miércoles, 25 de febrero de 2015

La envidia de Pablo

¿A quién envidia de verdad Pablo Iglesias?  

No creo que Pablo envide al que tiene que hacer cola para comprar papel toilet, leche, aceite, azúcar o medicinas, no creo que Pablo envidie al que se le daña la nevera por los apagones y luego no puede repararla porque no hay repuestos. No creo que Pablo envidie a alguien a quien le diagnostican un cáncer y no consigue lo necesario para empezar su tratamiento. No creo que Pablo envidie a la madre que tiene levantarse todos los días a las tres y media de la mañana para bajar de su cerro y llegar a un trabajo que no le permitirá crecer, ni aspirar a nada en la vida. No creo que Pablo envide a las esposas de los policías que tienen años presos por un crimen que no cometieron y que no han visto un juicio justo porque la razón de la condena es que Chávez lo mandó. No creo que Chávez envidie al que le expropiaron el fruto de su trabajo, como a tantos españoles que viven aquí y a los que supuestamente él envidia, (o lo hacía en el 2013). Estoy segura que Pablo utiliza un teléfono inteligente, tal vez una tableta, seguro como mínimo tiene un televisor, dudo que envidie al que le violentan su residencia para despojarlo de sus cosas. Dudo que envidie al que han secuestrado, sea express o más largo, como tantos españoles en Venezuela que han pasado por eso. 

No creo que Pablo envidie a los españoles trabajadores que ayudaron a construir este país, más bien a los españoles que viven en Venezuela pero los que vinieron a hacer negocios turbios, a pagar comisiones a saquear un país. Tal vez a eso sí, porque como gusta la platica que llega de la nada. Qué bien cae. Qué útil es. Qué rabia da, qué envidia, cuando le llega a otro y no a uno. Al menos, por lo que contó en aquella entrevista, él piensa así. 


Pablo envidia a un dictador. Pablo extraña al tipo que vestido de militar llamó majunches y escuálidos a los ciudadanos que pensaban distinto a él. Un caudillo, un dictador, que metió apresó sin debido proceso a funcionarios públicos y a ciudadanos comunes. Un machista y falta de respeto, grosero,  que afirmó que una persona puede robar si así lo cree conveniente y que jamás administró justicia, sino revancha. Que dilapidó los recursos de un país y permitió que la pobreza que había jurado redistribuir se generalizara. Dejó un país pobre, no sólo en lo económico, sino en lo material. Violento y mentiroso. Su legado ha llenado de sangre y miseria a Venezuela. Ese es el señor que Pablo envidia.  Es decir que la invasión de América Latina a Europa implica sobre todo demagogia y violación sistemática de derechos humanos. Como si Europa no hubiera vivido eso en el siglo XX. Como si esto fuera nuevo. 

Pablo envidia la forma como el chavismo capitalizó el descontento de la gente y lo convirtió en rabia y oportunismo, en algunos casos, y miedo y apaciguamiento en el resto. Pablo envidia un grupo logrando perpetuarse en el poder. Mandando sin apego a las leyes, cuando ya la constitución no es  ni una sugerencia. Pablo envidia este disfraz de democracia, el proyecto personalista, la destrucción de las empresas y los partidos que le molestan, lejos de la ejecución de la ley y la administración de verdadera justicia a quienes la quebrantan.  



Pablo y su envidia. La envidia es pura destrucción. Eso es Pablo. Eso fue Chávez. Eso es Maduro. Más de lo mismo, y levanta las manos y usa la política para llegar al poder y ponerse a abusar, como si fuera algo nuevo. Como si nadie lo hubiera visto. 

1 comentario:

seba dijo...

gran gran texto, simple, claro..