martes, 23 de junio de 2015

Luchar. Resistir. Comenzar de nuevo.

Hay que tener una fortaleza psicológica muy grande para estar hoy en día en este país. A veces me siento como uno de esos animales de circo que entrenan corriendo en círculos. Otras me siento como un espécimen de hormiga, atrapada en un laberinto. Laberinto con su Minotauro y todo. Esto es Jumanji y la Ouija y Monopolio y una novela de amor barata mezclado todo en uno. Esto es una vorágine y un tifón. Esto es indescriptible a veces e incomprensible casi todo el tiempo.

¿Cómo luchar? ¿Por dónde empezar? ¿Quién tiene la razón? ¿Quién debería ganar? ¿Qué es la justicia? ¿Qué es la libertad? ¿Qué hacer?

Irse. Quedarse. Aislarse. Tirar la toalla. ¿Cómo se hace un Manual para sobrevivir? ¿Cómo se hace un Manual para resistir? O peor, ¿Cómo haces un Manual para Comenzar de nuevo? Ese último tiene una pregunta que es una trampa, ¿dónde?

Uno puede irse del país sin moverse de su casa. Uno puede aislarse y perderse y no estar aquí. Uno puede dejar de ser de aquí y olvidarse del entorno, que te carcoma el desapego, generalizar, ni siquiera odiar. Ignorar. No saber. No preocuparse. Uno puede irse lejos y seguir siendo. Ser más que nunca. Sentir como jamás lo imaginó. Sangrar sin heridas aparentes. Uno puede sufrir y acompañar, y ser solidario y estar tan presente como si tuvieras los pies anclados al suelo. La memoria y todos los gestos con que hacemos de ella algo vivo. Uno puede construir país siempre.

El exilio no es cuestión de tierra solamente, no es un tema únicamente de ubicación y distancia. 

Uno puede exilarse de lo que fue y de la persona que iba a llegar a ser. Uno puede olvidar la pertenencia.

Luchar. Resistir no es nada más una expresión de martirio. No son ojos lluviosos todos los días. En la construcción del país se aplica mucho más que lo evidente, más que una grúa y que un ingeniero plano en mano. Es arquitecto del futuro el que sueña y no se rinde. El que se levanta y sigue. El que sabe sonreír y apoyar. El que de vez en cuando mira hacia a los lados para no quebrarse. El que está. De alguna forma u otra pero está. Ahí de pie. Esperando. Trabajando. Acompañando.

Un país necesita de todo. Necesita del que imagina, del que sueña, del que hace. Necesita el que enseña, el que construye, el que cuida, el que ríe, el que es constantemente serio. Un país necesita que la gente se escuche y se valore. Se tolere, pero no en las mismas ideas, sino en las diferentes. La fuerza de la unión se nutre de ideas distintas. De escucharse. Del verdadero respeto, desde que nace del esfuerzo de entender que somos iguales en el fondo, pero totalmente distintos en la superficie.

Una crisis, una pelea, un cambio de paradigmas necesita rebeldía. Pero no de la quejarse y señalar. Más bien necesita constancia y energía. La rebeldía está en no apaciguarse, ni en la rabia, ni en la tristeza, ni en la alegría. Está en saber escuchar, en darse una oportunidad. En no tirar la toalla con un proyecto, con una idea, desde el amor hasta la carrera. En no dejar de mirarse en el futuro, con logros, con aciertos, con errores.

El país lo construimos todos. Cada quien viviendo en su camino y a su manera. Cada quién forjando su destino sin detenerse ante nada. Cada quien viviendo, cómo pueda, dónde pueda.

Sí. A veces provoca tirar la toalla. A veces el pánico nos deja en seco y queremos que todo se resuelva al salir por una puerta mágica. A veces queremos tantas cosas que ya ni sabemos que queremos. A veces quisiéramos que el mundo se detuviera, nos sentimos solos porque pensamos que nadie escucha. Pero así son los procesos y así es el cambio. Y lo que vivimos requiere el coraje de la imaginación. Lo que vivimos requiere de todos los valores juntos, desde la resiliencia hasta el perdón. Lo que vivimos exige una fuerza sobrehumana. Requiere pausa y poca prisa. Requiere imaginación y paciencia. Sabiduría. Ganas. Y sí, costará aún sacrificio a todo nivel. Del duro. Del que jamás imaginamos. En este país luchamos, resistimos, comenzamos de nuevo todos los días. Empezamos un nuevo camino y sentimos que dejamos un mundo atrás. Dejar de soñar y renunciar a la vida es un lujo que no podemos darnos.


jueves, 11 de junio de 2015

El chat grupal

Esta iría para el chat, con la leyenda "miren con quien estuve"

¿El chat grupal es un fenómeno mundial? A veces me pregunto si es la clave del el futuro o si será el catalizador para la tercera guerra mundial. Hay chats grupales que son un bálsamo, hay otros que son una fuente de estrés. Estás sentado frente a la tele, o comiendo, o peor, te acabas de ir a dormir temprano porque has tenido un día de mierda, porque el día siguiente no perfila mucho mejor, porque tendrías que mudarte a un planeta con una órbita más larga, con un año que dure más y con un movimiento de rotación más lento porque un día de 24 horas sencillamente no te sirve. Porque has intentado todo, desde Evernote, hasta un app de mierda que te dejó el teléfono colapsado y pasabas más tiempo en gerenciar el tiempo que tenías, que en hacer lo que tenías que hacer.

Y ahí están los chats grupales. Y cuando vienes a ver ignoras la conversación que ibas a tener con una persona de carne y hueso, o la tienes a medias, o te pierdes una película o te atragantas un café, porque ya va, mira la foto que pasó fulano, o es que mengano acaba de decir…¡Pero qué santas bolas tiene!, o hay que ponerse de acuerdo o fijar ese encuentro al que todos quieren ir pero para el que nadie puede hacer hueco en su agenda, y mucho menos ceder en cuanto al lugar. Eso sí, siempre hay tiempo para alguna foto linda con un mensaje de autoayuda o un ok que uno no sabe si es un acto de resignación, una afirmación casual o lo que uno siempre piensa que es: un acto frontal de agresión.

Me pregunto si el chat es un fenómeno que alcanza a las personas que están perdidas, distraídas, o si de verdad es una herramienta de ejercicio del tiempo para la gente que dirige el mundo. Me pregunto si todos los que tenemos teléfonos inteligentes hemos sido víctimas de esta forma de comunicación y no podemos escapar de ella. Me imagino por ejemplo un chat grupal entre líderes de naciones, en el que participen gente como Angela Merkel y Barak Obama, Mariano Rajoy y Francois Hollande, el primer ministro de Canadá y Cameron de Inglaterra. Me imagino a uno de estos diciendo, tenemos que reunirnos, y de pronto se lee en la pantalla, Vladimir Putin fue añadido a este chat. Luego chat paralelo entre Merkel y Obama, ¿quién coño añadió a ese carajo?, no sé qué ladilla, el chat es de la OTAN ahora habrá que abrir otro qué es lo que no entienden, seguro fue el italiano, o Mariano, ¿Mariano? Nada que ver, yo tengo mis dudas, ok.

Me los imagino cuadrando las reuniones en el mismo plan en que se pone uno. Esos giros eternos, yo ese día no puedo, yo puedo pero de 9 a 11 y luego a partir de las 4 pero no quisiera que se haga tan tarde, yo me adapto a lo que quieran. Y cuando vienes a ver fuiste al baño, te serviste un vaso de agua y tienes 56 mensajes en el chat que todos dicen lo mismo, yo quiero pero no puedo, podría y tal vez quisiera, hago lo que digan ustedes pero al final lo que priva es lo que me da la gana, y alguien siempre que quiere ser una voz como de paz, pero también arrastra su coletilla de estrés, no entiendo por qué tanto rollo si la reunión es prioridad. Me imagino a Ángela in typing un mensaje que finalmente lee: señores creo que esto es algo que podrían hacer nuestras secretarias, de acuerdo con Hollande, esto debe ser prioridad. Explotando los chats paralelos, ni hablar de los de los equipos de cada uno, a quien su jefe pasará una foto con leyenda, esto es de no creer. Y claro, ya está casi todo el mundo listo con una fecha y falta uno que es Italia y de pronto llega y dice, lamento llegar tarde, acabo de leer todos los mensajes, yo ese día tengo el aniversario de mi partido. Y así se jode el mundo, o nos jodemos nosotros, o se derrite otro de pedazo de hielo.

Seguro pasa lo que pasa en todo chat que arranca intentando ser serio y enfocado. Una herramienta de trabajo, pero que termina siempre por buscar un desahogo, puede ser que empiece el primer ministro de Portugal haciendo un comentario sobre el fútbol y entonces todos se emocionan y empiezan con el estrés y las opiniones y hasta un meme bastante light porque después de todo uno nunca sabe, hasta que David Cameron dice, por favor señores vamos a mantener este chat solo para cosas de trabajo, me consume la pila y es una calamidad. Y entonces de nuevo al chat paralelo Angela y Obama, mierda David se arrechó, no vale así no se puede no sea tan exagerado nadie lo obliga a leer, totalmente que ponga el aparato en mute y ya está, me vas a decir que él no sigue el fútbol, déjalo está estresado.

Por otro lado hay chats grupales que sirven de terapia. En los que pasan cosas buenas. En los que te desahogas. En los que cuentas cosas que tal vez cara a cara no te atreves a contar, en los que te sientes cerca de gente que tienes muy lejos y de pronto la distancia no importa tanto, alguien te sorprende llorando de la risa con la cara enterrada en el teléfono y cuando lo tratas de explicar es incomprensible para alguien que no esté añadido en ese chat en el que arreglas el mundo, lo desajustas, te miras, te confiesas y te consuelas, lo mismo compartes un logro que una frustración o te ríes de una cosa de la que jamás te reirías a viva voz. El chat que se vuelve una especie de gaveta en la guardas cosas muy privadas.


Me pregunto cómo la tecnología nos va cambiando y qué va a haciendo de nosotros. Cuáles son sus límites y qué efectos tiene. Ya tus amigos no llaman a la casa. Ya las cosas quizás no las reflexionas tanto porque van directo al chat. Como todo tiene su dosis de daño, pero también de algo bueno, y como todo el reto está en ese punto que está mucho más alto de lo que su propia definición supone: el punto medio. Y así como de pronto uno puede pensar que el mundo se pierde por un chat, yo sí puedo decir que más de una vez uno de esos me salvó la vida.

lunes, 8 de junio de 2015

¿Qué hacemos con Manuela Zárate?



No vayas a perder el momentum Carpe Diem. Carpe el blog y el resto de las redes sociales, dudo que en latín haya un equivalente. Programa de radio. Columna de periódico. Editorial. ¿Qué más? Yo sí me río contigo en instagram. Hola Clara, disculpa que te moleste –no es ninguna en serio- ¿me recomiendas un libro? ¡Claro! Y tres y cuatro, llámame Sopa de pollo para la escasez de pollo. No, así se debería llamar mi próximo blog. No Dios. Otro blog no. Más bien mi próximo post. O ese debería ser mi epitafio. No sé. Mira, tú lo que necesitas es un manager. Tienes toda la razón. Un manager. Un gerente. Este puede ser el momento más inteligente o el más machista de toda mi vida. Pero a veces la vida te obliga a darle un patada por el culo a todo lo que predicas; el que esté libre de este pecado que me regale sus zapatos. ¿Quieres ser mi manager? Esa pregunta es mucho más vergonzosa que un quieres ser mi novio justamente ese día en que te portaste como la propia psicópata, obsesivo compulsiva, paranoica, no te preocupes, soy responsable, pero mi ansiedad es clínica, lo que me recuerda que tengo embarcada a mi psiquiatra.

Mi cabeza es: Sinopsis, y diez mil proyectos que todavía están engavetados en algún lugar de mi cerebro bajo la etiqueta: Cosas que van a cambiar el mundo. También es una cantidad de videos de YouTube que dejarían pendejo a González Iñárritu. Pero a diferencia de Gonzalez yo no sé usar la cámara. Me come. Me quita demasiado tiempo. Seguiré con grabaciones caseras. Una especie de porno casero intelectual. Con eso les quiero decir que salen partes beligerantes pero no son las habituales y no están exageradas. Nadie grita. ¿O sí? 

¿De quién son esas ideas? De Clara, pero muchas las comenta Manuela. ¿Cómo te busco en Instagram? ¿Tú eres Clara o eres Manuela? Creo que debo decirte Manuela. Mira, una cosa, ¿quién es Manuela Zárate? ¿Por qué Manuela Zárate? Por Manuelita Saenz ¡Seguro! No, yo la verdad y con toda vergüenza no sé lo suficiente de historia de Venezuela como para irme a meter detrás de esa figura, con todo respeto, con mucho miedo. Además, bueno tú sabes, todo este tema Bolivariano. Por cierto, hablando de psiquiatra, creo que ese es un tema interesante para el psicoanálisis, ¿qué nos pasó con Simón Bolívar? Creo que todos y todas tenemos un complejo de Electra con el padre de la Patria que se nos fue a la mierda. Daddy issues como dicen los gringos.

Volviendo a Manuela, llevo más de diez años con ella, desde que entró a mi vida en un taller de Federico Vegas. No lo pensé demasiado. Manuela era por Manuel Díaz Rodríguez. Y yo que pensé toda mi vida que si un Rodríguez iba a tener influencia en mi vida iba a ser José Luis. Lo de Zárate fue por Eduardo Blanco. Eduardo Blanco es mi tatarabuelo. Lo demás fue cantar y aprender a coser. Después un día hace seis años abrí el blog y lo primero que me vino a la mente fue: Manuela. ¿Sabes?, como esa persona con la que estás mal pegada de toda la vida y cada vez que la ves quieres que vea que eres la única persona a la que jamás se le ha ido todo la mierda. No vale por Dios, si tú eres tan perfecta.

Ahora estoy ante este dilema. Mi manager potencial propone como primer paso deshacernos de Manuela. Sí. Deshacernos de Manuela. Suena la intro de los Soprano en mi cabeza. ¿Qué vamos a hacer con ella? Bueno nada. No sé. Silencio. Es mejor no saber. Al pasado. ¿Funeral de estado? Ella había dicho en el algún momento que le encantaría tener una frase de Queen sobre su tumba, “Fairytales of yesterday will grow but never die, I can fly my friends. The show must go on”. Pero no creo que tenga una tumba porque todo eso es demasiado caro y complicado.

¿Qué sería de mi vida, de mi blog, sin Manuela Zárate? Pero ¿tú quién eres? Podríamos estar ante las puertas de una clase de marketing básico o de una crisis existencial. O de ninguna de las dos. Simplemente una decisión más. ¿Quién la va extrañar en serio? Michael Jackson cambió de color, cómo es que tú no puedes cambiar de nombre. Todo es tan sencillo, pero también tan complicado. Puede ser una liberación. Puede ser un gran paso. Puede ser una hecatombe. Puede que no pase nada porque la sencilla razón de aquí pasa de todo pero si te asomas por la ventana podrías decir con toda seguridad, aquí no está pasando nada.


¿Qué hacemos con Manuela? En serio, ¿ser o no ser Manuela Zárate? Esa es mi pregunta.