martes, 8 de noviembre de 2016

Los recuerdos del porvenir


Es una de esas cosas incomprensibles del destino que el trabajo de Elena Garro no sea más reconocido. Llegué a ella porque una profesora de la maestría en guión que estoy haciendo la mencionó. Si no tal vez nunca la hubiera descubierto. La verdad es que la maestra de esa materia es una apasionada de los libros. Una de esas personas que te contagia. Es tema ya casi de impulsividad el ir a buscar las cosas que ella recomienda leer. 

Contó un día en clase que Elena Garro la esposa de Octavio Paz, cosa que hizo que en cierta forma estuviera siempre en su sombra. Imaginen por un momento ser la esposa de un hombre que en vida es tan idolatrado en el mundo intelectual. Poeta, ensayista, no sólo fue una figura importante del mundo literario, sino del mundo político. Yo me atrevería a decir que fue una de esas personas que con quien era imposible discutir. Tuvieron una relación muy conflictiva y las cosas no fueron fáciles para Garro. Además la posición política que ella tuvo, su manera de ver el mundo, hizo que muchos de sus colegas contemporáneos la juzgaran como una traidora. Sobre esto aún tengo que indagar un poco más. Pero veo por donde viene, porque estamos hablando de la izquierda y en su libro, el que quizás sea su obra cumbre, Los recuerdos del porvenir, uno se pude dar cuenta de qué lado estuvo ella. Para mí, del lado de la vida. Uno sabe que en la guerra, en las revoluciones, en la política hay grupos que no toleran la disidencia, incluso cuando alegan estar luchando por la libertad. 

Más allá del significado político que pueda o no tener este libro, su obra, sus opiniones, lo que me importa en este momento es el valor literario de esta novela que acabo de terminar de leer. Esta novela es precursora del realismo mágico, pero ese título se le da siempre a un sólo hombre que es García Márquez. Yo siempre he creído que ningún artista trabaja solo. Sé que gusta mucho esa arrogancia y que la misma caracterización del artista implica la de una persona que sólo ve dentro de sí mismo, que se nutre nada más de su ser. Pero todo es retroalimentación. Todo lo que uno crea viene de algo, y sin duda alguna que Cien años de soledad tiene algo de este libro. Que el resultado sea distinto o mejor o más rico, o más famoso, nos podemos sentar a discutirlo luego, pero de que Elena Garro hizo lo que hizo, ahí está escrito y nadie lo puede negar. 


En estos días tengo que sentarme a analizar la obra con lupa y debo decir que será todo un placer, que espero poder hacer con todo el cuidado, toda la calma, todo el amor, la verdad es que Elena lo merece. Una obra poética, de amor, de muerte, de desgarradura. Es una obra sobre América Latina y debo decir que pesar de toda la distancia que nos separa. Del tiempo que ha pasado a veces pienso que los recuerdos de ese porvenir que describió Elena Garro eran los del porvenir de mi país. El polvo es de otro color y los nombres son distintos, pero guerra es guerra, y es justo lo que vivimos en Venezuela. Yo recomiendo leer esta novela justo en este momento, porque irónicamente, su tema es el tiempo y lo que la temporalidad que logró Elena Garro hace que esté más vigente que nunca.