martes, 28 de marzo de 2017

El Neonato

La semana pasada mi hija me pidió un "leonato". Los niños con estos temas se ponen en plan Lázaro Papaito Candal, "qué nervios, qué angustia, qué desesperación". Total que consulto con otra mamá y resulta ser que se llaman "NEOnatos". Suena a la expresión más vil de la trata de personas, pero no, en efecto es un peluche (no puedes decir ni en la tienda que son peluches porque es como si dices Diablo en una iglesia ). Llegué a la tienda y estaba atestada de padres buscando los benditos muñecos, definitivamente el juguete está de moda. Todos teníamos una expresión semifrustrada y culpable, a medio camino entre la resignación y la crisis filosófica. Y sí, una tienda de juguetes es el lugar perfecto para preguntarse sobre el sentido de la vida y ponerse todo Schopenhauer.

Mientras pagaba al muñeco me imaginaba al creador del bicho tomando Margaritas en un yate en la Riviera francesa mientras yo peleaba por la cantidad de accesorios que necesita, desde suero, hasta tetero, una cuna, pero por supuesto, porque Dios no permita que un peluche duerma en la cama abrazado al niño como lo han hecho durante generaciones. Olvídense, el Neonato tiene más accesorios que una Kardashian y los vendedores te hacen ver como la mujer de Miseria de Stephen King cuando dices es que sólo vinimos por el muñeco. No, porque es que resulta que ese bola de algodón y poliester, se muere si no se alimenta. En mi caso al menos la confusión de ideas y sentimientos es enorme. Me la paso preocupada porque la imaginación es algo que hoy en día cuesta más alimentar ya que la tecnología resuelve muchas cosas que antes quedaban sólo a la mente. Pero de ahí a desarrollar papilla y leche en polvo para peluches, es como el extremo. Ni modo. Al creador del juguete se le ocurrió, no me informé y ya estaba ahí. Me hundí. Eso sí, cuando encontramos un spray que decía "Esencia de orín" dije en muy marcado venezolano, no mi amor hasta aquí nos trajo el río yo esa vaina no la voy a comprar. ¿Qué es esto que ahora te venden líquido para que los peluches huelan a pipí?

Trajimos el Neonato y hubo crisis porque no quería comer. Yo estaba haciendo una tarea de antropología. Me imaginaba diciéndole a mi profesora, mira no pude terminar porque el "neonato" no quería comer. Pensé, estoy en pleno episodio psicótico porque estoy tratando de resolver el dilema ¿por qué un peluche no quiere comer? Así que resolvimos acostarlo sin cenar, debe ser los nervios de haber llegado a una casa nueva, fue la conclusión. Cuando salieron del colegio lo llevamos "al pediatra". Es decir volvimos a la tienda, que queda en el centro comercial más grande México, un lugar que detesto, en fin, una proeza de esas que sólo hace una madre. Metieron al animal por un tubo, le dieron una vacuna. La dependienta de la tienda estaba vestida de enfermera, con estetoscopio, le hablaba a mi hija como me habló el neonatólogo. Parecía una mezcla entre Grays Anatomy y My Little Pony. Le pone el suero (una cosa de escarcha en un empaque que parece un suero para humanos) y yo me quedo viendo aquello ya sintiendo una vez más que no sé donde estoy, que tengo que hablar como Amy Adams en La Llegada y le digo así bajito, "señorita, ¿pero este peluche de verdad se va a tomar este suero?" Me mira como si la loca soy yo, pelando los ojos queriendo matarme por haberlo llamado peluche y dice bajito, es un juego. Yo así como sí pendeja, yo también estoy viendo una bola de materiales textiles pero el nivel de ustedes ya lo pone a dudar a uno.

Total que nos fuimos. Con certificado de vacunación e instrucciones de cuidado. Anoche lo último que hicimos antes de leer fue acostar al "neonato" después de darle el tetero. Esta mañana corriendo para llegar al transporte porque "el neonato" tenía que comer. El Neonato da más lata que Homero. Aunque debo reconocer que a diferencia del masivo Golden que se lanza a sí mismo la pelota bajo mi escritorio mientras escribo esto y probablemente terminemos los tres en el piso en breve, el tercero siendo mi computadora, que también comienzo a creer que está viva y cualquier día de estos le doy su leche y la rocío con esencia de orín, el neonato no me arranca las plantas del jardín. En todo caso, primera vez que veo a mi hija tan comprometida con un juego y me pregunto si esto es un triunfo del capitalismo o de la imaginación o más bien de ambos.

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