miércoles, 14 de enero de 2015

¿Qué es la Meditación Orgásmica?



En estos días me encontré con esta crónica de la revisa Salon. El tema del erotismo y la sexualidad para mí es un cosmos maravilloso para explorar. Ahora como todo uno se pregunta, ¿dónde están los límites? Hace dos o tres semanas puse en mi Instagram una foto leyendo a Anaïs Nin. Inmediatamente hubo un comentario estilo “estás leyendo porno”. Nada malo, de hecho lo hizo un amigo a quien sé que le gusta el tema y que no lo hace por juzgarme ni nada por el estilo. Me ha ocurrido que cuando digo sin pena que leo literatura erótica y que es más, me parece sano a hacerlo, sale alguien a “aconsejarme” que cambie de tema o intente taparlo. Muestra de que seguimos siendo una sociedad pacata y retrógrada. Aunque creo que la mayor muestra de ello es cuando un tipo piensa que porque tú eres abierta con el tema puede mandarte un comentario ofensivo o de mal gusto. Cuando me pasa eso me provoca guindarme a llorar, porque no sé qué es peor, si las mujeres que quieren que te cubras y que sigas viviendo como si el sexo fuera algo sucio, malo que debe esconderse porque es pecado y hay que hacer como si no nos gustara, o si los hombres que porque eres abierta con un tema y hablas sobre él te consideran una puta. Escoja usted su muestra preferida de machismo.

Después hay cosas como esta. Para quienes no hablan inglés, en resumen, es una especie de organización o taller de meditación orgásmica. La idea es llegar al orgasmo no por el placer sexual, per se, mucho menos por conexión con otra persona o como un acto de amor con un tercero, sino como un ejercicio de exploración espiritual interna. La idea es hacerlo estimulando el clítoris. Se supone que la experiencia es muy profunda tanto para hombres como para mujeres que a través del ejercicio logran conectarse consigo mismos en otro plano. O algo así.

En el caso de la cronista, ella asistió a un taller, y durante la mañana hicieron toda la explicación y en la tarde era la parte práctica. Tenía que encontrar una pareja que tenía que ser un desconocido y dejar que este estimulara su clítoris, siguiendo la explicación de la mañana. Ella cuenta como le dio un poco de pena, el intercambio con el señor, muchacho, porque pareja pareciera que no es la palabra indicada, al principio al menos aunque al final termina siéndola. Al final hay una serie de reglas, guantes, lubricante y creo que eso es todo, no sé si está prohibido que intercambien información personal, pero qué sabe uno.

El caso es que al final la práctica sexual es algo tan personal y que en cierta forma ha sido menos explorado de lo que nos atreveríamos a pensar. Para muestra el botón de 50 cincuenta sombras de Gray. La cantidad de mitos, falta de información, conceptos errados, lugares comunes y clichés en torno a la sexualidad asusta. De vez en cuando hablo con una amiga y no salgo de mi sombro. Todavía vivimos en una era en la que hay gente que le da pena comprar condones. Porque a veces pareciera que es más fácil hablar de lo tolerantes que podemos llegar a ser en cuanto al extremismo terrorista que de sexualidad, sobre todo la femenina.

Ahora me pregunto, en qué momento separamos la sexualidad de todo lo demás. ¿Esto es sexualidad, es espiritualidad, es las dos cosas? ¿No estará en el fondo rayando en lo sínico? ¿Cómo es que dices que un acto sexual no es sobre el orgasmo sino sobre otra cosa? ¿Y quién lo dice?

¿Qué decirle a una pareja que de repente quiere practicar esto como quien practica yoga? ¿Qué argumentos de los dos lados? Y lo ¿qué pasa con la gente que va de buena fe, pero entonces le toca a alguien que más bien está porque lo ve desde otro ángulo? ¿Se logra la conexión? ¿Importa? ¿No importa? El acto, la meditación, es de uno, es de dos.

Lo vuelvo a leer y concluyo que no es algo que yo haría. Por alguna razón hay algo en todo esto que me hace sentir que le roba a la sexualidad, e incluso a la meditación o profundización que se pueda conseguir a través de ella de su erotismo. A la vez, me parece que roba a la meditación de cierto componente intrínseco de paz interna, de orden de ideas, de concentración en lo que somos y en lo que nos rodea, que simplemente no es compatible con el acto sexual y con la intervención de otra persona.

Decían las abuelas que de todo hay en la viña del señor, pero yo soy sincera esto no lo vi venir.