pesticidas, ni de comida transgénica, ni de estabilizadores, ni conservantes, porque me temo entonces que lo que quedará será la dieta del agua molida y el viento raspado o ya plenamente el canibalismo. Aunque si te vas a comer a tu vecino, el que se la pasa comiendo butifarra e invitándote a parrillas a las que llegas comido o con tu hongo portobello y tu puré de papel bond, pues, la verdad, estás jodido igual.

Eso sí mientras tanta gente está orgullosísima de su natural dieta paleo –sí porque vamos, los cavernícolas eran unos genios coño.-, se desayuna un puñito de merey y dos cucharadas de yogur griego, descremado, deslactosado, sin azúcar, con estevia, y luego lo acompañan con cinco tipos de complementos vitamínicos. Eso sí, el pote de 20 dólares de magnesio es natural. Tan natural e impoluto como el agua de Marte. Te lo juro por Gwyneth Paltrow. Es más hay que ir al museo de ciencias más cercano y corroborar, evolucionamos del Neandertal por muchas razones, pero no fue un rollo de falta de vitaminas. En eso deberíamos copiarnos, porque de las versiones menos evolucionadas de nosotros mismos también tenemos mucho que aprender. La próxima vez que vea a un elefante le voy a preguntar si no se sentirá mejor maquillado como un Mamut.

La verdad, lo lamento mucho por aquellos que se levantan hoy para ver reventada su teoría que comer duraznos o tocino o jamón serrano era más o menos lo mismo. Espero que les vaya bien en su nueva vida. En todo caso espero que cuando alguien les hable pestes de la leche no la dejen de dar a sus hijos con el cuento de que ni las vacas le dan leche a sus críos después de la primera infancia. Imagino también que soltarán a sus hijos como becerros a los dos años de edad cuando caguen solos.

A todas estas pasamos por alto que hay mil y un factores más relacionados con el cáncer, desde la calidad del agua que consumimos, hasta factores ambientales. Lo que es más, hay un tema de cambio climatológico, de emisiones de carbono que a diario afectan nuestra salud y que quizás tengan mucho más impacto que pedir una orden de tocino con el desayuno de vez en cuando. Pero eso lo pasamos por alto o no lo vemos arropados por una ola de histeria que francamente comienza a ser agotadora.

El sentido más importante es el común. No es no comer, tampoco abusar, porque si usted le pone tocineta a la crema dental, bueno, quizás sí, haya un problema. Pero disfrutar de las cosas con medida, con equilibrio no. No se prive. Disfrute la vida. A mí me verán fumando un cigarro de madrugada de vez en cuando. Tomaré con mis amigos, en una fiesta, en una reunión, en un restaurante. Seguiré comiendo chocolate y aguacate, comiendo cotufas en el cine, mojando el pan en aceite de oliva con queso parmesano recién rallado. Me comeré empanadas de cazón y una cerveza en la playa. Comeré torta en mi cumpleaños y comeré carne, que me fascina, cada cierto tiempo. También comeré pescado, a pesar del mercurio, pollo a pesar de las hormonas, queso a pesar de la lactosa, café a pesar de…¿qué es lo tan malo del café? Se me olvida.


La vida es una sola.  Y es muy compleja. Hay que disfrutar de sus placeres. Cualquier otra cosa es desperdiciarla.