martes, 4 de octubre de 2016

Vida de estudiante

Son las 9:12 de la mañana. En unos minutos tendré que salir corriendo a una cita médica en la que por esas cosas de la ironía que reina en la vida estaré más bien esperando que me hagan esperar. No demasiado. Pero un poco. No es masoquismo, ni un experimento sociológico, es que es el tiempo perfecto para estudiar un poco. Las salas de espera son lugares maravillosos para concentrarse en la lectura de cosas pesadas. No sé qué tienen. No sé si al ver a los demás aburridos uno logra apreciar el material que tiene por delante por más denso que sea o si es un tema de ambiente. Generalmente las sillas son cómodas, la luz es buena y las revistas están demasiado manoseadas y son de pésima calidad. Además uno necesita abstraerse de la pésima selección musical con que las ambientan. Pero es entendible, por más atroz que sea la versión de Boosa N´Cualquiercosa poner algo como Death Metal en una sala de espera puede no ser lo más apropiado para los pacientes.

Cuando llegué a México pensé que iba a dedicar las mañanas a caminar por la ciudad. Pero como dice el dicho, creo que de John Lennon, la vida es eso que ocurre cuando estás ocupado haciendo otros planes. No. No he tenido chance de caminar las mañanas por la ciudad de México. Aunque si la he rodado como nunca imaginé que la iba a rodar. Es increíble como puedes ir a toda velocidad durante cuarenta minutos y no salir de un casco urbano. He rodado mucho y todavía conozco poco. Es maravilloso. Es desconcertante. Nada me quita la sensación de que para salir de la Ciudad de México hace falta un truco de Dédalo, como el que le dio a Ariadne para que Teseo escapara al Minotauro.

Soy de naturaleza aplicada. No lo fui siempre. Lo aprendí tarde en la vida. Pero en los estudios me gusta ir bien. Sobretodo cuando es algo que elegí – a medias porque este postgrado me eligió a mí. Fue extraño. Todavía recuerdo la voz del coordinador de admisiones. Me llamó a Caracas. Se oía mal. ¿Clara, sí quieres hacer el postgrado? Te juro, fue una llamada como de la Virgen María. Yo estaba a punto de preguntar, ¿Dios? ¿Eres tú? Sí. Sí lo quiero hacer.- Siempre quise hacer o digamos terminar un postgrado, porque ya tengo uno educación pero no lo terminé, entonces ese no cuenta, aunque nadie me quite lo mucho que aprendí. El caso es que aquí llegué con mucha incertidumbre, pero mucho empuje. Yo sí quería escribir un guión para una película, pero no tenía ni idea de un postgrado en eso. Y heme aquí. Metiéndome en un área que no era la mía.

El cine me afecta muchísimo. No sé por qué. Tiene un poder que me sobrecoge. Tanto como los libros, pero cómo muchas cosas son un misterio para mí, me afecta mal. Quizás es como los aviones, porque en mi cabeza siento que controlo las imágenes, en cambio en la pantalla, no. Ahora me llama muchísimo la atención hasta el punto que he pensado estudiar actuación y dirección de arte. No como carreras sino en cursos cortos, para entender mejor. No es que me vayan a ver en colas para hacer castings, es que es una forma de entender mejor la escritura cinematográfica. Yo lo único que sé es que quiero contar historias.

No me acuesto tan tarde, pero sí estoy todo el tiempo pensando cómo voy a resolver las tareas que tengo por delante. Me gustan la verdad. No las padezco. Si todavía no he recorrido todo lo que tengo que recorrer, todo lo que quiero recorrer, lo que he aprendido vale mil calles. He transitado nuevos poemarios, nuevas películas y nuevas obras de arte. He tenido mil ideas. Mil. No me da chance de escribir en mi cuaderno todo lo que he pensado. Se me ha despertado la creatividad y aunque me miro al espejo a las 9 de la mañana y tengo los ojos rojos por dentro me siento feliz.

Me gusta estudiar. Me gusta. La materia que más me gusta es cinematografía, muy seguida de modelos narrativos para guionistas. Guión también me gusta. Me gusta escribir y leer, no puedo describir el placer que siento cuando lo hago. Sobre todo llevo como un sentido de convicción. Como si estuviera al borde de algo importante. No. No se preocupen, no es desborde de ego. Es que sé que esto es clave para mi proyecto de desarrollo de pensamiento crítico.

Me duele no estar en Venezuela, pero México para mí era algo que tenía que pasar. No sé cuánto tiempo más voy a estar aquí. Sé que quisiera trabajar y seguir estudiando. Que es sólo el comienzo. Pero la vida da tantas vueltas que uno no sabe. Por lo pronto este cansancio de huesos es maravillosos. Tengo sueño, pero no tengo ganas de dormir, yo tengo ganas de volar.


Este primer mes ha sido arduo pero maravilloso.