miércoles, 18 de noviembre de 2015

Sobre los maestros





La educación académica es vista en general como medio de proporcionarles a los hijos herramientas de subsistencia. Te mando al colegio, a la universidad, para que seas "alguien en la vida", porque con nacer no es suficiente para ser persona. Sí. Debatible y filosóficamente peligroso, pero en todo caso,  el enfoque general hacia la educación hoy en día es materialista, cosa que no es culpa de los padres, sino de un sistema que va restándole importancia al aspecto humanista de la educación. 

Comienzo a dudar  sobre el objetivo que tienen en mente muchos padres a la hora de aproximarse a la formación de sus hijos. No sólo son las reuniones y consejos de padres vacíos, sino un trato despectivo hacia los maestros, casi menospreciando su trabajo y la apreciación hacia la profesión. El maestro es el pilar de la educación de nuestros hijos. Es, debe ser y tiene que ser un profesional. Para llegar a ser un buen maestro se requiere lo mismo que para llegar a ser un buen ingeniero o médico, estudio, trabajo, constante investigación. Si muchas veces no vemos que este es el caso es porque se ha convertido en una profesión con poco retorno, que se hace poco atractiva, tanto económicamente -sí, la verdad es que sí, el maestro de sus hijos también trabaja porque quiere ganar dinero, como cualquiera, como usted.- como por el poco prestigio que tiene hoy en día. 

Me he dado cuenta que muchos padres asumen que el colegio de sus hijos es una especie de guardería más compleja. Si su médico se va a una convención y cancela las citas lo entienden, pero si el maestro tiene que hacer un curso para prepararse, entonces es el Apocalipsis, como si esa preparación no fuese a ser beneficiosa para sus hijos. Mientras mejor preparado el maestro, mejor educación recibe el alumno. Claro que, los padres quieren que el maestro sea Einstein en matemática y ciencia, Carrera Damas en historia, Vargas Llosa en literatura, Picasso en arte y Mozart en música, que le haga sombra a Dr. Phil ante el manejo de cualquier problema y que imparta la disciplina como la Maestra Ximena de Carrusel, que aguante nuestras quejas como una virgen polaca, sea porque el niño hizo la tarea o porque no le puso demasiada, que entienda incluso que a veces nosotros sabemos más de pedagogía que él, aunque él haya estudiado para eso y nosotros no.

Para que la educación sea exitosa desde todo punto de vista los maestros necesitan apoyo y respeto de los padres, y diálogo en el desacuerdo. Hace falta que los padres escuchen a los maestros y que sepan hacerse entender con respeto, nadie conoce a nuestros hijos como los padres, pero a veces el maestro pasa más tiempo con nuestros hijos que nosotros, y aunque nos asuste perder el control hay facetas que nuestros hijos muestran sólo cuando no estamos.  La visión del hogar no siempre será la misma que la del colegio y justamente el reto y la cooperación entre ambos está en lograr un equilibrio. Porque ni el colegio va a formar a los hijos por los padres, ni los padres van a suplir la labor académica del colegio. Desconfiar, usurpar, criticar de forma constante, negativa y desinformada al maestro daña a una sola persona: el alumno, nuestro hijo. Sí, cuando usted vitupera de su escuela o de la maestra del niño, la menosprecia abiertamente en un chat o en una conversación usted está haciendo un daño a la educación de sus hijos. Y no es que los padres no tengamos voz, es cómo la utilizamos.


Un sistema educativo es tan bueno como su recurso humano, y el futuro de un país depende de su sistema educativo. Lo que es más, el cómo el niño aprende a ver y a respetar a su maestro tendrá repercusiones en su formación universitaria. En nuestro país que las universidades están tan golpeadas, parte de la indiferencia ante el drama de los profesores es que la importancia de su labor no forma parte de las proridades del colectivo. Sí, es cierto, en un país donde no hay catéteres ni alimentos básicos cuesta ver la educación como una prioridad. Pero lo es. Es la prioridad, porque en la manera que logremos ser conscientes de lo que hemos sido, de lo que somos, a dónde vamos, en la manera que logremos utilizar las herramientas de pensamiento para recuperar nuestra identidad y nuetra autoestima tendemos chance a un mejor futuro. 

Pensemos sobre los maestros, redefinamos su rol en la sociedad, y sobre todo como padres nuestra actitud hacia ellos.

martes, 17 de noviembre de 2015

Es tu muro, di lo que quieras

A raíz de los ataques de París ha surgido en el mundo una ola de solidaridad. Desde ofrendas florales hasta el tricolor de Francia en monumentos alrededor del mundo. Las redes sociales se han hecho eco por supuesto, desde mensajes en los muros hasta las fotos de perfil. Las distintas plataformas tecnológicas también se han sumado a un llamado de solidaridad con Francia, al abrir You Tube o mostrar un link se puede leer: “we stand with France”.

Es una obviedad decir que estos hechos han conmocionado al mundo. Y lo han conmocionado por distintas razones, entre otras cosas porque la sensación de vulnerabilidad que genera en nosotros que ataquen París es difícil de digerir.  No es lo mismo verlo en una ciudad que es cuna de los derechos civiles y políticos, en un país que con sus errores ha tratado de surgir como una sociedad abierta y tolerante, como la muestra de que el hombre puede convivir a pesar de sus diferencias raciales, religiosas y políticas. Porque después de todo Francia vivió una ocupación dolorosa y violenta, y cuando se dio la liberación si algo se juraron fue no discriminar nunca más. Qué ha habido fallos, claro que los ha habido, pero nada justifica algo como lo vivido y eso nos duele a todos. Nos duele y nos hace sentir miedo. Lo lógico es que seamos solidarios. Y lo que es más, tenemos que ser solidarios. Si hay una esperanza para el mundo es que seamos solidarios con París, porque de esa expresión de solidaridad, de las reflexiones que hagamos allí, de lo capaces que seamos para unir una cosa con otra podremos realmente llegar a una solución más allá de que los países se unan en guerra. Como si no supiéramos ya que las guerras sirven para dejar huérfanos y viudas, y abrir más brechas.

La sociedad civil tiene que reconocer su poder de acción y la humanidad en general tiene que cambiar. Y eso empieza por reconocerse en el otro, por leer, conversar, escuchar, reflexionar, en una palabra mucho mejor: conocer. 

Pero en este mundo hay una cosa que se ha creado que se llama  corrección política. Y llega ahora por asalto en forma de clasificar a la gente que expresa su solidaridad por París, porque no lo hacen por otros actos terroristas. La verdad es que es cierto, tenemos también que detenernos a pensar por qué pasa esto. Pero lo positivo es que para entender París vamos a tener que retroceder y expandirnos. Vamos a llegar al Líbano, a Siria, a Kenya. Porque el terrorismo lamentablemente no es algo aislado. Parte de esas acciones de solidaridad tienen que servir para concientizar. Pero los campeones de la corrección política la usan mejor para acusar, o para demostrar que ven más CNN que E! Entertainment o algo por el estilo, porque de derechos humanos la verdad no creo que sepan mucho, porque eso de promover un derecho pisoteando otro, señalando, acusando, en vez de pensando es propio de ideas vacías. Y lamento decirles, con eso lo que van a lograr es alienar a la gente, y que tal vez las próxima vez que quieran ser solidarios con algo, sea en el extranjero o algo que le sucedió a su vecino, se queden callados.

Lo que no entienden estos señores es que clasificando la solidaridad y juzgando a quienes expresan un sentimiento no están ayudando a la humanidad, sino todo lo contrario. De hecho mandar a callar a alguien, pedirle que baje tal cosa o que no la diga, acusarle, señalarle o invitarle a reprimirse es también un acto de violencia. Una de las libertades fundamentales es la de expresión, que es la que tenían aquellas personas que escuchaban un concierto de Heavy Metal en París, la misma que tenían tantos cristianos Sirios de portar sus crucifijos en público y que el Daesh ha venido a arrebatarles. No, de ellos también se ha hablado muy poco, porque seguramente el que está indignado con el amigo que puso en su foto de perfil un tricolor tampoco sabe que muchos de esos refugiados que han entrado a Europa son cristianos o musulmanes que se sienten perseguidos, hombres por ejemplo que no quieren que a sus hijas las conviertan en esclavas sexuales o les practiquen la ablación. 

Que te duela París no quiere decir que no te duela Kenya, o el Líbano. Es más, no quiere decir que no te duelan las mujeres que son secuestradas para trata de blancas, las que sufren la ablación, la mujer que falleció este fin de semana en Madrid apuñalada por su pareja, las millones que han muerto como ella. Es más, tal vez muy cerca de ti haya alguien que se maquilla los golpes, que se muere poco a poco, pero ves hacia otro lado porque...no sé tú dirás. Víctimas, horror, crueldad y terrorismo hay de todos los tipos y ha habido en todos los países, y quien se hace eco de un dolor, quien invita a pensar sobre ello, es más, quien hace algo más allá decirlo o acusar a los que no lo dicen lo hace por todos. Uno puede escoger una causa hoy, uno puede alzar la voz hoy y volverlo hacer mañana por otra cosa. Uno puede descubrir que aquí donde un hecho lo conminó a decir o hacer algo hay un camino para entender mejor otro conflicto. Lo importante es que la humanidad reflexione y que actúe sobre ello, que intente sobreponerse al miedo y a sus prejuicios y sea capaz de hacerse las preguntas más incómodas.


Mal podemos mandar a hablar a los demás, porque en algún momento hemos callado. Esa es la historia de la humanidad, es nuestra tragedia, pero también es la clave de la convivencia. Concientizar sobre una causa no puede traducirse a señalar a los demás, a mandarlos a decir o a callar es tan contradictorio como pretender que se firme la paz a punta de pistola. Tenemos que alzar la voz, pero para que las cosas se sepan, no para juzgar a los demás. 


La humanidad está en un momento clave y se siente. Es un momento de reflexión y de acercamiento, no de competir por quién es mejor a la hora de ser solidario. No necesitamos beatitud, sino pensamiento. Tenemos que preocuparnos por empujar a nuestros líderes a ser políticos correctos, que de eso es que nos hace falta, porque de corrección política vacía, sin entendimiento, de esa basura es que se nos ha llenado el mundo, esa hipocresía y autoengaño es lo que nos está destruyendo. 

Es tu muro, di lo que sientes, di lo que quieras. Que nadie te haga callar. 

domingo, 15 de noviembre de 2015

París en los muros


Ayer 153 estudiantes morían en Kenia en manos de un grupo armado que irrumpió en una universidad. Me conmovió y me espantó. No está en las noticias como está París,  ¿Por qué París causa mas shock? Quizás tenga algo que ver con la vulnerabilidad que le hace sentir a gran parte del mundo, incluidos nosotros. Nosotros los venezolanos que hemos llegado a pensar que no hay violencia, ni intolerancia en ninguna otra parte del mundo. Que cualquier cosa es mejor, que somos los garantes de la barbarie. Y sí, en general para occidente París es simbólico y los terroristas lo saben. Es una ciudad cuna de pensamiento, de arte, de expresión del hombre libre, de resistencia. El terrorista, el opresor busca quebrar y sabe lo que significan los símbolos, lo importante que son y van a por ello. Que nos duela París no quiere decir que nos duele menos Kenia, que no nos duele el Líbano, que no nos hayan dado ganas de llorar al ver las imágenes de el avión ruso que tiraron en Egipto. De vez en cuando leo sobre la catástrofe de Malasyan Airlines, y no dejo de pensar en el desasosiego para de esos familiares. No lo digo todos los días, pero en mi corazón me solidarizo con ellos.

No lo digo todos los días pero a mí Venezuela me duele tanto. La padezco. A veces no lo digo porque es tal mi confusión, la maraña de sentimientos. Porque un segundo vez un horror y al instante una maravilla. Así es este país. Nos menospreciamos tanto, pero en realidad aquí la gente lucha y lucha durísimo. La gente aún trabaja con sueldos que no alcanzan para nada, estudia su carrera cuando la realidad laboral es dantesca, pero sigue y lucha. Lucha por sus ideas, por sobrevivir, por sobreponerse a un trauma, por hacerse entender, por que el sueldo rinda, porque no se le agoten las energías, por no extrañar demasiado al que se fue o contra su propio instinto de irse, contra la desesperación, el miedo. Aquí hay políticos que lo han dado todo, que se han quitado la camisa y se han expuesto hasta las peores consecuencias, a veces para recibir la ingratitud de mucha gente que no termina de entender que esto no es cosa de uno solo, que así ningún proyecto de país puede ser exitoso. Hay maestros que luchan por sacar adelante a sus alumnos con las uñas, trabajando ya casi como voluntarios. Académicos que no se rinden, médicos que salvan vidas como sea, convertidos a veces casi en chamanes o en doctores de la edad media porque las herramientas modernas no las tienen, pero ahí siguen. Gente que alza la voz, que se arriesga, que siente miedo de denunciar desde un atraco hasta la corrupción que tiene al rededor. Y podría seguir, pero no sigo, con ellos estoy todos los días. Es mi país. Lo amo y lo padezco a la vez, pero eso no quiere, no debe, ni puede significar que no puedo ser solidaria, ni sentir, ni expresar dolor por otra tragedia en el mundo.


La solidaridad es el sentimiento más bello del ser humano, y se puede expresar de mil maneras. Ser solidario con otro ser humano no va a ser jamás negativo. Al contrario es un ejercicio de libertad de expresión fundamental para la humanidad. Puede ser con los colores de tu foto de perfil o con una canción. Cada quien lo expresa como quiera o como pueda. No tienes que estrecharte el corazón, ni limitarte, ni estás traicionando a nadie, ni quiere decir que no te duelen otros horrores que pasan el mundo. Si quieres poner a París en tu muro, ponlo, porque al fin y al cabo es una expresión de libertad. Y eso es justamente lo que combate el terror.